México y Argelia: perspectiva bilateral

Entrevista con Rabah Hadid

Guillermo Máynez Gil

A pesar de una larga historia de cooperación y amistad, que se remonta al proceso de independencia y descolonización de Argelia, el intercambio comercial entre México y ese país es muy reducido, pues no se ha podido avanzar más allá de los hidrocarburos y algunos productos agropecuarios. La inversión también está muy por debajo de su potencial, lo mismo que el turismo y el intercambio cultural. En esta entrevista, el embajador argelino, Rabah Hadid, habla de una historia poco conocida y señala las rutas por las cuales la intensa colaboración en organismos multilaterales, que sí tenemos, podría servir para incrementar el intercambio comercial y de conocimientos entre ambas naciones.

¿Cómo describiría la situación actual de las relaciones entre México y Argelia?

Nuestras relaciones tienen una profundidad histórica y afectiva. Mucha gente no lo sabe, pero gracias al voto de México en 1955, la causa argelina fue inscrita en la agenda de la Asamblea General de Naciones Unidas. La votación estuvo muy cerrada. En esa época había —creo— 53 o 54 miembros en la ONU. El resto de los países estaban colonizados. La decisión que tomó la Asamblea tuvo un margen muy estrecho. El voto de México fue determinante porque me parece que 25 votaron con Francia y 26 con nosotros. Todo se redujo a un voto. Y por eso siempre le estaremos agradecidos a México.

¿Cuál es su apreciación sobre las economías de Argelia y México hoy?

Argelia ha pasado por crisis cada vez que ha habido caídas fuertes en los precios del petróleo. En 1986, tuvimos una crisis grave de endeudamiento y hubo que poner en marcha programas que facilitaron la tarea a los partidos extremistas. Luego, vivimos casi una década de terrorismo islamista. Hemos superado esta crisis gracias a la política de reconciliación nacional llevada a cabo por el presidente Bouteflika para poner fin a la violencia, el terrorismo y el odio, y para promover la convivencia pacífica entre todos.

En una primera fase, la de la concordia civil, procuramos la vida en paz de todos los miembros de la sociedad: los ricos, los pobres, los cristianos, los musulmanes, los menos musulmanes, etcétera. Inició en 2000. Los terroristas siguen ahí, pero tienen la oportunidad de regresar a la sociedad, y los perdonamos siempre que ya no estén implicados en ataques. Luego, en 2004, vino la segunda fase, la de la reconciliación nacional. Ambas fases pasaron referéndums. En el segundo, 98% de los argelinos votaron a favor.

¿De la reconciliación?

Sí. ¿Qué quiere decir reconciliación? Tomar en cuenta la situación de las víctimas, proteger a las fuerzas de seguridad que cumplieron con su deber, proteger incluso a las familias y los hijos de los terroristas. Y luego, indemnizar a las familias de los desaparecidos. Es un paquete de medidas que permita darle la vuelta a la página sin olvidarla. Le damos vuelta a la página, pero no la arrancamos. Gracias a eso regresamos a la paz, a la estabilidad.

¿Cuál es su apreciación de la evolución económica de México en los últimos años?

México es un país muy dinámico, un país con gran potencial tanto terrestre como marítimo. En cierto momento, consiguió aprovechar esta ecuación mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. También estuvo un poco en medio de los problemas en Centroamérica y América Latina. De cierta manera, han sido un mediador entre Estados Unidos y esos países.

Se habla ahora de problemas de migración, pero en los años ochenta yo era embajador y el problema era aún mayor porque Guatemala estaba en guerra, El Salvador estaba en guerra, había guerra en todos lados. México tuvo que desplegar una política muy activa. El fenómeno que vemos hoy no es nada nuevo. La novedad es que ahora es más mediático. La información circula casi instantáneamente. Pero el flujo de refugiados políticos, económicos, sociales, etcétera, nunca se detuvo. Ahora se organizan en caravanas, pero no creo que hayan subido las cifras.

 

“Nuestras relaciones tienen una profundidad histórica y afectiva. Mucha gente no lo sabe, pero gracias al voto de México en 1955, la causa argelina fue inscrita en la agenda de la Asamblea General de Naciones Unidas.”

 

Compartimos una vocación petrolera.

México es una potencia en el sector. Nosotros mismos tenemos una política nacionalista en lo que concierne a los recursos naturales. Argelia es un poco más grande que México. Y 75% de nuestro territorio todavía no ha sido explorado en cuanto a los recursos naturales, mineros y petroleros.

Un estudio reciente indica que Argelia cuenta con la tercera reserva mundial de hidrocarburos no convencionales. Al mismo tiempo, los recursos convencionales empiezan a disminuir. Esto ha dado pie a un debate: ¿deben explotarse o no los recursos no convencionales? Hay organizaciones que se pelean, personas a favor y otras en contra. La discusión está abierta. ¿Conviene tomar riesgos, contaminar las capas freáticas con el fracking?

Igual que aquí.

Sí. Pero las tecnologías van a evolucionar. Los países que tienen recursos no convencionales, aunque no los exploten, deben mantenerse al día en tecnología. Así, el día que haga falta, podrán extraerlos. En los próximos 100 años, el petróleo y el gas seguirán dominando. Su explotación será convencional para quienes tienen la suerte de contar con reservas convencionales. Y será no convencional para los que cuentan con otro tipo de reservas.

¿Cuáles son los principales bienes y servicios que intercambian los dos países?

¿Bienes y servicios? Poco. Cooperación, sí. Cooperamos mucho a nivel de organizaciones multilaterales, sobre todo en Naciones Unidas. Hoy, por citar sólo un ejemplo, México y Argelia trabajan juntos a favor de la autodeterminación de Sahara Occidental, el único territorio africano que aún no se beneficia de la descolonización. Estamos en sintonía en temas de desnuclearización y desmilitarización, tratados de no proliferación, prohibición de pruebas nucleares, asistencia al desarrollo internacional. Son materias en las que Argelia ha trabajado desde hace mucho y en las que sigue colaborando muy de cerca con México.

En 1974, cuando presidió el Movimiento de Países No Alineados, Argelia fue el estado que inició la sesión extraordinaria de la Asamblea General que adoptó la declaración sobre el nuevo orden económico internacional. Un año después, México, en los tiempos del presidente Echeverría, inició la declaración sobre el aumento de los derechos y deberes económicos de los estados. Estas dos iniciativas, posteriores a la primera crisis petrolera, de 1973, tuvieron un enorme impacto.

Nuestro comercio es muy modesto. A fines de 2008, Argelia tuvo un buen saldo comercial a su favor. Exportamos mucho gas LP. El intercambio llegó a casi mil millones de dólares. México exporta trigo, garbanzo y otros artículos. El trigo es el producto número uno y el garbanzo, el número dos. En muy buenos años, alcanzamos 300 millones de dólares en comercio bilateral, con un saldo a favor de México de 90 por ciento.

Existe una carta de intención de cooperación en temas energéticos entre México y Argelia, ¿qué avances se registran en esta materia?

Los ministros de energía firmaron un memorándum para la cooperación entre nuestras compañías petroleras. Aunque hemos intentado profundizar, no hemos logrado mucho por el cambio en la dirección general del Instituto Mexicano del Petróleo y otras complicaciones similares. Sin embargo, en febrero de 2015, después de que bajaran los precios del petróleo, el presidente de Argelia mandó un delegado especial a varios países, tanto de la OPEP como ajenos a esta organización. El delegado que vino a México en 2015 es ahora nuestro secretario de Relaciones Exteriores, Abdelkader Messahel.

En esos días, estimamos que debíamos limitar la producción a nivel mundial a un rango aproximado de entre 2 millones y 2.2 millones de barriles por día, para estabilizar el precio en cerca de 62 o 65 dólares. Eso acordamos entonces. El secretario Messahel se reunió con José Antonio Meade cuando era secretario de Relaciones Exteriores. Meade fue un poco reacio a la idea. Dijo: “No podemos participar en un acuerdo de reducción de la producción porque nuestra producción ya ha bajado por razones geológicas y por otras razones”. No estaba muy contento con la iniciativa. También nos reunimos con Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía. Él se interesó mucho más. Afortunadamente, México participó después en los esfuerzos conjuntos de países de la OPEP y ajenos, lo que no resolvió el problema de la volatilidad pero sí contribuyó al alza de precios.

¿Y qué hay de las inversiones?

Estamos en contacto con Cemex, pero ha habido altibajos. Hemos tenido encuentros encabezados por ProMéxico para explorar los sectores farmacéutico, de construcción, automotriz y agroalimentario. Pero, desgraciadamente, el lado argelino me dice que no ha habido seguimiento por parte del mexicano. Y el mexicano me dice que no lo ha habido por parte del argelino. Con ProMéxico, la situación es complicada. Por ejemplo, no sé si ProMéxico sobrevivirá. En África, abrieron una oficina en Casablanca. ¿Por qué? No hay más razón que el turismo. He visto las cifras: el único país que se beneficia de las exportaciones a México es Marruecos. Ellos sabían que no aceptaríamos que una oficina en ese país cubriera a Argelia. El principal comprador potencial de productos mexicanos no es Marruecos, es Argelia. Eso se lo dije a muchos líderes mexicanos.

¿Qué le recomendaría a un hombre de negocios mexicano que esté interesado en explorar nuevas oportunidades en Argelia?

En los últimos dos o tres años, desde la visita de Meade a Argelia a fines de 2015, hemos tratado de organizar una visita recíproca de nuestro canciller a México. Fue extremadamente difícil llamar la atención de los funcionarios mexicanos hacia cualquier cosa que no fuera Estados Unidos y tal vez Latinoamérica; a veces, Europa, si corrían con suerte. Para la región árabe, estuvo la visita del entonces presidente Peña Nieto a los países del golfo. Eso fue muy positivo. Creo que ayudó a poner de relieve el turismo de ambas partes. Pero África queda en gran parte olvidada. Y es el continente del futuro.

¿Qué recomendaría a ambos países para que aumenten su intercambio de bienes, servicios, inversión, etcétera?

Tenemos que incrementar el ritmo del intercambio de delegaciones para el diálogo político, y entre los organismos encargados de los asuntos económicos, energéticos y comerciales, para completar el marco legal. No tenemos un acuerdo para la protección de la inversión, ni uno para evitar la doble tributación. Tenerlos daría confianza a los inversionistas y comerciantes. He intentado convencer a mis interlocutores mexicanos. Dicen que están muy ocupados y no tienen tiempo para negociar estas cosas. Hay un modelo, hay convenciones de la ONU para ambas cosas.

 

“Tenemos que incrementar el ritmo del intercambio de delegaciones para el diálogo político, y entre los organismos encargados de los asuntos económicos, energéticos y comerciales, para completar el marco legal.”

 

¿Dónde ve áreas de oportunidad en inversión y comercio? ¿Qué sectores piensa que serían prioritarios, más allá de lo energético?

Más allá de lo energético, hay un área importante aunque un poco más difícil: la cultural. Mucha gente en Argelia está fascinada por la cultura mexicana. Ha oído hablar de los aztecas, de los mayas. Desde 1967, intentamos realizar un programa conjunto de tres años. Ha habido borradores, etcétera, pero faltan resultados.