Yucatán, estado atípico

Guillermo Máynez Gil

Yucatán, estado atípico

Yucatán es un estado de la república cuya historia, ubicación y geografía peculiares le otorgan un conjunto de riesgos y oportunidades muy diferente al de otras regiones. El vigésimo estado, por tamaño, y vigésimo primero en población, permaneció durante siglos aislado del resto de lo que ahora es México, jugando un papel económico y cultural en muchos sentidos más cercano a las cuencas del Golfo y el Caribe. Aunque los transportes y las comunicaciones modernas han acortado las distancias, los costos logísticos se mantienen altos en comparación con los de otras zonas.

Podría decirse que Yucatán sigue de alguna forma inmerso en un largo proceso de transformación productiva, que comenzó hace unas cuatro décadas con el ocaso del henequén como fibra esencial y principal producto a gran escala de la región. Yucatán aporta 1.42% del PIB nacional, en el lugar 23. En 2017, su PIB creció a una tasa de 2.8%, ligeramente superior a la media nacional. La actividad pesquera, agropecuaria (con productos muy específicos) y comercial provee la mayor parte del ingreso y, recientemente, gracias a una mayor integración con la pujante zona de la Riviera Maya, el turismo también ha incrementado su participación.

En la industria predominan ampliamente las de alimentos, bebidas y tabaco, con 60% de la actividad estatal, mientras que la textil y de prendas de vestir ocupa un lejano segundo lugar, con 14%. La tasa de desempleo es significativamente menor al promedio nacional pero, al igual que en otros estados con esta característica, como Guerrero, el sector informal es más amplio.

¿Cuáles son los principales activos del Estado? En primer lugar, uno que en los últimos años ha atraído una inmigración importante, sobre todo a la zona metropolitana de Mérida. Se trata de la seguridad pública, atributo que valoran mucho quienes pueden y quieren cambiar de residencia. La tasa de homicidios intencionales es la segunda más baja del país (sólo por debajo de Aguascalientes): entre uno y dos por cada cien mil habitantes. En otros delitos, de medición más compleja, Yucatán también obtiene tasas bajas en evaluaciones comparables.

En alguna medida, esta característica resulta de otra que es, a un tiempo, activo y pasivo: el relativo aislamiento. Para muchos sectores, en particular el agrícola y, sobre todo, el pecuario, ese aislamiento es benéfico porque constituye una defensa natural y crucial contra la expansión de plagas y enfermedades, lo que permite una elevada productividad, menores costos en sanidad y calidad en los productos. Al mismo tiempo, plantea retos, comúnmente relacionados con el difícil acceso a insumos (como granos para nutrición animal) y los costos de salida de las exportaciones.

La respuesta a una demanda importante de la comunidad empresarial del estado podría hacer mucho por mantener las ventajas del aislamiento y abatir sus desafíos. Se trata de la inversión en transportes, necesaria para ampliar la capacidad y los servicios de Puerto Progreso, mejorar la calidad de la infraestructura carretera (sobre todo con libramientos urgentes en varias ciudades y pueblos) y hacer del ferrocarril una opción más conveniente. El Tren Maya podría contribuir a superar esta situación.

En cualquier caso, la importancia conferida por la administración entrante a la inversión en la zona es bienvenido, e incluso podría hacer a Yucatán más atractivo para la inversión extranjera directa, ya que actualmente es una de las cinco entidades que reciben menores cantidades al año.

Otros activos son la población y el nivel educativo. De acuerdo con la medición quinquenal, el segmento de población más grande es el de 20 a 24 años, en los comienzos de la vida laboral. Una buena noticia es que el estado tiene un desempeño positivo en calidad de la educación: ocupa el segundo lugar en primaria y el séptimo en secundaria. La Universidad Autónoma de Yucatán es una de las cinco mejores universidades públicas del país, y hay una extensa oferta adicional de centros de educación superior, tanto públicos como privados.

Un factor a considerar en cualquier proyecto de inversión en el estado es la singularidad y la fragilidad de los ecosistemas, así como la importancia de las comunidades originarias. Yucatán es el segundo estado con mayor porcentaje de hablantes de lenguas indígenas, 33%, sólo superado por Oaxaca.

El panorama general de Yucatán, en suma, es el de un estado con muchos atractivos para el turismo, la vida cotidiana y la inversión. A la celebrada gastronomía local, los impresionantes sitios arqueológicos, la belleza de sus ciudades, la seguridad y el proverbial carácter afable de sus habitantes, se añade una ubicación geoestratégica que, de ser aprovechada con tino y cuidado, podría potenciar aún más la condición de polo de desarrollo regional que Yucatán ha tenido tradicionalmente en la península que le da nombre.