La presencia de México en África y Medio Oriente

Entrevista con Jorge Álvarez Fuentes

Guillermo Máynez Gil

África y Medio Oriente son dos regiones en pleno proceso de transformación en las cuales se juega, en buena medida, el futuro de la humanidad. México ha dejado de ser un espectador de segunda fila, para involucrarse en este proceso de manera más acorde con su tamaño y peso en la arena internacional. Aun así, hay mucho por hacer, como nos detalla un protagonista de la participación mexicana en esta región en los últimos años. Como embajador en Líbano y Egipto, y luego director general para África y Medio Oriente en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Jorge Álvarez ha seguido de cerca la evolución de estas regiones, y en esta entrevista nos narra historias de éxito de mexicanos que han incursionado en la zona, traza las rutas de la colaboración futura, y resalta la importancia de avanzar en el intercambio y la detección de oportunidades.

Como exembajador en Líbano y Egipto, usted ha sido un observador cercano de la realidad de África y Medio Oriente. ¿Cuál es su percepción general sobre las distintas regiones que componen ese territorio?

Percibo una transformación muy profunda, por ejemplo en el caso de las denominadas primaveras árabes. Se tra­ta de fenómenos muy distintos, muy contrastados, pero sin duda ha emergido la juventud, que tomó el destino en sus manos. No son escenarios fáciles, pero yo no com­parto la visión de extender un certificado de defunción a las primaveras árabes. Cualquiera que conoce la región sabe que los procesos históricos son largos, pero veo un escenario de cambio político, económico, social y cultural muy profundo.

Lo mismo ocurre en buena parte del resto de África, donde está mucho del futuro de la humanidad. Hay cam­bios que eran difícil de anticipar: pensemos en Sudáfrica, la primera economía, o Nigeria, donde el proceso político ha sido muy complicado. Lo mismo en Zimbabue, Zambia, Tanzania, Ghana o Kenia. Esto es relevante para México: lo que pase en estos países importa en los escenarios mun­diales, incluso si la región no figura entre las prioridades de nuestra política exterior. México no ha sido ajeno a es­tos cambios y para mí ha sido un privilegio estar, no en primera fila, sino inmerso en ellos.

Algunas de estas naciones pasan por momentos muy difíciles, como Siria, donde hay una guerra civil, y varios países del norte de África tras las revoluciones recientes. ¿Bajo qué principios y con qué estrategia se conduce México en este tipo de situaciones?

Con lo mejor de su tradición, actualizada. Hemos tenido una presencia activa en los foros multilaterales, que es donde se centra nuestra participación cuando se presen­tan situaciones de conflicto. En el caso de Siria, por ejemplo, participamos en esfuerzos de este tipo como fue el de Ginebra. Aunque a la postre resultó infructuoso, México se mostró congruente con su compromiso de encontrar soluciones pacíficas a un conflicto que es interno, regio­nal e internacional. Los riesgos de la pugna en Siria son globales; lo estamos viendo en el caso de Yemen, que es una tragedia.

La estrategia que se ha seguido es de acercamiento y profundización. México ya no está en segunda fila: se aproxima mediante el diálogo político, buscando ser par­tícipe, no con la mera presencia, sino proactivamente. Por ejemplo, en el caso de los refugiados sirios, nuestro país ha hecho contribuciones financieras, modestas si se quiere, pero que apoyan los campos en Jordania y Turquía, de la mano del UNICEF, la ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos. Desde el ámbito multilateral, hemos reforzado y profundizado en lo bilateral, es decir, la voz de México se ha escuchado en las capitales, como parte de un diálogo político no retórico, sino efectivo.

Podría parecer que la relación de México con África y las naciones de Medio Oriente es escasa y poco relevante. Salvo con Israel, no hay acuerdos de libre comercio, y tenemos pocas embajadas en África. ¿Qué tan cierta es esta percepción?

Es parcialmente cierta. Si bien el número de nuestras re­presentaciones diplomáticas es insuficiente, y hay casos en los que no hemos podido ser recíprocos, sí estamos tra­bajando para desarrollar vínculos de largo plazo, aunque quizá no se sepa. Por ejemplo, empresas como Cemex, TenarisTamsa y Bimbo han mostrado interés. No se han subordinado a la diplomacia formal, sino que han ido al encuentro de oportunidades.

Hace falta tener el cuadro completo. En la visión tra­dicional, aquéllas son regiones distantes. Pero a final de cuentas no lo son, porque en ellas hay grandes desafíos para la paz y la seguridad internacionales. Por ejemplo, en Marruecos tendremos la Conferencia Internacional sobre Migración. Además, ya se están sosteniendo conversacio­nes sobre una zona de integración continental. Algunas de las economías africanas tienen tasas de crecimiento constante que se cuentan entre las más altas del mundo. No son solo Sudáfrica, Nigeria, Argelia y Egipto. También Costa de Marfil, Kenia y Ghana.

Hay que prestarles atención, realizar un esfuerzo para que la idea de diversificar nuestras relaciones no quede solamente en una mera declaración de buena vo­luntad. El tratado con Israel es de 2000. Le urge una re­visión, que hasta ahora se ha hecho demasiado pausada. Está la posibilidad de un tratado con Jordania, como pun­ta de lanza. Tomemos en cuenta que tienen un acuerdo con Estados Unidos y que juega un papel estratégico en la región. El intercambio es muy bajo, pero algunas em­presas han tomado la delantera buscando aprovechar el enorme potencial.

Además de la relación histórica con las anteriores potencias coloniales, África ha llamado la atención de China. ¿Qué riesgos y oportunidades supone esto?

Desde hace tres décadas, China trabaja muy intensamen­te en África, yendo al encuentro de las oportunidades, pero sobre todo de las necesidades. En una primera fase, ayudaron a muchos países a atender sus requerimien­tos urgentes, por ejemplo de infraestructura. Ahora han avanzado a una segunda fase que va más allá de los re­cursos naturales; éstos le interesan, por supuesto, pero han puesto su atención en el mayor recurso de África, que son los jóvenes. Hay que pensar que, en menos de dos décadas, la mayor parte de los jóvenes del mundo van a ser africanos.

Sobre la base de estas perspectivas, nosotros tene­mos que acercarnos también. Veámonos en el espejo tur­co. Nosotros tenemos ocho embajadas en África. Turquía está por llegar a 40. Hemos empezado por los mecanis­mos de diálogo político. Hay que ampliarlos a los ámbitos comercial y cultural, con una visión de largo plazo.

¿Cómo es la relación de México con los países africanos y de Medio Oriente, por ejemplo en los organismos multilaterales?

Cada vez más cercana, pero ya no sólo en los pasillos de los organismos, sino también en la propia Unión Africana, por ejemplo, donde México participa como ob­servador, lo mismo que en la Comunidad Económica de África Occidental. Lo que debe hacerse a nivel bilateral complementa y refuerza lo que se está haciendo a nivel multilateral. El reto es ser constante, en lugar de apare­cer y desaparecer.

¿Cuáles son las principales áreas de relación, cooperación e intercambio con estos países?

Una mezcla de oportunidades —en las áreas de excelen­cia de México— y necesidades. Un ejemplo es la solicitud de países de Medio Oriente para que México brinde asis­tencia en materia electoral. Lo hicimos con Irak, Libia, Egipto, Líbano y otros países interesados en conocer la ex­periencia de México en administración y justicia electora­les. También, una delegación encabezada por el presidente de la Suprema Corte de Kenia vino a México a un proceso de inmersión de 10 días con las autoridades del Instituto Nacional Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El encuentro fue fundamental para sus elecciones más recientes, ya que en las anteriores hubo un conflicto poselectoral sumamente violento.

Otra oportunidad de intercambio vincula al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que es un referente para muchos países que están en procesos de reformas institucionales y para los cuales el ejemplo de un centro de evaluación de políticas públicas es crucial. Los programas de transferencias de efectivo condicionadas para educación, salud y alimenta­ción han interesado a países como Pakistán y Egipto.

Lo mismo en materia agrícola. Estamos cooperando con Kenia para que adopten el proceso de nixtamalización. La Agencia Mexicana de Cooperación Internacional apoya este esfuerzo, que ha resultado en un aumento en la com­pra de maíz blanco mexicano, a casi 400 millones de dóla­res, por parte no sólo de Kenia, sino también de Sudáfrica, gracias a la producción superavitaria mexicana. Estamos cooperando con Etiopía en el manejo de grana cochinilla. Aunque hay pocos mexicanos allá, algunos desempeñan funciones relevantes en el proceso de transformación. Un agrónomo de Chapingo, discípulo de Norman Borlaug, ha apoyado a Etiopía en el manejo de la grana.

Tenemos casos de cooperación triangular con Burun­di, de la mano de Países Bajos. Se trata de un proyecto de monitoreo de lluvias para gestión de recursos hídricos. Aunque la participación mexicana es modesta, hay muchas oportunidades. Viene la Expo 2020 en Dubái, por ejemplo.

¿En qué áreas hay inversión?

En Ghana, se ha hecho una pequeña inversión mexicana a partir de la experiencia de los estados del noroeste en la producción de hortalizas. Hay empresas de arquitectura, un área de conocimiento importante en México. Ciertas firmas han tenido mucho éxito en proyectos grandes de Qatar, como la Ciudad de la Educación o estadios y servicios para el Mundial de futbol.

¿Qué países ofrecen las mejores oportunidades en este momento?

Cuando menos cinco de ellos. En primer lugar, Israel. Mexichem acaba de adquirir una importante empresa israelí, por ejemplo. Sudáfrica, que tiene una veintena de empresas en México, deberíamos invertir más allá. Marruecos, donde empresas como Bimbo han incursio­nado. Arabia Saudita. En Costa de Marfil, que tiene emba­jada en México, estamos trabajando en acuerdos para evi­tar la doble tributación. Hay que articular mejor el marco jurídico para reforzar las relaciones.

¿Cree usted que la ubicación actual de las embajadas y consulados en esa región es adecuada?

En general, sí. Están ubicadas donde se debe, pero nos faltan, por ejemplo, en alguno de los países del África francófona. En reciprocidad, debería ser Costa de Marfil y en Angola, un país importante. La apertura de una ofi­cina de ProMéxico en Casablanca fue importante; ojalá se retome el trabajo. Conviene ampliar la cantidad de cónsules honorarios en África. Hay 19, de los cuales 16 son empresarios. Debemos capitalizar esto y tener por lo menos el doble. Se trata de priorizar y ser activos. La diplomacia comercial es indispensable.

 

“En buena parte de África está mucho del futuro de la humanidad. Esto es relevante para México: lo que pase en estos países importa en los escenarios mundiales.”

 

¿Qué recomendaciones haría al Gobierno entrante para aprovechar mejor las relaciones con estos países?

En el caso de África, interesar al sector privado para que vea que existen muchas oportunidades. Hay que difundir más a África en México, como lo está haciendo la UNAM con un programa de estudios sobre Asia y África. Tenemos que aprovechar la cultura. Una pequeña editorial mexicana, Elefanta, difunde la literatura africana en México. Están la música y el cine, también de países de Medio Oriente. El reconocimiento mutuo va a beneficiarnos.