LA GLOBALIZACIÓN Y SU IMPACTO EN MÉXICO  

ENTREVISTA CON TIMOTHY HEYMAN  

Marisol García Fuentes

LA GLOBALIZACIÓN Y SU IMPACTO EN MÉXICO  
Más que un proyecto político o ideológico, la globalización es para muchos el efecto natural de dos procesos antiguos: el comercio y la innovación tecnológica. Hay quienes la culpan de todos los males, pero si la economía mundial ha estado de capa caída, es por otras razones. ¿Saldrá bien librado nuestro país de esta coyuntura?

La globalización, en la que México ha sido pionero entre los mercados emergentes, ha sido un factor de estabilidad mundial durante los últimos años. Entendida como una eliminación de barreras ideológicas y geográficas que propicia el intercambio no solo de bienes y servicios, sino también de ideas, personas, información y capital, la globalización ha desalentado —desde el fin de la Segunda Guerra Mundial— nuevos conflictos a gran escala. Además, ha contribuido al aumento del pib per cápita global y a la reducción de la pobreza.

Timothy Heyman, presidente de Franklin Templeton Servicios de Asesoría México, atribuye este proceso a la tecnología. “Esta —explica— propicia el crecimiento económico. En las últimas décadas, los dispositivos inteligentes y las telecomunicaciones han derrumbado grandes barreras geográficas. El avance de estas tecnologías contribuyó a la caída de regímenes comunistas y socialistas, socavando el proteccionismo y abriendo economías.”

En entrevista con Comercio Exterior, el también profesor de Finanzas del itam y autor de ocho libros, entre ellos Inversión en la globalización (Milenio, 1998), sostiene que el beneficio más claro de la globalización ha sido el aumento del comercio a niveles récord entre economías desarrolladas, en vías de desarrollo y transicionales. Otro beneficio es el movimiento eficiente de personas para laborar donde hay necesidad de mano de obra y trabajadores calificados, ya sea por razones demográficas o económicas.

Sin embargo, reconoce que este proceso también ha dado lugar a un cambio en los patrones de producción y comercio, incluyendo el reemplazo, en los países desarrollados, de obreros por robots o por mano de obra barata de los mercados emergentes. Si bien es innegable el aumento del ingreso gracias a la globalización, este no ha sido parejo. Desde 1891, ha habido dos picos de desigualdad en los mercados desarrollados y emergentes: en la década de 1920 y ahora, dice Heyman.

Como beneficiario de la globalización, México cuenta 12 tratados de libre comercio que abarcan 49 países. Los más importantes son el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea (TLCUEM). La cercanía con Estados Unidos, los bajos costos de producción y la infraestructura nos han hecho líderes en producción automotriz, electrónica y otras manufacturas.

En México no hay un rechazo generalizado del libre comercio ni de la migración. Sin embargo, sí hay indignación por la desigualdad y la corrupción, y se acumula el resentimiento contra los políticos, explica el experto. Como en otros países —y particularmente en Estados Unidos, con la campaña de Trump y su llegada a la presidencia—, los populistas comienzan a atribuir todos los problemas a la globalización y asumen posturas contrarias a la migración y el libre comercio. Lo mismo sucede con el fenómeno del Brexit en Europa, donde algunos atribuyen los problemas a la migración.

Heyman reconoce que el crecimiento de la economía mundial no es el esperado; atravesamos el ciclo económico adverso más largo desde la década de 1970. Advierte que la estabilidad y la prosperidad ganadas desde la Segunda Guerra Mundial podrían retroceder si las propuestas populistas se contagian y triunfan simultáneamente en distintos lugares del mundo. Habla, incluso, de una ola desglobalizadora, que se ve reflejada en el decremento del comercio global y el aumento de las restricciones que se imponen.

 

Nacionalismo económico y protección comercial son las propuestas de los críticos de la globalización para recuperar los empleos manufactureros y estimular el crecimiento de las economías. ¿Qué opina de este planteamiento?

Hay confusión entre los críticos de la globalización que creen que es el libre comercio o el movimiento de personas lo que ha contribuido a la desaceleración de la economía mundial. No es así. La causa del bajo crecimiento en los últimos siete u ocho años fue la crisis económica de 2008, en la que, por una serie de razones ligadas a la innovación financiera, vino un sobreendeudamiento en el mundo. La economía no crece porque, sencillamente, la gente tuvo que pagar sus deudas en vez de gastar, y tardó muchísimo tiempo en saldarlas.

La tónica normal de la historia humana es el comercio y la innovación tecnológica. Si tomamos la definición técnica de desempleo, vemos que en Estados Unidos la tasa se ubica hoy en 4.7%, es decir, es menor a la de la crisis de 2008. Cerrar las fronteras al libre movimiento de bienes y personas haría que decrecieran las economías. En ese país, hay una demanda enorme de gente calificada; caer en el extremo de comprar solo los bienes que ahí se producen tendría una serie de efectos que van contra el crecimiento económico.

 

Automatización, inmigración o comercio exterior. ¿Cuál de estos factores tiene mayor peso a la hora de explicar la reducción del empleo industrial en las economías avanzadas?

Posiblemente de manera intencional, los populistas están señalando ciertas causas para avanzar en sus programas políticos. Definitivamente, la reducción del empleo industrial obedece a la automatización, lo que no implica que no se creen empleos de otro tipo. De hecho, en Estados Unidos el sector manufacturero ya solo genera el 7% del pib y el 12% del empleo. Esa ha sido la tónica desde hace muchos años, cuando más del 20% del empleo correspondía a la agricultura y ahora representa apenas un 2%. Hoy la gente vive ese cambio que ocurre en las economías desarrolladas, porque así es la innovación; no implica que estén desapareciendo los trabajos, sino que son de otra naturaleza.

 

¿Cuáles son los desafíos de la llamada cuarta revolución industrial y cómo hacerles frente?

Existen muchas controversias sobre el número de revoluciones industriales. Tenemos la del vapor, a finales del siglo XVIII, cuando surgen las máquinas textileras y los transportes basados en vapor, como el ferrocarril y los barcos. Luego surge el telégrafo, en los 1850. Posteriormente aparecen la electricidad, la telefonía y la combustión interna. En la década de 1920 tenemos los productos de línea blanca basados en la electricidad, la producción masiva de vehículos de combustión interna y la radio. Luego, en 1950 surgen las computadoras y en 1976, la microcomputadora. Posteriormente, aparece internet, que se popularizó en 1990. Al mismo tiempo viene la fusión de las telecomunicaciones con la tecnología, las microcomputadoras y la televisión.

Llevamos ya más de cinco revoluciones y la gente habla incluso de una más, que está transformando los procesos de manufactura a través de los mecanismos electrónicos 3D. En suma, hay un proceso de innovación científica desde el siglo xviii que se ha ido acelerando. Es algo irreversible y que hoy aplica a todos los procesos, no solo los industriales, sino también los servicios, el Gobierno, los negocios y hasta a las finanzas.

 

¿Qué papel juegan el conocimiento, la inversión en tecnología y la innovación en el entorno actual de los negocios?

Siempre ha habido innovación y tecnología, y para que las empresas (invento financiero del siglo xvii) continúen, deben seguir innovando. Hoy existe un rango más amplio de tecnologías que afectan de manera más compleja los procesos de negocios. Si una empresa quiere sobrevivir, debe pensar en cómo innovar en cada uno de sus ciclos: desde la obtención de insumos y la producción hasta la forma de vender.

A lo largo de la historia se ha observado que los ciclos de globalización dependen de dos procesos: los inventos tecnológicos y la apertura de los mercados. Cuando se tienen ambos factores se observa un enorme crecimiento, por ejemplo en 1989, cuando cae el muro de Berlín.

 

¿Qué comportamiento se espera del comercio internacional y los acuerdos comerciales en el futuro inmediato?

Enfrentamos dos hechos importantes a nivel global: la elección de Donald Trump y el Brexit. Para México lo más importante es Estados Unidos, que lanza señales mezcladas. Tenemos personajes claramente proteccionistas, como ciertos asesores del presidente Trump, y gente aparentemente menos proteccionista, como el propio secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien señaló que una empresa de autopartes que controla logró ser competitiva gracias a las subsidiarias que tiene en México.

Destaca la corriente que apela a una renegociación del TLCAN y propuestas como el impuesto fronterizo ajustado o bat (border-adjustment tax), que alienta las exportaciones y desalienta las importaciones mediante un sistema impositivo.

Son complejidades que mucha gente no entiende, que dependen de las actividades legislativas y otros factores de los que no conocemos el timing. No sabemos con certeza cómo van a ser los acuerdos comerciales con Estados Unidos o con Europa, pero es probable que su ritmo de cambio será mayor que nunca.

 

¿Cuáles son los escenarios más probables para la económica mundial y para México en los meses por venir?

Los grandes cambios tecnológicos han suscitado reacciones desde el inicio de la historia humana (revoluciones contra los gobiernos, reconfiguraciones de los mapas políticos…). Luego vienen las reacciones de los gobiernos: restablecen el orden y parece que no pasó nada, pero hay efectos a largo plazo.

Creo que en la relación entre México y Estados Unidos no ocurrirá lo peor. Habrá una renegociación del TLCAN, en la que posiblemente se mejoren ciertos procesos y se incluyan sectores estratégicos como el energético, el de telecomunicaciones y el de e-commerce. Respecto al tema migratorio, es francamente imposible prever lo que sucederá. Lo que parece un hecho es la construcción del muro.