Es tiempo de regular el trabajo por encargo

Janine Berg y Valerio de Stefano



Es tiempo de regular el trabajo por encargo

Si la tecnología se utiliza para monitorear a los trabajadores que ofrecen productos y servicios mediante plataformas digitales, también se puede usar para regular el trabajo y mejorar las condiciones laborales.

 
 
 
 

Hace más de un siglo, se empezaron a instituir leyes laborales en distintas partes del mundo. El propósito de esta legislación era salvaguardar los intereses de los trabajadores en lo que se reconoció como una relación de intercambio desigual, aunque también dio autoridad a gerentes y directivos para organizar y dirigir el trabajo de sus empleados. Si bien la realidad laboral cambió desde que se instituyeron estas primeras normas, las razones fundamentales de la existencia de la protección laboral (garantizar ambientes de trabajo seguros y saludables, dar voz a los trabajadores y ofrecer un mínimo de protección en cuanto a la jornada laboral y los salarios) siguen siendo válidas.
Aunque parezca obvio que las leyes de protección laboral tendrían que ser válidas para los trabajadores en la llamada “economía por encargo” o “trabajo basado en plataformas”, hay un gran debate (y mucha confusión) sobre el tema. Esta falta de claridad se debe en parte a lo novedoso de este modelo laboral. También se ha intentado disimular la naturaleza del trabajo basado en plataformas utilizando palabras de moda como favores, viajes y tareas, lo mismo que mediante la práctica común de muchas plataformas de clasificar a sus trabajadores como contratistas independientes.
El trabajo basado en plataformas incluye el trabajo colaborativo y el trabajo bajo demanda mediante aplicaciones. En el primero, los trabajadores realizan pequeños trabajos o tareas a través de plataformas en línea, como Amazon Mechanical Turk, CrowdFlower y Clickworker. En el “trabajo bajo demanda mediante aplicaciones”, los trabajadores cumplen funciones como prestar servicios de transporte, limpieza y reparaciones domésticas, o hacer mandados, con la particularidad de que se enteran de estos empleos mediante el uso de aplicaciones móviles de compañías como Uber, TaskRabbit y Handy. Los trabajos se llevan a cabo a nivel local.

El trabajo como un “favor”

En la medida que el trabajo se describe como un mero “intercambio de favores”, la economía por encargo sugiere una suerte de dimensión paralela, donde las tareas se realizan de manera poco profesional, como una forma del ocio, sin relación alguna con el “trabajo”. Sin embargo, la realidad es otra. Para la mayoría de los trabajadores, la actividad laboral basada en plataformas es una fuente de ingresos indispensable. La Organización Internacional del Trabajo (oit) encuestó recientemente a trabajadores registrados en dos importantes plataformas de microtareas: Amazon Mechanical Turk y CrowdFlower. El 40% de la muestra respondió que el trabajo colaborativo constituía su principal fuente de ingresos. En promedio, los entrevistados dedicaban 30 horas a la semana al trabajo acordado a través de la plataforma.
Un aspecto estrechamente relacionado con lo anterior es la presunción de que los trabajadores son realmente autónomos e independientes de las plataformas y sus usuarios. En buena medida, la retórica en torno a la economía por encargo gira alrededor de la idea de que los trabajadores “son sus propios jefes”: una nueva camada de “microempresarios” que trabajan cuando y como quieren, que no se subordinan a nadie y desarrollan sus propios negocios. Hay algunas plataformas que sirven como mercados de compradores y vendedores de bienes, pero en el caso de las plataformas que venden “servicios laborales”, el trabajador rara vez labora de forma independiente.
La intermediación de las plataformas en las transacciones que realizan con sus trabajadores y en las transacciones entre estos y los clientes es muy amplia. Las plataformas suelen establecer el precio del servicio, así como los términos y condiciones del mismo, o bien permiten que sean los clientes quienes definan los términos (pero no el trabajador). La plataforma puede establecer el horario y los detalles del trabajo —como instruir a los trabajadores que lleven uniformes, usen herramientas específicas o traten a los clientes de un modo particular.
Muchas plataformas tienen sistemas de evaluación de desempeño que permiten a los clientes calificar a los trabajadores, y usan esta información para limitar el acceso de los trabajadores peor calificados a los empleos e, incluso, para excluirlos del sistema. El orden y disciplina que los clientes y las plataformas imponen a los trabajadores equivale, en muchos casos, al grado de control que normalmente se reserva a los patrones y que por lo común va aparejado de medidas de protección laboral como el salario mínimo, los límites a la jornada laboral y las contribuciones al seguro social. El estudio de la oit ofrece un análisis más detallado sobre las características del trabajo basado en plataformas.
En octubre de 2016, un tribunal laboral del Reino Unido desechó la noción de que los conductores dirigen negocios autónomos que la plataforma simplemente vincula. Se trató de un veredicto histórico. Entre otras cosas, el juez señaló la imposibilidad de que el trabajador desarrolle su negocio, a menos que eso solo signifique “pasar más horas frente al volante”. El juicio también hizo ver que, a través del sistema de calificaciones, la plataforma sujeta a los conductores al “equivalente de un procedimiento disciplinario y de evaluación del desempeño”, que rebasa lo que está permitido cuando solo se coordina a trabajadores autónomos.

¿Cuáles son las novedades 
en la economía 4.0?

Una revisión cuidadosa de la economía por encargo revela que, lejos de constituir la “nueva” revolución digital 4.0, el modelo no es que más que una forma distinta de nombrar el trabajo precario del siglo xxi. La tecnología ha cambiado, pero se trata aún de una labor realizada por personas bajo el control de otras personas, a cambio de dinero. De hecho, la economía por encargo debe considerarse parte de una serie de tendencias más amplias de precarización del mercado laboral, como la propagación de los contratos de horario indefinido y el falso autoempleo.
Como no está regulado (o lo está solamente en los términos de la propia plataforma), el trabajo en la economía por encargo se caracteriza por la falta de seguridad laboral y pocos derechos laborales o ninguno.
La labor de jornaleros, estibadores y trabajadores agrícolas (que son quizá los tipos de trabajo precario que más se citan) es por día completo. En la economía de plataformas, el trabajo es por tarea. Así, puede ser tan breve como conducir unos cuantos kilómetros o pasar 10 minutos etiquetando fotos en internet. El turker, el conductor de Uber o el artista gráfico de una plataforma en línea de diseño deben buscar trabajo constantemente, revisando las pantallas de sus computadoras o teléfonos en pos de oportunidades laborales. Según la encuesta de la oit, por cada hora de labor, los trabajadores pasaban un promedio de 18 minutos buscando oportunidades.
Los inconvenientes de la búsqueda de empleo son aquí continuos. El 90% de los encuestados dijeron que les gustaría trabajar más, y explicaron que no lo hacen por falta de oportunidades y porque los salarios son bajos. A pesar de que les gustaría trabajar más, un porcentaje alto ya laboraba mucho: el 40% informó que generalmente trabajaba siete días a la semana y el 50% indicó que había trabajado más de 10 horas durante al menos un día en el último mes. Los bajos salarios, junto con la necesidad de trabajar, los llevó a pasar largas horas en línea.
La falta de protección a los trabajadores, la naturaleza precaria del trabajo y las formas de dirección y control ejercidas por las plataformas señalan la necesidad de regular la economía por encargo. La autorregulación por parte de las plataformas, como ocurre actualmente, no puede garantizar mejores condiciones de trabajo y puede en cambio amenazar la sostenibilidad de plataformas bien intencionadas en lo que ya es una carrera global al abismo. Más aun, si las autoridades no intervienen reconociendo que a los trabajadores no se les debe negar protección laboral solo porque trabajan para plataformas, estas mantendrán su ventaja sobre las industrias tradicionales, con el riesgo de que las condiciones laborales se deterioren más allá incluso de ese ámbito.

Impulsar la regulación 
mediante la tecnología

¿Cómo regular? En primer término, la tecnología que permite repartir y distribuir el trabajo entre la “multitud” también permite regular el trabajo y proteger a los trabajadores. La tecnología puede monitorear el tiempo que los trabajadores laboran, el que invierten en buscar trabajo y cuándo toman descansos. Por ejemplo, Upwork, mercado en línea de trabajadores independientes, ofrece a sus clientes la opción de pagar por hora, ya que puede “supervisar” a los trabajadores registrando sus pulsaciones de teclado y clics, o mediante la captura aleatoria de pantallas. Uber pide a sus conductores que siempre tengan abierta la aplicación, lo que le permite rastrear su paradero y dar cuenta de sus horas muertas.
La misma tecnología, entonces, se puede usar para garantizar que los trabajadores ganen al menos el salario mínimo o, idealmente, para regular el salario acordado conjuntamente entre los trabajadores y la plataforma. Si se instrumenta la protección laboral, las plataformas tendrán el incentivo para reorganizar el trabajo de tal forma que los tiempos de búsqueda se reduzcan. La tecnología y un mejor diseño organizacional ayudarán a minimizar esos tiempos y aumentar la eficiencia en beneficio de todos. La tecnología también se puede usar para facilitar el pago de las aportaciones a la seguridad social.
Mientras haya una oferta casi ilimitada de mano de obra y las plataformas no puedan ser llamadas a cuentas, la precariedad continuará. Es fácil enamorarse del diseño y la comodidad de las aplicaciones y del mito de que hemos roto con el pasado, pero hay que recordar que estas plataformas solo ofrecen otra forma de mediar el trabajo —no hay nada de “novedoso” en manejar y hacer mandados, capturar datos o transcribir audios. La tecnología es estupenda: no queremos que revierta los logros alcanzados tras las duras batallas a favor de los derechos del trabajador, sino que ayude a que el mundo funcione mejor.  t

Traducido con la colaboración de Sandra Strikovsky.

 

1  Este artículo apareció en Open Democracy el 18 de abril de 2017. Lo reproducimos aquí bajo la licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International, con la que se publicó originalmente. 
2  Sus expresiones son a título personal y pueden no concordar con las de la institución donde laboran.

Janine Berg y Valerio de Stefano son economista y abogado, respectivamente, en la Organización Internacional del Trabajo.