Estados Unidos: mayor déficit externo, independientemente de la renegociación del TLCAN

Alberto Gómez Alcalá

Estados Unidos: mayor déficit externo, independientemente de la renegociación del TLCAN
El Gobierno de Trump asegura que el déficit externo de Estados Unidos se debe a acuerdos como el TLCAN. Detrás de esta aseveración, sin embargo, hay más política que aritmética. La inminente reforma fiscal en ese país, tal como está planteada, no hace más que confirmarlo.

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El programa económico de la administración Trump tiene su origen en la contienda electoral y en las promesas hechas a los votantes inconformes con la situación económica, la desigualdad y el estancamiento del ingreso laboral de amplios segmentos poblacionales. En su diagnóstico, el equipo de Trump subrayó la necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal y disminuir el déficit externo, en el que advertía una señal inequívoca del rezago productivo del país. Con este propósito, planteó la redefinición del entramado de acuerdos comerciales del país, tanto regional como multilateralmente. Las medidas de corte fiscal y comercial buscarían fortalecer el crecimiento, generar más empleos y corregir el déficit externo ante el “abuso” de los socios en el contexto de los acuerdos comerciales vigentes. A casi un año de su inicio, el nuevo Gobierno ha alcanzado propuestas concretas. Su iniciativa de reforma fiscal, centrada en una disminución del impuesto sobre la renta a empresas e individuos, ha sido aprobada en ambas cámaras y, al cierre de la edición, estaba por culminar su proceso legislativo. Varios estudios y análisis concluyen que esta reforma no será autofinanciable y provocará un aumento del déficit público en los siguientes años que, a su vez, incidirá en una ampliación del déficit externo. Este comportamiento, consecuencia natural de una identidad macroeconómica, pondrá en evidencia una de las inconsistencias del programa económico en su conjunto: la reducción del déficit comercial, uno de los grandes objetivos de la actual administración, no podrá conseguirse en el futuro previsible. Mucho se ha hablado de las incongruencias e inconsistencias que están implícitas en los planteamientos del programa. Sin embargo, en vísperas de un cambio fiscal trascendental, conviene detenerse en un par de ellas. Primero, el déficit externo seguramente aumentará como resultado de la propuesta que está a punto de aprobar el legislativo en Washington. Segundo, el desbalance externo no tiene nada que ver con los acuerdos comerciales, por lo que es erróneo evaluar estos en función de la dinámica de aquel.

 

La reducción del déficit comercial, uno de los grandes objetivos del Gobierno de Trump, no podrá conseguirse en el futuro previsible

 

“Make America great again”: menos impuestos… y más déficit externo

Al momento de escribir esta nota, la reforma fiscal tiene un avance notable pero aún no es un hecho consumado. Coexisten dos versiones que necesitan ser procesadas en ambas cámaras legislativas. En general, se trata de una propuesta cuyo eje central es la disminución permanente de impuestos corporativos del 35% al 20%. Para las personas físicas también baja la carga impositiva, aunque por un lapso de 10 años. Otra vertiente de la propuesta prevé la reducción de las deducciones permitidas, tanto a nivel federal como estatal, por lo que el descenso en la tasa efectiva no será de la magnitud que sugiere la menor tasa nominal. También se incluye una serie de medidas con diversos impactos redistributivos entre sectores, empresas e individuos, y hay diferencias en relación al momento en que entrará en vigor la reducción de las tasas tributarias. Conocer los detalles del proyecto de ley es importante para su correcta evaluación. Para los propósitos de esta reflexión, lo que más nos interesa es el impacto macroeconómico de la medida, en particular sobre el déficit público. 

 Al respecto, los elementos determinantes ya han sido establecidos, gozan de consenso y guardan considerable similitudes entre las dos propuestas en debate. En este sentido, es factible continuar con nuestro análisis sin comprometer mayormente la precisión y mucho menos la conclusión del mismo. Según el planteamiento inicial, la propuesta se financiará sola gracias al estímulo económico que se generaría (y a la mayor tributación asociada a él). Sin embargo, esto es objeto de una gran controversia. En particular, muchos estudios anticipan que la reforma sí será capaz de estimular el crecimiento económico, pero lo hará a costa de un mayor déficit público. Un análisis del Joint Committee On Taxation del Congreso de Estados Unidos señala que el déficit esperado en 10 años sería de 1.5 billones de dólares, mientras que la recaudación adicional derivada del mayor crecimiento alcanzaría 0.5 billones de dólares, es decir, solo compensaría una tercera parte del faltante esperado. De ser así, una consecuencia inmediata sería la ampliación del déficit externo, resultado natural de la identidad macroeconómica que vincula el nivel del gasto con las capacidades internas de ahorro; si este no es suficiente, necesariamente se deberá complementar con el ahorro proveniente del exterior, que es precisamente la definición del déficit externo. Es una condición que se cumple en lo individual para todos los agentes económicos y también lo hace en el plano colectivo: nadie puede gastar si no cuenta con los recursos suficientes. En una economía cerrada, sin nexos con el exterior, el gasto agregado solo podría llegar hasta donde lo permita el nivel de ahorro alcanzado. Cualquier déficit tendría que ser compensado con el superávit de alguien más en la economía. Si el Gobierno registra un déficit, las empresas o las familias necesitarían tener un superávit equivalente. Cuando la economía tiene relaciones con el exterior, se amplían las posibilidades de un mayor gasto, siempre y cuando se encuentren los recursos externos para financiarse. En este caso, podría haber un déficit tanto en el Gobierno como en el sector privado, si es que el exterior está dispuesto a financiarlos. La identidad macroeconómica suele definirse en esos términos: balance público + balance privado = balance externo.

 

El mayor déficit comercial de Estados Unidos no es resultado de los acuerdos comerciales firmados y vigentes, sino un efecto inevitable de la limitada capacidad de ahorro interno

 

 La Gráfica 1 muestra una simulación de lo que puede implicar para los déficits público y externo la reforma fiscal propuesta. Como ha sucedido en otros episodios, el aumento del déficit público expande también el desequilibrio externo. Dado que el balance privado —la brecha ahorro-inversión de empresas y familias— tiende a ser muy estable, es preciso recurrir al ahorro internacional (déficit externo) para financiar la ampliación del déficit público. Si aplicamos esta lógica a la historia reciente de Estados Unidos, llegamos a la misma conclusión: la existencia y persistencia del déficit externo es el resultado de un mayor gasto en Estados Unidos respecto a su ahorro interno. El déficit es una consecuencia macroeconómica; no es consecuencia de ningún arreglo comercial, regional o multilateral. Ese mayor déficit comercial, al igual que el que ha existido hasta la fecha, no es resultado de los acuerdos comerciales firmados y vigentes (incluido el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN), sino un efecto inevitable de la limitada capacidad de ahorro interno.

 

La evaluación periódica del TLCAN puede ser uno de los resultados de las negociaciones que se están llevando a cabo entre los tres países

 

El déficit externo: un mal indicador para evaluar los acuerdos comerciales

Con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, vivimos un escenario que no imaginábamos: el país promotor de los mercados abiertos, el defensor por antonomasia del capitalismo y de las decisiones empresariales, el principal arquitecto del orden global que ha definido las relaciones económicas desde la Segunda Guerra Mundial, cuestionaba la globalización. No solo eso: Trump definía a Estados Unidos como un “perdedor” del orden comercial vigente debido, según él, a una serie de acuerdos comerciales, multilaterales y regionales que benefician a terceros en detrimento de las empresas y trabajadores de ese país. Las primeras acciones no se hicieron esperar. En enero de 2017, Estados Unidos tomó la decisión de abandonar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y poco después planteó la necesidad de una renegociación del tlcan en la que esperaba alcanzar una serie de objetivos proteccionistas: la reducción del déficit externo con los socios; un mayor contenido regional (particularmente estadounidense) en una de las industrias de mayor integración regional (la automotriz); una redefi nición de las instituciones de resolución de controversias (a favor de los tribunales norteamericanos) y limitaciones a la importación de ciertos productos agropecuarios cuando la producción de Estados Unidos pudiera proveerlos, entre otros objetivos. Antes de continuar, conviene analizar las repercusiones del TLCAN en los grandes agregados comerciales de Estados Unidos. En la Gráfica 2 vemos la evolución de la actividad comercial entre México y Estados Unidos.

Como puede apreciarse, ha habido un aumento muy importante en la actividad comercial, tanto de importaciones como de exportaciones. Existe un déficit con México, pero amparado en un nivel de actividad seis veces mayor al que existía en los años previos al acuerdo, con la consecuente derrama en empleos directos e indirectos. Una mayor actividad comercial es indicativa, también, de mayores niveles de especialización, eficiencia, productividad, competitividad y bienestar en la región. Esta conclusión se refuerza si analizamos los datos del comercio de Estados Unidos con otros países. En la Gráfica 3 vemos la evolución del déficit externo de Estados Unidos con agrupaciones específicas de países: (1) con los que tiene acuerdos comerciales, (2) con los que no los tiene y, entre estos, (3) con China. La conclusión es muy clara: el déficit con los países socios se mantiene más o menos estable. El mayor déficit se asocia al comercio con aquellos países con los que Estados Unidos no tiene acuerdos comerciales y, en particular, con el gigante asiático. Los acuerdos comerciales no pueden explicar la ampliación reciente del déficit externo de Estados Unidos.

 

Existe un déficit con México, pero amparado en un nivel de actividad seis veces mayor al que existía antes del acuerdo, con la consecuente derrama en empleos

 

Conclusiones

La inconsistencia entre varias de las propuestas económicas de la administración Trump no es nueva y se ha discutido ampliamente. Sin embargo, el avance de la reforma tributaria en Washington es una buena oportunidad para recordar y subrayar una de las posturas mexicanas en el contexto de la renegociación del TLCAN: el déficit externo es resultado de una identidad macroeconómica. Lo más importante para determinar dicho desequilibrio son los factores internos ligados al nivel del gasto y la disponibilidad de ahorro. Así, el déficit comercial no es un buen parámetro para evaluar la contribución productiva de los tratados comerciales, incluido el TLCAN. La evaluación periódica del TLCAN puede ser uno de los resultados de las negociaciones que se están llevando a cabo entre los tres países (particularmente la asociada a la llamada “sunset clause”). Los déficits externos obedecen a factores macroeconómicos, no comerciales, y sería erróneo pretender explicarlos utilizando una herramienta equivocada. El TLCAN, por lo demás, ha probado ser claramente beneficioso para la economía de los tres países.