tres décadas de apertura comercial

Entrevista con Francisco Rosenzweig  

Marisol García Fuentes

tres décadas de apertura comercial
Con una economía global, moderna y competitiva que se inclina cada vez más hacia la producción de alto valor agregado, México se posiciona como un socio estratégico para Estados Unidos y Canadá. Esto, en gran medida, gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El exsubsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía comenta a Comercio Exterior Bancomext los logros más significativos de esta alianza.

Sin duda, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue un parteaguas en la historia económica mexicana. Aunque con el ingreso de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas) en 1986 se instrumentó una política liberal, fue el TLCAN lo que realmente permitió al país participar de manera significativa en los flujos mundiales de comercio e inversión.

Más de dos décadas han pasado desde su puesta en marcha. El resultado: una economía más competitiva, moderna y que goza de mayor desarrollo tecnológico. Hoy México se posiciona como un socio comercial estratégico para Estados Unidos y Canadá.

Francisco Rosenzweig, exsubsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía (SE), sostiene: “El TLCAN contribuyó a elevar no solo el volumen del comercio, sino también el perfil productivo de la economía mexicana hacia uno de potencia exportadora que se orienta cada vez más a productos de alto valor agregado”.

 

A poco más de dos décadas de la puesta en marcha del TLCAN, ¿cuáles son sus beneficios más relevantes para la economía mexicana?

El TLCAN impactó el desarrollo de la economía mexicana y sus actividades productivas al hacerlas más competitivas internacionalmente. Destacaría su repercusión en el volumen de los flujos comerciales, la captación de inversión y la relación estratégica que México ha forjado con sus socios en América del Norte.

Además, detonó un proceso de liberalización comercial y la atracción de mayores flujos de inversión extranjera directa (IED). Resalta la calidad de la atracción de capitales en México, que es equiparable a la que se da en Estados Unidos y Canadá en términos de desarrollo tecnológico, productividad y protección al medio ambiente.

El Tratado también ha promovido una mayor integración de las cadenas de producción regional, la estandarización de los procesos de producción de acuerdo a normas internacionales y un aumento generalizado en la calidad de los bienes manufacturados en la región. Los procesos productivos en México son cada vez más sofisticados e innovadores por el uso de alta tecnología.

En este periodo, nuestro país se convirtió en el tercer proveedor más importante para Estados Unidos y Canadá, con exportaciones que pasaron de 44.4 mil mdd en 1993 a 319 mil mdd en 2015, multiplicándose más de siete veces.

 

¿Qué diferencias destacaría entre la situación del país ex ante y ex post TLCAN?

Entre las diferencias fundamentales resalta un mayor bienestar para los consumidores mexicanos. Antes, el mercado mexicano era cerrado y abundaban los monopolios. No había una cultura de la calidad y el consumidor tenía limitantes en la compra de bienes y servicios. Hoy, en cambio, tiene la oportunidad de comparar tanto precios como calidad.

Destaca también un mayor desarrollo tecnológico y el acceso a tecnología más avanzada que fomenta la innovación en los sectores industriales. Sin el TLCAN hubiera sido muy difícil que México fuera competitivo en sectores en los que actualmente posee una presencia internacional reconocida, como el automotriz, el aeroespacial, el agroalimentario, el de electrónica y el de aparatos médicos.

Sobresale además la exportación de productos de mayor valor agregado. En 1985 las exportaciones de las industrias extractivas representaban el 57% del total, y el 38% eran manufacturas. En 2015 esta proporción se revirtió: las manufacturas representan el 89% de las exportaciones de México, mientras que las industrias extractivas solo representan el 7%.

 

Especialistas consideran que la alianza económica ha evolucionado desde una relación enfocada en el intercambio comercial bilateral hacia una plataforma de producción compartida. ¿Comparte esta idea?

Por supuesto. Gracias al TLCAN hemos logrado consolidar una plataforma de producción compartida mediante la integración de las cadenas productivas en América del Norte. Un ejemplo es el sector automotriz: las autopartes cruzan la frontera hasta ocho veces antes de llegar al producto final. En este sector, el comercio intrarregional sumaba menos de 7 mil mdd antes del Tratado. Actualmente asciende a poco más de 45 mil mdd, es decir, se multiplicó por siete, un desempeño por mucho superior al comercio extrarregional que solo se triplicó en ese periodo.

Otro ejemplo es el Learjet 85 de Bombardier. La investigación y desarrollo se realizan en Montreal, Canadá; la manufactura del motor se hace en Toronto, y el fuselaje, las alas y los arneses eléctricos se ensamblan en Querétaro.

El TLCAN también ha contribuido a transformar la geografía económica del país, al incorporar más regiones y sectores en las estrategias de inversión y exportación de más empresas globales. Prueba de ello es la región del Bajío, que se ha convertido en el corazón del clúster automotriz, y la semilla fundamental del cluster aeroespacial; o Puebla y Tlaxcala, donde hay una vigorosa industria textil cuyo principal mercado de exportación son nuestros socios de América del Norte.

Adicionalmente, el TLCAN ha establecido un conjunto de reglas que dan certidumbre a las relaciones de negocios de largo plazo, crean mejores condiciones para los negocios y promueven la integración de las cadenas productivas.

 

En esta dinámica de producción compartida, ¿cuáles serían los rasgos más distintivos y las fortalezas de América del Norte vis a vis otros bloques regionales?

La producción compartida es uno de los elementos más importantes de los procesos de globalización. En América del Norte se encontró un campo fértil para su ejercicio pleno. En el sector automotriz, por ejemplo, México importa de Estados Unidos 26 mil mdd, principalmente de autopartes, en tanto que Estados Unidos importa de México 39 mil mdd de automóviles.

El TLCAN ha generado un círculo virtuoso en la industria, donde más de la mitad del comercio del sector es intrarregional. Destacan la complementariedad de las economías y la disponibilidad de recursos en los tres países: capital, fuerza laboral educada y desarrollo tecnológico avanzado.

 

¿Hacia dónde debe avanzar la integración regional de América del Norte para afianzar el crecimiento económico y la competitividad internacional de los tres países?

La integración de América del Norte parte de la entrada en vigor del TLCAN. Al día de hoy, por ejemplo, no hay aranceles ni barreras no arancelarias para las mercancías entre Estados Unidos y México. El siguiente paso, me parece, tiene que ver con la modernización de las fronteras y la agilización de los trámites aduaneros.

Esta estrategia deberá ir acompañada de la modernización en la infraestructura, la adecuación de los horarios de operación, la capacitación del personal de despacho y la promoción del trasporte terrestre de carga y pasaje de origen a destino.

Para fortalecer la integración regional, también se requerirá establecer instituciones trilaterales fuertes que tengan como objetivo la convergencia de políticas internas de cada uno de los países.

 

¿Cómo debería articularse el TLCAN con el resto de los acuerdos comerciales signados por el país para incrementar el potencial de la economía mexicana?

En el pasado, esta articulación buscó aprovechar las ventajas que nos brinda el TLCAN para ingresar al mercado estadounidense. Por ejemplo, los acuerdos con la Unión Europea (UE) y Japón, que además de fomentar la exportación de productos mexicanos a esos mercados, buscaban atraer a las empresas europeas y japonesas para que se instalaran en México.

Actualmente, aunque el mercado estadounidense sigue siendo una prioridad, hay otras regiones que tienen mercados atractivos para los productos mexicanos. México trabaja para aprovechar las ventajas que el TLCAN ha generado en materia de competitividad, al tiempo que fortalece las oportunidades que nos brindan otras regiones. La muestra más clara de esto es el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP).

 

¿Qué representa el Tratado de Asociación Transpacífico para el futuro del TLCAN?

El TPP es un acuerdo cuya ambición, amplitud y estándares no se habían alcanzado nunca antes, y que servirá como el nuevo modelo que guiará las negociaciones comerciales internacionales en el siglo XXI.

Se trata de una plataforma novedosa que, por su ambición y modernidad, puede considerarse como una actualización del TLCAN, tanto en lo que se refiere a componentes tradicionales —v. gr. las reglas de origen y la facilitación del comercio— como a componentes que en su momento no existían, como el comercio electrónico y las pequeñas y medianas empresas (Pymes).

Además, el TPP profundiza la relación con socios existentes (Chile, Perú y Japón) y brinda acceso preferencial a seis nuevos mercados en una de las regiones de mayor dinamismo en el mundo, Asia-Pacífico.

 

¿Qué pasos deben darse para establecer una relación más equilibrada con China?

Se debe seguir cimentando nuestra asociación estratégica integral, particularmente en tres ejes:

1. Intensificar la actividad de los mecanismos de diálogo bilaterales vigentes, para atender y dar seguimiento a la agenda económica, comercial y de inversión en áreas como propiedad intelectual, minería, normalización, mejora regulatoria, aduanas y promoción de la inversión industrial.

2. Incrementar las exportaciones agroalimentarias mexicanas a China y promover el ingreso de más productos mediante la conclusión de protocolos sanitarios.

3. Promover la transferencia de tecnología e inversión que complemente las cadenas globales de valor en donde haga falta, en sectores como el automotriz, el de electrónicos, el de maquinaria y el minero, así como en proyectos de infraestructura y energía, incluyendo la creación de fondos de inversión para estos fines.

 

Los beneficios de la globalización y el libre comercio suelen generar controversia. En los últimos años, las voces críticas ganan notoriedad. ¿Son justificados los reclamos? ¿Qué lecciones deberían extraerse del Brexit y la creciente popularidad de candidatos que favorecen el proteccionismo?

Estamos en un momento muy interesante en términos de lo que ocurre en el mundo. Tanto el Brexit como el discurso proteccionista que se ha manejado en las campañas electorales de Estados Unidos reflejan un cuestionamiento generalizado de los beneficios que el libre comercio y la globalización han traído a nuestras sociedades.

En México, los beneficios son claros en términos de crecimiento, desarrollo, innovación y competitividad. El reto es democratizarlos, permitir que todas las empresas, grandes y pequeñas, puedan competir exitosamente en los mercados globales y que todos nuestros ciudadanos puedan tener un trabajo bien remunerado que les permita tener una mejor calidad de vida.

 

¿Qué repercusiones se espera que tenga el Brexit en las negociaciones para renovar el acuerdo global de México con la Unión Europea?

México y la Unión Europea tuvieron la primera ronda de negociaciones para la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) días antes de que el Reino Unido tomara la decisión de abandonar la ue. Pero mientras no formalice su proceso de salida, el Reino Unido mantendrá todos los derechos y obligaciones del TLCUEM.