Política comercial 4.0 El imperativo acoplamiento de México a las tendencias globales.

Beatriz Leycegui Gardoqui*

Desde mediados de los ochenta del siglo pasado, el viraje de la política comercial internacional, permitió a la economía mexicana transitar de un modelo proteccionista a uno de amplia apertura. Este cambio de estrategia inició con la incorporación de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio en 1986, se profundizó con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, y se consolidó con la firma de 17 acuerdos multilaterales en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), 12 tratados de libre comercio (TLC) con 46 países, 9 acuerdos de alcance limitado celebrados dentro de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y 32 acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones (APPRI) con 33 países.

Gracias a esta extensa red de acuerdos comerciales, los productos mexicanos pueden acceder en condiciones preferenciales a un mercado potencial de mil 166 millones de consumidores en una suma de países que, en 2017, aportaron aproximadamente 58% del PIB mundial y 55% del comercio global. En dicho año, México ocupó el decimotercer lugar entre la élite mundial de exportadores, con una participación de 2.4% del total exportado, y se ubicó en el primer sitio de América Latina y el Caribe con una contribución de 42.6% de las exportaciones regionales.

A pesar de su alentadora presencia en los mercados internacionales, México sigue enfrentando grandes retos en materia de comercio exterior y en los ámbitos interno y externo de su economía. La apertura comercial ha demostrado que por sí sola es insuficiente para multiplicar los beneficios del comercio internacional, en la dimensión que se requiere para impulsar el crecimiento económico del país.

Las siguientes propuestas conforman lo que hemos denominado Política comercial 4.0 para ir a tono con los tiempos y las exigencias impuestas por la Revolución 4.0. El gran salto a lo digital que comenzó a principios de este siglo en cuatro grandes áreas: el internet de las cosas, la robótica o automatización, las tecnologías de la información y el manejo de datos a gran escala (big data). La Política comercial 4.0 tiene que estar en sintonía permanente con las políticas económicas internas y las variaciones de la dinámica mundial.

 

RETOS EXTERNOS

Entre los principales retos externos que enfrenta el país en materia de comercio internacional se encuentran: la erosión de las preferencias comerciales; la multiplicidad de las reglas de comercio; la insuficiente integración regional con América Latina; la exigua diversificación de los mercados, y el proteccionismo creciente (particularmente desde el arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos).

Según un corte hecho en mayo del presente año, están notificados ante la OMC un total de 287 acuerdos regionales vigentes. Esta proliferación de mecanismos de integración redujo sustancialmente los márgenes de las preferencias comerciales, al tiempo que incrementó la complejidad de la regulación aplicable a los aranceles, a las reglas de origen, a los procedimientos aduaneros y a las reglas de comercio en general.

La complejidad regulatoria representa una de las principales barreras para incorporar a un mayor número de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) al comercio internacional. Algunas mipymes desconocen las oportunidades y beneficios de vender en el exterior o proveer a empresas exportadoras; aunque otras las conocen, son incapaces de asimilar el complejo marco regulatorio. De ahí que la creación de oficinas especiales de apoyo sea una alternativa viable para ayudar a las mipymes con los trámites aduaneros y facilitarles el cumplimiento de la regulación. Es imperativo, asimismo, que Bancomext amplíe su cartera de crédito de manera que esté en sintonía con el volumen de comercio exterior del país.

En cuanto al tercer reto, México requiere diversificar sus mercados en distintos frentes. De especial importancia es América Latina, ya que una región unida fortalece a México y al resto de sus países para negociar con grandes potencias. Para ello, deben profundizarse las relaciones comerciales y de inversión utilizando los mecanismos existentes, como la Alianza del Pacífico (AP). La APdebe ampliarse a los países centroamericanos con los que México ya tiene tratados (Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Asimismo, sería esencial incorporar a los países del Mercosur, dado el peso de sus economías. En este sentido, destaca la modalidad de Países Asociados (Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Singapur) y la de Países Observadores (que reúne a 50).

Esta diversificación debe ir más allá de América Latina. Aunque el país tiene 12 TLC con 46 naciones, 81% de lo que exporta va a Estados Unidos (el resto se exporta a Europa, 5.5%; América Latina, 5.2%; Asia, 4.9%; Canadá, 2.8%; África, 0.3%, y Oceanía, 0.3%) y casi 50% de la inversión extranjera directa (IED) proviene de empresas norteamericanas.

Aunque la diversificación de las exportaciones depende principalmente de la iniciativa privada, el Gobierno —más allá de las negociaciones de los TLC—, debe difundir entre empresarios grandes y pequeños las oportunidades de negocios existentes en mercados a los que se puede acceder en condiciones preferenciales. Vale la pena resaltar la reciente modernización del TLC con la Unión Europea y la ratificación este año del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) por parte del Senado mexicano.

Una vez que todas las partes lo ratifiquen, el CPTPP integrará 11 países y un mercado de 200 millones de consumidores. Destaca para México el acceso preferencial a nuevos mercados, como Australia, Nueva Zelanda, Brunéi, Malasia, Singapur y Vietnam. Se abre una gran oportunidad para los productos agrícolas mexicanos, ya que los países asiáticos son importadores relevantes de este tipo de bienes. Las exportaciones de México podrían llegar a 24 mil millones de dólares, el equivalente casi a lo que exportamos de productos agrícolas al mundo.

El último reto es el proteccionismo, que ha cobrado gran importancia con Trump y la instrumentación por parte de su Gobierno de medidas proteccionistas sustentadas en supuestos como la seguridad nacional. La estrategia de México debe ser la de exigir a Estados Unidos que cumpla las obligaciones que tiene con nosotros en el marco del TLCAN y la OMC, aprovechando los mecanismos de solución de controversias que éstos prevén.

En la renegociación del TLCAN, era importante impulsar su modernización sin permitir la incorporación de medidas proteccionistas, como los aranceles, las medidas antidumping y los cupos de exportación. Asimismo, se debía rechazar la eliminación o el debilitamiento de los mecanismos para resolver diferencias.

 

“El libre comercio no es un fin en sí mismo, sino parte de una estrategia para promover el desarrollo económico y el bienestar social.”

 

RETOS INTERNOS

La Política comercial 4.0 debe estar en estrecho y permanente diálogo con las políticas que atienden los retos internos. Algunos de los principales retos internos son: aumentar la competitividad y la productividad, abatir la informalidad y democratizar los beneficios del comercio internacional.

Como se dijo, el libre comercio no es un fin en sí mismo, sino parte de una estrategia para promover el desarrollo económico y el bienestar social. Por ello, es imperativo que el comercio se empiece a medir o cuantificar de manera diferente: no en función de cuánto exportamos, sino de cuánto valor o contenido nacional agregamos a las exportaciones. Entre más valor agreguemos, mayor será el impacto del comercio exterior y la inversión extranjera en la economía local. Se generará así un mayor PIB per cápita, se reducirá la desigualdad y mejorará la calidad de vida de los mexicanos.

En 2016, 90% de las exportaciones de México fueron manufacturas. Sin embargo, solo una quinta parte de éstas (18.7%) tenía contenido mexicano. México está en el tramo de la cadena global o regional de producción que menos aporta y, por lo tanto, que menos ganancias deja (tanto económicas como de transferencia de conocimientos) a la economía local. Debemos escalar en las cadenas para realizar actividades relacionadas con investigación, diseño y desarrollo de productos, posicionamiento de marca, servicios de distribución y venta, e incluso posventa.

Para lograrlo, la Política comercial 4.0 debe ir acompañada de una política industrial moderna o de desarrollo productivo que mejore la eficiencia total de los factores de producción (capital, fuerza de trabajo, energía, insumos y servicios), con el fin de hacer más con menos recursos. Esta política de desarrollo productivo también debe democratizar los beneficios de la apertura comercial, para que sean más las empresas (en particular mipymes), más las regiones y más los sectores que se beneficien de la presencia de México en los mercados internacionales.

Incrementar la productividad total de los factores implica mantener el atractivo del país como destino de la inversión extranjera y, simultáneamente, duplicar el gasto público en investigación, desarrollo e innovación; capacitar a la fuerza laboral de acuerdo con las demandas a largo plazo de la industria y con los cambios tecnológicos de la llamada Revolución 4.0; y sobre todo, promover una coordinación efectiva del Gobierno y sus dependencias relevantes con el sector privado y las instituciones educativas o académicas, lo que se conoce como coordinación de triple hélice.

Otro de los mayores retos es democratizar los beneficios. Actualmente, las exportaciones mexicanas se concentran en 500 de las 40 mil empresas exportadoras, en ocho estados (con 75% del total) y en 5 de los 19 sectores manufactureros (con 70% del total). Vale la pena resaltar que los estados más exportadores han conseguido reducir la desigualdad e incrementado su renta per cápita. Por consiguiente, la política de desarrollo debe estar encaminada a integrar más empresas a las cadenas globales de producción, de tal forma que se conviertan en proveedoras de las empresas globales. En la medida que ocurra, México podrá cumplir con mayor facilidad las reglas de origen previstas en los TLC para poder exportar con preferencias. Asimismo, la apertura comercial entusiasmará más a las mipymes.

Otras medidas importantes para democratizar el comercio incluyen: organizar a las mipymes bajo modelos de asociación o cooperativas con el fin de que puedan comprar sus insumos conjuntamente y exportar de manera competitiva; impulsar las vocaciones productivas de los estados menos vinculados con los mercados externos o aquellos que cuentan con potencial de crecimiento, y mejorar la conectividad y las infraestructuras regionales para fomentar el desarrollo industrial.

 

“A pesar de su presencia en los mercados internacionales, México sigue enfrentando retos en materia de comercio exterior y en los ámbitos interno y externo de su economía.”

 

CONSIDERACIONES FINALES

Es necesario mantener y profundizar muchas de las reformas estructurales que se instrumentaron en el sexenio del presidente Peña Nieto. Lo anterior, para evitar que México sea víctima del llamado “efecto sándwich”. Si una economía media adolece de las herramientas para competir, la inversión emigrará a las economías más desarrolladas conforme la automatización y la adopción de nuevas tecnologías se extiendan. Al mismo tiempo, una parte de los capitales buscará asentarse en países con una oferta de mano de obra más atractiva, por encontrarse en niveles de desarrollo industrial inferiores. Países como México quedarían justo en medio, donde ocurre el vacío de inversión.

Para evitarlo, nuestro país debe hacerse más atractivo no por su mano de obra barata, sino por una mano de obra calificada, que pueda realizar aquellas tareas que no pueden hacer los robots y que tienen, preferentemente, un mayor valor agregado. Debemos producir menos con nuestras manos y más con nuestras mentes. Solo así podemos transformar a México, transitar de un país de manufactura a uno de mentefactura, de lo hecho en México a lo creado en México.

 

* Es socia en SAI Derecho & Economía. Fue subsecretaria de Comercio Exterior en la Secretaría de Economía y, en esa misma dependencia, directora jurídica en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales durante la negociación del TLCAN.