Bancomext: ochenta años de travesía transformadora

Francisco N. González Díaz

Bancomext: ochenta años de travesía transformadora
Si una institución perdura es porque es necesaria, porque ofrece un verdadero servicio público, porque sabe sortear las adversidades, sin ceder su vocación, y aprovechar los vientos favorables. Por eso, a ochenta años ya de su fundación, cumpliendo metas y superando desafíos, Bancomext está aquí y avanza. Su éxito ha significado el éxito de incontables empresas mexicanas.

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Nada puede surgir de la nada.

Parménides de Elea,

530-515 a.C.

 

México es hoy, después de China, la economía en desarrollo que más manufacturas exporta. Es el séptimo productor de automóviles en el mundo, ocupa el segundo sitio entre los exportadores de televisiones, monitores y unidades de procesamiento digital, y el mismo lugar en las exportaciones de refrigeradores. En 2016, las ventas mexicanas al exterior ascendieron a 374 mil millones de dólares, lo que significa que, en un solo día, se alcanzó el mismo monto que lo acumulado en todo el año de 1968. ¿Cómo transitamos de una economía especializada en productos primarios hasta consolidarnos como en un referente de éxito en la exportación de manufacturas? Un recorrido por los primeros 80 años de vida de Bancomext ofrece un panorama revelador de su contribución a los empeños de la modernización del país, la transformación de su estructura productiva y la creciente presencia de productos y empresas mexicanas en los mercados internacionales.

 

El origen

 

Hacia finales de la década de los treinta del siglo pasado, México era un país preponderantemente agrícola y rural. Las actividades primarias aportaban una quinta parte del PIB, ocupaban al 65% de la población trabajadora y poco más de seis de cada diez habitantes del país vivían en poblaciones menores a 2 mil 500 habitantes.

En 1937, las exportaciones del país equivalían a 13.1% del PIB y alcanzaban un monto de 892.4 millones de pesos, de los cuales los minerales daban cuenta del 45%, los productos agrícolas del 20%, el petróleo del 8% y las manufacturas del 5%. Entre los minerales destacaron en ese año las ventas externas de plata, cobre y plomo; entre los agropecuarios, las de henequén, ixtle y café.

La Gran Depresión, cuyos efectos aún se resentían en aquel entonces, redefinió el rol del Estado en la economía. La política pública del país, inspirada en el denominado nacionalismo económico del presidente Lázaro Cárdenas, abrió un periodo de intensa transformación institucional. En un lapso breve, se crearon nuevos organismos públicos y se transformaron los existentes para darle al Estado un papel más activo en la promoción del desarrollo económico del país. En este contexto es que en 1937, hace ya 80 años, nace el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), con la misión de “promover, desarrollar y organizar el comercio exterior de México”.

Si bien en estas circunstancias fue meritorio por sí mismo el pensar en un instrumento de fomento a las exportaciones mexicanas, la creación de Bancomext obedeció a una racionalidad más profunda: mitigar los desequilibrios externos, en particular las presiones sobre la balanza de pagos, para sostener la marcha del proceso de industrialización del país.

En efecto, la cíclica aceleración de la actividad económica, con el consecuente incremento de la demanda de los bienes importados, generaba presiones sobre las cuentas externas del país que regularmente se sorteaban con el ingreso de divisas provenientes del sector exportador. Cuando estas eran insuficientes, los desequilibrios temporales de la balanza de pagos se cubrían mediante el uso de fondos de estabilización del Banco de México (se había establecido en 1925) y, en última instancia, mediante ajustes del tipo de cambio que, irremediablemente, interrumpían el proceso de industrialización.

Con una gran visión de futuro, el director general del Banco de México, Luis Montes de Oca, y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Eduardo Suárez, propusieron la creación de Bancomext como instrumento para equilibrar los desbalances estructurales de la balanza de pagos y mantener un entorno propicio para la industrialización del país. Desde esa perspectiva, Bancomext se visualizó como un instrumento complementario al tipo de cambio de equilibrio “para obtener la necesaria nivelación en la balanza de pagos”.

En la medida en que en esa época los productos de exportación eran principalmente productos primarios, agrícolas y minerales, entre estos el petróleo, se priorizó la exportación de productos agrícolas porque en el segundo había una fuerte participación de inversión extranjera y la exportación minera “[traía] aparejada, al incrementarse, una suma mayor concomitante de pagos en el exterior por dividendos y réditos […]”.

 

Los primeros pasos

 

En 1937, año del nacimiento del Bancomext, una docena de naciones europeas contaban ya con entidades públicas o programas consolidados de financiamiento al comercio exterior y, en Estados Unidos, el Eximbank operaba desde tres años atrás. Bancomext, sin embargo, guarda el orgullo de ser la primera institución especializada en el financiamiento público al comercio exterior en los países en desarrollo.

La principal encomienda de Bancomext fue la de brindar financiamiento a las exportaciones, principalmente agrícolas, como se señaló; no obstante, la situación socioeconómica del país y la manera como se vinculaban la economía mexicana y la internacional lo llevaron a actuar en “campos que acaso rebasaban el marco estricto de una institución de crédito” para cumplir su misión. Fue así que a pocos meses de su fundación, Bancomext creó la Compañía Exportadora e Importadora Mexicana, S.A. (CEIMSA), con la finalidad de organizar a los productores agrícolas del país, consolidar su oferta exportable y desarrollar canales de comercialización para su venta al exterior. Bancomext en la labor crediticia y CEIMSA en la comercial trabajaron estrechamente para impulsar las exportaciones de garbanzo, raíz de zacatón, brea, café y otros. Con el paso de los años, CEIMSA también desarrollaría un papel preponderante en la política de regulación de precios de productos básicos y en las estrategias para garantizar su abasto.

Décadas más tarde, en una coyuntura de descenso de las exportaciones mexicanas de algodón, atribuida a disputas de orden contractual, se crea en 1956 la Comisión para la Protección del Comercio Exterior Mexicano (Copromex), bajo los auspicios de Bancomext, con la finalidad de brindar servicios de apoyo y asesoría a los exportadores e importadores en aspectos esenciales como la supervisión y control de mercancías, su clasificación y embalaje, así como asesoría jurídica para resolver eventuales disputas comerciales. En cumplimiento de su encomienda la Copromex integró el Registro Nacional de Exportadores e Importadores y, con los datos recabados, publicó el Directorio Nacional de Exportadores e Importadores, cuya primera edición comenzó a circular en febrero 1962. En materia de resolución de controversias, la Comisión recibió 419 quejas entre 1957 a 1965 y dictó resolución en 328 casos.

A finales de los años cincuenta, durante el primer año del Gobierno del presidente López Mateos, se designa a los primeros agregados comerciales del país, emulando una práctica utilizada décadas atrás por países desarrollados para estrechar los lazos comerciales con otros países y abrir mercados para sus exportaciones. En 1959, por acuerdo presidencial se designó a los agregados comerciales en París, Milán, Hamburgo, Santiago de Chile, San Salvador y Tokio, y en virtud del mismo acuerdo se constituyó en Bancomext el Comité Coordinador de las Actividades de los Consejeros Comerciales en el Exterior, presidido por el subsecretario de Industria y Comercio. La apertura de representaciones en el exterior y el flujo de información que provino de estas oficinas permitieron la elaboración de folletos informativos sobre aspectos básicos del proceso de exportación, así como la detección de oportunidades comerciales y requisitos aduaneros y comerciales en eventuales mercados de destino de las exportaciones. Además de estas actividades que actualmente podrían denominarse de inteligencia comercial, la revista Comercio Exterior cumplía por aquel entonces una década de promover el análisis y la divulgación del desempeño del sector externo del país; su primer número se publicó en enero de 1951.

Establecidos los cimientos de la cultura exportadora, el financiamiento de Bancomext tomó un nuevo impulso en apoyo de la producción y la comercialización externa de los productos agropecuarios. Entre 1939 y 1960, el sector primario absorbió la mayor parte de los recursos crediticios de la institución y, en el último año del periodo, las exportaciones totales ya ascendían a 1,385 millones de dólares, tres veces más de lo reportado en 1949.

Apoyada en el avance del proceso de industrialización, la estructura exportadora del país se diversificó tanto en términos de productos como de mercados de destino. En el lapso mencionado, sobresalió el dinamismo de las exportaciones de hilos, hilados y textiles; derivados del petróleo; láminas de hierro y acero; tubería y conexiones de hierro y acero, así como de mieles cristalizables, calzado, papel y cartón. También destacó la mayor presencia de productos mexicanos en mercados no tradicionales como fue el caso de los países miembros de la entonces Asociación Latinoamericana de Libre Comercio y el Mercado Común Centroamericano.

Sin embargo, el comercio exterior de México empezó a resentir los efectos - de una competencia internacional cada vez más intensa. A la calidad y precios competitivos de los productos, los países más avanzados añadieron mejores opciones de crédito para financiar la adquisición de sus productos —plazos más largos y menores tasas de interés.

Se ensayaron varias opciones para revitalizar las exportaciones y hacer frente a las crecientes presiones sobre las cuentas externas del país, provenientes del mayor crecimiento relativo de las importaciones. En 1962 se estableció un impuesto ad valorem a las importaciones de productos de lujo y con los recursos provenientes de esta fuente se constituyó en el Banco de México el fideicomiso Fondo para el Fomento de las Exportaciones de Productos Manufacturados (Fomex), para proveer de moneda extranjera a las empresas exportadoras de manufacturas, mediante operaciones de redescuento con bancos y financieras del país. Tres años más tarde, dio inicio la instrumentación de la política de fomento a la industria maquiladora de exportación, y en 1970 se creó el Instituto Mexicano del Comercio Exterior (IMCE) con la misión de coordinar todas las actividades relacionadas con la promoción del comercio exterior del país. Personal y recursos de Bancomext fueron traspasados al IMCE para apoyar su constitución.

A pesar de estos esfuerzos, los desequilibrios de las cuentas externas se acentuaron progresivamente: de menos 500 millones de dólares anuales hasta 1965, a varios miles de millones en los años setenta, llegando a su máximo en 1981 con 4 mil 87 millones de dólares. La estrategia de desarrollo instrumentada hasta entonces evidenciaba claros signos de agotamiento.

 

El despegue de las exportaciones

 

A finales de 1982 comenzó el desmantelamiento del modelo de industrialización iniciado desde 1940, y su sustitución progresiva por otro basado en la apertura comercial, la liberalización de la cuenta de capitales y una menor injerencia del Estado en la conducción de la economía. La sustitución de permisos previos de importación por aranceles a partir de 1983 es un paso fundamental en esta estrategia que adquiere un rumbo decisivo con la adhesión de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1986.

Dentro de la estrategia de apertura comercial y fomento de las exportaciones, Bancomext adquiere una importancia medular. A partir de la segunda mitad de los ochenta le empiezan a integrar o reintegrar todas las instituciones y programas de Gobierno encargadas de apoyar el comercio exterior: el IMCE, el Fomex y la llamada línea del 1.6%, las dos últimas provenientes del Banco de México.

En el marco de la crisis de la deuda de principios de los ochenta y ante la escasez crónica de divisas, Bancomext se convierte en el instrumento del Gobierno federal para la captación de fondos en moneda extranjera y su posterior dispersión, entre las instituciones bancarias y las empresas del país. También desempeña una labor contracíclica relevante al otorgar financiamiento a las empresas paraestatales que, dado el peso que aún mantenían en la estructura productiva, resultaban fundamentales para preservar la marcha de la economía nacional.

Con el correr de los años y apoyado en su nueva estructura institucional, Bancomext fue capaz de brindar un apoyo integral a las exportadoras mexicanas de manufacturas en el que estaban incluidos los servicios de financiamiento, asesoría, capacitación e información comercial. Asumió, asimismo, la tarea de impulsar a las empresas de comercio exterior (Ecex) y a las altamente exportadoras (Altex), figuras centrales para acrecentar la presencia de los bienes y servicios mexicanos en los mercados internacionales.

El mandato de Bancomext le permitió abrir camino en el uso y desarrollo de instrumentos financieros que han contribuido a la modernización y profundización del sistema financiero mexicano. Así, por ejemplo, en 1994 emitió el primer Bono Global Mexicano en los mercados de Estados Unidos, Europa y Asia. Un año más tarde, concretó el regreso de México a los mercados internacionales de capitales.

La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) consolidó el marco institucional de la apertura comercial, imprimió una nueva dinámica a los flujos de comercio e inversión entre México, Estados Unidos y Canadá y, con el paso del tiempo, ofreció una alternativa para enfrentar las recurrentes presiones de las cuentas externas que de tanto en tanto obstaculizan el crecimiento sostenido de la economía mexicana.

El avance cuantitativo del comercio exterior de México al amparo de este acuerdo comercial es destacado. Entre 1993 y 2015, el intercambio de bienes y servicios entre México y Estados Unidos se multiplicó seis veces. En ese mismo año, el comercio total entre ambos países alcanzó un valor de 584 mil millones de dólares, lo que significa que ambos países comercian más de un millón de dólares por minuto.

Más aún, México, Estados Unidos y Canadá no se limitan a comerciar productos finales entre sí. Las relaciones económicas de los tres países han evolucionado de tal manera que a lo largo y ancho del territorio de los tres países están diseminadas plantas manufactureras integradas en redes de producción compartida. Con frecuencia, las piezas y los materiales cruzan varias veces la frontera en el curso del proceso de producción. Esta producción compartida y la certidumbre sobre las reglas de juego constituyen el mayor legado del TLCAN en el largo plazo.

 

Bancomext vuelve por sus fueros

 

El Bancomext de hoy es resultado de las transformaciones mundiales experimentadas en las últimas décadas. Recordemos que en las postrimerías del siglo xx prácticamente dominaba la opinión del triunfo indiscutible, a nivel ideológico y político, de la economía de mercado y la democracia representativa. Los intelectuales más reconocidos hablaban del fin de la historia y sustituían la lucha de clases por el choque de civilizaciones. Los riesgos sistémicos aparentemente habían desaparecido y los inicios del siglo xxi auguraban un periodo permanente de estabilidad económica-financiera tanto a escala global como de países. El Fondo Monetario Internacional despedía a parte de sus empleados y vendía tenencias de oro para hacerse de ingresos.

Es bajo la influencia de estas corrientes emergentes del pensamiento mundial que se pretende realizar una reconfiguración institucional de Bancomext. Por una parte, se le escinden nuevamente las funciones de promoción de las exportaciones, con los recursos humanos y materiales asociados a esta actividad y, por otra, se busca su fusión con Nacional Financiera. Nadie esperaba que surgiera una nueva crisis financiera, menos en un país desarrollado y mucho menos en el país más desarrollado del mundo. Y, sin embargo, el cisne negro apareció.

La falta de un acuerdo político para concretar la fusión y, sobre todo, la configuración de un nuevo escenario en el país tras los efectos de la crisis financiera mundial; las pérdidas ocasionadas por el uso de complejos instrumentos derivados por parte de algunas empresas, y los estragos asociados a la crisis epidemiológica por la propagación de la influenza ah1n1, obligaron a replantear el futuro de Bancomext.

La suma de estos factores provoca una reducción en la liquidez de los mercados financieros que restringe las fuentes de financiamiento para las empresas. Además, actividades específicas como el turismo y la transportación aérea se ven afectadas negativamente por sendas caídas de la demanda de sus servicios y de sus flujos de ingresos.

En respuesta a esta coyuntura crítica, el Gobierno federal instrumenta una serie de medidas de política económica contracíclica, como el Programa de Apoyo Empresarial de Deuda Corporativa, en el que Bancomext, como instrumento de política económica, desempeña un rol preponderante.

Del mismo modo, Bancomext puso en marcha sendos programas en apoyo al sector turismo y a las aerolíneas, comprometiendo montos por 2 mil y 3 mil millones de pesos, respectivamente. También se desarrolló un programa de atención para el sector automotriz y de autopartes, sector que redujo en un poco más de una tercera parte la producción de vehículos con fuertes pérdidas de empleo (algo más de 10 mil puestos de trabajo). El liderazgo asumido por Bancomext durante la crisis fue determinante en el cambio de visión que posteriormente se tuvo sobre el potencial de la banca pública como palanca de desarrollo.

Superada la crisis y asimilada la inviabilidad política de la fusión, se diseñó una nueva estrategia para Bancomext en situaciones de normalidad, encaminada a reforzar el cumplimiento de su mandato y adaptar la institución a las condiciones vigentes de la economía nacional. Es así como se establece el modelo de negocios “sector-producto-geografía”. Con este modelo se pretende concentrarse en actividades generadoras de divisas de alto impacto como es el caso del turismo, la industria maquiladora y los parques industriales, la industria automotriz, el sector de transporte y logística, y el sector electro-electrónico. Este modelo se complementa con el desarrollo de productos y programas destinados a pequeñas y medianas empresas exportadoras (Pymex), así como el fomento a la integración de empresas a las cadenas mundiales de valor. Se empieza, además, a incursionar en el financiamiento de proyectos de energía renovable.

Como parte de la estrategia económica del presidente Enrique Peña Nieto y con el impulso de la reforma financiera instrumentada por su administración, Bancomext retoma un papel preponderante en el financiamiento del comercio exterior del país, refuerza su estructura de gobierno corporativo y se reposiciona en los ámbitos nacional e internacional.

De acuerdo con las tendencias productivas y comerciales, Bancomext identifica prioridades para tener un mayor impacto en la consolidación y transformación del aparato productivo nacional de manera que las empresas mexicanas se inserten de manera más vigorosa en la economía global. Es así como se incorporan nuevos objetivos estratégicos: (1) el financiamiento de proyectos de inversión en la etapa inicial, (2) mayor integración nacional en las cadenas globales de valor, (3) el impulso a la internacionalización de empresas mexicanas, (4) la diversificación de mercados de destino para las exportaciones mexicanas y (5) el apoyo a la atracción de inversión extranjera directa.

Bancomext también ocupa un lugar destacado en la implementación de la ambiciosa agenda de reformas estructurales emprendidas por la presente administración, principalmente en los casos de la energética y la de telecomunicaciones. En este último rubro destaca el proyecto Red Compartida que Bancomext apoya financieramente dada su relevancia para la ampliación y modernización de la infraestructura para la comunicación a distancia, así como para la innovación y competitividad de las empresas mexicanas.

El desempeño reciente de Bancomext lo ubica como líder de la banca de desarrollo y aun de la banca comercial. Su cartera crediticia ha crecido de manera sana y sostenida. El tamaño de su cartera de financiamiento empresarial es de niveles cercanos a la de los bancos comerciales de mayor tamaño en el país. En el sector turismo, la cartera de crédito de Bancomext es la más grande y en el caso del automotriz ocupa el segundo lugar. La actividad crediticia se ha venido desarrollando de manera que complementa e induce el financiamiento de la banca comercial, poniendo especial atención en la corrección de fallas de mercado. Bancomext es una institución sólidamente capitalizada, con mínimos niveles de cartera vencida, una fuerte estructura de gobierno corporativo, creciente presencia nacional e internacional y una activa participación en los mercados financieros internacionales, en la que destaca la colocación en 2016 de un innovador bono híbrido, reconocida por la revista World Finance como la emisión del año.

Por el éxito con responsabilidad alcanzado, Bancomext ha sido reconocido este 2017 como el Banco del Año por la Asociación Latinoamericana de Instituciones de Desarrollo y ahora se ha fijado como meta convertirse en el primer banco de desarrollo verde del país. Para ello ya se ha dado el primer paso con el establecimiento de un sistema de gestión de riegos ambientales y sociales al que estará sujeta la totalidad de los proyectos de la cartera. El objetivo central de esta estrategia es que la responsabilidad ambiental y social forme parte del adn de todo el personal de Bancomext.

 

El banco de vanguardia

 

Los logros alcanzados hasta ahora son considerables, pero los desafíos futuros de Bancomext son de igual o mayor envergadura, si cabe, a los sorteados durante sus primeros 80 años de vida. Tras la lenta e inestable recuperación de la crisis financiera mundial de 2008, se han incrementado los señalamientos sobre los efectos negativos de la globalización sobre el empleo, la distribución y el estancamiento del ingreso. El péndulo ideológico tiende a moverse al extremo opuesto de donde se ubicaba antes de la crisis.

Los movimientos proteccionistas y antiinmigrantes surgen sobre todo, pero no exclusivamente, en Europa y Estados Unidos. Sus sociedades respaldan con sus votos a líderes contrarios a la globalización. El orden político y económico mundial que Estados Unidos ha venido construyendo desde principios del siglo pasado es cuestionado por el líder político de ese país, quien propone el retraimiento de la mayor economía del planeta y pone en entredicho tanto los beneficios del libre comercio como la arquitectura institucional que soporta el orden mundial. A falta de propuestas concretas que puedan ser sujetas a discusión y negociación, estas posturas equivalen a un salto al vacío.

En otro frente, el acelerado desarrollo de las innovaciones tecnológicas crea prometedoras actividades económicas, destruye otras, incrementa las oportunidades de empleo a trabajadores altamente capacitados y cierra las puertas a quienes no lo están.

La suma de estos factores incide ya en las nuevas estrategias que se diseñan y que habrán de depurarse para consolidar la inserción de México tanto en el actual orden internacional como en sus futuras transformaciones. Bancomext es un actor relevante dentro de esta estrategia, promoviendo nuevos mercados para nuestras exportaciones, apoyando la presencia de empresas mexicanas en los mercados externos y atrayendo más inversión extranjera directa. Es momento de acercarnos más a América Latina: la Alianza Pacífico es un mecanismo joven que puede contribuir a este propósito.

Lo mismo aplica para otras regiones del planeta, algunas con relaciones comerciales y de inversión más o menos establecidas, como en los casos de Europa y algunos países asiáticos; otras más novedosas, como los países del Golfo Pérsico y Oceanía. Bancomext está revisando su menú de productos financieros, fortaleciendo sus estrategias de promoción y profundizando el uso de la inteligencia comercial para adaptarnos al entorno mundial actual.

Bancomext es una institución con sólida vocación de futuro que busca mantenerse a la par de las vertiginosas transformaciones de la economía global. Nuestro actuar cotidiano se guía con una visión más equilibrada de los factores financieros, de toma de riesgos y de promoción del desarrollo en nuestras operaciones. Si bien el desempeño en cualquier ámbito de acción se mide generalmente en términos cuantitativos, en muchas ocasiones son aún más relevantes los aspectos cualitativos que precisan una atención más profunda y detallada.

Desde esta perspectiva, la participación de Bancomext va más allá del proyecto en sí. Los desarrollos eólicos, por ejemplo, además de la generación de energía, su motivación central, brindan a las comunidades oportunidades de movilidad económica y social. Lo primero, mediante la revalorización de las tierras donde se ubican los parques; lo segundo, por la infraestructura que construyen los desarrolladores de los proyectos en beneficio de la comunidad —escuelas, por ejemplo.

El financiamiento de proyectos turísticos en Los Cabos, Baja California Sur, está detonando la construcción de infraestructura en la zona de manera que no sería aventurado augurar la consolidación, en los años por venir, de un polo de atracción turística similar al de la Rivera Maya, con la consecuente generación de empleo y fuentes de ingreso para la población de la región y lugares aledaños.

El financiamiento de parques industriales que siguen el establecimiento de grandes empresas automotrices en el Bajío, está cambiando la fisionomía de esa región. Se desarrolla mayor infraestructura física y se generan más empleos directos e indirectos. El puente transfronterizo de Otay es un proyecto pionero que reconoce y atiende el dinamismo con el que se desenvuelve la vida en ambos lados de la frontera norte del país y que fortalecerá, aún más, sus vínculos turísticos, comerciales y culturales. También es destacable el Programa de Emergencia ante Desastres Naturales que se inició para atender de manera inmediata los efectos del Huracán Odile en 2014 y que en su momento hizo una diferencia significativa para paliar los daños económicos causados por ese fenómeno meteorológico. La atención a desastres naturales es hoy parte integral del menú de apoyos de Bancomext.

En el futuro cercano, el propósito es posicionar a Bancomext como firme impulsor de la revolución tecnológica 4.0, de la tecnología cuántica, de los procesos disruptivos, de las transformaciones exponenciales, todo ello para incorporar a nuestro país en la economía del siglo xxi: la economía del conocimiento. El destino de la economía mexicana no es el de permanecer eternamente como productora de manufacturas. Se trata ahora de dar un salto cuántico para convertirla en productora de mentefacturas. El reto es mayúsculo, sí, pero se cuenta con el talento, el compromiso, la pasión y demás capacidades para superarlo.

Con este propósito, Bancomext deberá retomar parte de su naturaleza original: centro coordinador de las actividades de comercio exterior. En esta economía del conocimiento, Bancomext debe funcionar como el elemento catalizador que impulse y coordine el accionar de diferentes entidades gubernamentales y privadas que están enfocadas en el desarrollo empresarial, científico y tecnológico. A quienes nos ha tocado la fortuna de dirigir a Bancomext en este 80 aniversario estamos entusiasmados con los retos que se avecinan.

“Nada puede surgir de la nada”, como lo afirmó el filósofo griego Parménides de Elea en el siglo vi antes de nuestra era. Las instituciones son un elemento esencial del proceso civilizatorio, del desarrollo social y económico de los países. Su creación es un reflejo fiel del avance alcanzado por las sociedades. Representan sus metas y sus aspiraciones, y dan legitimidad y certidumbre a la ruta elegida para alcanzarlas.

México es un país de instituciones. Su construcción requiere liderazgo y visión; su debilitamiento, en cambio, solo de concepciones ignorantes y mezquinas. El desarrollo del país necesita consolidar y fortalecer su marco institucional. Bancomext ocupa un lugar preponderante en este espacio institucional, por su contribución a la transformación de la economía mexicana y su probada capacidad para evolucionar de acuerdo al cambiante entorno nacional e internacional. Quisiera cerrar estas reflexiones con una cita del entonces presidente Miguel de la Madrid escrita hace 30 años con motivo del 50 aniversario de Bancomext y que hoy mantiene plena vigencia: “[…] resulta grato comprobar que el Banco es un organismo dinámico, inmerso en un proceso de sano crecimiento, y que ha cambiado según las exigencias de los tiempos, dando cabal respuesta a los retos del presente, sin olvidar las bases de su origen y sin perder de vista las metas que han de alcanzarse en el futuro”. 

 

Francisco N. González Díaz es director general del Banco Nacional de Comercio Exterior.

 

1 Banco Nacional de Comercio Exterior y El Colegio de México, Medio siglo de financiamiento y promoción del comercio exterior de México, vol. I, México, 1987, p. 302.

2 Inegi, Estadísticas históricas de México, México, 2014.

3 Banco Nacional de Comercio Exterior y El Colegio de México, óp. cit., p. 88.

4 Ib., p. 424.

5 Íd.

6 Ib., p. 173.

7 “Protección del comercio exterior de México”, Comercio Exterior, tomo XVI, núm. 6, junio de 1966, pp. 437.

8 Inegi, óp. cit.

9 Banco Nacional de Comercio Exterior y El Colegio de México, óp. cit., p. 320.

10 Christopher Wilson, “Una plataforma regional de producción compartida”, Comercio Exterior, nueva época, núm. 8, octubre-diciembre de 2016, p. 12.

11 Banco Nacional de Comercio Exterior, Bancomext: 75 años de transformación, México, 2012, p. 121.

12 Banco Nacional de Comercio Exterior y El Colegio de México, óp. cit., p. 7.