Llegó la era de los bancos públicos de desarrollo  

Stephany Griffith-Jones, Régis Marodon, José Antonio Ocampo y Jiajun Xu  

Llegó la era de los bancos públicos de desarrollo  
  Con activos combinados que superan los once billones de dólares, los bancos públicos de desarrollo desempeñan un papel relevante en la economía mundial. En este artículo, escrito a ocho manos entre Nueva York, París, Beijing y Brighton, destacados especialistas sintetizan las recomendaciones de una investigación elaborada para la primera Cumbre Mundial de los Bancos Públicos de Desarrollo, celebrada del 9 al 12 de noviembre de 2020 en París, Francia.  

 Las importantes amenazas globales —entre ellas la pandemia de la covid-19, el cambio climático y la creciente desigualdad— exigen una acción concertada de grandes proporciones. Los líderes políticos enfrentan el doble desafío de encontrar respuestas efectivas a estas amenazas y, al mismo tiempo, encausar sus economías hacia dinámicas más productivas, inclusivas y de menor consumo de carbono. Los bancos públicos de desarrollo (BPD) —a nivel local, nacional, subregional, regional o interregional— son esenciales para ayudar a los gobiernos a financiar una rápida recuperación de la crisis de la covid-19 y garantizar que sus economías respondan con oportunidad a las necesidades de la población y del planeta.

Al ofrecer financiamiento público directo y movilizar financiamiento privado, los BPD deberían seleccionar y respaldar inversiones productivas de largo plazo, que incluyan a las que prioricen proyectos de bajo consumo de carbono, así como a las que beneficien a las regiones y poblaciones más rezagadas. Su selección debería emplear criterios que ubiquen, en primer lugar, a aquellos proyectos con impacto en el desarrollo, considerando los retornos financieros como un objetivo importante pero secundario.

El papel de los BPD fue el tema central de una importante conferencia de investigación que se realizó los días 9 y 10 de noviembre de 2020 en el marco de la primera Cumbre de Finanzas en Común. Una importante iniciativa internacional que cuenta con el respaldo del presidente francés, Emmanuel Macron, del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y cuya convocatoria reunió a jefes de Estado y a los directores ejecutivos de muchos de los 450 BPD que existen en el mundo.

Lo que está en juego no es algo menor, se trata de cambiar la manera en que los servicios financieros sustentan la economía real para alcanzar un crecimiento más equitativo y sustentable. Los BPD pueden ser actores cruciales en ese esfuerzo, entre otras cosas, al financiar la provisión de bienes públicos.

La investigación internacional preparada para la conferencia contiene numerosas recomendaciones para promover una transformación estructural sustentable e inclusiva. Alcanzar estos objetivos no es una tarea fácil, pero los investigadores resaltan varias condiciones para que los BPD puedan cumplir esta crucial labor.

Primero, los gobiernos deberían garantizar que los BPD existentes cuenten con la escala adecuada para llevar a cabo sus funciones. Dada la crisis de la covid-19, los bancos de desarrollo multilaterales subregionales, en particular, precisan una nueva capitalización significativa con urgencia. Los bancos de desarrollo nacionales también necesitan capital adicional. Los países sin un BPD, por su parte, deberían considerar seriamente crear uno.

Segundo, la mayoría de los BPD necesitan mejorar las herramientas analíticas con las que supervisan y evalúan los impactos de su financiamiento. Las salvaguardas de estos bancos, incluido el impacto ambiental de sus inversiones, son valiosas. Deben, sin embargo, hacer más para incorporar el imperativo de la transición a economías equitativas, de bajo consumo de carbono y resilientes en todas las decisiones de financiamiento y las etapas de los proyectos. Como dice el refrán: “lo que se puede medir se puede gestionar”.

Tercero, los BPD deberían participar activamente en la modernización de las economías y pasar de simples “tomadores de proyectos” a “hacedores de proyectos”. Una vez definidos los objetivos —acción climática, por ejemplo—, deben desempeñar un papel proactivo y mover la primera pieza para ayudar a superar incertidumbres y riesgos, y definir misiones, programas y proyectos.

Como cuarta prioridad, los BPD deberían hacer más para combinar sus recursos con los del sector privado y ayudar a movilizar financiamiento comercial para proyectos que el mercado por sí solo muchas veces no atenderá. Estos incluyen mitigar el cambio climático, promover la innovación, construir infraestructura, financiar a pequeñas empresas y ofrecer vivienda asequible. Una estrategia de estas características puede unir a todos los actores para maximizar el impacto en el contexto de objetivos de desarrollo sostenibles.

Quinto, los reguladores financieros deberían considerar adaptar sus reglas prudenciales para considerar las características específicas de los aportes de los BPD al desarrollo, y fomentar inversiones que mitiguen el cambio climático, porque esto también mejorará la futura estabilidad financiera.

Sexto, los BPD deberían conformar una coalición unida y global comprometida con la transición a un desarrollo equitativo y sustentable, y con el cumplimiento del acuerdo climático de París. Resulta esencial ir más allá de las iniciativas aisladas y enfrentar los problemas en una escala global. Una mejor cooperación entre bancos de desarrollo multilaterales y nacionales es crucial; hacerlo así, garantizará un mejor acceso al sistema internacional de subvenciones y fondos globales.

Finalmente, maximizar los efectos de los BPD en el desarrollo exige que se concentren en la economía real e inviertan en proyectos innovadores y de alto impacto. Si bien los BPD otorgan préstamos, principalmente, las garantías pueden desempeñar un papel útil en la gestión del riesgo financiero en momentos de alta incertidumbre como los actuales. Y para los proyectos tecnológicos innovadores y de alto riesgo con un desarrollo potencialmente alto y una ganancia potencial, los BPD deberían considerar el uso de más instrumentos de capital para captar mayores réditos.

Las políticas y el financiamiento contracíclico para respaldar la recuperación deberían estar alineados más explícitamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, a la vez que deberían priorizar su respaldo al desarrollo equitativo, así como a la mitigación y adaptación al cambio climático. Los gobiernos deberían mejorar el papel de los BPD a la hora de respaldar a los países y regiones que quedan rezagados, promoviendo la innovación y la transformación estructural, financiando el desarrollo social y aumentando la inclusión financiera, la infraestructura adecuada y la provisión de bienes públicos globales.

Con activos combinados de más de once billones de dólares, los BPD desempeñan un papel importante en la economía global. Es momento de que incrementen aún más sus actividades individuales y conjuntas para financiar la inversión en infraestructura y respaldar la provisión de bienes públicos globales, especialmente la mitigación y adaptación climática. Una recuperación global justa y verde necesita con urgencia toda la ayuda que podamos concitar.

 

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