Hacia una mejor relación con Medio Oriente y el Magreb*

Gilberto Conde*

México ha privilegiado sus relaciones económicas, políticas y culturales con un reducido grupo de países y regiones, y desdeñado a muchos otros, incluida la zona de Medio Oriente y el norte de África. En lo económico, nuestros intercambios con esta región son altamente deficitarios y se limitan a unos cuantos países. Hay mucho espacio de mejora. Para ello, nuestra diplomacia debe ser ambiciosa y, al mismo tiempo, evitar inmiscuirse en conflictos en los que no puede incidir. Por supuesto, se debe tener una postura de principio a favor de los derechos humanos y defender la autodeterminación de las naciones, pero priorizando siempre la resolución pacífica de los conflictos. El activismo que hemos visto en los últimos años, aunque en apariencia concuerda con estos principios, ha terminado por chocar con la realidad porque se basa no tanto en ideales sino en la pretensión de acoplarse a la pauta internacional marcada por Estados Unidos y sus selectas relaciones comerciales con un puñado de países de la región. Lo que se debería intentar es diversificar el creciente intercambio económico y multiplicar los vínculos del país, mediante una política independiente y sustentada en las posturas tradicionales de la diplomacia mexicana.

EL ESTADO DE LAS RELACIONES

Desde hace varias décadas, México ha centrado el grueso de sus relaciones económicas, culturales y políticas en Estados Unidos. Por supuesto, también tiene intercambios —sobre todo económicos— con otros países, pero en una proporción mucho menor, como se puede apreciar en la Gráfica 1. La creciente concentración de operaciones en unos cuantos mercados, se ha vuelto particularmente amenazante tras el arribo de Donald Trump a la presidencia del vecino del norte. Es urgente que México diversifique sus mercados, para lo que hay amplias posibilidades. Entre las regiones del mundo con las que se podría tener una relación más viva y próspera se encuentran la cuenca este y sur del Mediterráneo y la del golfo Pérsico, que incluye Medio Oriente y el Magreb.

La relación económica con esta área es tan tenue que cualquier mejora redituaría grandes beneficios. Según la División de Estadística de Naciones Unidas, en 2016 México exportó mercancías a Medio Oriente y el Magreb por un total de mil 327 millones de dólares, principalmente a Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Israel, Argelia, Arabia Saudí, Kuwait y Egipto. El mismo año, nuestro país importó bienes de esa región por 2 mil 284 millones de dólares, sobre todo de Turquía, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Arabia Saudí, Egipto, Qatar y Argelia.

El valor de las exportaciones mexicanas a la región es muy pequeño: en 2016 representó bastante menos de medio punto porcentual de las exportaciones totales; las compras que se hacen superan por mucho a las ventas: el déficit comercial es mayor a 72%. El grueso de la relación se da con un puñado de países, cuando las posibilidades de exportación son muy superiores. Alrededor de tres de cada cuatro dólares que se importan de Medio Oriente provienen de dos países, Turquía e Israel, a los que compramos entre tres y cuatro veces más de lo que proveemos (ver las gráficas 2 y 3).

Los gobiernos mexicanos recientes han realizado esfuerzos para mejorar la relación con algunos países de Medio Oriente pero, más allá de los logros en lo cultural y lo diplomático, las cifras muestran resultados aún magros. Las causas son diversas, y comprenderlas puede ayudar en la búsqueda de alternativas que fortalezcan los lazos comerciales y mejoren la cooperación bilateral.

De entrada, las economías periféricas y, en gran medida también, las semiperiféricas como la mexicana, tienden a comerciar principalmente con las economías centrales y, hasta cierto punto, con otras economías semiperiféricas. En el caso mexicano, la tendencia es comerciar con Estados Unidos, Canadá, China y los países de la Unión Europea. Estos mercados son de acceso fácil relativo, ya sea por su cercanía, capacidad de compra e historial de la relación; además, por supuesto, de la apuesta cursada desde los años noventa por el gobierno mexicano en favor del mercado norteamericano. Este cúmulo de factores ha creado una inercia que desalienta la diversificación de mercados.

Pero hay otros posibles obstáculos que también inhiben la expansión del intercambio comercial de México con los países del Medio Oriente y el Magreb. Entre ellos, la política exterior desplegada por las autoridades mexicanas hacia la región, el temor que despierta entre los inversionistas mexicanos la escasez de contactos sólidos en la zona y el poco conocimiento que se tiene de sus lenguas y culturas. No es extraño que a esta región del planeta se le asocie con el caos, la guerra y el terrorismo; dado que los medios de comunicación —mexicanos y extranjeros— suelen destacar sus aspectos más negativos y sólo de manera excepcional ponen el acento en los lazos históricos, culturales, migratorios y de otros tipos que nos unen con aquella región.

POLÍTICA Y ECONOMÍA

Acostumbrados a cierta modalidad de globalización, en la que México no buscaba liderazgos ni conexiones internacionales más diversas, el gobierno y la cancillería podían casi siempre desplegar una estrategia relativamente sencilla en su relación con Medio Oriente y el Magreb: seguir la pauta estadounidense, imprimiéndole algunos matices de independencia.

Pero los esfuerzos por relacionarse económicamente con un mayor número de países del Medio Oriente y el Magreb han complicado las cosas. Quienes conducen la política exterior de México buscan no distanciarse demasiado de la postura estadounidense y, al mismo tiempo, acercar posiciones con los socios comerciales de mayor proyección: Turquía, Israel, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Sujetas a la doble pauta del país del norte y del mercado, las autoridades no sólo han chocado con las más antiguas y prestigiosas tradiciones de la política exterior mexicana, sino que enfrenta frecuentemente dificultades para conciliar posiciones en un entorno regional particularmente volátil y contradictorio. A los responsables de la política exterior mexicana les convendría prestar más atención a los estudios académicos elaborados en su propio país.

UNA CAMBIANTE Y COMPLEJA REALIDAD REGIONAL

Durante los últimos años, en el Medio Oriente y el Magreb se han atestiguado tres procesos simultáneos que se alimentan entre sí. Primero, la incapacidad de Estados Unidos para mantener su hegemonía en la región, lo que ha derivado en el virtual abandono del multilateralismo por parte de la administración Trump. Segundo, la disputa de esa hegemonía por parte de élites locales y, tercero, el descontento de amplios sectores de la población que, incluso por la vía de las armas, reclaman la incapacidad de los regímenes autoritarios para atender sus necesidades tanto materiales como aspiracionales.

Tras las revueltas populares que sacudieron al mundo árabe en 2011, los países de la región parecieron alinearse en dos grandes bloques: uno proestadounidense y otro prorruso. El primero integrado por una serie de estados, monárquicos o republicanos, controlados casi todos por musulmanes sunníes —Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Bahréin, Jordania, Egipto, Qatar y Turquía—, así como por Israel. El segundo grupo, conformado por estados republicanos, al menos nominalmente, con algún grupo chií o identificado como chií en el poder: Irán y Siria, principalmente.

Sin embargo, no puede tomarse partido por alguno de estos bloques como se hizo en la época de la Guerra Fría, dado que ambos son muy conservadores y sus divisiones internas llegan a ser considerables. Más aún, tras el arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su desinterés por el multilateralismo, se reavivaron fricciones que apenas un año antes parecían superarse, como fue el caso de la rivalidad de sauditas e israelitas con Irán. Dentro del propio campo proestadounidense reaparecieron conflictos con la pretensión de Arabia Saudita y sus aliados de intentar aislar a Qatar, lo que provocó el malestar de Turquía.

El abandono del multilateralismo puede tener consecuencias muy graves para la región, algunas con reverberaciones mundiales. Puede incidir, por ejemplo, en el conflicto israelí-palestino que, según las promesas de Trump, resolvería su yerno Jared Kushner con suma facilidad. La abierta inclinación de Trump a favor de Israel, evidenciada con el reconocimiento de Jerusalén como su capital y el retiro del financiamiento a la agencia de Naciones Unidas para la atención a los refugiados palestinos, parece haber dado el tiro de gracia a la aspiración de una paz justa y duradera mediante la creación de un Estado de Palestina que posibilite la coexistencia pacífica de ambos pueblos. También quedó seriamente cuestionado el papel de Estados Unidos como mediador por excelencia en las negociaciones entre Israel y Palestina.

No faltan quienes, desde una óptica geopolítica, consideran que los movimientos rebeldes también se alinean en torno a estos dos ejes, pero la realidad es mucho más compleja. Los grupos extremistas sunníes, dependientes de Al Qaeda o de Isis, tienen su propia agenda. Muestran una visión distópica del futuro: alientan el triunfo de su versión del islam ortodoxo, así sea por medio de la violencia. Los Hermanos Musulmanes y otros grupos fundamentalistas sunníes, aunque muy conservadores, entienden el islam de manera más abierta; aceptan una variedad mayor de prácticas religiosas, pero también de formas políticas, y muchos avalan la vía democrática. A pesar de estas diferencias, ciertos estados y medios de comunicación buscan equipararlos. Entre las corrientes surgidas de la Primavera Árabe, hay varias que descartan la religión como forma política básica y no se alinean con los estados de la región, al menos no de forma permanente.

MULTILATERALISMO: EVITAR ESCOLLOS Y APROVECHAR OPORTUNIDADES

La complejidad política en Medio Oriente desaconseja adoptar una estrategia simplista. Seguir sin más el pragmatismo estadounidense y del mercado puede provocarle a México fricciones innecesarias con estados de signos diversos, además de incumplir los principios de respeto a la soberanía, defensa de los derechos humanos y resolución pacífica de los conflictos. Los problemas se podrían agravar pronto, pues todo indica que la política revisionista y unilateralista del presidente Trump exacerbará las contradicciones en la región.

Con todo, es posible y deseable que México se relacione más con Medio Oriente y el Magreb. Aunque a nivel mundial se está reduciendo la dependencia en los hidrocarburos para generar energía, está transformación demorará y, además, los países petroleros de la región se están preparando. Es muy probable que estos países mantengan una buena posición en los mercados mundiales.

Hay países en la región prácticamente inexplorados que cuentan con importantes recursos y capacidad de compra e inversión, como Qatar, Omán y Bahréin. Irán y las zonas kurda y árabe de Iraq también podrían interesarse en los productos mexicanos. Es extraño que no haya intercambios mayores con Líbano, dada la considerable población originaria de ese país en México. Se debería emplear más este vínculo para ampliar las relaciones bilaterales.

Para facilitar la relación de México con los países de la zona, es necesario ampliar la comprensión mutua mediante intercambios culturales y la promoción in situde nuestro país. Habría que concebir un plan que permita reducir los prejuicios que existen en México hacia los árabes, turcos e iraníes, y hacia los musulmanes en general. Además del gobierno y las universidades, en este programa deberían involucrarse a algunos medios de comunicación y asociaciones, entre ellas la Cámara Árabe-Mexicana de Comercio, cuya labor debe difundirse aún más. En varias universidades, particularmente El Colegio de México, se forman regularmente especialistas en Medio Oriente, con conocimientos avanzados de ciencias sociales, historia, islam y lenguas como el árabe. Las empresas que desean comerciar con la región y los medios de comunicación deberían recurrir a ellos para superar prejuicios y mejorar su entendimiento sobre esta fascinante región del planeta.

 

* Una versión de este artículo fue publicado para el Informe de México próspero, equitativo e incluyente. Construyendo Futuros para el Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi A.C. y El Colegio de México. Para mayor informes visitar: centrotepoztlan.org.

*Es profesor-investigador en el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. Maestro y doctor en la materia por el propio Colmex y miembro del SNI, ha publicado Turquía, Siria e Iraq: Entre amistad y geopolítica y El río Jordán y el acuífero de la Montaña en el conflicto y las negociaciones israelí-árabes.