Hacia una comunidad de países iberoamericanos  

Entrevista con Rebeca Grynspan Mayufis  

Redacción revista Comercio Exterior

Hacia una comunidad de países iberoamericanos  
Hoy en día, las reuniones que buscan propiciar el diálogo y la cooperación iberoamericana se han ampliado para involucrar a representantes de la sociedad civil, empresarios, gobiernos estatales y municipales, y otros asistentes. La lección es clara: una auténtica integración regional, que potencie el desarrollo humano y económico de nuestros países, requiere del entusiasmo y la participación de las sociedades en su conjunto.

 

La cooperación internacional ha dejado constancia de su capacidad para mejorar las condiciones de vida de las personas y ofrecer mecanismos para la solución pacífica de las controversias entre países. Sin embargo, las críticas a la actual arquitectura mundial están ganando notoriedad y el mensaje aislacionista está calando entre los electores en todo el mundo. ¿Son justificados los reclamos? ¿Hay un desgaste de las instituciones encargadas de promover la cooperación internacional? ¿Qué hacer para que la multilateralidad recupere la confianza de la ciudadanía?

Creo que el reclamo de la ciudadanía está principalmente dirigido a lo que considera una arquitectura internacional que no ha logrado renovarse y pasar del siglo XX a las nuevas realidades del siglo XXI. El orden global emergido después de la Segunda Guerra Mundial ha perdido representatividad frente al surgimiento de nuevos actores estatales y no estatales, al tiempo que el proceso de globalización ha sido muy acelerado y, a los ojos de muchos, concentrador, ya que sus ganancias no se han distribuido equitativamente y ha dejado atrás a segmentos de la población que no ven claro cómo los beneficia el libre comercio o los adelantos tecnológicos, como la automatización. En particular, preocupa el repunte de la desigualdad al interior de los países, que genera frustración y descontento para muchos.

Ahora bien, no todo ha sido malo en las últimas décadas. Más de mil millones de personas en el mundo salieron de la pobreza desde 1990. La mortalidad infantil y materna se redujo a la mitad. Por primera vez en la historia, la mayoría de las clases medias viven en países en desarrollo. Lo que pasa es que, en muchos países de Occidente, esos beneficios se perciben menos, porque sus sociedades estaban ya en umbrales muy altos de desarrollo humano, y lo que han visto más bien es un deterioro relativo frente a las élites y “el 1%”. En los países de la ocde, la brecha entre ricos y pobres es la más ancha de los últimos 30 años. En América Latina, en cambio, se ha reducido desde el cambio de siglo, gracias al acelerado crecimiento de los ingresos de las personas más pobres —aunque seguimos siendo la región más desigual del mundo.

En muchos sentidos, estamos siendo testigos de ese paradigma del desarrollo en donde la sociedad y la economía van más rápido que las instituciones. Los gobiernos tienen que encontrar maneras de adaptarse, de recuperar la confianza de la ciudadanía y demostrar que las reglas del juego benefician a la colectividad, y no solo a las élites.

Yo creo que, ante los desafíos que enfrentamos, lo que necesitamos es más multilateralidad, y no menos. Pero ello solo será posible con un gran respaldo popular, que depende de que logremos fortalecer el vínculo entre la acción de los organismos multilaterales y la vida de las personas. Ningún ciudadano va a querer contribuir con sus impuestos al mantenimiento de un orden internacional que percibe que no lo beneficia. Necesitamos resultados concretos y ampliar los espacios para que las personas sean capaces de trabajar conjuntamente con las instituciones en la solución de sus problemas. Necesitamos organismos internacionales que no solo sepan decir, sino que también sepan escuchar y hacer. Ese es el enfoque que hemos venido aplicando en la Secretaría General Iberoamericana.

 

Iberoamérica integra a países de muy diversa condición, tamaño, niveles de bienestar, intereses y prioridades. ¿Cómo reconocerse en esta diversidad para encontrar soluciones comunes a los problemas comunes? ¿Qué rol desempeña la Secretaría Iberoamericana en este propósito?

Iberoamérica es, en efecto, muy diversa. Por eso nuestro lema ha sido “unidos en la diversidad”. Hemos aprendido a colaborar en presencia de las diferencias, apostando por lo que nos une y no por lo que nos divide. El año pasado celebramos 25 Años de Cumbres Iberoamericanas. En todo este tiempo, nuestros países han encontrado voluntad política para sentarse a la mesa, para dialogar y para encontrar espacios que les permitan impulsar una agenda común, en beneficio de la ciudadanía. Yo creo que eso es un ejemplo para el mundo, porque es muy fácil trabajar con los que son iguales a nosotros, lo que es difícil es trabajar con los que son distintos. El mundo de nuestros días demanda que seamos capaces de superar las diferencias que nos separan y encontrar las áreas de consenso. Para Iberoamérica, esas áreas han sido consistentes a lo largo de un cuarto de siglo: la educación, la ciencia, la cultura, la inclusión social, la juventud. Apostamos por el diálogo, el multilateralismo, la cooperación y la paz. Esos son los valores que nos unen y que nos permiten trabajar juntos, desde nuestra diversidad.

Yo creo que la aportación de la Secretaría es precisamente la de ser ese andamio que facilita el encuentro de los países, que le da una espina dorsal y una continuidad en el espacio de las cumbres y los demás foros y conferencias en que dialogan los actores de la región. También jugamos un rol central en el seguimiento de los distintos programas e iniciativas de la Cooperación Iberoamericana, que es la plataforma horizontal más exitosa del mundo, no por su monto, pero sí por su naturaleza y funcionamiento.

 

En 2017 se están cumpliendo 26 años de la primera Cumbre Iberoamericana. ¿Cuáles considera que son sus principales logros? ¿Y las tareas pendientes? ¿Qué debería hacerse para reforzar este mecanismo de cooperación?

El principal logro de las cumbres es haber creado un espacio de confianza y colaboración entre nuestros países, sobre el que se asienta toda la estructura de diálogo, de multilateralismo, de cooperación, que he mencionado. Un espacio que nunca excluyó a ningún país y en el que todos han participado activamente y sin interrupción.

Hay que recordar que cuando se celebró la I Cumbre Iberoamericana en Guadalajara no existía ningún espacio en que se encontraran todos los presidentes de la región. En general no había muchos foros de ese tipo a nivel mundial, ni siquiera se había firmado el Tratado de la Unión Europea. Es por eso que yo digo que Iberoamérica se adelantó a su época, porque en muchas partes del mundo están intentando hacer justo lo que hemos logrado nosotros: un espacio de encuentro estable, en donde los países puedan avanzar en los grandes derroteros, más allá de los gobiernos de turno y las distintas coyunturas domésticas. Las cumbres representan esa oportunidad de pensar en el largo plazo.

 

Por consideraciones de orden geopolítico y afinidades culturales, América Latina debería ser un espacio natural para detonar el intercambio comercial, las inversiones y la cooperación regional. ¿Cuáles son los principales retos y oportunidades en esta materia? ¿Qué esfuerzos adicionales deben desplegarse para fortalecer la integración latinoamericana? ¿Tiene futuro esta integración?

La integración es una de las grandes asignaturas pendientes de América Latina. Algunos de los retos para la integración son físicos y logísticos: la brecha de infraestructura y los altos costos logísticos hacen que sea más fácil para nuestros países comerciar con Estados Unidos que con el resto de América Latina. El comercio intrarregional no alcanza a ser una quinta parte de las exportaciones de la región, mientras que en Europa es más del 60%. Entonces, ahí hay una clara oportunidad: generar mayores encadenamientos regionales, más valor agregado, diversificar más nuestra estructura productiva, y vincular mejor a las pequeñas y medianas empresas, que son las grandes empleadoras de América Latina. Desde este punto de vista, la integración tiene que ver con generar un crecimiento más inclusivo y sostenible.

También existe espacio para alcanzar mayor convergencia entre los distintos acuerdos que han suscrito los países de la región. Sería fundamental avanzar hacia la convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, que juntos representan más del 90% del producto interno bruto y la inversión en América Latina, y más del 80% de la población.

Finalmente, podemos avanzar mucho si enfocamos nuestra acción en encontrar acuerdos en áreas estratégicas, por ejemplo, armonizar las reglas de origen, avanzar en iniciativas de facilitación de comercio, y permitir una mayor movilidad de talentos y personas en la región.

Tenemos condiciones favorables para emprender estas tareas. El 77% de los latinoamericanos dicen querer más integración regional, según un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo y Latinobarómetro.

 

¿Cómo deben fortalecerse las instituciones económicas y políticas regionales y subregionales de América Latina? ¿Qué papel deben desempeñar las economías más grandes de la región en el fortalecimiento de la integración regional? ¿La reciente tendencia hacia el fortalecimiento de la economía de mercado entre los países del subcontinente ayuda a este propósito?

La integración requiere el concurso de todos, pero sin duda se beneficia del liderazgo de grandes economías. Por ejemplo, vemos muy positivamente el interés actual de diálogo entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, buscando potenciar distintas alianzas y diversificar sus mercados.

De la misma manera, tenemos una ventana excepcional para avanzar en nuestra relación con Europa, fundada sobre valores comunes y beneficios compartidos. En ese sentido se han manifestado los líderes de ambas regiones, comprometidos a acelerar las negociaciones entre la Unión Europea (ue) y el Mercosur, la actualización de los acuerdos de la ue con México y Chile, y la ratificación del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con Cuba. De concluirse estos procesos, casi todos los países de la región contarían con un acuerdo con la ue, dando un paso más hacia la posibilidad de buscar una mayor armonización entre ellos, lo que a su vez conduciría a una mayor integración regional.

Ahora bien, la agenda de integración no se limita a los tratados y acuerdos. Hay mucho que podemos hacer para avanzar hacia la integración en infraestructuras y energía, conectividad digital, movilidad empresarial y académica, entre muchos otros factores que no dependen de nadie más que de nosotros mismos.

 

¿Qué papeles deben desempeñar España y Portugal en el presente y el futuro de la integración iberoamericana?

España ha sido desde siempre una piedra angular del proyecto iberoamericano, a lo largo de todos los gobiernos y con el impulso decidido de su majestad el rey. A futuro, yo creo que tanto España como Portugal serán cruciales para continuar incentivando un debate simétrico y horizontal entre la Península Ibérica y América Latina, fundado sobre los valores comunes que nos unen. No solo los gobiernos forman parte de esto, sino también otros agentes. Las empresas españolas que han incursionado en el mercado latinoamericano son actores claves de la integración. Lo mismo los artistas, los investigadores, los escritores, los científicos, los estudiantes. La integración la impulsamos todos y todos la hacemos realidad.

El proyecto iberoamericano nació como un encuentro entre jefes de Estado y de Gobierno. Durante muchos años fuimos eso: las cumbres iberoamericanas. Posteriormente, hace más de una década se creó la Secretaría General Iberoamericana y pasamos de ser una Cumbre a ser una Conferencia Iberoamericana, que involucraba a más actores en foros de empresarios, parlamentarios, gobiernos locales y sociedad civil. Ahora intentamos avanzar de ser Conferencia a ser Comunidad. Una Comunidad de 22 países que se relacionan entre sí de manera simétrica y horizontal. Un espacio denso, en que participan todas las personas, cada quien con su contribución particular.

 

Recientemente, la Secretaría General Iberoamericana anunció la puesta en marcha del programa Campus Iberoamérica, destinado a promover la movilidad de los jóvenes estudiantes de la región. ¿Qué destacaría de este proyecto? ¿Qué expectativas se tienen? ¿Cómo contribuye a mejorar el entendimiento y la cooperación entre los países?

Esta es la iniciativa de movilidad académica más importante en la historia de la región. Aspiramos a otorgar 200 mil becas de aquí al año 2020, para que estudiantes, profesores e investigadores puedan realizar un periodo de estudios, investigación o prácticas profesionales en algún otro país iberoamericano. Contamos ya con la adhesión de más de 700 entidades públicas y privadas, y esperamos que se sumen cada vez más universidades, centros de investigación y empresas. Este programa va a la raíz de una de las demandas de los empleadores de la región: quieren trabajadores con más destrezas transferibles, más soft skills, como la capacidad de trabajar en equipo, de navegar ambientes multiculturales, de pensar críticamente. Los estudios demuestran que las experiencias de intercambio estimulan precisamente esas habilidades, por lo que los jóvenes que han participado en programas como el Erasmus en Europa no solo tienen tasas de desempleo más bajas, sino que están empleados en trabajos de mejor calidad.

Entonces, a nivel individual, los programas de movilidad tienen muchas ventajas para el desarrollo personal y profesional. Pero también tienen grandes ventajas colectivas, pues ayudan a formar generaciones más conscientes de la complejidad de nuestras sociedades y la riqueza que aporta la diversidad. Eso es elemental para avanzar en la integración.

 

¿Qué otras acciones relevantes destacaría en la actuación reciente de la Secretaría Iberoamericana?

Hemos renovado la Segib y el sistema iberoamericano, para hacerlo más articulado, más ágil y más enfocado en sus ventajas comparativas. Eso nos permitió actuar conjuntamente con el Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (oij) en la promoción del Pacto Iberoamericano de Juventud, que los jefes de Estado y de Gobierno aprobaron en la pasada Cumbre de Cartagena. El Pacto contiene compromisos concretos de los gobiernos para impulsar la plena participación de la juventud en la política, la economía y la sociedad.

Por mandato de los países, también lanzamos hace año y medio el Canal Iberoamericano “Señal que nos Une”, que es la primera emisora de televisión pública para toda la región, con una cobertura de más de 60 millones de personas y en el que participan los 22 países iberoamericanos.

Finalmente, quisiera destacar un proyecto que es muy especial para mí, y es la iniciativa de innovación ciudadana. Desde la Segib organizamos laboratorios de innovación ciudadana en los que trabajamos directamente con la gente en la solución de los problemas de su comunidad, en ambientes abiertos y colaborativos, con equipos internacionales conformados principalmente por personas jóvenes. Gracias al éxito de estos laboratorios, el Gobierno de Colombia nos ha pedido que lo acompañemos en la realización de distintos laboratorios ciudadanos en el marco del proceso de implementación del Acuerdo de Paz. Adicionalmente, también lideramos un inventario de iniciativas de innovación ciudadana que se llama Civics y que ya cubre más de 20 ciudades de la región, incluidas todas las megaciudades iberoamericanas, visibilizando más de 4 mil iniciativas y creando una gran red de innovadores y emprendedores sociales.

¿Qué perspectivas avizora del Tratado de Libre Comercio Único con Centroamérica? ¿Y de la relación bilateral entre México y Costa Rica? ¿Qué acciones deberían desplegarse para intensificar los flujos comerciales y de inversión, y la cooperación entre ambos países?

Como dije anteriormente, yo creo que nos encontramos en una segunda fase, donde predominan estos acuerdos que buscan la convergencia entre bloques. Ante la amenaza de un mayor proteccionismo comercial en Estados Unidos, debemos aprovechar estos espacios donde existe margen de acción para profundizar nuestra integración, dinamizar nuestro crecimiento y estimular nuestros mercados domésticos, lo que permitiría aumentar nuestra productividad, diversificar nuestros mercados y dar el salto a la economía del conocimiento y digital.

Los retos de la integración entre México y Centroamérica son similares a los que enfrenta el resto de la región, aunque la presencia de Estados Unidos es mucho mayor para nuestros países que para las economías de Sudamérica. Todos los países centroamericanos destinan a Estados Unidos más del 40% de sus exportaciones. Fortalecer nuestros vínculos y encadenamientos tiene un valor instrumental en este momento.

Para Costa Rica, México ha sido siempre un socio fundamental y el país con el que suscribimos nuestro primer Tratado de Libre Comercio, hace más de 20 años. El comercio y la inversión entre nuestros países han venido creciendo a paso sostenido, aunque aún persisten retos de diversificación. Por ejemplo, debemos avanzar en vincularnos con los distintos estados mexicanos y avanzar en el comercio más allá de la relación capital–capital. La participación de México en la Alianza del Pacífico provee también un marco interesante para reflexionar sobre las relaciones de Costa Rica no solo con México, sino con todos sus socios estratégicos en la región. El reto es sacar el mayor partido posible a los instrumentos, avanzar en el aprovechamiento de los acuerdos y no solo en su suscripción.

 

¿Qué debe hacer Iberoamérica para contribuir como bloque a la preservación y el fortalecimiento de los mecanismos de cooperación internacional y de las instituciones democráticas?

Yo creo que se avanza mucho cuando se reafirman los valores y se adquieren compromisos ante la comunidad internacional a favor de la paz, el diálogo, la democracia, la cooperación y el multilateralismo, en particular en un contexto de fragmentación y polarización internacional. Lo mejor que puede hacer Iberoamérica en este momento es permanecer unida y levantar su voz en defensa de un mundo abierto, plural, solidario, respetuoso de los derechos humanos y de la diversidad, que es nuestra gran riqueza.

Para eso precisamente sirven espacios como la Cumbre Iberoamericana, para reiterar la apuesta por un mundo que colabore; que sume, y no que divida.

 

¿Qué brinda la estabilidad institucional al desarrollo de los países?

Si la paz es la condición para el ejercicio de todos los derechos, la estabilidad política e institucional es la condición para que pueda existir un verdadero desarrollo humano. Solo en presencia de la estabilidad puede fortalecerse el Estado de derecho y crearse las condiciones que nos permitan, como decía John Adams, ser gobernados por las leyes y no por los hombres.

La estabilidad genera previsibilidad y nos permite planificar a largo plazo, lo cual es fundamental para generar crecimiento inclusivo y sostenible. Algunas veces vemos países que realizan grandes avances y luego grandes retrocesos, en parte porque no construyeron esa institucionalidad que es necesaria para que el desarrollo se mantenga y pueda reducirse la pobreza y la desigualdad.

 

Costa Rica sobresale en la región por su estabilidad. ¿Qué factores idiosincráticos han hecho posible esa estabilidad? ¿Cómo puede mantenerse en el actual contexto mundial?

Uno de los factores más citados es la abolición del ejército, en 1948, lo que nos permitió navegar la segunda mitad del siglo XX sin atravesar los periodos de dictaduras que marcaron con tanto dolor al resto de la región. Esa decisión también implicó cierta estampa moral para nuestro país, un compromiso por resolver los conflictos de forma pacífica y por vías institucionales, algo que está en la base de la estabilidad que usted menciona.

Nuestra apuesta por la democracia y por la educación universal desde el siglo xix también imprimió un rumbo a nuestro país y nos ha permitido avanzar hacia niveles de desarrollo humano cada vez más elevados.

Yo creo que el contexto mundial presenta desafíos y justo por ello debemos redoblar nuestro compromiso con los valores y principios que traen estabilidad en el largo plazo: el compromiso con las instituciones, con el derecho internacional, con el diálogo, con la democracia, con la paz. Debemos asegurarnos de que este momento nos sirva para perfeccionar nuestra institucionalidad, no para socavarla con un viaje de vuelta al pasado de aislacionismo y nacionalismo.

 

Dados los planteamientos políticos del actual presidente de Estados Unidos, ¿se imagina un orden mundial sin el liderazgo estadounidense?

En las últimas décadas hemos visto una gran transferencia de poder del norte al sur y del oeste al este. El mundo es hoy multipolar y la gran interrogante es si esa multipolaridad se va a traducir en más multilateralidad. Es una pregunta abierta, pues vemos signos de ambas tendencias: por un lado, un movimiento hacia la cooperación de escala global, como es el caso de la agenda de cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por otra parte, vemos también todas estas señales de regreso hacia formas nacionalistas y un mundo más fragmentado.

Estados Unidos ha sido sin duda un pilar del orden internacional de los últimos 70 años y no creo que su liderazgo vaya a desaparecer. Lo que sí creo que estamos viendo es el surgimiento de nuevos liderazgos en un escenario más complejo, más polifónico. Es decir, no creo que Estados Unidos vaya a ser sustituido por otro actor, sino que veremos más actores interactuando con sus distintas cuotas de poder, en un contexto dinámico e incierto. 

 

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Rebeca Grynspan Mayufis es secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana.