ALFREDO PHILLIPS OLMEDO, IN MEMORIAM

José Luis Romero Hicks

Alfredo Phillips Olmedo le dio Ley Orgánica al Banco Nacional de Comercio Exterior como su director. Así, Bancomext es hoy lo que es. Don Alfredo vivió con pasión. Fue un hombre culto y de familia, promotor incansable y nacionalista, altruista, funcionario internacional, banquero central y de la banca de desarrollo, diplomático, funcionario público, político, legislador y de convicciones enmarcadas entre sus pasiones e innumerables amistades.

Lo acompañé en su paso por Japón y Sedesol. Son cientos de encuentros con los que identifico algunas de sus grandes pasiones. La pasión por su familia, por “Greene”—su esposa—, con quien formó a Alfredo, Ricardo y Adriana; por sus hermanos Irene, Eduardo y Carlos; sus padres Howard y doña Dolores, y por sus nietos. La pasión por el arte y la cultura; herencia de casa donde se expuso a la influencia de Rivera, Orozco, Hemingway y Dos Passos.

La pasión por lo político, lo económico y lo social lo llevó a una vida activa en el pri, a trabajar en el Banco de México y en el Fondo Monetario Internacional, a transformar la arquitectura financiera del sector vivienda, integrando mer­cados y cimentando el mercado secundario de hipotecas desde la Sedesol de Luis Donaldo Colosio y el Infonavit.

APO, como solíamos referirnos a él, rescató la libertad elemental de los derechohabientes para adquirir su vivienda en el lugar, diseño y precio de su preferencia, por lo cual, sin duda, don Alfredo representa el punto de inflexión más importante en el sector vivienda; siempre argumentó que este es una “fábrica” de clases medias, el mejor instrumento de combate a la pobreza y vértice de las políticas económica y social.

Una más: la pasión por las instituciones. El embajador Phillips Olmedo transformó personas e instituciones. Le dio su Ley a Bancomext, con la que ha resistido múltiples embates por desaparecerlo, y fundó el Banco de Desarrollo de América del Norte. Como legislador defendió la banca de desarrollo y presidió la Comisión de Relaciones Exteriores.

La pasión por sus amigos le tejió una amplia red y múltiples lealtades.

No olvido sus comentarios laudatorios hacia Pedro Aspe, Mauricio Campos, Miguel de la Madrid, Ernesto Fernández Hurtado, Francisco Gil, Gabino Fraga, Rubén Galindo, José Ángel Gurría, Luis Raúl Domínguez, Antonio González Karg, David Ibarra, Óscar López Velarde, Dionisio Meade, Alberto Navarro, los dos Arturo Núñez, Manuel Ángel Núñez, Guillermo Ortiz, David Penchyna, Guillermo Prieto, Francisco Santoyo, Belinda Ramírez, Carlos Salinas, Antonio Sancho, Bernardo Sepúlveda, Jesús Silva Herzog, José Luis Soberanes, Fernando Solana, Francisco Suárez Dávila, Enrique Vilatela, Ernesto Zedillo, entre muchos otros.

En realidad, don Alfredo falleció antes de tiempo.