Sistema financiero mexicano: áreas de oportunidad para impulsar su competitividad  

Caleb Benjamín Monroy  

Sistema financiero mexicano: áreas de oportunidad para impulsar su competitividad  
  En este artículo, el autor analiza la evolución reciente del sistema financiero mexicano a partir de tres dimensiones principales: penetración, inclusión y estabilidad. Aborda, asimismo, el papel y los desafíos de la banca de desarrollo.

 Durante los últimos años, una creciente cantidad de literatura económica ha documentado una relación positiva entre el crecimiento económico y los sistemas financieros sólidos.1 El correcto funcionamiento del sistema financiero contribuye a la estabilidad macroeconómica, a la reducción de la pobreza y a la disminución de la desigualdad, todas ellas condiciones relevantes para el crecimiento de las economías. Si bien el impulso que da el sistema financiero al crecimiento de los países no es infinito, en la mayoría de los casos existen importantes áreas de oportunidad para mejorar esta contribución.

Para aprovechar los beneficios de un sistema financiero no basta tener usuarios, intermediarios y reguladores, resulta primordial desarrollar un ambiente competitivo y eficiente donde los recursos superavitarios de los ahorradores se destinen a los mejores proyectos productivos; en especial, a aquellos que promueven la dinámica económica, la innovación, las patentes y el desarrollo tecnológico.

La evaluación sobre la eficiencia y competitividad del sistema financiero de un país es compleja y debe hacerse de forma multidimensional. Las tres dimensiones más comunes y amplias son: i) penetración: que se refiere al saldo colocado por los intermediarios financieros como porcentaje del producto interno bruto; ii) inclusión: la cantidad de personas que tiene acceso a los servicios financieros, y iii) estabilidad: referida tanto a la capitalización y buen manejo de los bancos, como a la fortaleza de las instituciones reguladoras.

Durante los últimos años se han instrumentado reformas que buscan incrementar la competitividad del sistema financiero mexicano. La promulgada en 2014, en particular, tenía, entre sus objetivos, elevar la eficiencia del sistema financiero a partir de una mayor competencia; incrementar el crédito dirigido a las actividades productivas, tanto por la banca pública como de la comercial, y el mantenimiento de un sistema financiero sólido y prudente.2 Sin embargo, los efectos aún son incipientes y queda mucho por hacer.

Por lo anterior, reconocer de forma correcta los obstáculos que dificultan el desarrollo dinámico y eficaz del sistema financiero mexicano resulta primordial; como también lo es, el diseño y la aplicación de estrategias para que la banca de desarrollo pueda contribuir más decididamente al progreso del país. El artículo se estructura de la siguiente forma: en lo que sigue se presenta un panorama general del sistema financiero mexicano; luego, se identifican algunos de los obstáculos que impiden su adecuado funcionamiento y se evalúa si la reforma de 2014 atendió adecuadamente estas limitaciones; finalmente, se presentan las conclusiones, acompañadas de algunas recomendaciones.

 

¿DÓNDE ESTAMOS?

En las últimas décadas, el saldo de la cartera del crédito al sector privado observa una trayectoria ascendente. Como proporción del PIB, indicador usual para medir la penetración del crédito, pasó de 15.04% en 2000 a 22.65% en 2009 y, finalmente, alcanzó 36.88% en 2019. Lo anterior, en términos absolutos, implica un crecimiento de 21.84 puntos porcentuales y una tasa media anual de crecimiento de 4.59%, cifra superior al crecimiento del PIB durante dicho periodo (1.81%).3

Si bien es cierto que el comportamiento reciente del crédito en México muestra un desempeño positivo, también lo es que aún queda camino por recorrer para alcanzar los niveles de penetración observados en economías de desarrollo similar. En el ámbito latinoamericano, por ejemplo, la razón crédito/PIB alcanza en Chile un 122.54%, en Brasil 63.73% y en Colombia 54.74%. El área de oportunidad es aún más evidente cuando se compara con países desarrollados los cuales, en su mayoría, superan el 100% de penetración de crédito, incluso Japón registra niveles cercanos a 200%.4

 

INCLUSIÓN

Respecto a la inclusión financiera se han presentado avances importantes en los últimos años. En 2012, el 35.5% de la población entre 18 y 70 años contaba con una cuenta de ahorro básica y esta proporción subió a 47.1% en 2018, una diferencia de casi 12 puntos porcentuales; mientras que, en el caso de las tarjetas de crédito, esta misma proporción pasó de 27.5% en 2012 a 31.1% en 2018, una diferencia de apenas 3.6 puntos porcentuales.5

Como es evidente con la información anterior, las cuentas de ahorro han crecido en mayor proporción que las de crédito, lo cual denota una mejor evolución en el número de personas que tienen acceso a las modalidades de pago y depósito del sistema financiero y una menos dinámica en las modalidades de crédito, en virtud de las dificultades que enfrentan las personas para cumplir con los requisitos tradicionales impuestos por la banca y la regulación para la obtención de financiamiento.

En el mismo sentido, la inclusión financiera para empresas todavía es limitada, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad (ENAPROCE), en 2018 únicamente 12% de las empresas contó con algún tipo de crédito, destacando las empresas medianas y grandes como las principales beneficiarias del acceso al financiamiento.

Del universo de empresas encuestadas, el 49% afirmó que no cuenta con algún tipo de crédito, porque no lo necesita —en cuyo caso es importante entender las razones—; el 25% señaló al costo, como la limitante principal para acceder al crédito; en tanto que el 5% fue descartado para estos propósitos por incumplir alguno de los requisitos solicitados por la institución bancaria.

 

ESTABILIDAD

La estabilidad y liquidez del sistema financiero es vital para su correcto funcionamiento, tanto para la seguridad y confianza de los inversionistas como la de los usuarios. A nivel internacional, existe la regulación Basilea III que es el conjunto de medidas acordadas por diversos países para reforzar la regulación, la supervisión y la gestión. El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea ha establecido, como medida prudencial, que los bancos cuenten con un índice de capitalización mínimo de 10.5% en promedio.6 Desde hace varios años, México ha logrado cumplir con los criterios de dicha regulación, con índices de capitalización por encima del mínimo requerido.

Otro indicador que muestra la estabilidad del sistema financiero mexicano son las reservas de moneda extranjera del Banco de México. La Ley del Banco de México establece que contará con una reserva de activos internacionales para ayudar a mantener la estabilidad del poder de compra. Dichas reservas funcionan como un seguro para afrontar contingencias generadas por desequilibrios macroeconómicos y financieros tanto internos como externos. Las reservas internacionales del Banxico han presentado niveles suficientes y crecientes desde 2010.7

 

LAS TAREAS PENDIENTES DEL SISTEMA FINANCIERO MEXICANO

Para entender la actualidad del sistema financiero mexicano, debemos remontarnos a la crisis financiera de 1994-1995, cuando el sistema financiero colapsó y los bancos tuvieron que ser rescatados por el gobierno. Las razones de la crisis exceden los propósitos de este artículo, baste señalar que después de dicho episodio, el saldo de la cartera de crédito al sector privado en México cayó hasta el equivalente del 12% del PIB.8 Entre las manifestaciones más significativas de esta crisis sobresalen la creciente aversión al riesgo entre intermediarios financieros y los usuarios de sus servicios, así como las estrictas reformas regulatorias introducidas para evitar un episodio similar que, en muchos casos, resultaron excesivas. Por un lado, los bancos comenzaron a establecer numerosos requisitos para el otorgamiento de los créditos y, por otro lado, se redujo el universo de personas susceptibles de recibir financiamiento. Tras dicho episodio traumático para el sistema financiero mexicano, el apetito por crédito se ha ido recuperando a cuentagotas tanto del lado de la demanda como de la oferta.

 

ESTADO DE DERECHO Y MARCO REGULATORIO

De acuerdo con James Robinson, uno de los factores que determinan que algunos países sean ricos y otros pobres es la capacidad de desarrollar instituciones sólidas que incentiven a los individuos y empresas de forma correcta.9 En ese sentido, los bajos niveles de penetración e inclusión financieras de México se pueden entender desde un análisis de su sistema institucional y regulatorio el cual ha obstaculizado el correcto desempeño del sistema financiero.

De acuerdo con la OCDE, para recuperar judicialmente un crédito en México se tiene que destinar 32% del saldo de la deuda total, mientras que en países como China únicamente el 8%, en Estados Unidos el 9% y en España, Brasil y Argentina alrededor de 15%. Según el mismo reporte, de los países analizados, el costo promedio para ejecutar un contrato mercantil es de 17% de la deuda, prácticamente el doble del existente en México.10 Por otro lado, el estudio “Ejecución de Contratos Mercantiles e Hipotecas en Entidades Federativas”, realizado por el despacho Gaxiola, Calvo, Sobrino y Asociados, reportó que en México el tiempo promedio de ejecución de contratos mercantiles e hipotecarios es de 14.4 meses, con un mínimo de 8.5 meses en Campeche y un máximo de 53.3 meses en Chiapas.

Lo anterior deja de manifiesto que tanto la regulación en México como su ejecución no son los adecuados para alinear las expectativas de los consumidores con los de las instituciones bancarias. Los primeros encuentran en la pronunciada demora para la ejecución de los contratos un incentivo para dejar de pagar el crédito, al tiempo que se acentúa la resistencia de las instituciones bancarias para otorgar mayor crédito y extender su cobertura a nuevos segmentos de la población.

 

BANCA DE DESARROLLO

Por su naturaleza, la banca de desarrollo debe financiar proyectos de larga maduración o mayor riesgo atendiendo la demanda de financiamiento de actividades, sectores y territorios potencialmente rentables en lo económico y en lo social.11 Para que la banca de desarrollo cumpla la labor descrita debe tener dos elementos fundamentales: por un lado, un marco legal y regulatorio que le permita operar asumiendo riesgos mayores o distintos a los de un banco comercial y justificando con métricas correctas el beneficio en desarrollo económico que se asume; por otro lado, los recursos suficientes para impulsar los proyectos que concuerden con los objetivos de los bancos.

En 2014 se realizó una reforma financiera importante la cual, entre otros temas, pretendía quitar regulaciones innecesarias a la banca de desarrollo para impulsar el crédito; sin embargo, el crecimiento en saldo se ha desacelerado de forma importante: entre 2012-2013 el saldo colocado creció 26.66%, mientras que en 2018-2019 lo hizo únicamente en 1.59%. Los datos anteriores llaman la atención pues a pesar de la reforma financiera de 2014, la colocación del crédito por parte de la banca de desarrollo ha presentado una desaceleración constante.12 Se debe analizar si los cambios propuestos en dicha reforma realmente fueron los apropiados para fortalecer la operación de las instituciones y cumplir sus objetivos o simplemente no funcionaron.

 

INFORMALIDAD

En México la economía informal genera 22.2% del producto interno bruto y emplea a 56.7% de la fuerza laboral.13 Las causas de este fenómeno son múltiples y complejas, pero para los propósitos de este artículo baste señalar que la informalidad y el sistema financiero se encuentran en un círculo vicioso donde no se da crédito a empresas por su estatus y dichas empresas no pueden incrementar su producción, innovación o planes de expansión lo que las mantiene en un estado de informalidad.

 

REFORMA FINANCIERA DE 2014: ¿LO QUE MÉXICO NECESITABA?

En 2014 se llevó a cabo una de las reformas estructurales más importantes para el sector financiero, la cual tenía por objeto dar mayor flexibilidad e incentivos para que la banca de desarrollo y la banca comercial otorgaran más créditos y en mejores condiciones para los usuarios. Debido a que los temas son amplios y profundos, únicamente se abordará el tema de la banca de desarrollo. Se mostrará que, si bien la reforma iba en el sentido correcto, no se atendieron debidamente todas las limitantes que frenan el desarrollo del sistema financiero.

Respecto a la banca de desarrollo, la reforma no es clara en cómo mejorar las tres dimensiones del sistema financiero en forma conjunta (penetración, inclusión y estabilidad). El mandato de la banca de desarrollo señala que debe procurar el financiamiento a sectores estratégicos que enfrentan limitantes para acceder al sistema financiero. Sin embargo, no define qué es un sector estratégico, ni qué se consideran limitantes para acceder al crédito. Lo anterior es sumamente relevante, pues tradicionalmente los sectores estratégicos para un banco de desarrollo son los que pueden generar más derrama económica y pueden favorecer encadenamientos productivos para la economía; en la mayoría de los casos son sectores que ya tienen  acceso a servicios financieros, con lo cual no se está ampliando la inclusión financiera.

Si bien es cierto que se eliminaron algunas regulaciones innecesarias y se liberaron recursos para otorgar más créditos, ya sea de forma directa o indirecta, en la práctica no se diseñaron mecanismos apropiados para asegurar que los créditos lleguen a las a empresas que realmente enfrentan dificultades para acceder a los servicios financieros. Muchas de las garantías otorgadas por la banca de desarrollo se conceden a empresas elegibles para recibir financiamiento, pero a las que los bancos comerciales exigen una garantía para protegerse sin ofrecer, a cambio, una menor tasa de interés, menores comisiones u otro beneficio. Tampoco hay métricas establecidas para que los bancos puedan evaluar adecuadamente los avances en materia de inclusión y penetración de los servicios financieros.

Por lo anterior, es necesario afinar y clarificar no solo el qué —aumentar la penetración, inclusión y estabilidad—, sino también el cómo. Se debe dotar a la banca de desarrollo de directrices y metodologías claras que le permitan, por un lado, evaluar y ponderar de forma correcta si es mejor financiar a empresas que pueden impulsar un mayor desarrollo económico o financiar a empresas sin acceso a servicios financieros con el objetivo de aumentar la inclusión financiera; y por el otro lado, establecer métricas que se reporten de forma regular para evaluar si se están alcanzando los objetivos.

 

CONCLUSIONES Y PROPUESTAS

Como se mostró, la banca de desarrollo cuenta con un marco regulatorio que le permite contar con mayores recursos para otorgar créditos de forma directa o a través de garantías. Sin embargo, debe incorporar programas que le permitan aumentar no solo la penetración crediticia, sino también la inclusión financiera. Una forma de hacerlo es a partir de sinergias con fondos de inversión, en particular, aquellos de capital semilla que, dada su naturaleza, pueden apoyar nuevos sectores de innovación y tecnología con empresas de reciente creación; una vez que las empresas estén bien capitalizadas y establecidas, podrán acceder a un crédito de la banca comercial con mayor facilidad.14

Por otro lado, como se mencionó, en México la actividad económica que realiza el sector informal es considerable; sin embargo, esto no debe limitar la inclusión financiera. En los últimos años han surgido empresas de Fintech y neobancos que están apostando por una mayor inclusión financiera para sectores poblacionales desatendidos; a través de nuevos modelos de negocio y nuevas métricas están atendiendo clientes que bajo los esquemas tradicionales de la banca comercial no serían sujetos de crédito.

Aunque la banca de desarrollo está limitada por la regulación a atender a empresas informales, puede crear sinergias con neobancos y empresas de Fintech para impulsar la formalización de empresas a través de capacitación y seguimiento. De igual forma, puede apoyarse en los nuevos modelos de evaluación de riesgo para generar productos que se adapten a la realidad de la economía mexicana.

 

REFERENCIAS

1 Global Financial Development Report 2013. Benchmarking Financial Systems around the World.
2 Reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 10 de enero de 2014.
3 Información obtenida del Banco Mundial y el INEGI.
4 Información obtenida del Banco Mundial.
5 Información obtenida de BBVA Research con base en información del INEGI.
6 Bank for International Settlements.
7 Información obtenida del Banco de México.
8 Información obtenida del Banco Mundial.
9 Citado en David Edmonds, “Por qué algunas naciones tienen éxito y otras fracasan”, BBC News, 24 de octubre de 2020 .
10 Citado en Instituto Mexicano de la Competitividad, La reforma financiera y los riesgos del crédito, México, 2014
11 ALIDE, “Banca de Desarrollo, retos del presente y desafíos del futuro”, mayo 2018.
12 Información obtenida del Banco de México.
13 Ana Karen García, “La economía informal generó 22 de cada 100 pesos del PIB de México en 2018”, El Economista, 16 de diciembre de 2019. .
14 Véase IMCO “La Reforma Financiera y los Riesgos del Crédito”, 2014.