Lo que las cifras sugieren sobre el nuevo panorama migratorio entre México y Estados Unidos 

Silvia E. Giorguli

Lo que las cifras sugieren sobre el nuevo panorama migratorio entre México y Estados Unidos 
Al menos en este tema, la percepción va muy a la zaga de los hechos. Diversos datos duros revelan el verdadero rostro del fenómeno migratorio entre México y Estados Unidos y de los mexicanos en el país vecino.

A pesar de que ahora tenemos documentado claramente el cambio en las tendencias migratorias entre México y Estados Unidos, en nuestros imaginarios sigue arraigada la idea de una emigración masiva desde México, básicamente indocumentada, y del migrante como aquel de origen rural y baja escolaridad. El panorama migratorio actual se devela más heterogéneo que en el pasado y muestra flujos de personas que no habíamos anticipado. ¿Qué implica el nuevo patrón migratorio para el desarrollo del país y para la relación bilateral entre México y Estados Unidos? El debate que se podría dar en torno a esta pregunta requiere fundamentarse en una comprensión precisa del fenómeno migratorio. El objetivo de este artículo es ofrecer un panorama sobre la dimensión de los cambios en torno a cuatro aspectos concretos y con base en la información más reciente.

 

1. La magnitud de la caída de la emigración

 

Durante el primer lustro de este siglo, la migración hacia Estados Unidos alcanzó sus niveles históricos más elevados. Se estima que el número de mexicanos que dejó el país fue mayor a 650 mil tanto en 2000 como en 2004 (ver la Gráfica 1). De forma acumulada, entre 1995 y 2005 hubo alrededor de 6.5 millones de movimientos de mexicanos que llegaron a vivir a Estados Unidos, lo que significaría que se “perdió” cerca del seis por ciento de la población.

 

 

Este éxodo de mexicanos hacia el vecino del norte responde a diversos procesos que comenzaron desde la década de los ochenta. El primero de ellos es el cambio en la política migratoria estadounidense, la cual, mediante el reforzamiento de la frontera y la construcción de muros principalmente, tuvo como primer efecto el que se perdiera la circularidad que había caracterizado históricamente al movimiento de trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos. A ello siguió un proceso de regularización de muchos de los migrantes indocumentados a finales de los ochenta y principio de los noventa y la reunificación familiar que hizo que se incorporaran nuevos actores a la migración.

El endurecimiento de las políticas migratorias —las cuales hicieron más costoso y riesgoso el cruce— y especialmente la crisis económica en Estados Unidos coinciden con la drástica caída de la emigración. Si bien ya se observaba una disminución en los flujos de mexicanos hacia dicho país desde 2006, el descenso es más marcado después de esa fecha y, hasta el día de hoy, se ha mantenido por debajo de 170 mil (ver la Gráfica 1).

Los cambios en los procesos migratorios son difíciles de anticipar. Aun así, es improbable que alcancemos los niveles de emigración que teníamos hace 10 años. Una de las razones tiene que ver con la propia demografía mexicana. En la última década, la disminución en la fecundidad empezó a reflejarse en el ritmo de crecimiento de la población joven. De hecho, la población mexicana de 0 a 19 años alcanzó su máximo alrededor de 2010 (para ubicarse en cerca de 47 millones) y ha comenzado a descender gradualmente. Al menos en términos demográficos, hay una menor presión que incentive la migración de jóvenes mexicanos en comparación con el pasado reciente.

 

2. La “novedad” del retorno de los migrantes a México

 

El segundo dato que nos sorprendió después de 2007 fue el incremento del retorno de mexicanos. En realidad no se trata de un fenómeno nuevo. Durante la mayor parte del siglo pasado, la migración mexicana —predominantemente de carácter laboral— se caracterizó por su circularidad. Los cambios en la política migratoria llevaron a que los viajes se hicieran más largos y que fuera más complicado regresar.1 Aun así, una porción de la migración siguió conservando su carácter temporal hasta principios de los noventa.

¿Qué hace diferente entonces a este nuevo retorno? En primer lugar, se da después de una etapa en la que se había observado la pérdida de circularidad y el aumento de la migración de carácter familiar que no tenía fecha fija de regreso. En segundo lugar, hay un incremento importante en términos numéricos, probablemente en respuesta a la crisis económica pero también al aumento de las remociones de mexicanos que vivían y trabajaban en Estados Unidos.2 Simplemente entre 2000 y 2010, las remociones aumentaron de 169 mil a 274 mil (Zenteno, 2012, y Meza, 2014).

Así, el número de mexicanos que regresó a vivir a México se triplicó entre 1995-2000 y 2005-2010 (ver la Gráfica 2). Se trata básicamente de un retorno de población adulta, acompañada de un número importante de menores mexicanos que regresan al país (65 mil entre 2005 y 2010) y de menores nacidos en Estados Unidos que acompañan a sus padres mexicanos en el retorno.

 

 

También, a diferencia de antes, en este movimiento de regreso a México está incluido un grupo de personas que dejó el país hace décadas, muchas de ellas siendo niños, y que no necesariamente han mantenido vínculos con las comunidades de las que partieron en un pasado lejano. En algunos casos, habrán pasado la mayor parte de sus estudios y de su vida laboral en Estados Unidos y se enfrentan a un contexto laboral, educativo y social desconocido para ellos.

Aunque entre 2005-2010 y 2010-2015 el número de mexicanos que regresaron disminuyó, sigue siendo casi el doble del observado 10 años antes. El gran reto respecto de esta parte de la migración seguirá siendo anticipar y atender desde las políticas públicas las situaciones que se enfrentan desde los diferentes retornos.

 

3. Los nuevos movimientos migratorios: la entrada de población nacida en Estados Unidos hacia México

 

En el escenario migratorio actual, México y Estados Unidos comparten una población joven que tiene derecho a la ciudadanía en ambos países y que probablemente será más móvil que sus padres. Se trata de la población nacida en Estados Unidos, hijos de migrantes mexicanos y que cambiaron su lugar de residencia a México desde 2005. En su mayoría, son menores de edad que muy probablemente llegaron a México acompañando a sus padres y hermanos retornados (ya fuera deportados o que regresaron voluntariamente). Se trata además del flujo numéricamente más importante de inmigrantes a México. En los años de mayor movimiento de vuelta a México (2005-2010), los menores nacidos en Estados Unidos que llegaron al país sumaban cerca de 317 mil; a ellos se sumaron 185 mil más entre 2010-2015 (ver la Gráfica 2).

Tenemos a la fecha múltiples evidencias sobre los problemas burocráticos y de integración que estos menores enfrentan para insertarse al sistema educativo mexicano, el cual por su diseño no tiene la flexibilidad suficiente para atender adecuadamente a esta población estudiantil. Enfrentan además una situación adversa que se deriva del regreso apresurado a México, de la dificultad para ser aceptados en las comunidades de origen de los padres y de la incertidumbre por los cambios familiares que se vinculan con su migración.

 

4. ¿Qué tan indocumentados son aún los migrantes mexicanos?

 

Uno de los rasgos característicos de la migración mexicana hacia Estados Unidos en las últimas tres décadas es su componente de indocumentación. Los mexicanos representan, con más de seis millones, cerca de la mitad de los migrantes indocumentados en Estados Unidos, y es esta situación la que los pone en mayor vulnerabilidad y riesgo tanto al cruce como en el proceso de asentamiento. Cabe señalar, sin embargo, que el componente de población residente, con permiso de trabajar y ciudadana, también ha aumentado.

En las fuentes de datos estadounidenses no se capta la pregunta sobre situación de indocumentación —muchos migrantes no la responderían. Pero sí tenemos los datos sobre ciudadanía, los cuales nos permiten una aproximación. Junto con el mayor tiempo de residencia en Estados Unidos y la formación de familias de inmigrantes, también se ha dado un aumento importante en el número de mexicanos que adquieren la ciudadanía estadounidense (ver la Gráfica 3). En 1995, la cifra era de menos de 800 mil y representaba apenas el 11% de toda la población nacida en México que vivía en el vecino del norte; en 2005 aumentó a 2 millones (19% del total) y en 2014 superaba los 3 millones (27% del total). El peso numérico de la población de origen mexicano en dicho país entre los ciudadanos estadounidenses es aún más notable si a los nacidos en México les sumamos otros 24 millones que en 2014 se identificaron como mexicanos y que habían nacido en Estados Unidos. Finalmente, entre 2007 y 2014 se redujo en poco más de un millón el total de mexicanos que no eran ciudadanos estadounidenses y que residían en Estados Unidos (de 9.3 a 8.2 millones).

 

A estos cambios habría que agregar que el número de visas de trabajadores temporales (H2A y H2B) o profesionistas (HTN) que el Gobierno de Estados Unidos ha otorgado a mexicanos se ha incrementado rápidamente en los últimos ocho años (Orrenius, 2016). Según datos del Department of Homeland Security (2014), en 2013 se registraron más de 275 mil visas de trabajo temporales otorgadas a mexicanos.

Ahora bien, el evidenciar que hay un grupo creciente de mexicanos que viaja desde y hacia Estados Unidos con documentos no debe minimizar el hecho de que sigue existiendo un amplísimo componente indocumentado que se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad y adversidad.

 

5. A manera de conclusión

 

Las estimaciones sobre la migración internacional varían según la fuente y el método. Aun así, una perspectiva conservadora en torno a los datos sugiere que —si sumamos todas las entradas y salidas de personas entre México y Estados Unidos— el saldo es cercano a cero e, incluso, positivo para México, en un orden de casi 50 mil personas.

Los cuatro puntos presentados aquí sintetizan las características centrales del nuevo escenario migratorio según lo que sugieren censos, encuestas y registros administrativos de ambos países. Como mencioné al inicio de este artículo, los datos que tenemos disponibles desde hace más de cinco años no han sido suficientes para permear la forma en que pensamos en la migración internacional entre México y Estados Unidos. En este último, por ejemplo, la vieja imagen en torno a la migración define cómo se trata el tema en las campañas políticas.

En contraste, el Gobierno mexicano ha reaccionado a algunas de las emergencias que el nuevo contexto impone, especialmente en lo relativo a la atención del creciente número de población que retorna. Así, por ejemplo, se han incrementado los apoyos para los migrantes de retorno. Sin embargo, a pesar de ser oportunas, las respuestas del Gobierno de México siguen teniendo el carácter reactivo que ha predominado cuando se trata de políticas en torno a la migración. Desde la perspectiva mexicana, existe el reto de adelantarnos a las implicaciones adversas y, en la medida de lo posible, aprovechar las potenciales ventajas que ofrece este nuevo panorama migratorio. 

 

Bibliografía

 

Department of Homeland Security, 2013 Yearbook of Immigration Statistics, Office of Immigration Statistics, Estados Unidos, 2014.

Durand, Jorge, Historia mínima de la migración mexicana hacia Estados Unidos, El Colegio de México, México, 2016.

Meza González, L., “Mexicanos deportados desde Estados Unidos: Análisis desde las cifras” en Migraciones internacionales, 7(4), 265-276, 2014.

Orrenius, Pia, Jason Savings and Madeline Zavodny, “An Economic Perspective on US Immigration Policy vis-à-vis Mexico” en Mexican Migration to the United States: Perspectives From Both Sides of the Border, H. D. Romo, & O. Mogollon-Lopez (editores), University of Texas Press, Estados Unidos, 2016.

Passel, Jeffrey S., “Flujos migratorios México-Estados Unidos de 1990 a 2010: Un análisis preliminar basado en las fuentes de información estadounidenses” en Coyuntura Demográfica, 1, 15-20, 2011.

Zenteno, René, “Saldo migratorio nulo: El retorno y la política antiinmigrante”, en Coyuntura Demográfica, núm. 2, 17-21, 2012.

 

1 El libro de Jorge Durand (2015) es un excelente recuento de la evolución de la migración mexicana desde el siglo pasado hasta el día de hoy.

2 Las deportaciones desde Estados Unidos se dividen en repatriaciones (las que ocurren en la frontera sin que medie procedimiento judicial) y las remociones (detenciones que ocurren al interior del país que implican la deportación por medio de una orden judicial) (Zenteno, 2012).

 

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Silvia E. Giorguli es profesora-investigadora y actual presidenta de El Colegio de México, sgiorguli@colmex.mx.