LA DIVERSIFICACIÓN DEL COMERCIO EXTERIOR MEXICANO

Julio Faesler Carlisle

LA DIVERSIFICACIÓN DEL COMERCIO EXTERIOR MEXICANO
El entorno internacional la exige. El desarrollo que han alcanzado los procesos de producción y la industria del transporte la facilitan. La diversificación de los mercados es una necesidad y una alternativa viable. Este texto repasa la historia del comercio exterior mexicano, evalúa su estado actual y propone formas de incursionar en nuevos destinos.

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La diversificación en el comercio exterior es un elemento importante para evaluar el grado de desarrollo de los países. Puede analizarse en relación al destino de las exportaciones, el origen de las importaciones y, desde luego, en cuanto a la composición de los productos que se intercambian. Otros factores a considerar son el grado de apertura de las economías nacionales o bien su participación en los mercados de los países clientes. La diversificación es clave para que el comercio exterior funcione como promotor efectivo del desarrollo de un país. El escenario mundial activamente globalizado invita a conocer y aprovechar los extensos mercados internacionales. En el caso de México, la diversificación del comercio exterior está lejos de completarse. El atractivo del mercado vecino ha jugado una poderosa influencia en la mentalidad del productor-exportador mexicano, restándole interés a los esfuerzos por conquistar otros mercados en América Latina, Europa, Asia y África.

Composición de los intercambios

Aunque el comercio exterior equivale a 70% de nuestro pib, su escala es reducida en cuanto a su oferta y composición. No se han aprovechado adecuadamente las oportunidades que desde hace tiempo ofrecen los 12 tratados de libre comercio suscritos con 46 países, así como los 32 acuerdos de promoción y garantía, además de los nueve acuerdos de alcance parcial bajo aladi. Así lo demuestran los constantes déficits que esos arreglos arrojan. La variedad de los intercambios comerciales de México es limitada. Muchas exportaciones actuales las constituye una gama de manufacturas en que predominan artículos armados con componentes importados. La mayor parte de la industria mexicana no produce artículos, sino que los ensambla.

En 2015, la industria automotriz con sus piezas y refacciones aportó el 34.5% del total de las manufacturas en nuestras exportaciones, y los artículos eléctricos y electrónicos el 25.6%. Las ventas de productos agrícolas al exterior se componen, principalmente, de frutas y legumbres frescas, refrigeradas, procesadas y envasadas. La balanza nos ha sido favorable. Los agentes distribuidores y las cadenas de supermercados mueven la mayor parte de su volumen y valor en Estados Unidos y Europa. En tanto, el intercambio de otros productos básicos —principalmente maíz, sorgo y trigo— se realiza con déficit. Dentro de nuestro comercio exterior, el petróleo crudo ha decaído en importancia desde los años en que su participación llegó a más del 80%. Actualmente es del 5%. El comercio total de petróleo representa alrededor de 140 millones de dólares diarios, más de 50 mil millones anuales. México es el octavo productor mundial y el tercer abastecedor de Estados Unidos. La minería, que nos hizo famosos desde la Nueva España, ahora aporta el 4% del PIB y el 5% de nuestras exportaciones. México es el principal productor mundial de plata y, lo mismo que el oro, la vende a través de agentes principalmente europeos. La industria moderna demanda una gran variedad de productos como cobre, grafi to, azufre, diatomita, bismuto, molibdeno, cadmio o barita que México tiene en abundancia y que constituyen una alternativa para diversificar nuestra oferta.

 

El atractivo de Estados Unidos ha tenido una poderosa influencia en la mentalidad del productorexportador mexicano, restándole interés en conquistar otros mercados

 

El campo y la industria

 Antes de la Segunda Guerra Mundial, nuestro comercio exterior lo constituía una corta gama de productos primarios minerales, petróleo crudo, algodón en rama, ixtles, raíz de zacatón, azúcar, piña enlatada, fresas, camarón, ganado en pie y carnes refrigeradas. México, a cambio, compraba manufacturas de alto valor. Producir manufacturas era imprescindible no solo para hacer las compras al exterior, sino también para emplear a una población de origen mayoritariamente rural pero crecientemente desplazada por la reforma agraria en marcha. Tomada la decisión de emprender el desarrollo nacional por medio de la industrialización, se requería transformar a nuestra población campesina en mano de obra industrial y crear nuevas unidades de producción complementando inversiones nacionales con extranjeras.

Desarrollo con estabilidad

La fórmula del “desarrollo estabilizador” diseñada por el secretario de Hacienda Antonio Ortiz Mena articuló desde el Gobierno la abundante mano de obra y los recursos naturales disponibles en una eficaz asociación entre los sectores público, empresarial y del trabajo, dentro de una estrategia de apoyos financieros y administrativos. La triple acción produjo cientos de nuevas empresas; el Gobierno fue un frecuente promotor y a veces dueño o socio de un buen número de paraestatales destinadas a cubrir la demanda nacional. El esquema dio resultados. Amplió la producción sin inflación y mantuvo firme la paridad monetaria, sumando inversiones extranjeras a las mexicanas. El reparto agrario, sin embargo, seguía desplazando a la población rural que, lejos de ser transformada en fuerza industrial, hinchaba las ciudades. En esta época, el comercio exterior no se diversificó mayormente.

La solución maquiladora

La cuantiosa migración de desocupados del campo hacia las ciudades encontró respuesta en un programa de promoción de maquiladoras iniciado en 1965 en el norte del país, donde se ofreció mano de obra barata a la industria estadounidense, para competir con productos importados electrónicos, equipos domésticos, de la industria de la confección y piezas automotrices de bajo costo. Un número considerable de plantas maquiladoras de capital estadounidense, alentadas por los apoyos fiscales, se instalaron en territorio nacional. Las armadoras automotrices con componentes importados alcanzaron las mismas dimensiones que sus matrices europeas, asiáticas y norteamericanas. Hoy día, México es el séptimo exportador de autos en el mundo, con una integración de alrededor del 30 por ciento. Tanto las maquiladoras como las armadoras de una variedad de artículos se convertirían en la principal fuente de empleo. En 2015, 13% de los trabajadores estaban en 5 mil maquiladoras. La diversificación del comercio exterior cobraba vida al ritmo de iniciativas extranjeras.

 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nuestro comercio exterior lo constituía una corta gama de productos primarios

 

El ritmo alcanzado

El impresionante ritmo de crecimiento de hasta el siete por ciento del pib que caracterizó el desarrollo estabilizador estuvo aparejado de un control de la inflación, lo que mejoró el poder adquisitivo de los salarios. La firme paridad monetaria contribuyó a que ese fuera señalado por muchos como el modelo a seguir. Es necesario tomar en cuenta que los logros alcanzados se debieron a la combinación de políticas financieras, fiscales, de promoción industrial y de agricultura comercial, validos de una clara y entonces mundialmente aceptada política proteccionista que favorecía a las nacientes empresas industriales y agropecuarias. Aranceles ad valorem, importaciones sujetas a rígidos permisos, precios oficiales, control de compras de Gobierno, política de encaje en el Banco de México, empresas de Estado protegidas que no siempre generaban utilidades y financiamientos privilegiados para actividades prioritarias constituyeron el marco para el desarrollo nacional. El bien articulado cuadro de instrumentos económicos y políticos hizo posible ese decisivo capítulo que hoy difícilmente podría repetirse y en el que se asomó una incipiente pero permanente diversificación de la economía.

Fin del desarrollo estabilizador

En 1970, el presidente Echeverría creó el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, que lanzó una vigorosa política de promoción de exportaciones con apoyos fiscales reforzados con Cedis (Certificados de Devolución de Impuestos) y Extra Cedis. Racionalizar las importaciones para convertir cada bien en el punto de arranque de su producción en México era la pieza que completaba el programa de diversificación. Todo ello daba base para el extenso despliegue de ferias y misiones en el exterior. La creación de la oferta exportable se estimuló a través de comisiones estatales, presididas por los propios productores, que se enlazaban con las consejerías comerciales en el exterior, que detectaban la demanda de productos mexicanos. Se trataba de concentrar el proceso en un solo organismo integrado por representantes de entidades públicas y privadas relacionadas con el comercio exterior. Aunque se lograban aumentar y diversificar en forma importante nuestras ventas a nuevos mercados, multiplicar los servicios al exportador y difundir el interés en el comercio exterior como un factor básico de progreso, el grueso de empresariado nacional seguía optando por la cercanía geográfica y las ventajas logísticas del mercado norteamericano. La adhesión al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) privó a la empresa privada de los apoyos acostumbrados y dio inició a la apertura del mercado mediante la eliminación de los permisos previos de importación y un sistemático desmantelamiento arancelario. La suerte de las exportaciones quedaba a las resultas de la competencia internacional, para la cual la economía mexicana se encontraba en condiciones de notoria flacidez. La industrialización continuaría, pero muchas empresas mexicanas habrían de desaparecer y convertirse en comercializadoras de los mismos artículos, pero ahora de importación.

 

El impresionante ritmo de crecimiento de hasta el siete por ciento del pib que caracterizó el desarrollo estabilizador estuvo aparejado de un control de la inflación

 

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte

Diez años después de la entrada al gatt se negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para formar una alianza económica con Estados Unidos y Canadá, lo que significó dejar atrás los intentos de asociación con América Latina, cambiar de referentes y vincular nuestro progreso con los países al norte del nuestro. La nueva receta incluía ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A 23 años de su creación, el tlcan sigue cumpliendo con creces su finalidad de estimular las exportaciones de México al mercado norteamericano y, en particular, al de Estados Unidos. Los intercambios han aumentado numerosas veces pero la diversificación de destinos para nuestras ventas quedó en suspenso. El TLCAN puso de relieve la importancia de las reglas de origen para definir las posibilidades de diversificación de amplios sectores productivos. De acuerdo con la procedencia nacional o regional, se estimula o se desalienta la decisión de los productores sobre la integración de sus productos. El tema es particularmente importante para ciertas industrias, entre otras la automotriz, la farmacéutica y la de la confección de ropa. Las manufacturas que requieren un alto contenido de mano de obra propia acreditan con facilidad su origen nacional, lo que las puede orientar a la fabricación de componentes e insumos industriales para su venta internacional.

Los componentes como asunto prioritario

De enero a octubre de 2016, el déficit total de Estados Unidos en su comercio con México fue de 123 mil millones de dólares. El repetido desequilibrio comercial que Estados Unidos registra en su comercio con México está al centro del obsesivo reclamo del presidente Trump. Hay que verlo en su verdadera dimensión. Si de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos se resta el valor de sus componentes norteamericanos, el déficit resultante es sustancialmente menor al que suele citarse. Se calcula, por ejemplo, que el contenido mexicano es de solo 29% en los automóviles que armamos, lo que deja un amplio margen a componentes probablemente norteamericanos. De cualquier manera, el tema subraya la importancia que va adquiriendo el comercio de los insumos extranjeros en las plantas de productos terminados. Las reglas de origen regional están en la base de las perspectivas de la industria mundial de componentes. Al respecto, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) informa que los bienes intermedios, más que los primarios de consumo o de capital, son por mucho la porción más grande del comercio internacional. La producción industrial mundial se está dispersando en un número creciente de plantas que a su vez requieren más componentes extranjeros para sus productos finales. Quizás al menos el 40% de los componentes que se requieren en el mundo son de importación. Crece así el intercambio internacional de una gran variedad de componentes que los países importan para sus industrias. A mayor número de plantas armadoras, mayor será la demanda de componentes que México puede fabricar y ofrecer a este creciente mercado. Se trata de una etapa más avanzada del comercio exterior, donde los componentes llegan en forma barata a incorporarse a los procesos de productos que son terminados en plantas bien conectadas a los centros de consumo. Transportar tan voluminosos productos terminados es más costoso que hacerlo con componentes mediante sistemas logísticos modernos. Gracias a los avances en el transporte marítimo y aéreo y a sistemas perfeccionados de entrega puntual, el comercio mundial de componentes presenta enormes perspectivas para un diversificado conjunto de pymes mexicanas.

 

A 23 años de su creación, el TLCAN sigue cumpliendo con creces su finalidad de estimular las exportaciones de México al mercado norteamericano

 

Pymes y comercio exterior

Poco más de cuatro millones de pequeñas y medianas empresas generan el 72% del empleo nacional y aportan el 52% del pib. Solo el 10% de los insumos que usa la industria maquiladora es nacional y solo el 9% de esta exporta. Las pymes son las que integran a México en la nueva etapa de comercio mundial, fabricando componentes industriales para las armadoras que los requieren. “Nacionalizar” nuestras industrias terminales con componentes mexicanos significa diversificar nuestra economía. En términos generales, las pymes pueden elevar su participación en las cadenas de valor y crear fuentes de trabajo en regiones inexplotadas, formando una mano de obra diversificada en aptitudes y destrezas y aprovechando programas de “escuela-industria”, análogos a los del modelo alemán. Treinta y dos millones de individuos entre 15 y 39 años, el 25.6% de la población, están listos para integrarse en esta nueva etapa de comercio mundial no solo fabricando, sino innovando procesos y productos, diversificando las operaciones agropecuarias, industriales y de servicios, y absorbiendo progresivamente al sector informal.

 

El comercio mundial de componentes presenta enormes perspectivas para un diversificado conjunto de pymes mexicanas

 

Acuerdos productivos

Las estrategias del comercio internacional no se limitan al intercambio de productos físicos. Diversificar nuestros mercados mundiales implica utilizar variadas formas de interacción, más allá de simples acuerdos específicos (joint ventures), y formar sociedades en las que inviertan conjuntamente el exportador y el importador. Tales sociedades servirán para compartir contactos, tecnologías e información sobre mercados, así como para defender los proyectos ante las autoridades y crear relaciones permanentes basadas en intereses y lealtades recíprocas. La diversificación de nuestras relaciones comerciales se fortalecerá al contar con socios interesados y comprometidos. Las rivalidades entre productores del mismo artículo pueden solucionarse si ambas partes se unen para conciliar propósitos.

Muchos productos que México ofrece, como alimentos, artículos de uso doméstico, equipos electrónicos y de transporte, y de la industria de la confección, coinciden con los que importamos de los mismos países con los que hemos suscrito tratados comerciales y cuyos mercados deseamos conquistar. Es ahí donde las empresas mexicanas deben asociarse con sus contrapartes para convenir prácticas siempre respetuosas de normas internacionales y locales.

Diversificación a escala mundial

Al tiempo que México orientaba una parte importante de sus promociones a Estados Unidos, no dejaron de atenderse las históricas relaciones con América Latina. A Brasil y Argentina se añaden los tres socios en la Alianza del Pacífico, el más reciente programa de asociación regional, que ahora tiene posibilidades de extenderse al oriente con países asiáticos como Corea del Sur, Indonesia y Filipinas. El éxito de nuestros productos en mercados nacionales abiertos confirma la capacidad competitiva que tiene México al lado de otros exportadores que no gozan de tratos preferenciales. En caso de retirarnos del TLCAN, por no aceptar ciertos cambios a las condiciones de nuestras exportaciones a Estados Unidos, se cubrirían los aranceles registrados por ese país ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Somos el segundo proveedor del mercado estadounidense, con una participación del 13%, y entraríamos en competencia más directa con China, cuyos costos tienden a subir. A medida que China aumente sus costos de producción y los salarios, y nosotros diversifiquemos e identifiquemos nuestra oferta empleando la logística moderna, podremos aprovechar a cabalidad nuestra privilegiada e irremplazable ventaja geográfica. El interés de China por entrar a nuestro mercado y ofrecer cuantiosas inversiones en infraestructura indica perspectivas para una variada y redituable relación. Podemos abrir y ejecutar en su amplio espectro nuevos capítulos de diversificación de nuestra economía, siempre y cuando tengamos un claro conocimiento y conciencia de los propósitos, incluso políticos, que animan la actual expansión China. India, el otro gigante demográfico, es una comunidad altamente sensibilizada a los usos occidentales. Nos hemos limitado a contratar los servicios de sus prestigiados centros de tecnología informática. En India hay experiencias en la administración de regiones rurales y zonas áridas que debemos aplicar. La diversificación de nuestras industrias rurales podrá beneficiarse con la experiencia que India ha acumulado. 

 

El éxito de nuestros productos en mercados nacionales abiertos confirma la capacidad competitiva de México al lado de otros exportadores

 

Comentarios finales

El minucioso proceso de diversificación de nuestro comercio exterior ha experimentado variadas etapas en los últimos 100 años. Hoy, el fenómeno de la diversificación se expresa tanto en una plétora de acuerdos regionales e intercontinentales como en los planes nacionales de países que emprenden su desarrollo en forma independiente. La división entre países industrializados y los que se encuentran en vías de desarrollo queda diluida en una gran comunidad universal que comparte los mismos problemas de desocupación, brechas de riqueza, empresas transnacionales e insuficiencia oficial frente a los reclamos populares. En medio de esas realidades, el comercio exterior diversificado irriga y dinamiza en todos sus niveles a los sectores de producción, consumo y de servicios, permitiendo que los beneficios de sus esfuerzos se distribuyan entre todos.