La nueva Ruta de la Seda

Héctor Javier Domínguez Ibarra

La nueva Ruta de la Seda
Hoy que México trabaja para diversificar los destinos de sus exportaciones, China se erige como un puerto obligado. La apertura del país asiático mediante acuerdos e infraestructura de transporte abre oportunidades comerciales, pero también financieras, educativas y de otros tipos, que no hay que dejar pasar.

Las estadísticas del comercio exterior muestran que una parte considerable de las exportaciones mexicanas, poco más de 80% del total, se envían al mercado estadounidense. Aunque los beneficios para México de la relación comercial con Estados Unidos son evidentes, el resurgimiento de posturas proteccionistas en el entorno internacional y la actitud asumida por la actual administración federal de dicho país representan una llamada de atención para mejorar la actual inserción internacional de la economía mexicana mediante una estrategia que amplíe y diversifique sus relaciones comerciales y de inversión. Es aquí donde China entra en escena. El gigante asiático ha puesto en marcha uno de los proyectos más ambiciosos de la historia moderna. El One Belt, One Road (obor), también conocido como la nueva Ruta de la Seda, prevé la construcción de importantes obras de infraestructura para enlazar a Asia con el norte de África y Europa. ¿Es la nueva Ruta de la Seda una alternativa para la diversificación comercial de México y el resto de países de América Latina? Este artículo explora ese proyecto, su trascendencia comercial y geopolítica, así como sus implicaciones para Latinoamérica y México en particular.

El área de influencia de China se extiende al Heartland

En 2013, el presidente chino Xi Jinping anunció el ambicioso proyecto obor. La iniciativa prevé la construcción y modernización de infraestructura para facilitar la logística y el comercio internacional en las zonas de Eurasia y África. El mandatario chino se refirió extraoficialmente a este proyecto como la nueva Ruta de la Seda, en referencia al conjunto de rutas ancestrales con las que floreció el comercio de seda y otros productos entre la China imperial y los países del Mediterráneo y el Magreb. El obor, un proyecto de proporciones gigantescas, involucra la participación de 68 naciones y comprende dos grandes desarrollos de infraestructura. El One Belt (un cinturón), que contempla la construcción de vías de comunicación terrestre (ferrocarriles, autopistas y ductos) que inician en China, cruzan Asia Central y Rusia, y llegan a puertos europeos; así como de diversos ramales que permitirán la conexión a puertos del Golfo Pérsico y la Península Indochina. El One Road (una ruta) considera la creación o modernización de puertos marítimos en el Mediterráneo, el Mar Rojo, el Océano Índico y Mar del Sur de China. De hecho, algunos proyectos de infraestructura ya están en marcha, como la ruta del tren de carga Yiwu-Madrid que, tras un recorrido de 13 mil kilómetros por ocho países, conectará a esa ciudad costera china con la capital española. La financiación del proyecto cuenta con un fondo inicial de 40 mil millones de dólares aportados por el Gobierno chino, así como recursos provenientes del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB, por sus siglas en inglés). Más allá de los evidentes beneficios para el libre comercio, la infraestructura y las logísticas asociadas a ella, la nueva Ruta de la Seda constituye una apuesta del Gobierno chino para extender su influencia geopolítica hacia una zona de gran trascendencia, valiéndose de lo que Joseph S. Nye denominó el soft power, que se refiere a la capacidad de un país de persuadir a otros sin hacer uso de la fuerza o la coacción. El trazo elegido para conectar a China con Europa cruzando por la región del Heartland (o Región Cardial) tiene una importancia geoestratégica relevante y solo basta darle un vistazo a las rutas terrestres y marítimas para constatarlo (ver el Mapa 1.)

 

La ruta del tren de carga YiwuMadrid, tras un recorrido de 13 mil kilómetros por ocho países, conectará a esa ciudad costera china con la capital española

 

 La teoría geopolítica del Heartland fue propuesta por el geógrafo inglés Halford John Mackinder a principios del siglo XX. Postula que la zona que se extiende por los continentes europeo, asiático y africano es, por su continuidad geográfica, la más importante del planeta.

 

Las inversiones chinas permitirán a Pekín cierto grado de control en la operación de la infraestructura y, por lo tanto, del tráfico comercial regional

 

Dentro de esta porción de tierra, a la que Mackinder identifica como Isla Mundial, se encuentra la denominada Heartland, región de Asia Central que posee características geográficas privilegiadas para establecer rutas comerciales con prácticamente todo el mundo. En palabras del propio autor: “Quien domine Europa Oriental dominará el Heartland, quien domine el Heartland dominará la Isla Mundial y quien domine la Isla Mundial dominará el orbe”.

Ciertamente, las referencias geográficas que Mckinder utilizó para determinar la ubicación del Heartland son distintas a las de la actualidad; sin embargo, dicha área mantiene el mismo atractivo económico y comercial. La nueva Ruta de la Seda propuesta por el gigante asiático cruzará esta región y la dotará de enormes obras de infraestructura. Claro está que las inversiones chinas permitirán a Pekín cierto grado de control en la operación de la infraestructura y, por lo tanto, del tráfico comercial regional (ver el Mapa 2).

Implicaciones para América Latina

Del 14 al 15 de mayo de 2017, se realizó en Pekín el foro Belt and Road. Durante su intervención, el presidente de China, Xi Jinping, destacó los alcances del obor y su determinación para que, a partir de este, se construya una plataforma de cooperación, capaz de defender y ampliar la libre circulación de bienes, servicios y capitales a escala global. El carácter aperturista del proyecto chino alienta las expectativas de extender sus beneficios al subcontinente latinoamericano. El comercio entre ambas regiones ha experimentado un importante crecimiento en las últimas décadas y, tras el retiro de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP, por sus siglas en inglés), la Ruta de la Seda se perfila como una alternativa para ampliar los intercambios interregionales. El pujante comercio entre China y América Latina ha dado pie a la conformación de diferentes acuerdos de cooperación en materia comercial y de inversión. Destaca la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Colombia, México y Perú, con miras a constituirse en una plataforma para la integración económica y comercial con la región de Asia-Pacífico. Por los países que la conforman y sus alcances, este acuerdo constituye el mecanismo idóneo para emprender una estrecha cooperación con el proyecto propuesto por China. De los cuatro países integrantes de la Alianza, Perú y Chile poseen tratados de libre comercio con China; adicionalmente, Perú y México son socios estratégicos integrales del gigante asiático. Los tres países latinoamericanos son también miembros plenos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), al que también pertenece China.

 

Tras el retiro de Estados Unidos del TTP, la Ruta de la Seda se perfila como una alternativa para ampliar los intercambios interregionales

 

Perspectivas de la relación México-China

La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump el 20 de enero de 2017 y sus cambiantes declaraciones en materia comercial, en particular con la renegociación del TLCAN, generaron nerviosismo en las esferas políticas e incertidumbre entre inversionistas. Este escenario adverso reforzó el acercamiento en las posiciones diplomáticas de China y México. El gigante asiático vio con renovado interés a su socio latinoamericano y México se propuso reanudar el accidentado proceso comercial con China, toda vez que ahora más que nunca la ansiada y postergada diversificación comercial es primordial. Muestra de lo anterior fue la adjudicación, mediante licitación pública, de dos áreas marítimas en el Golfo de México para exploración y extracción de petróleo a la empresa China Offshore Oil Corporation E&P Mexico en mayo de 2017.

 

La renegociación del tlcan es un aviso inequí- voco de que el polo económico y comercial se está moviendo (más rápido de lo esperado) del Atlántico al Pacífico

 

Adicionalmente, el sector privado ha contribuido a incrementar las inversiones del gigante asiático en México en 2017. Tal es el caso de la automotriz china BAIC, que abrió su primera planta de ensamble en México, localizada en Veracruz, con una inversión estimada en 30 millones de dólares, colaborando con una empresa mexicana. BAIC también inició la construcción de una red de distribuidores automotrices en el país. De la misma manera, la automotriz china JAC abrió una planta de ensamble en Hidalgo, con una inversión de 4 mil 400 millones de pesos, en un esquema de colaboración con la mexicana Giant Motors. Las inversiones no se limitan al sector energético y automotriz. En 2017, la aerolínea China Southern Airlines inauguró su nueva ruta Cantón-Ciudad de México (con una escala en Vancouver, Canadá). Este vuelo se une al que Aeroméxico realiza a Shanghái desde la Ciudad de México.

Los vuelos son un indicador inequívoco del dinamismo y el crecimiento de las relaciones comerciales bilaterales. La negociación con China tiene que ser cuidadosa y buscar equilibrios, para lo cual se debe “jugar” con las cartas que a Pekín le interesan, que van más allá del terreno comercial, pero que tienen efectos en él. Por ejemplo, el apoyo a la causa de “una sola China” (que México reconoció oficialmente en 1972) es una moneda de cambio que el gigante asiático podría utilizar, debido a que algunos países centroamericanos son de los pocos en el mundo que reconocen a Taiwán como país independiente y no como parte de China. Centroamérica es parte natural de la esfera de influencia política y económica de México, así que si algún país puede persuadir a los centroamericanos de unirse a la política de “una sola China” es el nuestro. México debe explorar la posibilidad de ingresar al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) como alternativa al Banco Mundial (sin que esto signifique abandonar este organismo multilateral), de la misma manera que Perú y potencias occidentales como Canadá lo han hecho, y así buscar un financiamiento alterno o complementario para las necesarias obras de infraestructura que permanecen inconclusas. La renegociación del TLCAN es un aviso inequívoco de que el polo económico y comercial se está moviendo (más rápido de lo esperado) del Atlántico al Pacífico. En la era de Donald Trump y sus posiciones nacionalistas y proteccionistas, China refulge como el paladín defensor del libre comercio. El gigante asiático ha propuesto una alternativa, la nueva Ruta de la Seda. Ahora corresponde a México entrar de lleno a la relación con China e iniciar la diversificación comercial y la proyección decidida al Pacífico.

 

México se propuso reanudar el accidentado proceso comercial con China, toda vez que ahora más que nunca la ansiada y postergada diversificación comercial es primordial