La ruta india-América latina

Entrevista con Hugo Beteta, director de la CEPAL para México y Centroamérica 

Gabriela Gándara

La ruta india-América latina
Gracias a su sólido crecimiento económico, su modelo productivo, su apertura comercial y su ubicación, India tiene el potencial de convertirse en socio estratégico de nuestra región. Con base en esta premisa, en noviembre pasado se realizó el Cónclave India-América Latina y el Caribe. Hugo Beteta habla aquí de esa reunión.

¿Cuáles son los antecedentes y el objetivo del Cónclave?

Hace poco más de dos años, la Confederación de Industrias de India (CII) tuvo la iniciativa de acercarse a empresarios de América Latina con el fin de explorar formas de colaboración y fomento de las relaciones comerciales entre ambas regiones. Para ello, realizó en 2014 y 2015 un encuentro en el que participaron empresarios, funcionarios, académicos y expertos. Para el tercer año, se decidió realizarlo en América Latina, en coordinación con la CEPAL y, de esta manera, dejar un mensaje de mayor alcance en la región.

La relación de la CEPAL fue siempre con el sector privado de India, y ellos decidieron que el evento se realizara en México porque dentro de América Latina es el segundo país proveedor de India y es también un destino importante de sus exportaciones. En particular, se optó por el estado de Jalisco, al que India considera el Silicon Valley de México.

India es la séptima economía mundial y su población, que es hoy de mil 300 millones, se convertirá en la mayor del planeta en 2020. Para América Latina, India es un mercado poco explorado y con gran potencial.

En la CEPAL sabemos que India ha tenido un rol importante en la promoción del multilateralismo, ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, es el segundo proveedor de las fuerzas de paz y el segundo mayor inversionista asiático en infraestructura. India es una potencia bien interesante y la cercanía con su sector privado nos llevó a reflexiones enriquecedoras sobre la contribución de ese sector al desarrollo.

Participar en la coordinación del Cónclave en América Latina era una oportunidad para conocer más a India y propiciar un diálogo entre regiones.

 

El intercambio comercial entre India y América Latina se ha incrementado en los últimos años, pero son cifras aún incipientes. ¿Hay perspectivas  de una mayor colaboración?

Como preámbulo del Cónclave, la CEPAL publicó un libro sobre las relaciones de América Latina con India, que fue un insumo para la discusión. Por su parte, la CII también tenía interés en que la CEPAL hablara de cómo se ve a India desde América Latina.

India será el país que más contribuya a la demanda mundial, por encima incluso de China, que tiene una menor demografía. India es un país joven y con una población pujante. Crece a mayor velocidad que China (7.0% y 6.5%, respectivamente). Ha experimentado un cambio estructural y cuenta con un tejido empresarial fuerte. Asimismo, la demanda global de energía estará medida por lo que pasa en ese país. Por ejemplo, una de las cosas que ocurren en India con el incremento del ingreso per cápita es la adquisición de equipos de aire acondicionado, lo que significa un aumento considerable del consumo de energía. Por ello, el Gobierno ha prestado mucha atención al tema y hoy son potencia en generación de energía alternativa, como la solar, eólica, de biomasa e hidroeléctrica. Por todo esto, India es un jugador con el que América Latina debe tener un diálogo constante.

 

¿Cuáles son los principales temas que se abordaron en el Cónclave y a qué conclusiones se llegó?

El Cónclave contó con la participación de 20 países y la presencia de grandes empresarios, personalidades, académicos y destacados funcionarios de India y América Latina.

Hay que reconocer que, por parte de los empresarios de América Latina, el evento fue más bien exploratorio. Si bien sabían del potencial de India, no estaban conscientes de todos los cambios que ha experimentado el país. Por ejemplo, en el desarrollo de capitales, en innovación o en transformaciones para superar las barreras a la competencia o mejorar la gobernanza corporativa. Por ello, las voces de los mismos empresarios indios que contaron sus experiencias fue importante para sus pares latinoamericanos. A fin de tener un mayor acercamiento, se debe continuar con estos esfuerzos.

El proceso de crecer mediante financiamiento privado es cíclico. Por ello, se requiere mayor actividad de los bancos de desarrollo, que tienen una visión contracíclica, de tal manera que el sector privado pueda acceder a recursos en momentos de mayor o menor crecimiento.

 

India ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos años y ha destacado como país exportador de servicios. ¿Cómo considera usted que lo ha logrado?

Algo que llama la atención es que la inversión pública en ciencia y tecnología es más alta que en los países de América Latina. Pero también la inversión del sector privado es mayor. Las empresas han invertido en tecnología y se han vinculado fuertemente con las universidades. India tiene un sistema educativo que ha permitido conectar a la ciencia y la tecnología con la innovación y la educación.

En América Latina, el entorno es diferente. Hay experiencias subnacionales, por ejemplo en México. La nueva política industrial es en realidad un diálogo público-privado con objetivos que coinciden. Los privados buscan desburocratizar y en algunos casos tener estímulos fiscales; para el sector público, el interés está en el desarrollo. Ambos intereses pueden y deben coincidir.

Este cambio en la política industrial se está dando. Se busca una política industrial evaluable, transparente y con compromisos, así como evitar los cuellos de botella que se presentan en las cadenas de valor.

En India es evidente que había una capacidad no solo de dialogar con los grandes empresarios, sino también de llevar el cambio tecnológico a las Pymes. La innovación y las políticas públicas van de la mano, sobre todo a nivel subnacional. Eso se puede apreciar en México. Hay estados que lo están haciendo bien y es necesario elevar eso a nivel federal.

 

En India encontramos formas de producción altamente tecnológicas junto con otras muy tradicionales. ¿Cuál es el reto en este tema?

En India conviven las dos formas de producción y hay desafíos mayores. Por ejemplo, la desigualdad de género. Allá, la incorporación de la mujer al mercado laboral es un reto; la exclusión actual atenta contra el desarrollo. Quizás América Latina no es el mejor ejemplo de resultados, pero sí de reflexión y de propuestas para disminuir la desigualdad. Se han dado y se continúan dando iniciativas para incorporar a las mujeres al mercado del trabajo. El tema de la distribución del ingreso y la desigualdad también nos une con India.

Junto con la producción industrial y el tema de la desigualdad, se presentan ahora dos preocupaciones adicionales. La automatización y la relocalización. Se está experimentando una tendencia a que las empresas se queden o regresen a sus países de origen y, al mismo tiempo, la compra de insumos nacionales que realizan está sujeta a la automatización. Por ello, si las empresas tienen inversiones en terceros países y no pueden acceder fácilmente a ciertos sectores de la cadena, probablemente busquen regresar a sus países. Hay sectores que se verán más afectados por la automatización. Son reflexiones que comparten ambas regiones.

 

¿Cuál es el significado del Cónclave para la relación entre México e India?

Parece que hay un mayor interés por parte de India en acercarse a América Latina, y lo quiere hacer regionalmente, no país por país. América Latina tiene siete veces el territorio de la India y la mitad de la población. Además, su PIB per cápita es siete veces el de India. Es una región de ingresos medios e India ve la oportunidad. India tiene una visión estratégica en la que América Latina es una pequeña parte.

México les interesa como plataforma exportadora a Estados Unidos, pero también como mercado para sus productos. Por su parte, India debe ser un mercado interesante para las empresas de América Latina. Es un mercado que va a irrumpir de manera agresiva y, en las próximas décadas, estará en la imaginación de todos. México puede estar bien posicionado; ya hay un tejido de empresas indias en México con buena experiencia y que consideran al país como una oportunidad de inversión.

También se debe fomentar el acercamiento mediante la cooperación. México tiene una tradición de cooperación sur-sur y cuenta con grandes expertos en diversos temas, por lo que se debe explorar, a través de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, una cooperación triangular con India. A su vez, India tiene el desafío de no concentrarse solo en el vecindario que es Asia.

Se requiere fomentar un mayor intercambio académico. El Cónclave es un inicio y empezamos con buen pie, con la participación de ambas cancillerías y el sector privado, y con la CEPAL como impulsora. Se trata de una actividad para el conocimiento mutuo que contribuye a profundizar la relación.