La competitividad compartida de América del Norte  

Entrevista con Jaime Serra Puche  

César Guerrero

La competitividad compartida de América del Norte  
En un mundo donde la competencia entre regiones cobra cada vez más peso, prescindir de tratados comerciales sería suicida. El TLCAN ha permitido a México inscribirse en la nueva dinámica económica mundial. Uno de sus mayores conocedores, Jaime Serra Puche —hoy socio de SAI, Derecho & Economía—, evalúa la integración de la región norteamericana como producto del intercambio comercial.

Han pasado dos décadas desde la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). ¿Qué criterios permiten evaluarlo con objetividad?

Ha habido dos formas de evaluación: una en función de propósitos muy generales planteados durante la negociación y otra en función de lo que se propone específicamente el texto mismo del Tratado. Pienso que esta última es la correcta. En el Tratado se estableció con mucha claridad que la economía mexicana tuviera capacidad de exportar y de atraer inversión extranjera directa. En esos dos frentes ha tenido mucho éxito: antes del TLCAN exportábamos 100 millones de dólares al día; hoy exportamos mil millones, o sea, 10 veces más; y recibíamos entre 2 mil y 3 mil millones de dólares de inversión extranjera al año y, ahora, cerca de 25 mil millones.

 

¿Cómo definiría la situación de la economía mexicana previa y posterior al TLCAN?

Cuando la economía mexicana estaba altamente protegida, no éramos competitivos, algo que en la teoría del comercio internacional se llama el “sesgo antiexportador”. Al abrirla, se elevó la competitividad de la industria y las exportaciones crecieron notablemente. Para mí, es el cambio estructural más importante.

 

En 2014, casi 2 de cada 10 productos importados por Estados Unidos se cultivaron en México. ¿El Tratado fue perjudicial para el campo mexicano o se convirtió en una gran oportunidad?

Creo que lo segundo, pero el debate que se desató entonces era que al abrir la economía se iba a afectar mucho a la gente que cosecha maíz. Esa predicción no ocurrió. La producción de maíz no ha bajado, incluso ha subido un poco. Cuando hice un análisis para ver qué explica mejor la producción del maíz, si el TLCAN o la lluvia, domina por mucho la lluvia, porque no tenemos capacidad de irrigar ni humedad permanente en el suelo. Que se haya abierto la economía y se dieran incentivos para que buena parte de la tierra se dedicara a frutas y hortalizas le ha convenido mucho al sector agropecuario mexicano, pues ahí somos supercompetitivos.

 

¿Cómo modificó el TLCAN la inversión mexicana directa hacia Estados Unidos y Canadá?

Las reglas de inversión del Tratado aplican a todas las partes y los empresarios mexicanos ya han logrado hacer inversiones importantes en Estados Unidos. Es el caso de Bimbo que, aprovechando las facilidades del TLCAN y la integración de la economía, adquirió negocios significativos en Estados Unidos y en Canadá, convirtiéndose en la panificadora más grande de América del Norte y una de las más grandes del mundo.

 

La inspección aduanera en la frontera de México y Estados Unidos, el libre tránsito de camiones desde México y el nuevo acuerdo sobre el transporte aéreo bilateral, ¿son resultado de la lógica económica derivada del Tratado?

En el caso de los camiones, los estadounidenses violaron el acuerdo desde el principio, y empieza a verse que se puede resolver. Pero en general, la conectividad entre México y Estados Unidos ha aumentado de manera importante y va a tener muy buenos efectos en el tránsito aéreo, los gasoductos, electricidad y transporte. Si depende o no del TLCAN, es muy difícil saberlo, pero los incentivos para aumentar la conectividad ahí están.

 

También hay una integración en la energía.

Y en un insumo muy significativo para la manufactura: el precio del gas, que es varias veces menor respecto de Asia o Europa. El hecho de que con la reforma energética en México se dé una mayor integración vía gasoductos, producción y redes eléctricas compartidas nos da una ventaja muy importante.

 

Las reformas energética y de telecomunicaciones ¿complementan el TLCAN?

Sí, hubiera sido muy natural que ocurrieran más cerca [de la firma] del TLCAN por razones de competitividad. Desafortunadamente, nos tardamos 20 años en hacerlas, por razones múltiples, entre ellas las políticas. Es mejor tenerlas ahora que no tenerlas. La energía y las telecomunicaciones atraviesan toda la economía, tienen un impacto enorme. Pero, por definición, son reformas de largo plazo, pues toma tiempo cambiar la estructura de esos sectores.

 

¿Ha contribuido el TLCAN a revertir la diáspora de mexicanos a Estados Unidos? Si es así, ¿cómo?

Esa parte todavía no la tenemos clara.

 

Pero, el efecto económico positivo del TLCAN en la economía mexicana ¿contribuyó a detener el éxodo?

Está ligado con el TLCAN el que hoy haya más bien un retorno que una partida de mexicanos en términos netos, básicamente por la actividad exportadora en el norte y centro del país, que está generando empleos. Sinceramente, creo que la política de los estadounidenses en materia de migración está totalmente errada. Si haces la entrada a un mercado muy complicada, la salida es igual. Que se pongan más barreras a la migración aumenta la presión para hacer ciudadanos a los inmigrantes indocumentados. Un acuerdo de migración circular resolvería este problema, y la movilidad laboral le daría a la región una competitividad adicional frente a otras regiones del mundo donde sí se permite.

 

¿Hay objetivos del TLCAN pendientes, como la brecha salarial o el empleo?

La diferencia salarial entre México y Estados Unidos es enorme, pero se explica en muy buena medida por la dotación de factores: tenemos abundancia de mano de obra, ellos escasez. Nosotros escasez de capital, ellos abundancia. Es normal que el precio de un factor abundante sea bajo. Esa brecha se va a ir cerrando conforme la integración progrese, en particular si se abre el mercado a la movilidad laboral. Los sectores que se dedican a la exportación tienen salarios mayores que el promedio mexicano y, en donde hay inversión extranjera, los salarios de las empresas tienden a ser mayores que el promedio, aunque sigan siendo menores que en Estados Unidos o Canadá.

 

De lo que han ganado Estados Unidos y Canadá con el Tratado, ¿qué es lo más importante?

Algo que amerita discutirse abiertamente, sobre todo en Estados Unidos, es el hecho de que más de la mitad de las transacciones comerciales en el mundo se hacen con tratados tipo TLCAN. La competencia ya no es solo entre países, sino entre regiones. Un estudio hecho por KPMG compara qué tan rentable es una industria en cada país. Después de China e India, México es el tercer o el cuarto país más rentable en casi todas las industrias. No así Canadá o Estados Unidos, que se ubican entre el octavo y el décimo segundo lugar. Así que, además de los seis millones de empleos que se han generado por las exportaciones a México, hemos contribuido de manera importante a la competitividad de la región de América del Norte.

 

¿Qué distingue a América del Norte de otros bloques comerciales?

El TLCAN es muy distinto al bloque europeo, que es una unión aduanera y monetaria (con casi todos los países). Los países de la Unión Europea tienen el mismo arancel hacia el resto del mundo. En América del Norte, no: cada quien ha conservado su arancel externo, que se llama de “nación más favorecida”, y no hay nada monetario. Es interesante que luego del Brexit los ingleses pretendan una especie de TLCAN con Europa, es decir, conservar su acceso al mercado sin la movilidad laboral.

 

¿El Brexit fortalecerá a América del Norte o representará un golpe al libre comercio en general?

Mi sensación es que el Brexit es un accidente, y de allí la sorpresa. Si la Unión Europea pierde atractivo con la salida de uno de sus principales jugadores, pueden beneficiarse otras regiones. En América del Norte lo podríamos aprovechar, porque tenemos acceso a un mercado muy grande y no se ha salido nadie hasta ahora. Lo negativo es que se haga la siguiente reflexión: “Si los ingleses salieron de la Unión Europea, ¿por qué nosotros no podemos salirnos del TLCAN?”, sin saber que lo que los ingleses quieren ahora es algo parecido al TLCAN. El debate político y mal informado puede tener ese efecto y sería muy delicado.

 

Anteriormente, usted ha dicho que en China hay outsourcing puro y en América del Norte, México incluido, una producción compartida. ¿Por qué es tan importante esta distinción?

Es importantísima. En la región de América del Norte ya no solo nos estamos vendiendo productos los unos a los otros. Después de 20 años, producimos conjuntamente. En general, de cada dólar que México exporta a Estados Unidos, 40 centavos son insumos estadounidenses, mientras que de cada dólar que los chinos exportan a Estados Unidos, lo son solo cuatro. Es lo que llamo un outsourcing puro. Esto nos debiera llevar a concluir que el TLCAN no es parte del problema de la competitividad estadounidense, sino parte de la solución. En esto no hemos sido suficientemente insistentes: gracias al TLCAN, Estados Unidos tiene mayor capacidad de competir con China.

 

Cuando China ingresó a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, ¿contuvo la integración comercial de América del Norte? ¿O la firma del TLCAN en 1994 preparó a América del Norte para resistir el eventual ingreso de China al comercio mundial?

Ambas cosas. Respecto de Estados Unidos, el ingreso de China a la OMC significó algo que se ha discutido muy poco: cada año, el Congreso de Estados Unidos decidía si se le aplicaba a China el arancel de “nación más favorecida”. Si tú eras un inversionista extranjero que quería exportar a Estados Unidos desde China, no sabías si el próximo año tendrías el trato de “nación más favorecida”. Cuando China entró a la OMC, toda la incertidumbre que generaba el régimen previo desapareció. Eso explica un flujo muy importante de inversión extranjera, particularmente estadounidense, hacia China. Parte muy importante de que Estados Unidos y América del Norte en general pudiéramos ser competitivos frente a los chinos es que nos integramos.

 

La condición demográfica de México ¿es una ventaja para América del Norte?

La pirámide poblacional de Estados Unidos se reduce en la base, y la canadiense aún más, mientras que en México los jóvenes predominan en el pie de la pirámide. Si haces una pirámide poblacional de los tres países, la base ya no se angosta. Vamos a tener una ventaja muy grande por el bono demográfico mexicano y por su contribución como tal a Estados Unidos y Canadá. En China la población está envejeciendo muy rápidamente por la política de un solo hijo. No aceptar la movilidad laboral lleva a estadounidenses y canadienses a ser menos competitivos y a tener un problema similar al que tienen los chinos. No se ha discutido mucho este aspecto en la migración, pero es crucial para la competitividad de la región.

Pese a ello, si los jóvenes no se educan bien se pierde la oportunidad del bono.

Sí, es un punto importantísimo. No se trata nada más de contar con ellos sino de que estén bien preparados. La ventaja demográfica sería mucho mayor si tuviéramos una población mejor educada, de ahí la importancia de la reforma educativa.

 

La pérdida de empleos manufactureros en Estados Unidos, ¿se debe al libre comercio o al cambio tecnológico?

A muchas cosas, pero el libre comercio explica muy poco. México exporta más o menos el 13% o 14% de lo que los estadounidenses importan de todo el mundo, y las importaciones de Estados Unidos son alrededor del 10% de su PIB. Eso quiere decir que nuestras exportaciones representan el 1.3 o el 1.4 del PIB estadounidense. Eso no puede explicar una caída masiva de empleos en Estados Unidos.

 

Es un dato importantísimo.

No se usa. Y esa cifra no hace “clic” con decir: “Hemos perdido tanto por el TLC”. No digo que no se hayan perdido empleos manufactureros, pero ha sido por un cambio tecnológico que requiere menos mano de obra. Culpar al TLCAN por eso es un despropósito.

 

¿Cómo vislumbra a México y América del Norte en 20 años?

El proceso de integración del que hemos estado platicando se ha hecho por la fuerza del mercado, incluso a pesar de los reguladores y las políticas en la región. Si se parte de esa premisa, es factible fortalecer la integración en múltiples frentes. México podría convertirse en la principal plataforma manufacturera en América del Norte y en una de las más importantes del mundo. Es mi versión optimista. Sin embargo, el debate de Estados Unidos ha ido tan lejos que, si se toman medidas extremas de proteccionismo al interior de la región, al menos los próximos cuatro o cinco años van a ser complicados, y sería una lástima desperdiciar una oportunidad de crecimiento. La combinación de ambas visiones te deja un optimismo cauteloso. Lo más importante es respetar el proceso económico y hacerle entender al Gobierno estadounidense que el TLCAN es parte de la solución, no del problema, para su competitividad en el mundo.

 

¿Debemos vender mejor el TLCAN?

Exactamente, tendríamos que hacer una mejor venta, con argumentos sólidos. Lo hicimos al principio y una vez que se echó a andar no hemos hecho gran cosa.

 

¿Estamos en un momento crucial?

Sí, muy delicado. En las próximas semanas puede haber definiciones muy importantes que afecten la dinámica de la integración. Definitivamente.