Más que solo crédito: una política integral para las pymes  

Entrevista con Ramón Lecuona, exdirector de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac  

Por: Karina Almaraz

Más que solo crédito: una política integral para las pymes  
  Proveer financiamiento a las micro, pequeñas y medianas empresas representa uno de los grandes desafíos del sistema bancario del país. La presencia de este tipo de emprendimientos en la cartera de créditos bancarios es muy limitada, con el perjuicio que esto supone para el fortalecimiento de las capacidades productivas del país. En esta entrevista, el economista Ramón Lecuona ofrece un sugerente diagnóstico del sistema bancario del país, de la condición de las empresas de menor tamaño y de las acciones que deberían instrumentar los bancos, públicos y privados, para respaldar la operación de dichas empresas. Más que solo crédito, concluye, se precisa un paquete de apoyo integral.  

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Desde la perspectiva del sector bancario, ¿qué distingue a esta crisis de otros episodios similares en la historia reciente del país?

La crisis actual es completamente distinta. Las de 1994 y 2008 fueron financieras, la primera tuvo su origen en errores internos de política económica en México y, la segunda, en un problema financiero que inició en Estados Unidos y luego se trasladó al resto del mundo. El origen de la actual es sanitario y la diferencia es tan grande que no podemos compararlas. Las crisis previas se enfrentaron con políticas públicas que resolvieron los desequilibrios financieros, reactivando la economía. En esta ocasión, la gestión de la crisis ha sido completamente distinta y la gran incertidumbre que ha imperado en estos meses se alimenta de las incógnitas respecto a la evolución de la pandemia. El dilema actual es que, mientras no se resuelva la crisis sanitaria, no hay manera de resolver el problema económico.

 

¿Qué riesgos avizora para las instituciones bancarias del país ante esa incertidumbre?

La situación de los bancos dependerá de la condición presente y futura de sus acreditadas. Si una empresa disminuye drásticamente su nivel de actividad o de plano la suspende —como ocurre en algunos casos extremos de esta emergencia sanitaria—, se paraliza su flujo de efectivo; pero, al mismo tiempo, mantiene una serie de compromisos de gasto con sus empleados, con los locales que renta y demás. Si cuenta con algunos fondos de reserva podrá resistir durante algunas semanas o meses, pero sus problemas se incrementarán a medida que se prolonga la emergencia. Hay también casos de empresas muy bien posicionadas que han conseguido operar parcialmente y generar entre el 30 y 40 por ciento de sus ingresos habituales. Salen tablas y van sobreviviendo, incluso algunas pocas se han beneficiado. La situación del tejido empresarial del país es muy heterogénea.

Aunque frecuentemente nos quejamos de la limitada bancarización de las pymes, en una circunstancia como la actual resulta positiva: su peso en la cartera de los bancos es limitado y generalmente solo están ahí las más saludables y mejor organizadas. En buena medida, esa baja participación de las pymes en la cartera bancaria obedece a deficiencias de su estructura estructura. Sin embargo, por muy bien constituidas que estén, el golpe ha sido muy duro para las pymes, empezaremos el 2021 con la economía semidetenida, equilibrando la reactivación económica y la prevención de contagios y muertes, como en todo el mundo.

Aún es muy difícil determinar el impacto que tendrá esta crisis en los bancos. El plazo de cuatro meses que se concedió a las empresas para postergar sus pagos sin caer en cartera vencida concluyó y, le ha seguido una ola de restructuraciones, con el paso del tiempo sabremos realmente cuántas de las empresas que se acogieron a esta facilidad están en condiciones de retomar el paso. Hasta ahora, no se observa un problema de falta de liquidez y, en términos generales, los bancos están capitalizados. Los de mayor tamaño crearon reservas especiales y el Banco de México cuenta con un programa de liquidez para pymes que respalda estos esfuerzos. A lo largo del año, iremos conociendo qué proporción de las empresas superarán la crisis y cuántas perdieron viabilidad y cayeron en problemas de solvencia.

 

¿Qué otras medidas deberían tomar las instituciones bancarias para preservar la calidad de su cartera, los empleos y el tejido empresarial del país?

Habría que analizar caso por caso, veremos cuál es la capacidad de los bancos para elegir qué tipo de apoyo dan a cada empresa. Enfrentan la misma incertidumbre que todos: no sabemos cuánto más durará la emergencia sanitaria. Lo que no deben hacer es prestar indiscriminadamente a empresas que luego no saldrán adelante, porque es el dinero que les depositó el público. A nivel global hay una gran discusión, sobre todo en los países donde se hicieron programas fiscales muy agresivos, acerca de cuánto de ese dinero se canalizó a empresas que ya venían tambaleándose y que no se va a recuperar. Por eso debe revisarse caso por caso.

 

¿Cuál es el propósito principal de los créditos que otorga la banca de desarrollo a las empresas?

Hace algunos años trabajé con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y en algunos de los estudios en los que participé abordaba precisamente la trayectoria de la banca de desarrollo en México y en otros países de América Latina. En México esa trayectoria ha sido muy inestable y se ha visto inmersa en crisis financieras múltiples; además de la de 1994 y de la de 2008, también tuvimos la del 76 y la del 82. La banca de desarrollo ha estado muy inmiscuida en esos episodios de grandes crisis financieras y eso ha provocado una gran inestabilidad institucional.

Creo que la banca de desarrollo es un instrumento extraordinario e indispensable, pero también que debe estar muy bien acotado. No necesitamos que haga lo que hacen los bancos comerciales, su espacio está en todos esos segmentos de la economía donde, por razones de mercado, la banca comercial no entrará porque debe ajustarse a ciertas reglas y a un concepto fiduciario, a una responsabilidad con sus depositantes y acreedores. Las actividades demasiado riesgosas y costosas en términos de operación no son atractivas para los bancos comerciales y ahí está buena parte del espacio para la banca de desarrollo. Por eso pienso que es consustancial con las pymes y el emprendimiento.

Normalmente, en el segmento de las empresas más pequeñas hay un problema serio de sobrevivencia y los emprendimientos que consiguen mantenerse en el mercado están muy expuestos a las fluctuaciones económicas. Por eso es importante que la banca de desarrollo se ocupe de apoyar el surgimiento, la operación y el desarrollo de las pymes. Aunque hay un espacio enorme, debo subrayar que el crédito es solo uno de los instrumentos que deben usarse para promoverlas. No es razonable prestar en segmentos con riesgos extraordinariamente elevados y, en nuestro entorno de negocios, hay muchos aspectos que hacen muy difícil la operación de las pymes.

El índice de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial (Doing Business), ubica a México en lugar 160, de 190 países, en cuanto a las facilidades para iniciar un negocio y en el sitio 120 en lo que se refiere a sencillez y carga impositiva. Con datos del Censo económico y en la Encuesta de productividad se identifica que la inseguridad es el principal problema que enfrentan las pymes en México. Las grandes también la padecen, pero sobrevivirán porque tiene recursos para trabajar en ambientes adversos, es solo un costo adicional. En cambio, para las empresas chicas la diferencia es sustantiva, es de vida o muerte.

Las pymes también enfrentan cargas regulatorias excesivas que suelen derivar en presiones, corrupción, clausuras, etcétera. Hay dificultades tremendas para cumplir con el conjunto de las disposiciones fiscales y laborales, lo que crea incentivos a la informalidad y propicia irregularidades y pasivos contingentes con las autoridades fiscales y laborales. En estas condiciones, con la incertidumbre creada por esos pasivos contingentes, ¿cómo prestarles?

Las pymes requieren de una política integral: necesitan una simplificación regulatoria muy significativa para que puedan formalizarse. Es necesario un ambiente de seguridad básico donde no desaparezcan del mercado porque las atracaron. El financiamiento es únicamente un ingrediente. De hecho, según los datos del censo económico, el financiamiento es el último de sus problemas. Dar financiamiento en estas condiciones es como desperdiciar los recursos: no está en manos de las empresas poder usarlos productivamente. Es muy importante tener en mente eso. La banca de desarrollo debe atender a las pymes, pero bajo la guía de políticas públicas que, junto con la Secretaría de Economía, brinden un marco en el que puedan trabajar para que el financiamiento sea un instrumento virtuoso.

 

¿Son suficientes los criterios cualitativos para evaluar adecuadamente a la banca promotora del desarrollo? ¿Incorporaría otros aspectos?

Creo que ha sido un error de la política pública no tomar el tema pymes desde una perspectiva integral. Queremos ser muy agresivos por el lado del financiamiento y de la inclusión financiera, como si unilateralmente eso resolviera todos los problemas; luego, enfocamos todas las baterías al desarrollo de empresas emergentes. En realidad, la única manera de crear un ambiente propicio para que las pymes se desarrollen y contribuyan más a la generación de empleo e ingreso, es un ambiente regulatorio de seguridad impositivo, laboral y financiero en el que se encuentren las condiciones básicas para el emprendimiento, el desarrollo y la innovación. No solo que abran sus puertas, sino que se consoliden, que se vayan convirtiendo en empresas cada vez más innovadoras. De nada sirve abrir una empresita que dentro de 15 años seguirá haciendo lo mismo, apenas permitiéndole al empresario “subsistir”.

 

¿Qué indicadores serían adecuados para evaluar satisfactoriamente el desempeño de la banca de desarrollo?

Es importante saber cuántos créditos se otorgan, pero interesa más determinar si realmente cumplieron el objetivo para el que se diseñaron: si se dieron a quien se tenían que dar, si realmente se logró adicionalidad, si no se asignaron a los mismos que ya los habían obtenido en los bancos comerciales, etcétera. Si hubiera estudios serios al respecto me encantaría ver qué dicen, pero evidentemente ha hecho falta una evaluación profunda del impacto de la banca de desarrollo en el sector pyme.

La banca de desarrollo en México ha tenido cambios muy fuertes en sus prioridades a lo largo del tiempo. Primero, está la cuestión de para qué está: ¿para financiar grandes proyectos del gobierno o privados, o para desarrollar algunos sectores estratégicos? Ha habido etapas en las que ha participado, en general, en el “desarrollo” y, por supuesto, cualquier cosa entra ahí; en otras épocas, se ha tratado de dirigirla a los sectores donde la banca comercial no entra, a trabajar de modo complementario y no competitivo. A lo largo del tiempo hemos visto de todo. Por ejemplo, en 2008 y 2009 el impacto de la crisis financiera global fue enorme en México, y la banca de desarrollo tuvo que captar liquidez internacional para trasladarla al mercado interno, con lo que la voluntad de concentrarse en las pymes se volvió a disipar.

 

¿Por qué las pymes enfrentan tantas dificultades para convertirse en sujetos plenos de crédito?

Normalmente se debe a que son empresas poco estructuradas. En la última encuesta de competitividad y productividad de las pymes, que se publicó en el 2018, más de 70% de la muestra mencionó que no aceptaría un crédito. No que no lo buscarían, sino que no lo aceptarían, ni tampoco se acercarían a los bancos. Mi conclusión es que muchas de estas empresas tienen una mezcla de operación formal e informal que les impide considerar su acceso al sistema financiero. No se regularizan porque su negocio dejaría de ser rentable. Mi diagnóstico es que las pymes prefieren quedar fuera del sistema financiero para no caer en el radar de la autoridad fiscal, aunque para eso tengan que renunciar al crédito bancario. Creo que la única manera de llevarlas al sistema financiero sería un marco regulatorio y fiscal suficientemente accesible y sencillo, un tema del que hemos estado hablando durante los últimos cuarenta años sin encontrarle una salida satisfactoria.

 

¿Qué medidas recomendaría para mejorar el perfil crediticio de las pymes?

Los responsables de la política pública deben promover un marco realista en el que las pymes puedan formalizarse. La realidad ha sido perniciosa, con el marco regulatorio fiscal vigente durante las últimas décadas las pymes han preferido mantenerse fuera del sistema financiero. Lo primero sería simplificar el marco regulatorio para mantener un registro adecuado del sector pyme; con un sistema de información adecuado puede pensarse en reorganizar las cosas. El punto es que ahora ni siquiera tenemos un buen registro.

Al revisar la encuesta trimestral más reciente del Banco de México sobre cómo se financian las empresas encontré que seguimos donde estábamos desde que la consulté por primera vez: dos tercios de las empresas de menos de 100 empleados en México tiene un financiamiento, pero no es bancario, sino de sus proveedores. Hay un arreglo funcional que permite que eso ocurra: el proveedor conoce la empresa, le deja la mercancía e incluye en el precio el costo financiero, el crédito no es gratis, pero su costo es poco transparente. Sí puede haber financiamiento, pero no es bancario. El financiamiento institucional, sea de la banca comercial o de desarrollo, requiere estados contables e información fiscal diversa, que la gran mayoría de las empresas ni quiere ni puede proporcionar.

Los esquemas de garantías le han funcionado a la banca de desarrollo. También los esquemas de factoraje inverso que con bastante éxito ha hecho Nafin desde hace muchos años. Hay experiencias muy buenas en este sentido, propician una buena interacción entre la banca de desarrollo, la banca comercial y las grandes empresas, para apoyar a las pymes. El tema es cómo profundizar eso que se ha hecho bien. Hace tiempo dejó de existir la asistencia técnica, que ayudaba a la banca de desarrollo a organizar a los productores para convertirlos en sujetos de crédito. Habría que recuperar alguna de estas actividades, ya sea en la banca de desarrollo o la Secretaría de Economía o, mucho mejor, mediante un esquema coordinado de diversas instituciones públicas.

Obviamente esto tiene que estar diseñado con criterios sectoriales y regionales muy claros, no se puede trabajar con esquemas generales porque la asistencia técnica es carísima. Se requieren criterios bien definidos para ubicar a las empresas con mejores perspectivas de crecimiento. Los bancos comerciales que trabajan arduamente para encontrar empresas a las cuales prestar, han hecho esfuerzos verdaderos por llegar a las pymes, no se diga la banca de desarrollo. El punto es que las condiciones vigentes no las hacen sujetos, la cuestión está mucho más allá del interés en prestar.

 

¿Pueden canalizarse más recursos sin poner en riesgo la viabilidad financiera de las instituciones? ¿Podrían contribuir las modalidades emergentes de banca digital?

Al inicio de la crisis sanitaria, una de las preocupaciones del Banco de México era el riesgo de que el plan de capitalización se quedara corto; pero, desde mi punto de vista, el verdadero riesgo era que el plan no operara: Los bancos han reestructurado los créditos pyme con recursos propios y han creado reservas adicionales para enfrentar contingencias producto de la crisis financiera. La gran mayoría de las pymes, que antes de la pandemia estaban fuera del sistema financiero, han continuado financiándose con recursos propios y de sus proveedores. No se ha escuchado a empresas quejarse de que los bancos no les prestan, todavía no es el caso. Por lo pronto, no parece que el sector pyme sea una amenaza para la viabilidad de las instituciones financieras.

 

¿Hacia dónde debería transitar la banca de desarrollo del país para contribuir de manera más eficaz al crecimiento armónico e incluyente de México?

Además de hacer lo que ya se hace bien y que funciona, como lo del factoraje inverso, me gustaría ver una acometida seria de la banca de desarrollo para promover el florecimiento de las pymes en México. Esto bajo el entendido de que no es solo dar crédito, sino acompañar su crecimiento. La banca de desarrollo tendría que ser el abogado de las pymes en el diseño de las políticas públicas y promover el establecimiento de las condiciones necesarias para la canalización del crédito, su utilización productiva y su recuperación. Me encantaría verla decir: “Emparejemos la cancha, resolvamos junto con la Secretaría de Economía problemas críticos de las pymes. Dado que yo pondré el financiamiento, sumemos programas de asistencia técnica para formar sujetos de crédito a quienes podamos prestarles”.

 

¿Qué estructura institucional le parece óptima para que la banca de desarrollo dirigida a las empresas cumpla con su misión?

Se tiene que establecer el objetivo de cada institución. Si no hay un objetivo específico que evaluar, si el objetivo es difuso, la evaluación también. Una de las fortalezas del Banco de México es que tiene un objetivo nítido y autonomía para seguirlo, saben lo que tienen que hacer. Me encantaría ver eso en la banca de desarrollo, que alguno de nuestros bancos de desarrollo supiera que existe para desarrollar a las micro, pequeñas y medianas empresas del país.

Todo comienza con la fijación de objetivos para concentrarse en cumplirlos.