Por una economía y una sociedad del conocimiento 

Entrevista  con Jaime Parada Ávila, director del PIIT Monterrey

Gerardo Ochoa Sandy

Por una economía y una sociedad del conocimiento 
El doctor Jaime Parada Ávila, director general del Parque de Investigación e Innovación Tecnológica (PIIT) de Monterrey, y actual presidente de la Academia de Ingeniería de México, relata los orígenes y logros, a 10 años de su inicio, de este proyecto de triple hélice —academia, Gobierno, empresa— que apuesta por una economía y una sociedad del conocimiento. Este es el horizonte, explica, por el cual debe apostarse si deseamos que México sea un país con futuro. Así, llama la atención sobre la urgencia de apoyar de una vez por todas a la ciencia y la tecnología, a las cuales se destina con dificultad el 0.5% del PIB, en contraste con el promedio de entre 2% y 3% que invierten las potencias a nivel mundial. México, puntualiza, va en la dirección correcta. Hace falta acelerar el paso.

¿Cómo surge el Parque de Investigación e Innovación Tecnológica en Monterrey?

Hace poco más de 10 años, en 2005, yo veía con gran preocupación, entonces como director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que en el estado de Nuevo León, por razones que no me explicaba, no teníamos centros de investigación. Me cuestionaba: “¿Cómo le haremos para que, en el estado más progresista del país, se tome en serio la cruzada de la economía del conocimiento?”. Nuevo León se ha caracterizado por ir a la punta en la manufactura industrial, pero no teníamos los ingredientes necesarios para competir exitosamente en esa otra economía que es hoy día la tendencia global.

Comenzamos a conceptualizar un proyecto que incluyera la infraestructura y el talento humano necesarios para impulsar esta agenda. Viajé por distintas partes del mundo —Estados Unidos, Europa, Asia— educándome acerca de los parques de investigación e innovación científica y tecnológica. Posteriormente platiqué con el entonces gobernador José Natividad González Parás, progresista y sensible hacia estos temas, a quien le agradó mucho la propuesta, y la idea aterrizó. En junio de 2006 comenzó la construcción del parque.

 

¿Qué ha sucedido en estos 10 años?

En primer lugar hicimos una convocatoria a la academia, a las agencias de Gobierno y a las empresas y cámaras de Nuevo León, para hacer un pacto en torno a lo que llamamos “Monterrey: Ciudad Internacional del Conocimiento”. A partir de la convocatoria y a lo largo de estos 10 años, se crearon 13 clusters estratégicos, que son asociaciones civiles, es decir entidades no lucrativas, presididas por empresas, donde participan universidades, centros de investigación y dependencias gubernamentales, como la Secretaría de Desarrollo Económico y el Instituto de Innovación y Transferencia de Tecnología, entre otras.

En la actualidad, el parque cuenta con clusters en las áreas de nanotecnología, biotecnología, aeronáutica y servicios médicos, que clasificamos como de Intensidad I+D Alta, y automotriz, electrodomésticos, software y tecnologías de la información, multimedia e industrias creativas, logística y transporte, vivienda sustentable, agronegocios, energía y turismo, clasificados de Intensidad I+D Media Alta.

Teníamos dos agendas. Una, fomentar la productividad de las empresas de Nuevo León mediante el uso de las mejores prácticas para mejorar la calidad, los costos, los precios, etcétera. La otra, apostar por la innovación: nuevos procesos, nuevos equipos, nuevas tecnologías, nuevos productos y nuevos negocios. A lo largo del trayecto, entendimos y aprendimos a trabajar en equipo, cosa que como sabes nos cuesta mucho trabajo en México. Te podría decir que hoy día el 90% de los proyectos de investigación y desarrollo nacen del vínculo entre una empresa y un centro de investigación o una universidad de Nuevo León.

 

¿Qué puede decirnos del piit en datos?

En esta primera etapa, el parque tiene 70 hectáreas completamente ocupadas, con 35 centros de investigación, de los cuales 16 son privados, lo que resulta en una muy buena mezcla. El área construida, entre edificios, laboratorios y plantas piloto, es de más de 170 mil metros cuadrados. Hay una inversión acumulada de más de 600 millones de dólares, unos 12 mil millones de pesos a la paridad actual. En el parque trabajan alrededor de 3 mil personas y los sueldos fluctúan de los 15 mil a los 70 mil pesos mensuales, lo que quiere decir que se crean empleos de alto valor agregado. En el mismo lapso se han generado también 500 solicitudes de patente; de ellas, alrededor de 185 han sido otorgadas.

El parque también ha apoyado la creación de 55 empresas de base científico-tecnológica, a través de dos incubadoras, una de nanotecnología y otra de biotecnología, con el apoyo del Fondo Nuevo León para la Innovación (Fonlin). Lo que nos interesa es desarrollar conocimiento de frontera, con buena investigación, que termine en el mercado, sea en un producto o en un servicio, y que genere empleo. El papel de estas dos incubadoras, en sectores donde deseamos avanzar en Nuevo León, ha sido destacado.

Dado el éxito del proyecto, que se concretó en un tiempo récord de 10 años, el Gobierno pasado adquirió una superficie de otras 40 hectáreas. De tal suerte, podremos dar abrigo a 20 centros más. Eso nos llevaría a un total de más de 50 centros con una población de entre 5 mil y 6 mil personas.

 

¿El parque ilustra el concepto de triple hélice?

Es un ejemplo viviente de que se puede crear un ecosistema colaborativo de gran importancia entre el sector público, el sector académico y las empresas. En el parque encuentras que si Prolec, General Electric, Schneider, PepsiCo, Metalsa, Cemex y otros grupos importantes de Monterrey decidieron establecer sus centros ahí, fue porque había talento humano y una poderosa infraestructura científica y tecnológica. Estos son los factores que influyeron.

En el piit hemos reforzado este modelo de triple hélice, que es un modelo colaborativo, hecho realidad en un espacio físico ubicado a cinco minutos del aeropuerto internacional Mariano Escobedo de Nuevo León, en medio de una de las zonas industriales más modernas, que tiene más de 60 parques industriales y un gran número de empresas de manufactura de distinta naturaleza.

 

¿Cuál ha sido el impacto en las universidades?

Este ha sido un proyecto ancla muy importante pues se invitó a nuestras universidades para que se convirtieran en centros de investigación. La Universidad Autónoma de Nuevo León, la más fuerte, la más grande y la más importante en esta materia y que cuenta con cerca de 750 miembros del Sistema Nacional de Investigadores (sni), ha creado centros de investigación en sus propios campus. Lo han hecho también el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (itesm) y la Universidad de Monterrey (Undem), entre otros.

Lo mismo ha sucedido con las empresas, que no solo han puesto centros en el piit sino en sus propias sedes donde realizan sus operaciones industriales. Eso elevaría la cifra a más de 100 centros con los que cuenta hoy día la entidad. Nuevo León, como sabes, es una parte vital del pib del país pues generamos el ocho por ciento de él. Por ello, en el estado nos sentimos obligados a tomar esta causa de las economías y sociedades basadas en el conocimiento para volvernos un referente nacional.

 

Doctor, hábleme del talento humano que tiene Monterrey para encarar una tarea de esta envergadura.

Monterrey es un lugar muy adecuado y afortunado para este tipo de proyectos. En la ciudad tenemos casi 180 mil alumnos en educación superior, más cerca de 16 mil alumnos en posgrado, maestría y doctorado, y se producen anualmente cerca de 25 mil egresados de ingeniería y áreas relacionadas. Tenemos el talento humano.

También nos hemos propuesto mandar a estudiar a muchos talentos a universidades de gran prestigio en el extranjero. En los últimos cinco años hemos otorgado un total de 800 becas a jóvenes que cuentan además con la garantía de trabajo en la empresa o centro de investigación que los envía. Lo hacemos de esta manera para evitar la fuga de cerebros y también para que sus estudios se hagan en áreas, y temas y problemáticas pertinentes a las necesidades de las empresas y los centros productivos de la región.

 

¿La entidad tiene entonces la capacidad de acceder a la economía y sociedad del conocimiento?

En materia del ejército científico-tecnológico con que cuenta Nuevo León andamos entre las 3 mil 500 a 5 mil personas, y de ellas más de mil están en el sni. No obstante, yo te diría que todavía estamos muy lejos de la meta que ambicionamos, que es la equivalente a la de un país desarrollado, pues deberíamos oscilar entre los 30 y los 50 mil.

Hoy día Nuevo León tiene un factor de 1.7 investigadores por cada mil personas pertenecientes a la población económicamente activa versus el nacional que anda ligeramente abajo del 1. Estos índices, en los países desarrollados contra los que competimos, oscilan entre 10 y 15. ¿Sí me explico? Así que cuando menos deberíamos multiplicar por 10 este esfuerzo.

 

¿Tenemos en México tiempo para lograrlo?

Este esfuerzo hay que hacerlo ya, y de manera urgente, pues de otra manera se van a acabar nuestros jóvenes. Hacia el año 2025 México comenzará a convertirse, poco a poco, en un país de viejos, y entonces este bono demográfico, del que siempre hemos hablado y que siempre hemos celebrado, si no lo aprovechamos se pasará la gran oportunidad.

Hoy día las economías, las empresas y los individuos deben competir con el cerebro, no con mano de obra y recursos naturales. Es un llamado urgente para que el Gobierno, las empresas y la sociedad tomen en serio esta agenda. El asunto es que en México vamos a paso de tortuga cuando el mundo desarrollado va en un Ferrari a 250 kilómetros por hora. México va en la dirección correcta. Ahora nada más necesitamos apretar el acelerador.

 

¿Este ejemplo debe retomarse en otras entidades?

Desde luego que sí, y te diría que ya se está haciendo en otra escala y con otras variantes. Lo está haciendo la ciudad de Mérida con un parque, y a mí me dio mucho gusto que se emulara el ejemplo de Nuevo León. Yo platiqué mucho con ellos, los orienté. También en Sonora lo están tomando en serio, están concibiendo un parque de otras dimensiones y en otras áreas. Hay igualmente intereses potenciales en Pachuca, Hidalgo. En Guadalajara también, donde el esfuerzo es más diversificado y sin tanta concentración geográfica en un solo lugar, y metiéndole más a la ciencia y la tecnología.

Yo te diría que habría la posibilidad, si fuéramos inteligentes y si fuéramos visionarios, de convertir el aeropuerto actual de la Ciudad de México en un gran parque de investigación y desarrollo para incubadoras y posgrados de nuestras universidades, que atraiga centros del extranjero, convirtiéndolo en un gran mall científico y tecnológico, en vez de un centro comercial, que es lo primero que se nos ocurre. ¿Por qué no pensarlo? ¿No te parece una buena idea? Yo no digo que un espacio de esa magnitud no tenga un centro comercial, pero el corazón debe ser el capital humano, la ciencia y la tecnología, el emprendimiento, los nuevos negocios.

 

 

 

¿México tiene la capacidad de atraer inversión de centros tecnológicos?

Te diría que México está en la posición de atraer inversión no solo de manufactura sino de centros de ingeniería, de desarrollo de productos y de desarrollo tecnológico, porque tiene el capital humano. Lo que sucede sin embargo es que los investigadores que enviamos a formarse en el extranjero luego regresan a México y no encuentran chamba, y se van a trabajar a Google, a Amazon, a acá y acullá, y perdemos esas gentes valiosas. Así que seríamos bastante torpes si no nos planteamos iniciativas de esta naturaleza.

Yo he insistido mucho en este asunto. Actualmente soy presidente de la Academia de Ingeniería de México y no me canso de decir que debemos impulsar este tipo de proyectos visionarios de largo plazo. Aquí, en el piit de Nuevo León, está la prueba. En solo 10 años se le pudo dar realidad a un proyecto de este perfil.

México tiene que plantearse proyectos de transformación a través de la educación, del conocimiento, del capital humano, a 25 años. Entonces lograríamos lo que hizo Corea, que en cuatro décadas le dio la vuelta a su economía, hoy una de las más brillantes y que produce bienes y servicios de alto valor agregado. Ese sería el mensaje.

 

¿Estaríamos, pues, ante quizá la última oportunidad de dar ese salto para volvernos finalmente un país desarrollado?

México abrió su economía hace mucho tiempo y tiene más de 40 tratados comerciales de libre comercio, pero todavía tenemos una gran concentración de nuestras exportaciones con Estados Unidos y Canadá. Lo que ahora debemos hacer es voltear a Asia, voltear a Europa, y para ello hay que tener una oferta más sofisticada de productos y servicios. ¿Y cómo diablos vamos a hacerlo? Pues con el conocimiento, hombre, con gente de mayor calibre con posgrados, con investigadores. A eso le tiene que apostar México, y no solamente estar orgullosos de que exportamos más kilos de papa, de frijol y de jitomate.

 

O de aguacate.

Todo eso está muy bien, pero el país tiene que tener una estrategia muy clara hacia la economía y la sociedad del conocimiento. Ese es el destino. De otra manera estaríamos cavando la tumba de México al ofrecer solamente trabajo para jornaleros, maquilas y empleos de baja calidad. ¿México quiere encontrar la solución a sus problemas de pobreza y de inseguridad? Hay pues que apostarle a esto, decididamente.

 

¿Se percibe la dimensión del reto?

Yo veo con gran preocupación que, nuevamente, vienen tiempos difíciles de recorte presupuestal a la educación, la ciencia y la tecnología. Eso no puede ser. El Conacyt sufrió un recorte importante a su presupuesto y las universidades enfrentan también serios problemas económicos. Si hay algo sagrado, y deber ser sagrado en este país, es precisamente la educación, la ciencia y la tecnología, asuntos estratégicos del futuro y no de coyuntura. Es como si en el seno de una familia se plantea: “Estamos en problemas y entonces se suspende la educación”. En este aspecto tenemos que cerrar filas para sensibilizar a nuestra clase política.

 

¿De cuánto tendría que ser el porcentaje del pib destinado a la materia?

Hay un indicador internacional según el cual México está rezagadísimo. Llegamos con dificultad al 0.5% del pib a nivel nacional, en Nuevo León andamos por el 0.7%, mientras que en países desarrollados el indicador está entre el 2% y el 3%. Israel invierte el 4%, y con eso te dije todo. Todavía nos hace falta mucho. Tenemos leyes que mandatan la inversión pero, nuevamente, la clase política trae otra agenda: la agenda de la coyuntura, la agenda de los intereses de corto plazo, dejándose de lado el proyecto estratégico de nación. Eso no puede ser.

 

De no escucharse este mensaje, ¿vamos a estar en más aprietos para mediados del siglo?

Te lo mencionaba hace un momento: se va cerrando la oportunidad. Lo único que tenía Corea hace 50 años era sus jóvenes. ¿Qué hizo? Los educó, los capacitó, les dio competencias, invirtió en ciencia y tecnología, y ve dónde están. Estos amigos hacen plantas nucleares, barcos gigantescos, enseres domésticos, electrónica de consumo. Ahí están las pruebas de lo que pueden hacer otras naciones. Dios mío, ¿qué es lo que no entendemos en México? ¿Qué es lo que nos pasa?

Llegará el momento en el que ya no vamos a tener jóvenes o los jóvenes que tengamos van a andar de choferes de Uber. Ese no debe ser nuestro destino. El destino de México no puede ser el de una nación sometida y sojuzgada, paraíso de inversiones extranjeras. Lo que requerimos es el empuje y la vitalidad de los empresarios, las universidades, los centros de investigación y la sociedad, y el compromiso de la clase política. De otra manera, cuando volteemos ya va a ser muy tarde.