Malasia: las virtudes de la planeación.

Guillermo Máynez Gil

Malasia, que ocupa una parte de la península de Malaca y la porción norte de la isla de Borneo, es un pequeño país con un crecimiento notable y con un proyecto muy avanzado para integrarse, en breve, al selecto grupo de países de renta alta, según la clasificación del Banco Mundial. En este artículo damos información puntual que nos ayudará a navegar en sus aguas.

Malasia es un contraejemplo de las teorías deterministas del desarrollo. Donde la ubicación tropical, abundancia de recursos naturales, dispersión geográfica, pasado colonial, conflictos internos armados, tensiones regionales y convivencia multiétnica y multicultural, se han transformado de posibles lastres, en palancas de desarrollo. Después de un difícil nacimiento como nación independiente —marcada por las luchas de la Guerra Fría en el sureste de Asia y económicamente dependiente de sus recursos naturales— Malasia se convirtió en importante fabricante de manufacturas avanzadas, enfocado en la ciencia y la tecnología como motores de la productividad y la competitividad.

 

La planeación ha jugado un papel clave en este proceso. La Nueva Política Económica, el primer gran plan de desarrollo a largo plazo, se instrumentó a mediados de la década de los setenta del siglo pasado con el objetivo de industrializar al país y fomentar las exportaciones de manufacturas. Con este propósito se establecieron zonas de libre comercio y zonas de procesamiento especial, además de que se otorgaron estímulos importantes para atraer inversión extranjera. Así, Malasia comenzó a desarrollar manufactura intensiva en el uso de mano de obra. Sus industrias textiles, de la confección y del calzado incrementaron paulatinamente su presencia en los mercados internacionales.

 

Al percibir la erosión de las ventajas en costos industriales que resentían algunas de las economías asiáticas de la primera ola de desarrollo, el gobierno de Malasia, encabezado por su primer ministro Mahathir bin Mohamad, puso en marcha en 1991 el segundo gran plan de transformación del país, la llamada Visión 2020, con el propósito de convertir a Malasia en una nación desarrollada en la segunda década del siglo xxi. Incluyó, para ello, metas precisas en siete áreas clave para la gobernabilidad y el bienestar: 1) reducción del crimen; 2) combate a la corrupción, que incluye al sector privado con el Compromiso de Integridad Corporativa; 3) mejores resultados educativos; 4) aumento en los niveles de vida de la población más pobre, basado en el empoderamiento; 5) desarrollo de la infraestructura rural básica, incluyendo el acceso universal garantizado al agua potable; 6) mejora significativa del transporte público y 7) estabilidad de precios.

 

Todo lo anterior se complementaría con la instrumentación de un programa de transformación económica encaminado a fomentar el rápido crecimiento de la manufactura de alta tecnología, con inversiones en cuatro sectores estratégicos: energía, petróleo y gas; aceite de palma; servicios financieros, y servicios privados de salud.

 

Otros programas considerados fueron el Supercorredor Multimedios (MSC), una zona económica especial que comprende un distrito empresarial de alta tecnología. Su misión, formulada por el primer ministro Mohamed, es “...ser un centro experimental global donde se exploren los límites de lo posible, así como las nuevas formas de vivir, trabajar y divertirse en la Era de la Información”. Dentro de esta zona se encuentra Putrajaya, una ciudad especialmente planificada como sede administrativa (pero no política) del gobierno. Sus más de 30 mil habitantes son fundamentalmente servidores públicos, sus familias, y quienes les dan servicios. Su inclusión en MSC implica una colaboración estrecha y directa entre la empresa de alta tecnología y las oficinas gubernamentales encargadas de proveer la necesariamente veloz transformación regulatoria que permite que el avance no se vea detenido por normas inadecuadas u obsoletas.

 

Esta evolución económica ha sido acompañada por un desarrollo social notable, basado en la educación y la salud. Hasta el nivel secundario, la educación es gratuita y de alta calidad; todas las personas mayores con algún impedimento, o estudiantes, tienen servicios de salud gratuitos, y el resto de la gente cuenta con importantes subsidios para el acceso a los mismos.

 

Un gobierno efectivo y servicios públicos de alto nivel han sido condiciones cruciales para el despegue malasio. El Índice Global de Competitividad del Talento (INSEAD/Adecco/Tata) 2018 ubica a Malasia en el lugar doce (de 119) en cuanto a buenas relaciones gobierno-empresa, en el 38 en calidad regulatoria, en el 45 por su menor corrupción y en el 28 en inversión en investigación y desarrollo.

 

En las entrevistas que siguen, actores clave de la relación México-Malasia explican y exploran las enormes posibilidades de complementación y cooperación de dos naciones, que ya se han dado cuenta de su potencial mutuo.