El liderazgo de China en las redes 5G: implicaciones económicas y geopolíticas

Entrevista con Julen Berasaluce, profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México

Por: César Guerrero Arellano

El liderazgo de China en las redes 5G: implicaciones económicas y geopolíticas
La revolución tecnológica está en marcha y el mundo atestigua, día tras día, su capacidad para transformar a fondo nuestra cotidianidad. Las redes 5G constituyen la columna vertebral de sus aplicaciones más ambiciosas y China es uno de sus desarrolladores más aventajados en el mundo. El doctor en economía por la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador de El Colegio de México, Julen Berasaluce, ha investigado a fondo las implicaciones económicas y geopolíticas del predominio tecnológico en las 5G nos comparte sus hallazgos más relevantes.

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¿Por qué las redes 5G están en el centro de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China?
Las redes 5G son una infraestructura con gran capacidad para incorporar múltiples conexiones y transmitir grandes volúmenes de datos con muy bajo retardo o latencia. Además de abatir barreras a la competencia económica, la 5G será el canal de circulación imprescindible de las aplicaciones más relevantes de la revolución digital en ciernes: la operación de vehículos autónomos, el internet de las cosas y el comercio electrónico a gran escala, entre otras. No extraña, por tanto, que los países hegemónicos pretendan mantenerse a la vanguardia en esta tecnología y obstruir el progreso de los demás. Debido a que las redes 5G requieren rangos de banda de alta frecuencia, el alcance de sus torres de transmisión es menor al de las redes 4G, lo que demandará inversiones muy cuantiosas para desarrollar una infraestructura lo suficientemente densa.

¿El aparente rezago de China en la producción de microprocesadores avanzados compromete su liderazgo en tecnología 5G e inteligencia artificial?
Es un hecho que por ahora China marcha a la zaga en materia de microprocesadores más avanzados y si Estados Unidos le restringe el abasto de este insumo puede perjudicarla a corto plazo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las empresas chinas cuentan con desarrollos equiparables a los de las firmas punteras de hace cinco o seis años y, si a ello se suma su capacidad de hacer nuevas inversiones y el evidente riesgo en el que se encuentran, no hay duda de que tendrán un enorme incentivo para desarrollar sus propios microprocesadores. En el largo plazo no veo tantas restricciones: China tiene acceso estratégico a las tierras raras que son indispensables para la fabricación de equipos electrónicos así que, aislarla de los microprocesadores más avanzados, resultaría a la larga contraproducente. Cabría más bien la estrategia contraria, colaborar para que no los desarrolle por su cuenta.

¿Cuáles son las características que distinguen a la política industrial y de innovación de China?
China es muy consciente de que su camino al liderazgo tecnológico mundial en 2049 —año en que se cumplirá el centenario de la República Popular China— se recorre por etapas. Los desarrollos que contempla en sectores prioritarios, conforme a su plan “Hecho en China 2025”, abarcan prácticamente todos los ámbitos del quehacer económico: agricultura, equipo ferroviario, biotecnologías, farmacéuticas, entre otras. A ello se suma el objetivo de aumentar sustancialmente el valor agregado nacional en gran parte de su producción manufacturera, para lo cual el liderazgo tecnológico resulta clave. China busca que en 2025 el valor incorporado internamente a los materiales básicos ascienda a 70% y ha establecido objetivos específicos para cada uno de sus componentes. Tal vez en algunos casos estos objetivos no se cumplan en la fecha prevista, pero no debería dudarse de la capacidad de éxito de China.

¿En qué consiste la Ruta Digital de la Seda y cómo se enmarca en la Iniciativa de la Ruta y del Cinturón de China?
Tras la crisis financiera de 2008 surgió en China un componente de internacionalización de carácter propio. La crisis de demanda en Estados Unidos —mercado de referencia en su despegue industrial y exportador— y la conciencia del riesgo que entrañaba atar su crecimiento al de la potencia norteamericana llevaron a China a explorar nuevas alternativas de desarrollo. Los múltiples nombres de los planes chinos son un reflejo de su concepción flexible, de que no se constriñen a una sola visión. Brindan por lo tanto un marco conceptual que más tarde se complementa con objetivos específicos. Así como ya existían elementos de internacionalización en la franja continental y en la parte marítima, hoy llamadas “cinturón” y “ruta”, aspectos de la Ruta Digital de la Seda se venían desarrollando antes de recibir ese nombre.

¿Cómo se articula la Ruta Digital de la Seda con la política de colaboración internacional del gobierno chino?
Lo digital es un complemento esencial de la ruta y del cinturón, pues la red es el espacio natural para la internacionalización de la actividad económica en esta nueva era. La Ruta de la Seda digital es un ejemplo ilustrativo de la forma en que China busca ejercer su liderazgo. Lo hace de manera flexible y con apego a las características naturales e históricas de cada iniciativa. Hacia el sudeste asiático y Asia central, China invoca la Ruta de la Seda, mientras que para acercarse a México se remite a la Nao. Para darle fuerza a cada una de sus iniciativas, busca un relato que las sustente. Si la contraparte no quiere firmar un memorándum, China adaptará el instrumento hasta lograr su objetivo. Al salir al mundo, China tiene intereses nacionales que no esconde y al hacerlos explícitos favorece el entendimiento entre las partes.

¿Por qué es indispensable la colaboración internacional y entre los sectores público y privado para que la tecnología 5G pueda desplegarse plenamente?
Con cualquier tecnología es necesario y benéfico establecer estándares internacionales que determinen el marco de competencia. No sería óptimo cambiar continuamente de espectro para el desarrollo actual y potencial de la 5G, así que dicho espectro debe liberarse de manera coordinada. Cada país debe diseñar un plan de desarrollo de infraestructura que permita desplegar la estratégica 5G en todo su territorio y hacerlo a partir de criterios sociales que garanticen el acceso equitativo de esta tecnología a toda la población, urbana y rural. No debemos ver un sector público temeroso del beneficio empresarial, hay aspectos técnicos lo suficientemente complejos como para fomentar la colaboración entre empresas, reguladores y legisladores. Más allá de vender espectro a las empresas, los gobiernos deben colaborar con ellas respecto a su viabilidad y costo, y promover su democratización.

¿Por qué el Proyecto de un Cable Exprés Pakistán-África Oriental (PEACE, por sus siglas en inglés) es cualitativamente distinto a otras infraestructuras chinas de fibra óptica?
Será el primer cable que una las rutas terrestre y marítima de China con África y Europa. Geoestratégicamente implica una nueva conexión al mar desde su propio territorio, partiendo de la provincia de Xinjiang al puerto paquistaní de Gwadar. Con ello, China contará con una vía alterna con una circulación marítima más fluida. Asimismo, la colaboración con Pakistán puede ayudarle a China a controlar posibles influencias políticas adversas con la minoría étnica de los uigures en Xinjiang, que comparte la religión musulmana de los paquistaníes. Para Pakistán, país de gran población y con importancia en la región, representa el arribo de extraordinarias cantidades de inversión en infraestructura para transportes terrestres y la oportunidad de diversificar su conexión tecnológica. Son estos elementos los que hacen cualitativamente distinto este proyecto.

¿En qué se distingue el modelo de desarrollo tecnológico asiático del occidental, y por qué resulta tan pertinente para los países en desarrollo?
Desde el inicio de la Revolución Industrial ha habido colaboración entre Estado y empresas para avanzar en el desarrollo productivo nacional. Pero tal vez Occidente ha dejado de lado un aspecto filosófico que los países asiáticos mantienen: una perspectiva de bien común. Hay desarrollos tecnológicos que no son rentables, que implican erogaciones de recursos públicos nada desdeñables, como es el caso del tren de levitación que une a la ciudad de Shanghái con su aeropuerto. Aunque parecen valores patrióticos que no sirven de gran cosa, motivan una serie de esfuerzos nacionales: el orgullo nacional de contar con este novedoso medio de transporte se irradia a la población. En el caso chino, esos elementos simbólicos, colectivos, filosóficos, se retroalimentan con el desarrollo tecnológico, favoreciendo mejoras materiales a nivel individual y colectivo. Los grandes sacrificios individuales no desembocan en críticas a la acción pública porque se materializan en avances comunitarios.

¿Cuál es el avance de las fintech y del comercio electrónico en China y por qué resulta pertinente para países en desarrollo como México?
Uno de los aspectos que más me sorprenden de China es su liderazgo mundial en el empleo de dinero electrónico: hoy en día es común comprarle una paleta a un vendedor ambulante y pagar con el celular. Se esperaría que Estados Unidos, dada la fortaleza de su sector financiero, ejerciera un claro liderazgo en este ámbito, solo que donde hay grandes empresas también hay fuertes intereses y la actual banca estadounidense no se siente muy atraída por los pequeños montos que caracterizan a estas operaciones. Sus ventajas, en cambio, son muy pertinentes para los países latinoamericanos. Al contar con un registro informático de las transacciones, esta tecnología tiene una capacidad extraordinaria para combatir la informalidad e incrementar la capacidad fiscal, dos problemas económicos fundamentales de México. Un tercero sería combatir la economía del crimen. Si bien formalizar la economía afectaría muchos intereses estructurales, esta pandemia ha demostrado que las costumbres de las personas son modificables cuando actúan en función del interés a corto plazo. China ofreció regalos e instrumentó un sistema regulatorio para que las tarifas fueran muy bajas. Con todo y que requiere conexión a internet, casi todo mundo tiene un celular, así que esta tecnología hace más factible incrementar la penetración bancaria que abrirle cuentas de débito al grueso de la población. Si en México lográramos que el 70% de los pagos se efectuara mediante el teléfono celular, la discusión de que el Estado recauda muy poco se solucionaría en gran medida. Con la masificación de una herramienta tecnológica viable que promueve la formalidad, la economía mexicana podría cambiar sustancialmente en solo cinco años.

¿Son fundados los temores occidentales a las amenazas a la seguridad y la privacidad que representa la circulación de datos de sus ciudadanos mediante dispositivos y redes chinos?
Las sociedades asiáticas tienen una perspectiva distinta a la nuestra sobre la privacidad de los datos personales. Conforme a esos criterios, es muy probable que sus empresas hayan compartido más información a sus gobiernos que sus contrapartes de Europa a los suyos. Pero no veo elementos concretos que generen mayor preocupación hacia las empresas chinas respecto de las de Estados Unidos, país que permite una comercialización privada de datos mayor que la de Europa. Huawei no es un recién llegado a las redes de telefonía y a su infraestructura, y hasta ahora no ha recibido algún señalamiento específico, como sí lo tuvo Facebook, una empresa estadounidense, por los datos que compartió con Cambridge Analytica. ¿Por qué de pronto toda la preocupación está en Huawei? La preocupación debe extenderse a todas las empresas. Para ser sinceros, en el fondo de este discurso hay la clara intención de limitar la competencia tecnológica.

El creciente peso de Asia en el registro de patentes y su liderazgo tecnológico despierta en algunos el temor de riesgos geopolíticos. ¿Pesará más la rivalidad o la colaboración?
La investigación detrás de muchas de esas patentes tiene un componente de cooperación internacional muy claro, por lo que dudo que resurja una disputa entre bloques tan diferenciados como sucedió en la Guerra Fría. Países y regiones competirán por diferentes áreas de influencia e intereses geográficos a la par de esa colaboración. Los países buscan ejercer liderazgo tecnológico mediante su volumen de patentes porque resulta útil y productivo para el bienestar material de la población, no porque lo destaque como lo haría un medallero olímpico. En Asia hay países que tienen esta visión de futuro y apuestan claramente por el desarrollo tecnológico. Estemos atentos a sus políticas y a su mirada. Tengo la sensación de que en los países occidentales nuestro horizonte es de más a corto plazo, no sé si por la mecánica de nuestros sistemas electorales o por la visión filosófica que comenté. La visión de Fukuyama del término de la Guerra Fría, según la cual la perspectiva occidental del mundo es la única que prevalece, parece no tener sustento real. Los países asiáticos lo están haciendo mejor en algunos ámbitos.

Con independencia de si en Asia hay países democráticos como Japón, autocráticos como China, capitalistas como Singapur o más comunistas como Vietnam, sus raíces filosóficas en común poseen un sentido de la responsabilidad colectiva ciudadana que les ha permitido gestionar mucho mejor la pandemia. En Occidente ha sido difícil compaginar el discurso de libertad individual con la responsabilidad ciudadana de usar cubrebocas. Un esfuerzo por el orgullo nacional o familiar son casi referencias conservadoras en Occidente, que quizá ha perdido sus propios elementos de responsabilidad cívica. Sin desdeñar absolutamente la visión occidental, que considero muy valiosa para la humanidad en ámbitos como el de las libertades individuales, hay que estar conscientes de sus limitaciones y tener la disposición para superarlas. Eso exige una reflexión.

¿Veremos una globalización por bloques?
Es muy difícil mencionar un aspecto en el que no haya integración mundial, aunque la visión que teníamos de un solo mundo globalizado no excluye aspectos regionales que tal vez cobren mayor peso respecto de las últimas décadas. Habíamos vivido un mundo más global y resurgió ese aspecto de conflicto regional con sus respectivos líderes. Pero la complejidad económica actual ha fomentado una cooperación internacional que pervivirá, porque es útil. La URSS y Estados Unidos nunca alcanzaron el grado de integración que exhiben ahora Estados Unidos y China. Habrá colaboración y mundo global junto con visiones de bloques y áreas de influencia. China se internacionaliza al tiempo que Estados Unidos se retrae. En esa diferenciación hay áreas de oportunidad. Los nuevos actores preferirán mercado en expansión sobre aquellos más maduros. No es de extrañar que a China le interese posicionarse en áreas menos integradas en materia digital: ha hecho fuertes inversiones en África en busca de recursos naturales, también en algunos países latinoamericanos, particularmente en Brasil y Argentina, áreas con mucho desarrollo potencial por delante, con mucha población. Dependerá de estos países que se aprovechen estas oportunidades en beneficio propio.