El nuevo orden comercial en Asia-Pacífico.

Entrevista con Víctor Kerber Palma

Marisol García Fuentes

El nuevo orden comercial en Asia-Pacífico.
En escasas cuatro décadas, China dejó de ser una economía autárquica para convertirse en el exportador más importante del mundo y el segundo país que más gasta en defensa, sólo detrás de Estados Unidos. Con su iniciativa La Franja y La Ruta, pretende convertirse en uno de los artífices de la nueva globalización. ¿Cuál es la trascendencia geoestratégica de esta iniciativa?, ¿cómo se alinea y contrapone con los intereses de otros países dentro y fuera de la región? Son algunas interrogantes que Víctor Kerber Palma, doctor en Desarrollo Económico por la Universidad de Sophia en Tokio, Japón, e investigador del Centro de Estudios del Pacífico de la Universidad de Guadalajara, aborda en entrevista con Comercio Exterior.

Vivimos un tiempo de reacomodos en el orden económico mundial y todos los países, especialmente las grandes potencias, están obligadas a tomar posiciones. China está creando su propia esfera de influencia, señala el doctor Kerber Palma. Con su iniciativa La Franja y La Ruta, pretende sentar las bases para su resurgimiento como potencia mundial, mediante una red de obras de infraestructura que la conectará por tierra y por mar con el resto de Asia, África y Europa. Un ambicioso proyecto que contempla cubrir 65% de la población mundial, generar un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) global y mover la cuarta parte de los bienes que produce el planeta.

 

¿Cuál es la postura de Japón ante la creciente influencia internacional de China?

China y Japón tienen una añeja disputa por el liderazgo regional que ahora se contrapone con su creciente interdependencia económica. China debe buena parte de su auge industrial a las cuantiosas inversiones japonesas, en tanto que la demanda china es fundamental para sostener el nivel de actividad de las firmas niponas.

 

En coordinación con Estados Unidos, Japón participó en la creación del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) con el propósito de ampliar y profundizar las redes de producción y comercio regionales, establecer estándares más elevados para la protección de las empresas y, de manera destacada, mantener a China bajo control. Sin embargo, tras la intempestiva salida de Estados Unidos del TPP, Japón se vio obligado a asumir un papel de mayor liderazgo. Su intervención fue decisiva para que las negociaciones entre el resto de los países considerados en el TPP se mantuvieran en marcha y, finalmente, en marzo de 2018, se lograra concretar el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) en el que, además de Japón, participan Australia, Brunéi Darussalam, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam, que en conjunto contribuyen con 13% de la producción mundial.

 

Tanto el CPTPP como La Franja y La Ruta forman parte de los reacomodos que perfilan el nuevo orden económico mundial. El primero es una propuesta más económica y comercial, en tanto que el segundo tiene un carácter predominantemente geopolítico y busca asegurar la presencia estratégica de China, que ya está actuando como una gran potencia.

 

¿Cómo impactará el retiro de Estados Unidos del TPP a los flujos comerciales de los países de América del Norte?

Estados Unidos está perdiendo una gran oportunidad de crecimiento doméstico porque le está cerrando a sus propias empresas la posibilidad de acceder en mejores condiciones a los mercados en Asia. En términos idóneos, si la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) va por buen camino y se concluye adecuadamente, la ausencia de Estados Unidos del acuerdo transpacífico podría abrir nuevas oportunidades para que México recupere parte de los espacios que ha perdido en el mercado estadounidense.

 

Pero no hay que perder de vista que los escenarios cambian continuamente. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya empezó a dar algunas señales de que podría reincorporarse al acuerdo transpacífico. Se dio cuenta de que está perdiendo no solamente mercados, sino la oportunidad de tener una presencia estratégica que haga contrapeso a China en esta importante y estratégica zona del mundo.

 

Si la iniciativa La Franja y La Ruta se extendiera a América Latina, ¿cuál sería su impacto en los flujos de comercio e inversión entre China y esta región?

Desde luego las oportunidades no se repartirían por igual. En principio, los países más beneficiados serían aquellos que ya cuentan con acuerdos comerciales establecidos, como Perú, Chile y Costa Rica. En otro plano están Venezuela y Cuba, por la asistencia oficial para el desarrollo que reciben de China.

 

La cuestión es diferente para el caso de México. Aquí nos hemos manifestado por la conveniencia de un mayor acercamiento con China, pero nos falta definir con mayor precisión el objetivo último de esta relación bilateral, así como las bases sobre las que se ampliaría. Mientras no se tenga claridad al respecto, el acceso a uno de los mercados más atractivos del mundo se quedará en el plano discursivo y la eventual incorporación de México a la iniciativa La Franja y La Ruta seguirá siendo una ilusión.

 

¿Qué escenarios se avizoran en el futuro cercano?

La prioridad actual de los chinos es afianzar su liderazgo en la región asiática, y eso no sólo incluye al Sudeste Asiático, en donde tiene muchos intereses, sino también a Corea del Sur y a Japón, que son dos jugadores importantes.

 

En México debemos saber cuál es nuestra visión de largo plazo: si lo que queremos es simplemente incrementar nuestra esfera de intercambio comercial y de inversión o realmente instrumentar una estrategia efectiva para diversificar nuestros vínculos comerciales y reducir la concentración de nuestras operaciones en el mercado norteamericano. Si estamos interesados en la segunda opción, entonces deberíamos buscar un mayor acercamiento con el actual presidente de China.

 

¿Qué medidas deberían adoptarse para que China constituya una alternativa viable para la diversificación de las exportaciones mexicanas?

Para empezar, hay que hacer una evaluación de en qué terreno comercial estamos, en qué actividades competimos y en cuáles podemos complementarnos. Además, conviene tener en cuenta la presencia de japoneses en el país: es un grupo que data de muchos años y hace falta hacer una evaluación correcta para ver de qué manera estos jugadores pueden ser realmente complemento y hasta suplemento de Estados Unidos.

 

Además, hay que hacer negocios claros. El proyecto del denominado Dragon Mart, la plataforma de negocios que iba administrar China en el sureste mexicano, se vino abajo más por prejuicios que por realidades.

 

Ante el resurgimiento de tentaciones proteccionistas, ¿hacia dónde se perfila el futuro del comercio mundial?

Estados Unidos está cerrando la economía y está actuando de manera contraria a las ideas e instituciones que contribuyeron a construir al término de la Segunda Guerra Mundial. Ahí vamos a entrar en un terreno muy complicado porque es nuestro mercado principal. Sin embargo, es una ventana de oportunidad.

 

Por un lado, es importante que se creen capacidades productivas para incorporar mayor valor agregado a nuestras exportaciones. Por otro, se tienen que diversificar los mercados de destino para los bienes y servicios hechos en el país, así como las fuentes de donde proviene la inversión extranjera directa. Ahí es importantísimo darle un poco más de valor, por ejemplo, a la Alianza del Pacífico, y es imperativo que México afiance su presencia en Europa.

 

El proteccionismo que está adoptando Estados Unidos puede ser contraproducente tanto para nosotros como para ellos. Hace falta hacer política exterior y hacer la tarea: si se llevara a cabo un TLCAN bajo términos nuevos eso no nos exime de buscar otras fuentes para diversificar nuestros mercados. Tenemos mucho por hacer tanto en el mercado doméstico como fuera de nuestras fronteras.