Mexicanos en Estados Unidos: la gran oportunidad

Entrevista con Eduardo Bravo  

Ariel Ruiz Mondragón

Mexicanos en Estados Unidos: la gran oportunidad
La Asociación de Empresarios Mexicanos es un buen ejemplo de los esfuerzos que la comunidad de origen mexicano en Estados Unidos está haciendo para unirse más, incidir en la realidad política de ese país, mejorar su nivel de vida mediante los negocios y contribuir al desarrollo de las regiones de México que más lo necesitan. Eduardo Bravo, expresidente de dicha Asociación, lo explica aquí. 

Eduardo Bravo, quien proviene de una familia de empresarios, lleva más de 30 años en el mundo de los negocios. En sus inicios se dedicó a la industria textil, especialmente en el ramo de la confección, donde llegó a tener gran éxito y a traspasar fronteras. Sin embargo, en los años ochenta del siglo pasado, esta industria atravesó una crisis que lo llevó a abandonarla.

Como él mismo comenta en la entrevista que sostuvo con Comercio Exterior Bancomext, esa dura circunstancia lo forzó a reinventarse: partió hacia Estados Unidos (E.U.), y en Texas ingresó en el ramo de las publicaciones, en el que ha alcanzado un gran éxito como director general de mmg Group.

Al respecto, explica: “Uno debe buscar mercados donde puede ser competitivo, y estos son los de nicho. Encontramos que en E.U. debíamos llegar a mercados muy específicos. No había revistas de sociales, y con ellas logramos entrar en las principales ciudades. Nos hemos ido expandiendo a Columbus, Ohio, y a otras partes”.

También ha entrado en los ámbitos de la proveeduría y el crédito “para la industria de artes gráficas, no solo en México sino también en Latinoamérica y E.U., dando financiamiento y haciendo economía de escala; somos muy eficientes en el tema de la entrega y el financiamiento”.

Bravo recuerda que en aquel momento había pocos empresarios mexicanos invirtiendo en E.U. Algunos de ellos formaron un grupo de amigos, y fue en 1996 cuando decidieron fundar la Asociación de Empresarios Mexicanos (AEM).

La AEM busca “apoyar al mexicano que llega, que quiere hacer negocios, que quiere expandirse”, especialmente a los pequeños y medianos empresarios, aunque las grandes empresas mexicanas también forman parte de la asociación “por hacer comunidad”.

La AEM acogió y ayudó a empresarios que han migrado de México hacia el norte por varias razones. Una de las más lamentables es la inseguridad, especialmente en el sexenio anterior, cuando se desató la guerra contra el narcotráfico. “Afortunadamente, muchos empresarios han regresado porque en Monterrey, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua se ha mejorado mucho y se ha reconstruido el tejido social, pero han dejado empresas en Estados Unidos”, comenta Bravo.

La AEM también busca que sus 3 mil 600 asociados colaboren no solo para hacer un networking de negocios sino para voltear a ver cómo apoyan a las comunidades y proyectos productivos sociales en México.

La asociación contribuye con inversión en nuestro país: “Hicimos un fondo de 20 millones de dólares para proyectos productivos sociales en México. Es muy importante porque estamos invirtiendo en Guerrero y Michoacán. Estamos asumiendo riesgos, y creemos que en muchas de estas comunidades podemos reconstruir el tejido social, mejorar las condiciones y acercarlas directamente a los canales de distribución en Estados Unidos”.

Ejemplifica: “Una de las iniciativas de la AEM es un parque agroindustrial en Zihuatanejo, Guerrero, con una inversión de 50 millones de dólares. Estamos regresando e invirtiendo en nuestro país de origen para sacar a muchos de estos mexicanos de la pobreza, para detener la migración ilegal y apoyar en la generación de riqueza en México”.

El empresario comenta que ha establecido alianzas con la Coparmex, la Canaco, la Concanaco, el Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo Mexicano de Negocios, entre otros organismos. Asimismo, se han echado a andar iniciativas como el American Mexico Public Affairs Committee (Amxpac).

En los últimos años, Bravo se ha dedicado mucho al trabajo de la asociación (cuya presidencia ocupó de 2011 a 2016), que se ha enfocado en asuntos comunitarios, debido a que “la mexicana es la diáspora que menos se integra; lo que nosotros buscamos es que la gente realmente se involucre en el modelo de hacer negocios, de cómo convivir con los demás, y que no se excluya y no viva en guetos. Pero también es muy importante no perder la vinculación con nuestro país. Somos más de 30 millones de mexicanos y mexicoamericanos en E.U., lo que es una gran oportunidad”.

Un éxito de la AEM ha sido, precisamente, agrupar a los mexicanos, tarea en la que Bravo tuvo una participación importante: “A mí me tocó llevar esa expansión de la asociación ya que, antes de ser binacional, cuando yo la tomé, solo estaba en San Antonio. Uno de los problemas que veía es que otras diásporas son muy unidas, y la mexicana no. Empezamos a detectar liderazgos en cada ciudad, y con ellos hicimos cabildeo. Ya había otros organismos que llevaban tiempo, y todos se convirtieron en capítulos de la asociación”.

Así, de los principales logros de la asociación, Bravo resalta el de “cambiar la imagen de lo que son los mexicanos en E.U.: vamos con nuestras empresas y representamos a un México moderno, innovador, de legalidad, que genera impuestos y fuentes de empleo”.

Como éxito simbólico, Bravo menciona la Antorcha de la amistad, una escultura monumental de Sebastián que está en el centro de San Antonio, un regalo de la AEM con el que se dio “un giro al tema de la imagen de México en San Antonio”.

Con esa labor, la AEM y sus secciones en cada ciudad han ganado prestigio e influencia, lo que les ha permitido, por ejemplo, traer misiones comerciales a México, en las que han participado varios gobernadores estadounidenses.

 

Unidos

 

Eduardo Bravo destaca el desconocimiento de los hombres de negocios estadounidenses sobre la relación con México. Por ejemplo, muchos empresarios texanos no saben cómo están integradas las economías, que con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) “las exportaciones de Texas a México se han incrementado en 363.8%, un promedio anual de 7.2%, y que el 38% de las exportaciones texanas al mundo van a México —94.5 mil millones de dólares en 2015. Y de México hacia allá es mayor.

“Uno ve, por ejemplo, que las exportaciones de E.U. a México duplican las de China y que nuestro país es el tercer proveedor de la Unión Americana. Son economías con cadenas de producción que están altamente integradas: el 40% del contenido de las exportaciones mexicanas fue producido originalmente en E.U. Es benéfico para ambos.”

El empresario aporta más datos de la relación: “Alrededor de 6 millones de empleos dependen del comercio con México. Hay allá unas 6 mil 500 empresas mexicanas, entre las que se cuentan Bimbo, Cemex, Alfa, Cinépolis, etcétera, con 43 mil millones de inversión directa, y dan empleo a 122 mil personas”.

Justo por lo anterior, su evaluación del TLCAN es muy positiva: “Por donde uno lo vea, es un éxito, porque ha logrado desarrollar algo en ambas economías: la competitividad. Lo que nosotros debemos ver hacia el futuro es una Norteamérica competitiva. El proteccionismo que hoy viene es un gran error porque el éxito del TLCAN se debe a la integración de las cadenas productivas, que han generado un gran número de empleos y gran movilidad de gente (que debería ser mayor)”. Añade, contundente: “No hay otro país que tenga lo que México ha logrado con tratados de libre comercio”.

Rememora que al inicio de ese proceso se hablaba de dos Méxicos, pero advierte que con las reformas estructurales y con el proyecto de las zonas económicas especiales va a haber “un solo México, mucho más pujante, mucho más competitivo, en el que los empleos tienen que ser calificados porque viene otra revolución industrial a nivel mundial, en la que todo se está automatizando. Gracias al TLCAN, México entró en esa ola”.

Asimismo, considera que lo que el país ha hecho en el comercio es “increíble, porque, fuera de los precios del petróleo, la economía se ha diversificado en las exportaciones, aunque hayan bajado. Hemos llegado a muchos más mercados, por ejemplo, con el sector agroindustrial, que es el futuro de México”.

Para mejorar las condiciones en que México participa en el mercado mundial, comenta que es importante “tener políticas de Estado para incidir en el tema de la marca México, que está muy golpeada: uno ‘googlea’ la palabra México y se te ponen los pelos de punta. Hay que venderla mucho más, y es un trabajo que hay que hacer”.

También, en su opinión, deben continuar acciones como el Diálogo Económico de Alto Nivel, en el que Gobierno y empresarios tratan temas muy importantes.

Otro tema relevante es el de la participación ciudadana: muchos mexicanos pueden hacerse ciudadanos estadounidenses y cada vez más mexicoamericanos participarán en las elecciones en
E.U. Así, tienen la posibilidad de intervenir significativamente en la vida política de los dos países. Y destaca: “Los mexicanos de doble ciudadanía viven en lo mejor de las dos realidades. Nunca se había dado una historia así en el mundo”.

Bravo recalca que en la agenda de ambos candidatos presidenciales de
E.U. ya quedó marcado México como un tema muy negativo: “Creo que no solo el Gobierno, sino también la iniciativa privada y la oposición en México tenemos que estar muy unidos para enfrentar eso. Pienso que es el momento de que surjan esos liderazgos que hacen falta. Además, en la historia de México y los tratados comerciales hemos tenido grandes negociadores”.

Así, considera Bravo, es momento de trazar una buena estrategia y trabajar para tener éxito. Y concluye: “En la AEM decimos mucho: ‘Utilícennos, aprovéchennos’. Hay que hacer mucho más. Yo sugiero que aprovechen a los mexicanos y a los mexicoamericanos que estamos allá”.