La evolución de la IED en China y América Latina.

Entrevista con Taotao Chen

Claudia Pereda y Guillermo Máynez

La evolución de la IED en China y América Latina.
China se ha convertido en uno de los jugadores más relevantes de la economía global. Aunque tardó en llegar a América Latina, lo ha hecho con fuerza y México es uno de sus principales puntos de interés. En esta entrevista, la doctora Taotao, profesora de Economía y Administración Internacional en la Universidad Tsinghua y experta en globalización e inversión extranjera, nos explica las claves de la visión china para invertir en otros países, destacando la estrecha relación, no sólo entre ventajas competitivas y acceso a mercados, sino entre diplomacia e incentivos para la inversión.

 

En poco tiempo China se colocó entre los mayores inversionistas del mundo, ¿cuál es la relación entre la inversión extranjera directa emitida (OFDI, por sus siglas en inglés) de China, el nivel de desarrollo de su economía y la internacionalización de sus empresas? Además, ¿qué nos dice la distribución geográfica y sectorial de esta inversión, del papel que China pretende jugar en la economía global?

Antes de 2004 tuvimos muy poca inversión hacia el exterior, pero después se incrementó de forma gradual durante tres años; luego, a partir de 2008, se aceleró. La principal razón fue la crisis de aquel año, cuando muchos activos bajaron considerablemente de precio, y eso estimuló a ciertas compañías chinas que habían acumulado mucha liquidez, a invertir en el exterior.

 

La inversión china está en todas partes, pero primero se concentró en Asia y África. Luego se fue moviendo a Estados Unidos y Europa, y finalmente llegó a América Latina. En cuanto a recursos, está bastante diversificada, pero destacan la manufactura y el comercio al menudeo, así como los recursos naturales y la banca. El gobierno jugó un papel crucial, entre otras cosas, por la cuantiosa liquidez acumulada en el mercado interno.

 

En PIB per cápita somos todavía un país en vías de desarrollo. Así que seguimos tratando de mejorar el nivel de vida de nuestros habitantes, más que concentrarnos en competir con Estados Unidos en tamaño.

 

Buena parte de la OFDI china viene de compañías de propiedad estatal, ¿cómo se comparan con el desempeño de las compañías privadas?

De hecho, aunque en valor de capitalización la distribución entre ambas es cercana a 50%, en número de empresas las privadas son alrededor de 80%. Las empresas estatales tienden a predominar en sectores que requieren gran escala, como la banca o las actividades extractivas. Estas empresas tienen procesos de toma de decisiones muy rígidos, comparados con la libertad de acción de las privadas, así que estas últimas comienzan a ser más activas.

 

Usted ha mencionado que México es un país en el que es difícil para las compañías chinas invertir, ¿por qué? Y, ¿en qué otros sectores de la economía mexicana ven oportunidades para empresas chinas?

En primer lugar, por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La manufactura mexicana está diseñada pensando en el mercado norteamericano. Muchas compañías chinas llegaron buscando el mercado interno mexicano, pero se dieron cuenta de que era pequeño, y que el negocio estaba en la exportación a Estados Unidos y Canadá. Eso las obligó a replantear su estrategia.

 

Mientras el TLCAN se mantenga, será un incentivo fuerte para invertir en México, por el acceso preferencial al mercado de Estados Unidos. Por otro lado, México tiene otras importantes ventajas comparativas en su sector manufacturero, comparado con otros países de la región. Y por último, la reforma energética facilita instalarse en México por el mayor acceso a energía. Tenemos compañías con muy buena experiencia en el sector de energía en América Latina, por ejemplo, en Brasil, lo que puede facilitar la llegada a México.

 

¿Qué nos puede decir sobre la inversión de compañías mexicanas en China?

Tengo menos experiencia en ese campo, pero de entrada me parece que las empresas mexicanas enfrentan las mismas dificultades para invertir en China que las compañías chinas en México. Quizá es mejor que comiencen por encontrar socios locales.

 

“La inversión china está bastante diversificada, pero destacan la manufactura y el comercio al menudeo, así como los recursos naturales y la banca”

 

¿Cómo ha evolucionado la inversión china en infraestructura y manufactura en América Latina?

Ha sido muy difícil. China, que es un país enorme, tuvo que desarrollar mucha infraestructura, pero al principio toda fue financiada por el Estado, así que las compañías no eran inversionistas, sino contratistas. En otros países, donde el Estado juega un papel menor en la economía, no había esa posibilidad, sino que se apoyaban más en las Asociaciones Público-Privadas (PPP, por sus siglas en inglés).

 

Las empresas chinas tuvieron que aprender a trabajar bajo ese esquema. Por eso se tardaron en entrar al sector de infraestructura, y lo hicieron más rápidamente en países con modelos más parecidos al chino, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, y más lentamente en países con sistemas financieros más sofisticados, como México, Brasil o Chile.

 

Realmente, sólo Brasil y México tienen la infraestructura y los mercados suficientes para recibir inversiones fuertes en manufactura. Los otros países siguen siendo muy dependientes de sus recursos naturales. Son, sin embargo, muy diferentes: Brasil tiende a proteger su mercado interno mediante aranceles altos y otras barreras al comercio, con lo que, de alguna manera, obstaculizan el ingreso de inversión extranjera a las actividades manufactureras interesadas en aprovechar el mercado interno. México, en cambio, usa las ventajas del TLCAN como atractivo para que las empresas se establezcan en su territorio cuando encuentran ventajas competitivas para aprovechar todo el mercado norteamericano. Eso determina qué clase de empresa china tiene más incentivos para invertir en uno u otro país. Ahora que el TLCAN parece estar en problemas, quizá las empresas chinas se lo piensen más antes de entrar a México, por lo menos hasta que eso se resuelva.

 

¿Qué puede decirnos respecto a la iniciativa La Franja y La Ruta?

Es básicamente una iniciativa gubernamental que busca trabajar con los gobiernos de varios países. Sin embargo, el gobierno de China no puede tomar decisiones que sólo le competen a los gobiernos locales, de manera que los verdaderos protagonistas son ellos y las compañías chinas que construyen la infraestructura.

 

¿Cómo ha evolucionado la inversión china en el sector automotriz en América Latina y qué viene en el futuro?

Depende del país. En el caso de Chile, por ejemplo, como tiene un tratado de libre comercio con China, las empresas pueden hacer el auto totalmente en China, y venderlo en el mercado chileno. En Brasil, como dije antes, esto no es posible: hay que producir directamente en Brasil para poder vender ahí. Es un mercado muy complicado, porque hay mucha competencia y porque el sistema fiscal y financiero son demasiado complejos, tan es así que muchas veces la mejor opción es conseguir un socio local. En México, empresas de autopartes, como Minth —que han invertido en Nuevo León y Aguascalientes— han logrado insertarse bien en el mercado, por lo que podemos esperar más casos así.

 

“La Franja y La Ruta es una iniciativa gubernamental que busca trabajar con los gobiernos de varios países”

 

Dado el comportamiento de las inversiones mutuas entre los dos países, ¿qué podemos esperar de las relaciones entre ambas naciones?

Apenas estamos comenzando, y eso quiere decir que aún tenemos mucho que aprender sobre los entornos de inversión en cada país. Conforme avance la curva de aprendizaje, podemos esperar un mayor flujo de inversiones en ambos sentidos. Estoy segura de eso. Pero en China, las empresas dependen mucho de la confianza en el gobierno, y en la medida en que haya confianza entre los dos gobiernos, las empresas chinas tenderán a confiar también en el sector privado mexicano. No quiere decir que el gobierno les tenga que dar dinero, sino que las empresas se fijan mucho en las relaciones diplomáticas, que les dan una idea del riesgo-país y del riesgo político que corren. Mejores relaciones diplomáticas implican mayores inversiones.