ENTREVISTA CON EL EMBAJADOR DE CHILE EN MÉXICO, RICARDO NÚÑEZ MUÑOZ

Norma Garibay

ENTREVISTA CON EL EMBAJADOR DE CHILE EN MÉXICO, RICARDO NÚÑEZ MUÑOZ
Este año se cumple el 25º aniversario de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre México y Chile, que se interrumpieron durante la dictadura militar. Entrevistamos a los dos embajadores: Ricardo Núñez Muñoz en representación del país andino en México, y Otto Granados Roldán, quien tiene a su cargo la embajada mexicana en aquel país. Nos hablan de los avances que se han dado en materia económica, cultural, educativa, y de la profunda amistad que hermana a estas dos naciones.

Este país sudamericano tuvo un despegue en su crecimiento económico a partir de la segunda mitad de los años ochenta hasta llegar a tasas cercanas a 7% anual; en el periodo 1986-1997, solamente otros cuatro países tuvieron tasas de crecimiento similares o mayores a las de Chile: Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán. Pese a los vaivenes de la economía mundial ?como la crisis asiática en 1997?, Chile tiene una estrategia comercial que lo vincula con socios de Europa, Asia, Canadá, Estados Unidos y Latinoamérica para fomentar el emprendimiento, y ha reducido las barreras de entrada para la apertura de nuevos negocios. El embajador Ricardo Núñez ?además académico en ciencias sociales? nos habla sobre la relación de ambos países, las particularidades de su trayectoria de crecimiento y su relación comercial.

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¿Cómo ha sido el desarrollo de la relación México-Chile desde que esta se restableció en 1990?

Hace 25 años se retomó el curso histórico que desde el siglo XIX han sostenido ambos países de manera activa en todos los ámbitos. La anomalía fue que por 17 años, durante la dictadura de Pinochet, no hubo relaciones porque México se solidarizó con las fuerzas democráticas que se opusieron al régimen dictatorial. En el ámbito económico, no es novedad que Chile y México, situados en la antípoda de América Latina, generaron una corriente de amistad que se ha traducido en relaciones económicas muy activas; desde siempre México exportó plata a Chile, además de cobre y oro, así como recursos naturales de nuestra agroindustria. Todo este intercambio se ha intensificado en los últimos años, como lo muestra el hecho de que desde 1999 Chile haya establecido el Tratado de Libre Comercio con México.

Nos conectan muchos aspectos: ambos países tenemos una capacidad de encontrar mercados altamente competitivos como los de Europa, lo que ha permitido que ambas naciones hayan convergido en políticas relativamente similares para estimular algo fundamental como abrirse al mundo y diversificar su estructura productiva. Estas son las dos palancas principales para estudiar los aspectos del crecimiento económico que ha vivido Chile desde mediados de los años ochenta.

Chile puede competir en mercados altamente exigentes incorporando dimensiones innovadoras en sus productos de exportación. Y, al diversificar la estructura productiva, ya no se depende tanto del cobre. En México, el intercambio de cobre es de solo 54% y el resto corresponde a otro tipo de productos que revela un cierto éxito en nuestra vocación exportadora.

Entendemos que en el futuro la demanda de alimentos va a ser creciente y que debemos orientar las políticas a estimular nuestros campos y la ganadería. Tenemos claro que Chile es un país pequeño, de 17 millones de habitantes, pero lo importante es que tenemos estas potencialidades que han implicado un continuo crecimiento.

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Háblenos de su modelo exitoso de crecimiento y de los desafíos actuales.

Ahora no estamos creciendo a 7% como lo estuvimos haciendo en los últimos 10 años; 2014 fue el año de la tasa más baja, no alcanzamos 2% del crecimiento, aunque este año esperamos que se logre entre 2.6 y 2.9%, lo que habla del comienzo de una recuperación del dinamismo perdido recientemente. Esperamos que en 2016 esa tasa se eleve, aunque el crecimiento va a ser lento debido a la recesión mundial, la baja de los precios de nuestros commodities ?fundamentalmente el cobre?; a la lenta recuperación de Europa y de Estados Unidos, y a las dificultades en China, que es nuestro primer socio comercial. Lo importante es que esta lentitud no implique una falta de empleo ni de estímulo a la inversión, y es a lo que nuestro Gobierno se ha abocado generando condiciones para la inversión en todos los sectores posibles.

En ese sentido, el llamado “modelo chileno” no me parece un término muy apropiado, no creo que exista un modelo de mi país así como no lo hay para los países asiáticos. En la experiencia chilena concurren otros factores que no necesariamente están vinculados con la economía: Chile es un país estable desde el punto de vista de sus instituciones, donde existe respeto a las normas en materia económica, hay un equilibrio fiscal reconocido por todo el mundo y respetado por todas las fuerzas políticas del país. Y sus regiones han ido incorporándose, lenta pero crecientemente, al mercado mundial. Por lo tanto, estos factores han contribuido al crecimiento de la nación. No nos basta con que Chile sea el país que tiene el ingreso per cápita más alto de Latinoamérica (hoy está sobre Argentina, México y Brasil), el cual debe estar por los 21 mil millones de dólares ?por cierto muy lejos del promedio de ingreso de los países integrantes de la OCDE, que debe estar en los 31 mil millones de dólares. No solo se trata de su crecimiento económico sino de que se refleje al interior del país, y ahí todavía tenemos grandes dificultades (que también, de manera dramática, afectan a México), como una enorme desigualdad social.

Aunque Chile tiene a su favor el haber reducido en un corto plazo la pobreza (13.2% de la población vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema), esto no necesariamente supone una disminución de la desigualdad. Y, en consecuencia, una de las primeras tareas de la presidenta Bachelet ha sido combatirla junto con todos los chilenos, lo cual requiere de una enorme inversión social, de manera especial en la educación. El camino de los países exitosos del norte de Europa ha sido invertir en ese rubro. En los años veinte del siglo XX, hubo en Chile una fuerte inversión en educación que significó el crecimiento de la clase media y, por lo tanto, se dio una transformación en la política, la cultura y el desarrollo económico. En la actualidad, hay que invertir en la educación para disminuir la desigualdad, lo que requiere modificaciones de fondo, que no siempre son aceptadas por la población, como por ejemplo que el Estado tenga una mayor presencia en el proceso educativo para que nadie lucre con sus recursos y que su acceso sea igualitario.

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Entendemos que en el futuro la demanda de alimentos va a ser creciente y que debemos orientar las políticas a estimular nuestros campos y la ganadería

Por cierto, otro desafío es la modernización de las instituciones políticas y económicas para enfrentar un mundo globalizado. Al ser Chile un país políticamente unitario (centralizado) y presidencialista, las regiones del país son dependientes del centro (no solamente de la capital Santiago), en donde se concentra 42% de la población ?lo cual ya es una anomalía?, por lo tanto, se requiere de un grado de autonomía suficiente para que, al no ser un país federal (como lo son México, Argentina y Brasil), dichas regiones del país tengan cuerpos normativos con el objetivo de que se desarrollen más armónicamente con respecto al centro y tengan la capacidad de hacer surgir grupos empresariales dinámicos, orientados al mercado mundial.

Otro desafío es enfrentar el tema de la energía. Chile no tiene petróleo, gas ni carbón, y es dependiente de los insumos externos para alimentar la demanda de sus habitantes. El principal desafío es diversificar su matriz energética con la incorporación creciente de energías renovables no convencionales: eólicas, solares y otras, con el mejor aprovechamiento de la energía disponible. Hay una conciencia en la población que resultó en la sustitución de ampolletas convencionales (focos) por ahorradoras en gran parte del territorio nacional.

La relación comercial y económica

Ha sido exitosa aunque uno no se puede conformar, desde el punto de vista de las empresas chilenas relacionadas con el mercado mexicano. México tiene un enorme potencial para los productos chilenos y podemos exportar más de lo que actualmente se logra (cátodo de cobre, vino, fruta, filete de salmón, productos ya consolidados). Pero existen otros productos de exportación de las pymes chilenas tanto en servicios como en productos. El mercado mexicano, al lado de los mercados más dinámicos del mundo como Estados Unidos y Canadá, es 10 veces más grande que Chile. Por lo tanto, trabajamos con los empresarios para incursionar en sectores vinculados con la minería metálica y no metálica, con las sales minerales y productos agropecuarios ?que todavía no encuentran mercado en México?, como las mermeladas y las mieles que ya son un éxito en Europa, y también incursionar con otros productos del mar. Además, queremos incrementar la exportación de maderas (tanto materia prima como madera elaborada de gran calidad para usar en paredes, pisos, muebles), de la cual, hasta ahora, se encargan dos grandes empresas chilenas.

A su vez, México es muy dinámico en su presencia en Chile. La estructura exportadora del país tiene ganados los mercados en varios productos: desde luego en televisores, camionetas, autos; también la cerveza, que hoy es consumida principalmente por los jóvenes. Existen otros productos mexicanos relacionados con la sofisticada industria electrónica que México está exportando en gran cantidad y no tienen competencia (tal vez con los productos chinos, pero el consumidor chileno se inclina por los mexicanos). Creo que México tiene una capacidad de expansión de intercambio comercial altamente favorable, pero depende no solamente de la capacidad innovadora y creativa, y del estímulo del sector exportador mexicano, sino también de que seamos un país que consuma productos sofisticados con valor agregado, como son los provenientes de México. El nivel de exigencia ha aumentado por el mayor ingreso per cápita, pero ha habido una suerte de estancamiento, producto de la disminución del ritmo económico del cual hablaba.

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¿Chile recibe inversión externa de todos lados?

Aun cuando en Chile ha disminuido la inversión extranjera ?fenómeno que se observa en todo el mundo? esta ha crecido a un ritmo de 3.8% anual. Esto se debe a la buena oferta de inversión tanto en servicios como en turismo, y en el sector bancario y financiero, e incluso el minero, que por ahora atraviesa una crisis en todo el mundo. Lo más atractivo de Chile para el exportador mexicano es su estabilidad social, política y económica. Aunque el mercado interno no es muy grande, es un mercado seguro donde no hay riesgo para las inversiones.

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¿Qué haría falta para que crezca el comercio bilateral y cómo aumentar las inversiones?

Falta mayor audacia de los empresarios de ambos países en todos los términos de intercambio. Pero las inversiones chilenas en México implican ciertas dificultades para nuestros empresarios.

En otros sectores hay mayor dinamismo, porque ?como dijo la presidenta Bachelet? Chile es país puente y país puerto, a través del cual muchas otras naciones asiáticas desean hacer negocio por la oferta de servicios y porque tenemos un arancel único para todos los productos de importación ?que no ha sido fácil de conseguir. Durante varias décadas tuvimos que aceptar que productos fabricados a miles de kilómetros de Chile fueran más baratos que los elaborados en el país, lo cual es un desafío para cualquier economía. Y lo es para todos porque lo primero que se afecta es la industria nacional. Chile fue altamente industrializado en los años treinta, la industria pesada del acero y la sofisticada producción de cátodos de cobre ?no solo la extracción sino la elaboración. Posteriormente, con la apertura de la economía en los setenta y ochenta, sobrevivieron las empresas que se adecuaron al mercado mundial, las que incorporaron tecnología, especializaron su mano de obra, bajaron costos y sofisticaron sus productos finales.

En cuanto a las inversiones chilenas en México, estas han ido creciendo de manera lenta ?cerca de los mil millones de dólares en inversión directa? porque se ha demostrado que México es un mercado donde hay posibilidades de inversión; por ejemplo, las concesiones de puertos mexicanos para empresas chilenas.

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¿Cuál es la posición del Gobierno chileno sobre la Alianza del Pacífico creada en 2011?

En la medida en la que avancemos en los acuerdos de la Alianza del Pacífico entre Chile, Perú, Colombia y México, el potencial comercial se va a incrementar. Ya estamos experimentando una bolsa de comercio única, lo cual es un paso muy importante. En estos días se trazaron las primeras acciones chilenas en el mercado mexicano. La Alianza del Pacifico ha dispuesto el libre tránsito de personas y capitales. Es cierto que resulta más atractivo para los empresarios mexicanos invertir en Colombia, pero Chile sigue siendo un país donde hay aproximadamente 3 mil millones de dólares de inversión mexicana, y es la base para seguir avanzando.

En la reunión del año pasado de los integrantes de la Alianza del Pacífico, en Punta Mita, los cuatro países concluyeron que es un buen mecanismo que se abre a otros campos de integración, a los que anteriormente no se habían atrevido, por ejemplo, al intercambio de becarios, ciencia y tecnología, y en la dimensión cultural de las cuatro naciones que va a cristalizar en el Festival Internacional Cervantino de 2015, consagrado a la cultura de sus integrantes.

Aun cuando en Chile ha disminuido la inversión extranjera ?fenómeno que se observa en todo el mundo? esta ha crecido a un ritmo de 3.8% anual

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¿Cuáles han sido los aprendizajes entre Chile y México?

México para nosotros es casi un continente, son varios Méxicos. Por lo tanto, hablar de una sola entidad es un tanto atrevido. La experiencia que se puede tener, por ejemplo, de la industria turística mexicana, en la que hay 20 millones de trabajadores involucrados, no se compara con la nuestra: en Chile no ha de pasar de cien mil. A México llegan alrededor de 90 mil chilenos anualmente, de los cuales 40 mil entran por Cancún, eso habla del enorme atractivo de la Riviera Maya, y de lo mucho que tenemos por aprender.

México está estrenando un nuevo procesamiento penal que Chile implementó hace tiempo, en 2005; claro, Chile es un país laboratorio por ser pequeño.

Si me preguntan qué es lo que más me impacta y atrae de México: su cultura. El despliegue de la riqueza cultural en su arqueología, arquitectura, sus pueblos, la autenticidad e identidad propia. Es un factor de atracción que sintieron Pablo Neruda y Gabriela Mistral al migrar a México. El país con mayor dinamismo cultural de América Latina, y a veces los propios mexicanos no lo valoran. Ver desde mi ventana edificios como el Auditorio, donde se hace cultura, es un privilegio que no se da en otros lados. Hay una mentalidad de universalizar la cultura, Diego Rivera no solamente le habla a los mexicanos sino al mundo; y acá tienen grandes cineastas y escultores, un enorme potencial cultural.

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¿La personalidad del chileno?

Los chilenos somos “fomes”, es decir, más acartonados, nos cuesta salirnos de nuestro rol, eso hace que la vida no sea tan expansiva y alegre como lo puede ser la de un centroamericano, un caribeño e incluso un mexicano. Los chilenos son workaholics, trabajan 10 horas y les pagan poco.

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¿Un libro de algún escritor mexicano que haya leído?

Estoy leyendo uno de Octavio Paz: Las palabras y los días.