La vida diaria en tiempos de la creación de Bancomext  

Rafael González Rubí

La vida diaria en tiempos de la creación de Bancomext  

El martes 8 de junio de 1937, hace ocho décadas, se firmó el acta constitutiva del Banco Nacional de Comercio Exterior, S.A., en la Notaría 47 de la Ciudad de México. En esa misma fecha, por coincidencia, ocurrieron otros dos acontecimientos significativos: el levantamiento de una huelga de trabajadores petroleros que durante 12 días semiparalizó al país ante el rechazo de las compañías extranjeras a mejorar las condiciones laborales, lo cual fue parte de la trama que condujo a la nacionalización del petróleo, y el emocionante arribo a Veracruz de 500 niñas y niños que quedaron huérfanos por la Guerra Civil en España. Esos tres episodios dieron fe de la estatura histórica y los empeños del Gobierno de Lázaro Cárdenas por crear instituciones al servicio del progreso nacional.

Pero ¿cómo era la vida cotidiana capitalina cuando nació Bancomext? Quizás ese día alguno de los trabajadores pioneros de nuestra institución se dio una vuelta por la Sastrería París, ubicada en Tacuba 86, y supo que necesitaría al menos 100 pesos para vestir como dandi: traje de casimir de tres piezas con forro de seda (55 pesos) y gabardina de dos vistas con forros importados (45 pesos).

Si lo apasionaba el séptimo arte, en el Cine Alameda podía ver a Errol Flynn en la película El príncipe y el mendigo y, por el mismo boleto (1.50 pesos), presenciar la actuación del Profesor Tukán (mago), Consuelo Moreno (cantante) y la orquesta de Juan S. Garrido. Si era aficionado a las artes escénicas, podía asistir a la obra Siete mujeres, en el Teatro Arbeu (dos pesos en luneta y 30 centavos en galería), aplaudir Comenzó en el trópico, con un espectáculo de swing, baile de moda, en el Teatro Rex, o bien divertirse con Huelga de esposas y Siete machos, la doble tanda del Folies Bergère. Si gustaba de la lucha libre, el plato fuerte de la semana era el mano a mano entre Jerry Marcus y Yaqui Joe, vencedor del Charro Aguayo, y en el box el interés se centraba en la pelea entre Joe Conde, campeón nacional de peso ligero, y el cubano Panchón Martínez.

En caso de que lo suyo fuera el baile, por un tostón podía “raspar suela” en el Salón Los Ángeles. Siempre quedaba la opción de permanecer en casa para escuchar en la xew los programas de radio en vivo de Emilio Tuero, las Hermanas Águila, Tata Nacho y la Orquesta Palmolive, o salir a la calle para discutir con los amigos sobre la cerrada competencia entre el Necaxa, el Atlante y el Asturias, equipos de futbol del momento. Por la noche, tal vez pensaría en ahorrar para la compra de un terreno en la colonia Guadalupe Inn o la Del Valle, a siete y ocho pesos el metro cuadrado, sin dejar de acariciar la idea de reunir 4 mil pesos para hacerse dueño de una casa con cuatro recámaras, jardín y cuarto de criados, en la colonia Del Carmen, en el corazón del lejano Coyoacán. Mientras tanto, podía rentar en la colonia Tacuba una casa de dos recámaras y patio por 80 pesos mensuales, y aspirar a un auto usado de la marca Ford, por 1,450 pesos y facilidades de pago.

Otras noticias del día fueron la del eclipse total de sol apreciado desde otras regiones de la Tierra, considerado como “el más prolongado en 12 siglos”; el arribo a la capital mexicana del famoso club español Barcelona, para jugar cinco partidos de futbol contra equipos locales, y el paso por la ciudad del aventurero argentino Miguel Divo, en un audaz viaje por automóvil de Buenos Aires a Nueva York, con una distancia estimada de 20 mil kilómetros, aunque solo 4 mil de ellos por carreteras, pues 16 mil correspondían a caminos inciertos en valles, montañas y selvas, en analogía certera con el formidable trayecto iniciado por el Bancomext bajo el influjo cardenista.

Si al día siguiente nuestro personaje debía presentarse en Gante 15 para laborar como mensajero en las oficinas de la institución, se llamaba Francisco y se apellidaba Alcalá Quintero, difícilmente imaginó que al cabo del tiempo se convertiría en uno de sus directores generales más queridos. Sirva esta breve incursión en la nostalgia para reconocer a alrededor de 6 mil mujeres y hombres de las distintas generaciones laborales que han dedicado buena parte de sus vidas a cumplir y a enaltecer la responsabilidad institucional primera de “promover, desarrollar y organizar el comercio exterior de México”. La travesía ha sido larga, desafiante e irrepetible, pero compartida siempre con personas que permanecen en algún lugar de la memoria y el corazón. Que cada quien evoque a las suyas. ¡Enhorabuena, Bancomext, que 80 años te contemplan! 

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Rafael González Rubí fue jefe de redacción de la revista Comercio Exterior. Es especialista en temas de banca de desarrollo.