Perú al frente de la Alianza del Pacífico.

Entrevista con Julio Garro

Gabriela Gándara

A partir de agosto de 2018 y por un año, el Perú tendrá la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico. La agenda de la Alianza y el contexto internacional en el que se desenvuelve este proyecto de integración regional son los temas que aborda Julio Garro, embajador del Perú en México en esta entrevista.

El Perú tiene la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico. ¿Cuál es su visión del proceso?

Para introducir el tema, me gustaría compartirles algunos antecedentes de la Alianza del Pacífico (AP) y mencionar cómo la vemos y entendemos tanto en el Perú como en otros países. En primer lugar, hay que tener claro que no la vemos únicamente como una alianza comercial, sino como una integración que es más profunda.

Hemos tenido muchas experiencias en acuerdos comerciales —algunas más afortunadas que otras— pero la AP es completamente innovadora entre sus miembros. La integración obviamente tiene un gran componente comercial, pero nos dimos cuenta que podíamos formar una agrupación con más temas porque partíamos de una plataforma común.

Los cuatro países hemos optado por formas de desarrollo similares y nos hemos encontrado en el camino. Somos países democráticos que privilegiamos el Estado de derecho; partimos de una visión común y compartimos valores similares y esto es lo que hace la diferencia. No estamos hablando solo de comprar y vender. Nos damos cuenta de que tenemos una forma similar de proyectarnos en el mundo globalizado y que como agrupación tendremos más alcance. Con estos valores de trasfondo, decidimos unirnos como países que compartimos, a nivel político, el respeto a la democracia; y a nivel económico, la convicción de las ventajas de un mercado abierto con especial atención a las necesidades sociales de la población.

Con base en esos dos principios —el económico y el político—, sumados a una cultura compartida y un mismo idioma, nos acercamos para buscar una proyección conjunta hacia ese mundo abierto, complejo y con grandes retos. Nos fijamos como escenario principal el acercamiento a la zona Asia-Pacífico, aunque no exclusivamente. En realidad, somos países que veníamos haciendo lo mismo y al encontrarnos, decidimos formar la Alianza: de ahí el éxito.

Partimos de ideas en común y de la orientación hacia un objetivo común. A partir de ahí, hemos realizado los acuerdos, que no es tarea fácil, y hemos logrado en poco tiempo negociar, ceder, escoger y compartir voluntades. Así, en seis años ya tenemos un protocolo comercial que libera el tránsito de 92% de las mercancías.

 

Cuando el presidente Vizcaya asistió a la reunión de la AP en México, comentó que uno de los retos es lograr que este mecanismo sea más global y cercano a los ciudadanos. ¿Nos podría hablar de esto?

La AP tiene una amplísima gama de temas que van desde la cooperación para el intercambio de estancias estudiantiles, cultura y medio ambiente hasta el apoyo a las pequeñas y medianas empresas o el desarrollo tecnológico. En total se tienen 27 mesas de trabajo que abarcan asuntos de diferente índole. En todos los grupos se ha trabajado mucho. Algunos tienen más avances que otros. En lo particular, se ha puesto especial atención a un tema que a mí me entusiasma: la importancia de los jóvenes para el futuro de nuestros países. Esos jóvenes que en unos años serán decisivos. Queremos que sea algo común y casi cotidiano que los jóvenes de un país hayan estudiado una temporada en otro, o hayan hecho turismo o estén en contacto con jóvenes de los otros países. Que se sientan parte de un grupo. En otras palabras, que no sea algo extraordinario la cercanía entre nuestras naciones.

Construir este andamiaje es tarea de diferentes presidencias y este año hemos recibido con mucha seriedad ese honor. El Perú toma la presidencia en un momento muy especial, en que la alianza cuenta con reconocimiento externo y genera expectativas. Debemos proponer con mucha modestia, pero con visión de futuro. Estamos conscientes de que la propuesta ya ha despegado y esto supone responsabilidad. Ya no es solo un proyecto, es una realidad. Están los cuatro países asociados y 55 países observadores. Ahora la prioridad es terminar negociaciones comerciales con Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Singapur, que fueron países observadores pero deseaban ampliar su participación. Sabían que no podían ser miembros plenos de la Alianza y la opción que se abrió y se aceptó entonces fue la de reconocerlos como países asociados. Ahora se está negociando un acuerdo comercial reforzado y durante la presidencia pro tempore del Perú nos abocaremos a cerrarlo. Además, tenemos países que, por decirlo de alguna manera, están en la siguiente fila para ser reconocidos como asociados. Me refiero a Corea del Sur y Ecuador. Con ellos se iniciarán negociaciones este año y, de manera paralela, pero con un enfoque distinto, se abordará la colaboración con Mercosur y otros grupos.

El segundo tema prioritario es cómo conectamos esta alianza con la vida de las personas. Una alianza que está tan de moda en círculos especializados de académicos, empresarios y estudiantes tiene que llegar a los ciudadanos y eso depende de cómo colaboremos en otros campos: movilidad de personas, intercambios académicos, turismo, cultura, etcétera. Al respecto, hay un tema que bien puede catalogarse como bisagra, me refiero al de las pymes. Como sabemos, las pequeñas y medianas empresas emplean porcentajes altos de mano de obra y en muchos casos producen con gran calidad, pero no tienen acceso a los mercados internacionales. Este es uno de los esfuerzos en los que estamos poniendo mucha atención y que queremos reforzar durante la presidencia del Perú.

 

“La integración tiene un gran componente comercial, pero nos dimos cuenta que podíamos formar una agrupación con más temas porque partíamos de una plataforma común.”

 

¿Cómo es la participación de las empresas peruanas en la AP y cómo valoran esta iniciativa?

Es parte del éxito poner a los actores de la integración por delante y no querer decirles lo que tienen que hacer, como quizá se haya hecho en otras ocasiones. Por supuesto, sin el trabajo de los presidentes, gobiernos, ministerios de economía y cancillerías la Alianza no saldría adelante. Pero la sociedad, el sector cultural, los comerciantes y, por supuesto, los empresarios son su fuerza motriz. Son los actores principales.

Cada país tiene un consejo empresarial. Estos consejos saben lo que tienen que hacer, lo que les conviene y lo que quieren. No solo eso: han sido muy activos y están detrás de todos los avances. Obviamente, la función del Estado es mediar entre los diferentes intereses y en los posibles desacuerdos, así como establecer directrices y dar rumbo. Pero son los actores quienes deciden. Los individuos que forman parte de los consejos de cada país representan a grupos muy amplios de empresarios de diferentes sectores; fungen como delegados de los gremios y dan voz a sus colegas.

Me gustaría mencionar algunos casos que he tenido oportunidad de atestiguar en los dos años que llevo de embajador del Perú en México. Si analizamos el caso peruano, encontramos diferentes niveles de participación empresarial. Los grandes empresarios conocen el tema, cuentan con experiencia exportadora y ya están en contacto con empresarios de los otros países. Por lo tanto, no requieren de apoyo institucional para avanzar en sus procesos. Los que nos necesitan son los otros empresarios, los medianos y pequeños. Por ello regreso al tema de las pymes y compruebo que la AP empieza a trascender. Recientemente recibimos en México a un grupo de empresarios del sector automotriz provenientes del sur del Perú, con la intención de integrarse a las cadenas productivas de las empresas mexicanas. Es muy interesante, también, la experiencia que acabamos de ver a finales de agosto en Oaxaca: 37 empresarios peruanos, grandes y pequeños, que vinieron a reunirse con sus homólogos y obtuvieron resultados concretos, ya sea en exportaciones o en proyectos de colaboración.

A pesar de que se tienen muchos años de experiencia en intercambios comerciales, la experiencia de integración es reciente y no es fácil que países como México, que se ha orientado a Estados Unidos, o el Perú, que ya tiene unos años mirando la región asiática, nos concentremos ahora en la vinculación entre nuestras economías y sociedades.

 

La AP ha avanzado mucho en poco tiempo y ha despertado el interés de otros países. ¿A qué atribuye esto?

En la Alianza se tomó la decisión, desde un principio, de no burocratizarse y ser muy operativos, lo que también conlleva sus dificultades. Se ha mantenido la representación de los países en grupos pequeños, pero con una carga importante de trabajo, y lo que estamos haciendo implica tiempo y esfuerzo. Hay división de tareas y cada grupo se responsabiliza de ciertos temas, de tal suerte que se repartan las cargas y se adquieran compromisos muy claros. Así se han logrado avances, pero debemos estar atentos para mantener un balance entre extensión y profundidad. No se trata de hacer todo y abarcar muchos temas de manera superficial, pero al mismo tiempo estamos conscientes de que la AP es un proceso de integración profunda que queremos que llegue a todos los campos de la vida de nuestros países, y esto es lo que hacemos con mucho entusiasmo y el mayor profesionalismo posible.

La AP tiene dos vertientes, una intrarregional y otra externa. La relación con otros países es una parte constitutiva del mecanismo. Se trata no solo de mejorar las condiciones para vender algo a Chile, Colombia o México, sino de vender como grupo, por ejemplo, a una cadena de supermercados en Corea del Sur. Conjuntamente, podemos atender a un cliente que quiere vender frutos rojos no solo durante siete meses, que es el periodo de producción en México, sino todo el año. Se trata entonces de ver cómo podemos abastecer colectivamente mercados en los sectores automotriz, aeronáutico o de consumo en terceros países. En el Perú hay algunos componentes aeronáuticos que utiliza la industria mexicana; integremos las cadenas de valor.

Se vislumbran muchas oportunidades en el camino y estamos avanzando. El ejercicio está bien dirigido y el Perú asume la responsabilidad de continuar el proceso de integración con la zona de la cuenca del Pacífico.

 

"Una alianza que está tan de moda en círculos especializados tiene que llegar a los ciudadanos y eso depende de cómo colaboremos en otros campos: movilidad de personas, intercambios académicos, turismo y cultura.”

 

¿Qué momento atraviesa la relación comercial entre el Perú y México?

La vinculación del Perú con México tiene una larga historia. Se sabe que antes de la conquista ya había contactos entre el norte del Perú y la zona de Tehuantepec en México. Esos lazos están ahí y llegan hasta el presente, pero es evidente que en el siglo XXI la relación adquiere nuevas dimensiones. Cuando miramos la cifra de comercio bilateral de unos 2 mil 400 millones de dólares anuales y la analizamos, vemos que ese volumen de intercambio era impensable hace 15 años. De igual manera, hace dos décadas no imaginábamos que podría haber una oferta de ocho vuelos diarios entre México y el Perú, y que anualmente se reportan más de 200 mil turistas peruanos que visitan México. Hay una conectividad y una vinculación que crece a gran velocidad. Vinculación en sentido amplio: la cultura hoy se enriquece gracias a una buena dinámica económica, comercial y de intercambio de personas.

En los últimos cinco años, la AP ha reforzado el acercamiento entre los dos países. Por ejemplo, una de las primeras decisiones que entraron en vigor fue la liberalización de las visas. Antes del acuerdo, las visas fueron por muchos años un problema que no se lograba resolver; solo a partir de 2012 se retiraron definitivamente, lo que trajo un aumento inmediato de turistas.

Termino con lo que comencé esta entrevista: compartimos valores y convicción plena de avanzar juntos en la misma dirección.