Costa Rica, país pequeño en territorio, grande en perspectivas  

Entrevista con el presidente de la República de Costa Rica, Luis Guillermo Solís

Luis Guillermo Solís

Costa Rica, país pequeño en territorio, grande en perspectivas  
Para mirar adelante y avanzar, Costa Rica ha ido a contracorriente: mientras las fuerzas armadas se engrosaban en el mundo, ella las suprimía; mientras otros países le ganaban hectáreas a los bosques y las selvas, Costa Rica los protegía con celo; mientras sus vecinos se hundían en luchas intestinas, ella miraba hacia fuera. Hoy la historia se repite y el país centroamericano apuesta por un Gobierno no más fuerte, sino más a ras de tierra: próximo al ciudadano. Costa Rica, de esta forma, se adelanta en dar respuesta a la crisis de representatividad y al descontento social y político que atraviesa el mundo.

En varios momentos de su campaña por la presidencia, incluso durante su discurso de investidura, usted destacó la creciente insatisfacción de los costarricenses con el manejo de la política tradicional. ¿Nos podría compartir las razones que lo llevaron a este diagnóstico? ¿Qué semejanzas y diferencias encuentra con lo que sucede en otras partes del mundo?

Yo siento que es parte de un mismo fenómeno que tiene distintas expresiones dependiendo del lugar donde se manifiesta. Por ejemplo, en Argentina, que precedió a Costa Rica, o en Brasil, que resumió su descontento con la frase “que se vayan todos”. También se manifestó en la primavera árabe, acompañado de una fuerte resistencia, o con los indignados en Madrid, los ocupantes de Wall Street, incluso en las recientes elecciones de Macron y de Trump. El hecho de que en Francia el Partido Socialista hoy tenga el seis por ciento del voto parecía impensable hace unos años, así como que yo haya sido electo presidente de Costa Rica, dejando atrás 60 años de bipartidismo tradicional.

En realidad, el esquema bipartidista empezó a mostrar señales de agotamiento y una creciente insatisfacción de los ciudadanos aproximadamente desde 1994, cuando el abstencionismo se elevó del 20% tradicional a alrededor de 30%. Los reclamos de nuevas agrupaciones y formas de participación dieron paso a un sistema multipartidista, en el que no se ven las fuerzas dominantes de antes; un reclamo contra la política tradicional que recurrió a formas clientelistas, acumuló escándalos de corrupción y empezó a dejar de dar respuestas eficientes a los problemas nacionales.

A esto debemos sumar fenómenos como la revolución tecnológica, con la explosión de nuevas formas de comunicación como internet y las redes sociales, que generaron un aumento de las críticas hacia la labor política.

Frente a lo anterior, se requieren nuevas respuestas. El ambiente político, económico y social es muy diferente y las acciones que en el siglo pasado eran adecuadas hoy son limitadas. Estamos procurando renovar la acción política, con nuevas formas de participación ciudadana, con el impulso de formas de transparencia que permitan, por un lado, atender las demandas de mayor rendición de cuentas y, por otro, involucrar a las personas en la construcción de las políticas públicas.

Las expresiones del malestar ciudadano y la insatisfacción con la política se convierten en un fenómeno que trasciende los escenarios nacionales, afecta tanto a la derecha como a la izquierda y tiene varios contenidos que son comunes, por ejemplo, la búsqueda de mayor participación en la toma de decisiones. La caída de las ideologías, la diversidad y la movilidad son factores que hacen del descontento un tema que rebasa fronteras y que exige considerar y propiciar la participación de grupos sociales y la incorporación de nuevos temas prácticos en la política. Las mujeres, la comunidad lgtb, la protección del medio ambiente y de los animales son solo algunos ejemplos. Los temas “suaves”, no por ello menos importantes y sencillos, toman la agenda pública. Las grandes reivindicaciones, como la defensa de los pobres o la injusticia mundial, requieren de contenidos prácticos y realistas. El fenómeno del descontento toma otras dimensiones. La reacción ante la corrupción, la ineficiencia o la incapacidad de ciertas estructuras tradicionales exigen cambios en la forma de ejercer el poder.

La sociedad va más rápido que los políticos. Las estructuras de poder han cambiado. Se han diluido las autoridades: del presidente, los empresarios, los obispos, la iglesia, los ceo, los alcaldes, los regidores, etcétera. Ahora las voluntades colectivas e individuales se expresan de maneras muy distintas.

El equilibrio de las experiencias nacionales y la exigencia en torno a las instituciones requiere de un talante con perspectiva que coloque los intereses públicos sobre lo privado. Que coloque la transparencia en el centro de los temas. Funciones básicas, esenciales e insustituibles. Desafortunadamente, no todo el descontento se traduce en cambio positivo. Hay rupturas que pueden llevar al caos. Por ejemplo, los populismos irresponsables. El cambio no puede renunciar al interés común como bien supremo del Estado democrático.

 

¿Qué balance puede hacer de la renovación institucional ofrecida por su Gobierno para recuperar la confianza ciudadana en la gestión pública?

Nuestra propuesta se basó en tres pilares que estamos atendiendo. Sobre ellos, procuramos sacar al país de un estancamiento en varias áreas y que se traducía en malestar y desconfianza por parte de los ciudadanos.

En el pilar económico, logramos el aumento de precios más bajo en los últimos 40 años, control de las tasas de interés y ritmos de crecimiento por encima de los promedios de América Latina en producción y exportaciones, con lo que estamos generando condiciones para la reactivación económica, al pasar de promedios de crecimiento del pib de dos por ciento a cuatro por ciento.

En la lucha contra la pobreza y la desigualdad, logramos un cambio en el paradigma con la Estrategia Puente al Desarrollo, que incluyó pasar de la concepción asistencialista a un modelo con una medición integral (Índice de Pobreza Multidimensional) y la figura de cogestores que salen a buscar a las familias que requieren el apoyo, en los cantones donde se concentra la vulnerabilidad. Así, logramos reducir la pobreza extrema, rural y general en todo el país.

El tercer pilar es la lucha contra la corrupción y a favor de la transparencia que nos llevó a impulsar programas de Gobierno Abierto, que la ocde ha reconocido como pioneros y en los que estamos incluyendo a los sectores de la sociedad civil.

Por supuesto, existen resistencias a los cambios: el andamiaje legal, el uso y la interpretación de leyes y las regulaciones. Un sistema jurídico disfuncional basado en la Constitución de 1871 y su reglamento de 1949, construido sobre la lógica bipartidista. Pasar a un sistema multipartidista influye en la economía. No hay nada más político que la economía. Ahora hay siete partidos.

Otra de las resistencias que enfrentamos tiene que ver con los mandos medios que se convierten en cuerpos políticos de facto y, aunque no tienen mandato, tienen su agenda propia. Es una resistencia conocida como burocracia, que no siempre tiene respuestas “santas” pero sí muy consolidadas.

Una tercera dificultad está en los grupos que ostentan poderes fácticos: los medios de comunicación, las agrupaciones de la sociedad civil organizada, los partidos y los sindicatos, entre otros, que claramente reproducen la desigualdad social.

Un cuarto problema es el fiscal. En Costa Rica, la carga fiscal de 13% es muy baja. Si el país pretende dar el salto a la ocde, esto tiene que cambiar. Los países que forman parte de esta organización tienen una carga fiscal más elevada que permite a los gobiernos un mayor margen de maniobra. Los países tienen muchos recursos derivados de la recaudación, que se invierten en infraestructuras, salud, educación, etcétera.

 

Hace varias décadas Costa Rica emprendió una exitosa reconfiguración de su estructura productiva. Hoy, parte importante de sus exportaciones está integrada por servicios y manufacturas de alto valor agregado. ¿Qué hay detrás de estos resultados?

Costa Rica logró pasar de ser un exportador de plátanos y café desde 1880 a un país de múltiples productos. Hoy, 54% de las exportaciones son dispositivos médicos.

Ese dinamismo se observa en la evolución de las exportaciones costarricenses. Las de servicios crecieron un promedio de 12% en la última década, ante un 6% de las de bienes. Para la próxima década, las exportaciones costarricenses de servicios superarán las de bienes. Asimismo, las exportaciones vinculadas a la tecnología pasaron de 46% en 2009 a 50% en 2013. Costa Rica es el primer país de América Latina y el cuarto del mundo en esta categoría.

Se trata de un cambio en la producción que requiere capacitación, experiencia y calidad para innovar. Estamos logrando inversión en infraestructura educativa. Se fortalecieron las escuelas técnicas y se implementaron dos años más de bachillerato con un enfoque práctico y estudios de robótica, finanzas y turismo, entre otros temas. Además, se han incorporado clases de inglés, francés, portugués y mandarín.

Se iniciaron relaciones con China estableciendo un acuerdo comercial, a diferencia de otros países de Centroamérica que tienen relación con Taiwán. La relación comercial con Estados Unidos sigue siendo fuerte, de aproximadamente 50% del comercio. Es necesario diversificar. Por ello, tenemos acercamientos con otros países, como Turquía o los Emiratos Árabes, para concretar acuerdos comerciales.

 

¿Qué papel juegan los servicios intensivos en conocimientos en el presente y el futuro de la economía costarricense?

Costa Rica se está transformando de una economía tradicional, basada en bienes, a una basada en los servicios y el conocimiento. Esta evolución también se refleja en las mediciones. En 1966, las actividades vinculadas a los servicios representaban el 10% de la producción nacional. Esa cifra pasó a 40% en 2012, y está en aumento. Esta es una clara señal de la evolución que está viviendo nuestra economía y de una producción más competitiva. Logramos un avance de 21 puntos en el informe Doing Business de 2016, alcanzado el puesto 58, la mejor posición de nuestra historia.

 

¿Nos puede hablar del cierre de las operaciones de manufactura de Intel en Costa Rica?

Cuando Intel anunció su llegada al país en 1996, el país estuvo a la altura para brindar los servicios y condiciones que requería este gigante de la informática. Y cuando en 2014 informó que cerraría parte de su actividad en el país, que llegaba a representar 20% de nuestras exportaciones, Costa Rica volvió a demostrar su adaptabilidad, su flexibilidad y su competitividad para salir adelante.

Intel no se va de Costa Rica, cambia su actividad por una de mayor valor agregado. En 2014 deciden trasladar la producción de microchips a Vietnam debido a que su principal mercado era China. En Costa Rica instalaron un pequeño laboratorio con 200 personas para el diseño de productos; hoy son más de 2 mil personas altamente calificadas que diseñan productos para el mundo. Esto todavía no quiere decir que Costa Rica sea exportador de servicios, pero está en el camino correcto. Intel no solo se quedó en Costa Rica, sino que modernizó sus productos e impulso la capacitación de nuevos ingenieros.

Parte de la cuota de las exportaciones de Intel ha sido asimilada por otras de alta tecnología, como los dispositivos médicos, lo que de nuevo evidencia que la economía de Costa Rica es flexible y competitiva; a pesar de ser un país tan pequeño, puede competir con las exigencias de los mercados globales.

Con respecto a las lecciones aprendidas, en realidad desde la década de los ochenta Costa Rica entendió que, como país pequeño, no podía restringir su desarrollo productivo al limitado mercado interno: tenía que recurrir a los mercados externos, a exportaciones que se colocaran en mercados globales. Eso nos obligó a desarrollar una producción que se mantuviera competitiva, y a insistir en la importancia de los tratados de comercio, con los que buscamos el equilibrio entre la apertura hacia los mercados externos y la protección del mercado interno.

 

¿Cuáles considera los hechos más destacados de la relación Costa Rica-México? ¿Qué sectores e industrias son los que más han contribuido al intercambio comercial bilateral?

El Acuerdo de Libre Comercio entre México y Costa Rica, firmado en 1995, fue de los primeros. Ya tiene muchos años y ahora toca modernizarlo para incluir nuevos temas de la agenda comercial internacional, como el comercio de servicios. México es un socio estratégico para nosotros, al punto que fue el primer país con el que suscribimos un tratado, que estuvo vigente desde 1995 y que en 2013 se sustituyó por una versión ampliada y mejorada que incluye a todos los países de Centroamérica.

Con México también compartimos una visión sobre la importancia del comercio y la inversión como instrumentos de generación de crecimiento y oportunidades. No en vano compartimos una trayectoria común de promoción y facilitación del comercio, y de atracción de inversión productiva, gracias a lo cual somos de los pocos países de América Latina que contamos con un portafolio exportador diversificado que no depende de la explotación de recursos naturales.

Llevamos ya un camino recorrido y, gracias a las reglas claras que rigen nuestro intercambio bilateral, el comercio entre ambos países ha mostrado un importante dinamismo. Desde que el acuerdo entró en vigor en 1995, ha habido un crecimiento anual promedio de 9.5% en el comercio total, que pasó de 199.2 millones de dólares en 1995 a 1,336.9 en 2016.

Los principales 10 productos costarricenses exportados hacia México representaron el 71.5% del total vendido en 2016. Destacan los siguientes: aceite de palma, circuitos electrónicos, preparaciones alimenticias, empaquetaduras de caucho, tapones y tapas de metal, dispositivos médicos, manufacturas de hierro o acero, cables eléctricos, así como chapas, hojas y tiras de aluminio.

En cuanto a las importaciones, México es uno de los proveedores más importantes de Costa Rica. En 2016, las compras provenientes de México representaron el siete por ciento del total de las importaciones realizadas por el país y únicamente Estados Unidos, la Unión Europea, Centroamérica y China tuvieron una participación porcentual superior. Los productos con mayor participación son vehículos pesados, medicamentos, vehículos para transporte de personas, refrigeradores, proyectores, cables eléctricos, preparaciones alimenticias y acumuladores de plomo.

 

Costa Rica es reconocida por sus políticas ambientales progresistas. ¿Qué metas se plantean en esta materia? ¿De qué políticas e instrumentos disponen para alcanzarlas?

Costa Rica ha sido históricamente un país comprometido con el ambiente. Tiene sentido, dado que con solo 0.03% de la superficie del planeta, albergamos un 4% de la biodiversidad mundial.

El tema “verde” no es solo moda. En Costa Rica es un tema central. El bajo consumo de petróleo y el hecho de que más del 95% de la electricidad provenga de fuentes alternativas convierten a Costa Rica en un ejemplo a nivel mundial. Los proyectos hidroeléctricos como fuentes de energía han sido concebidos por firmas de ingeniería costarricenses, lo que también contribuye a su modernización como empresas. En esta materia seguimos innovando. Costa Rica se ubicó como el país con mayor participación de fuentes renovables en su matriz eléctrica durante 2014 y 2015, con 99%, según el Renewables 2016 Global Status Report, publicado en julio pasado por la organización francesa Ren21.

Así, tenemos campos como las energías limpias, el cambio climático y la producción responsable y sostenida, por citar solo unos pocos ejemplos, en los que podemos trabajar.

 

¿Cómo pueden Costa Rica y México contribuir a la preservación del medioambiente a nivel mundial?

Costa Rica ha ratificado su confianza en los acuerdos mundiales, como el de París, así como en las acciones voluntarias de los países y gobiernos. Por ejemplo, en el Día del Ambiente, anunciamos la estrategia para que el país logre declararse libre del plástico de un solo uso.

Creemos en el diálogo, tanto en el ámbito interno como en el internacional. La voluntad de los países, las organizaciones y las instituciones puede permitir acuerdos que vayan más allá de declaraciones de principios hermosos pero inviables, para dar paso a la acción internacional conjunta.

 

¿Qué debe hacer América Latina de manera coordinada para preservar y fortalecer las instituciones democráticas y los flujos de comercio e inversión? 

El ejemplo del Proyecto Mesoamérica, con sus logros en campos como la generación de energías limpias, ilustra lo que podemos realizar cuando los países se sientan para colaborar y generar desarrollo de forma integrada. Nunca antes, como ahora, el concepto de la integración mesoamericana ha tenido tanto sentido. Es nuestra obligación potenciarlo, impulsarlo, para enfrentar una realidad política internacional bastante compleja. Creemos que circunstancias como las actuales se convierten en oportunidades para nuevas respuestas, para nuevas alternativas y opciones de crecimiento. τ