Información: la clave para diversificar mercados

Entrevista con Héctor Álvarez de la Cadena

Guillermo Máynez Gil

En África y Medio Oriente, México puede encontrar grandes oportunidades comerciales y de inversión. Para ello, sin embargo, es necesario salvar diversos obstáculos; la distancia geográfica, el primero de ellos. A excepción de Israel, no tenemos tratados de libre comercio en la región, ni siquiera alguno de alcance parcial. No hay rutas marítimas ni vuelos directos, lo que encarece y dificulta el intercambio. Dadas las prioridades de la política exterior, comercial y de promoción, los acercamientos han sido espaciados, y el seguimiento de los proyectos conjuntos, esporádico. Pero el potencial está ahí y, para dimensionarlo, Comercio Exterior conversó con el coordinador de la Sección para África y Medio Oriente del COMCE y presidente del Consejo de Administración de Metco. Un empresario que ha contribuido a afianzar las relaciones con esos países.

Hablemos primero de Metco. Como presidente de su Consejo de Adminsitración, ¿qué nos puede contar de la empresa?

Metco se fundó en 1995. Fue la primera empresa en el mundo que cristalizó estevia. En 1993, yo había generado una patente que fue el origen de la empresa. Metco comenzó muy pequeña, con tres empleados, pero fue creciendo y ahora abarcamos toda la rama de la biotecnología derivada de la genética de la caña. Estamos haciendo un concentrado de caña que aporta sabor a los edulcorantes no calóricos en general, hacemos jarabes de azúcar invertido enzimáticamente, produciendo estevia desde el campo, con cultivos en Michoacán, Nayarit y Chiapas. Somos la única empresa mexicana en el ramo que está integrada desde la planta hasta el producto final y competimos con empresas transnacionales. Tenemos otros productos para la saciedad. A partir del sargazo —como el que llega a las playas de Quintana Roo— producimos alginato de sodio, un agente espesante totalmente natural que da volumen a alimentos y bebidas.

El alginato también sirve para la industria textil: es un fijador de colores.

¿Cómo ha sido la experiencia de Metco en los mercados internacionales?

No importamos prácticamente nada, pero exportamos. Somos exportadores, pero con los endulcorantes esta actividad es complicada, porque suele tratarse de derivados o sustitutos del azúcar, un mercado protegido en casi todo el mundo. No podemos exportar libremente a Estados Unidos porque dentro del Tratado de Libre Comercio, incluso en el nuevo, existen las llamadas “cartas paralelas” que limitan nuestras operaciones en ese mercado.

En Europa tenemos que pagar aranceles. A buena parte de América Latina, no es posible ingresar con ciertos productos debido a razones semejantes. Pese a las dificultades, conseguimos exportar a Estados Unidos, Canadá, España y Centroamérica. Poco a poco, hemos entrado a Medio Oriente. La participación de las exportaciones como porcentaje de nuestra producción no es muy alta (menos de 10%), pero sí creemos que son mercados que debemos atender, porque es la mejor forma de compararse con productos de otros países y demostrar que podemos competir con empresas muy grandes.

¿Qué nos puede decir de su experiencia en Medio Oriente y África?

Yo soy cofundador de la Cámara Árabe Mexicana de Industria y Comercio, que se forma hace 20 años como una alianza entre la Liga Árabe, los embajadores árabes en México y distintos empresarios mexicanos. México tiene un comité bilateral de negocios con cada uno de los 17 países integrados en la cámara. Gracias a este aval, me invitaron a formar la sección de África y Medio Oriente en el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE).

¿Cuál ha sido nuestra experiencia? Yo siempre insisto en que estas regiones son la escuela olvidada del comercio internacional. No tenemos ningún acuerdo de alcance parcial ni tratado comercial con algún país de África. Con Israel sí tenemos un tratado, de ahí que al visitar algún país árabe, no falten los señalamientos respecto a este trato diferenciado.

Las barreras, tanto arancelarias como no arancelarias, dificultan mucho el comercio con esos países. Por otro lado, la escasa presencia mexicana contrasta, por ejemplo, con Brasil, que sí tiene allá oficinas comerciales que tratan de disminuir las barreras. Nosotros apenas hemos podido abrir la barrera del sistema Halal, logrando la certificación de empresas mexicanas; pero esto representa una parte muy pequeña del comercio.

Aunque son mercados interesantísimos, desgraciadamente no tenemos vías aéreas ni marítimas suficientes para que el comercio se vuelva accesible en cuanto al transporte. Organizamos una o dos misiones comerciales al año, pero es complicado juntar 15 empresarios. Hemos buscado que las misiones comerciales lleven un componente turístico y duren dos semanas, para que sean más atractivas, pues el costo económico es alto y los vuelos son de más de 20 horas. Y, a veces, la expectativa es que el empresario encuentre alguien que le quiera comprar dos toneladas de producto. Ha resultado bien, pero sigue siendo difícil. Hemos luchado para que haya al menos un vuelo directo a Medio Oriente, aprovechando, por ejemplo, el viaje del Presidente mexicano el año pasado, pero no lo hemos logrado. Vuelos así ayudarían mucho, no sólo al transporte de pasaje comercial y turístico, sino también, desde luego, a la carga. En viajes tan largos, ahorrarse siete u ocho horas es muy relevante.

 

“Yo soy cofundador de la Cámara Árabe Mexicana de Industria y Comercio, que se forma hace 20 años como una alianza entre la Liga Árabe, los embajadores árabes en México y distintos empresarios mexicanos.”

 

¿Qué otros sectores comerciales e industriales mexicanos están participando en la relación?

Hemos tenido logros en el sector de autopartes, con piezas muy concretas de algunos modelos que se venden en esas zonas y de las que México tiene producción. También, con algunos productos farmacéuticos. Vemos casos de éxito, como el de un mexicano que está exportando ambulancias equipadas. Nosotros hemos exportado enzimas para la alimentación, azúcares de ciertas características, y estudiamos la posibilidad de entrar con estevia. Asimismo, hay especialidades petroquímicas, además de productos de menor valor agregado, como garbanzo y otras materias primas. En electrónica y maquinaria eléctrica podríamos hacer muchas cosas, aunque un problema grave es que la decisión de autorizar el comercio de estos productos con los países de esa región depende de decisiones corporativas que se toman lejos de México. También hay una exportación interesante de miel y jarabes de agave, que tienen gran demanda. Si elimináramos la triangulación vía países europeos, podríamos acercarnos más.

En esos países, China ha incursionado con éxito. ¿Qué riesgos y oportunidades hay para México?

No soy pesimista, pero siento que mientras no exista una política de promoción y suficientes embajadas —pues con las que hay no podemos cubrir ni un país por año—, no podremos ampliar las oportunidades. Es muy difícil que un empresario mexicano llegue por sí solo, sin acompañamiento diplomático. Acabamos de conversar con el primer ministro de Libia, que vino a la toma de posesión del presidente López Obrador, con el fin de establecer los primeros contactos para exportar minerales no metálicos, joyas y oro. Esto es bueno, pero muy básico. Firmar un acuerdo y luego no darle seguimiento sirve de poco. Es necesario identificar empresarios con potencial de ambos lados, ponerlos en contacto, acompañarlos en el desarrollo de verdaderos planes de negocio e inversión, y escuchar qué facilidades o apoyos necesitan. Pensar que un empresario mexicano se va a lanzar a Libia, o viceversa, a ver a quién conoce, es poco realista y viable. Con Egipto, por ejemplo, firmamos un acuerdo que no se aplica y, años después, firmamos otro acuerdo igual, que tampoco se aplica. Hay más de 80 cámaras y convenios bilaterales privados que, en su mayoría, no están activos.

En COMCE estamos pensando en un servicio de inteligencia comercial, un tablero de control que nos permita tener información mundial de comercio, a todos los niveles, y superar la información primaria, sin digerir. Ya hay fuentes y bancos de información que podríamos comprar, y no hablo del Gobierno, sino del sector privado. Ojalá lo podamos desarrollar. Requiere inversión.

 

“En COMCE estamos pensando en un servicio de inteligencia comercial, un tablero de control que nos permita tener información mundial de comercio, a todos los niveles, y superar la información primaria, sin digerir.”

 

¿Qué oportunidades hay para importar desde esos países?

Con Sudáfrica podemos hacer varias cosas. Hay alimentos y vinos de muy buena calidad que permitirían un intercambio benéfico. Con Marruecos también, así como con Argelia, en productos petroquímicos. Con Egipto hay una serie de rasgos complementarios interesantes, en las industrias eléctrica y electrónica, farmacéutica, y petroquímica secundaria.

En cuanto a la inversión, ¿qué podría hacerse?

Cemex tiene inversiones en esa zona. Bimbo y Jumex han emprendido algunos proyectos. Sí hay posibilidades de que empresas mexicanas se establezcan allá —yo creo que Maseca podría— pero me parece que limitarnos a nuestras transnacionales no es lo más conveniente. Hay que buscar más profundización en el contenido nacional para que haya un efecto multiplicador.

En conclusión, ¿vale la pena invertir tiempo en buscar nuevos horizontes en estas regiones?

Definitivamente, sí, pero el servicio de inteligencia comercial privado es indispensable, sobre todo ante el futuro incierto de la promoción comercial gubernamental. Necesitamos información desagregada, oportuna y precisa. Ni siquiera son indispensables las misiones comerciales en persona, en un mundo conectado. Lo crucial es la información.