La electromovilidad: un cambio revolucionario

Entrevista con Danielle Attias, investigadora del instituto CentraleSupélec.

César Guerrero

La electromovilidad: un cambio revolucionario
La llegada de la electromovilidad tendrá un efecto disruptivo en los modelos de negocios de la industria automotriz. Transformará también los patrones de consumo, la manera de transportarnos y las políticas públicas relacionadas con el espacio urbano y la preservación del medio ambiente. Danielle Attias, investigadora del instituto CentraleSupélec y directora de la Cátedra de Investigación Armand Peugeot, reflexiona sobre los alcances de esta transformación en su libro The Automobile Revolution: Towards a New Electro-Mobility Paradigm (Springer, Cham, 2017) y en entrevista que concedió a Comercio Exterior.

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A principios del siglo xx, la industria automotriz desencadenó una profunda transformación de las relaciones productivas y sociales, así como del entorno urbano. ¿Considera que “la revolución del automóvil” de la que habla en su libro tendrá un impacto similar?

Sí, por supuesto. De una cosa podemos estar seguros: la evolución hacia la electromovilidad será una revolución. De hecho, si tomamos en cuenta múltiples factores energéticos, medioambientales, socioeconómicos, políticos y tecnológicos, así como el contexto de transformación social, que se extiende mucho más allá de la industria automotriz, podemos decir que ya vivimos una nueva revolución del automóvil.

Una cosa es evidente: se trata en primer lugar, y sobre todo, de una innovación tecnológica radical (por ejemplo, de autos sin conductor o vehículos autónomos). La industria automotriz vive una profunda transformación: llegan nuevos tipos de vehículos que ofrecen características y usos que rompen con el modelo tradicional. La naturaleza misma de la movilidad está cambiando. Se gesta una relación diferente entre los usuarios y los autos (los usuarios prefieren compartir el auto, eligen el carpooling) que va dando forma a la electromovilidad y a un nuevo ecosistema en la ciudad, es decir, la ciudad conectada.

La movilidad está en el corazón de un cambio profundo en nuestra sociedad. Lo que debe entenderse es que el automóvil es un componente de la movilidad 2.0

El auto se convierte en un elemento de movilidad con el que los usuarios “hacen más que trasladarse”. Ya no es sólo un mero medio de transporte: es parte de una movilidad interactiva y como tal propicia una relación específica entre el conductor, el espacio y una red de información y comunicación.

¿Qué impacto se espera que tenga el nuevo paradigma de electromovilidad en los modelos de negocios de la industria automotriz? ¿Qué estrategias están instrumenta-do las empresas para adecuarse a las nuevas tendencias?

Para la industria automotriz mundial, el primer impacto es socioeconómico. Deberá cooperar con nuevos actores como Google, con las compañías de telecomunicaciones, con aseguradoras y con start-ups (como Navya y Easy Mile, que ofrecen transbordadores autónomos). Las armadoras están obligadas a evaluar sus propias habilidades y desarrollar nuevas estrategias de reducción de costos y de comercialización que respondan a las decisiones de compra de los consumidores. Dado que la tecnología es cada vez más compleja y tiene ciclos de vida más cortos, parece poco probable que un fabricante de autos pueda tener por sí solo los recursos financieros y la experiencia necesarios para tomar el liderazgo.

Los proveedores de movilidad buscarán formas de añadir valor y sus propuestas tendrán un impacto pro- fundo el futuro: surgirán nuevos materiales, componentes, vehículos y servicios; habrá nuevos jugadores que reconfigurarán la cadena de valor y conquistarán a los clientes de sus competidores, retando así a los fabricantes de equipos originales (OEM, por sus siglas en inglés) con productos y servicios diferentes. El mismo consumidor será parte de la cadena de valor y se convertirá en un prosumidor (productor y consumidor). Simultáneamente, la movilidad sustentable se fortalecerá y propondrá respuestas a los retos sistémicos y a las externalidades que nuestras sociedades enfrentan.

La industria automotriz deberá repensar también sus modelos de negocios y adaptar sus estrategias a una nueva visión del transporte público y privado (el transporte bajo demanda, el pago por tiempo de uso y el transporte público autónomo son tan sólo algunas alternativas). Las estrategias de los fabricantes tradicionales —que oscilan entre la competencia y la cooperación— ya están pasadas de moda; el sector automotor necesita adaptarse a un ecosistema cuyo epicentro será el auto inteligente y autónomo. Asistimos a una reorganización en la industria, y una de las características del cambio es la aparición de estrategias de cooperación

¿Qué papel juegan la conectividad y las firmas tecnológicas como Google y Amazon en el nuevo paradigma?

Google y Apple son diseñadores pioneros de autos sin conductor, grandes compañías tecnológicas. Pero ahora también hay firmas de este tipo que son poderes financieros, como Amazon y Alibaba. En el nuevo paradigma de electromovilidad, serán competidores serios de la industria automotriz. También tendrán el papel de crear o desarrollar el poder de control sobre la movilidad de los usuarios. Ésta es una nueva era en la que la creación de valor se debe a las relaciones entre socios de un mismo ecosistema de innovación, pero también a las alianzas con actores ajenos a la industria automotriz. ¿Será rentable para todos en el largo plazo este entrelazamiento de compañías?

  

Cómo definiría usted el paradigma clásico de la relación individual y social con los automóviles?


En el paradigma clásico, los conductores tenían una relación específica con sus autos. El auto proyectaba una imagen de poder, libertad, ascenso social y propiedad. Durante un siglo, los fundamentos técnicos del automóvil cambiaron poco. Los vehículos eran producidos masivamente en los países de la triada (Estados Unidos, Europa occidental y Japón) y constituían un componente básico del logro social mediante la movilidad personal. El automóvil era un objeto de reconocimiento social y valor que debía ser poseído. Esta imagen positiva iba acompañada de la idea de placer y libertad personal, pero ha cambiado por completo debido a la conciencia de los inconvenientes que el auto trae consigo (tráfico, contaminación, ruido y daños ecológicos).

BlaBlaCar, Lyft y Uber están cambiando las formas de usar el automóvil. ¿Cómo repercutirá la economía compartida en la manera de transportarnos?

Mi opinión es que la economía compartida será un modelo para el transporte público y privado. Es una tendencia visible para todas las economías y para todos los usuarios urbanos. Ciertamente, pasaremos de la posesión del auto al uso del auto. El modelo económico del transporte multimodal incluye más y más el carpooling o auto compartido, que alienta una movilidad más sustentable y colaborativa. Diferentes estudios parecen converger en la conclusión siguiente: el número de autos compartidos se incrementará signicativamente en los próximos años. Vemos cómo surge esta modalidad sobre la plataforma de una comunidad digital que administra vínculos directos entre propietarios de autos y usuarios.

¿Cómo se integrará el automóvil con otros medios de comunicación y transporte?


En el futuro, las ciudades estarán conectadas y también todos los medios de transporte, incluido el auto. En los países desarrollados, algunos de los vehículos que se venden hoy ya tienen el nivel 3 de autonomía, es decir, están equipados con cámara para maniobras en reversa, frenado automático y velocidad de crucero (conforme a la clasificación internacional de la Sociedad de Ingenieros de la Automoción). El auto conectado será uno que se comunica con otros autos conectados. Una de las ventajas es que habrá mayor seguridad y menos accidentes. Asimismo, la movilidad se diversifica para volverse multimodal (las personas pasan del auto al tren y del tren a la bicicleta o a otro auto, etcétera). Esto es posible gracias a las tecnologías de la información: transportación inteligente en un contexto de desmovilidad. La idea de la mancuerna movilidad-auto ha perdido vigencia puesto que ya vivimos en una sociedad tan móvil que obliga a la desmovilidad (por ejemplo, prescindiendo de hacer viajes): el trabajo se convierte en teletrabajo, la educación toma la forma de aprendizaje a distancia, las reuniones tienen lugar en las redes sociales.

¿Qué impacto tendrá el nuevo paradigma de electromovilidad en el entorno urbano? ¿Qué debemos entender por ciudades inteligentes?


Lo que debe entenderse por ciudades inteligentes es una economía sustentable (las ciudades inteligentes son inseparables de una retícula inteligente), un medio ambiente ecológico, eléctrico y por lo tanto no contaminante. La ciudad conectada permite que todos sus habitantes ahorren tiempo de transporte, vivan con mayor comodidad y accedan a nuevos servicios. El surgimiento de ciudades inteligentes será potencialmente disruptivo; supondrá cuestionamientos a los autos de combustión interna, nuevas formas de competencia en las que participarán otros jugadores (tecnologías de la información, servicios compartidos, utilidades, etcétera) y la diversificación de los modelos económicos (se usará big data, habrá menos propiedad, y más y mejo- res servicios). La ciudad inteligente es también un nuevo sistema, con un diseño urbano y una organización social diferentes (más ciudades medianas y distancias menores al trabajo, para reducir flujos). Se trata de ad- ministrar las capacidades de vehículos e infraestructura, y diseminar innovaciones incrementales (vehículos eléctricos) e innovaciones disruptivas (vehículos autónomos) en el mediano y largo plazos.

Actualmente, la mitad de la población del mundo vive en ciudades, y la ONU estima que en 2050 esta proporción aumentará a 68%. ¿Qué implicaciones de políticas públicas tiene este cambio en relación con el automóvil?

En 2050, en las ciudades habrá cerca de 10 mil millones de habitantes y cuatro mil millones de vehículos. Podemos imaginarnos la contaminación y la congestión urbanas. Los gobiernos locales darán prioridad a vehículos limpios o ecológicos por razones de salud.

Actualmente trabajo en un proyecto europeo titula- do Vehículos Autónomos para Evolucionar a una Nueva Experiencia Urbana (Autonomous Vehicles to Evolve to a New Urban Experience, avenue). Su objetivo consiste en repensar el concepto de transporte público. En Europa podemos identificar diversas estrategias que se están desarrollando para el transporte público. En primer lugar, tenemos los llamados modelos tradicionales, en los que las organizaciones públicas o privadas brindan todo el transporte público de la región median- te autobuses o tranvías, metro y medios semejantes. Desde la perspectiva de AVENUE, en ambientes urbanos o semiurbanos, los vehículos autónomos asegurarán en el futuro un transporte público seguro, rápido, eco- nómico, ecológico y personalizado que minimice los transbordos y se acerque lo más posible a los puntos de partida y de destino. La misión de AVENUE es demostrar que los vehículos autónomos serán un elemento clave en la solución del transporte público en el futuro.

AVENUE busca crear servicios de transporte público disruptivos que configuren un nuevo modelo de movilidad basado en una oferta amigable con el ambiente y disponible en todo momento. AVENUE validará diferentes sistemas de transporte en varias ciudades europeas (Ginebra, Luxemburgo, Lyon y Copenhague); evaluará sus modelos y estrategias de transporte y la integración de vehículos autónomos y servicios innovadores.

¿Qué beneficios y desafíos plantea este nuevo paradigma para la preservación del medio ambiente?


La movilidad urbana enfrenta el reto de descarbonizar y descongestionar las ciudades con el n de preservar el medio ambiente. En esto, las políticas públicas son muy importantes porque tienen una dimensión global; permiten la integración de innovaciones tecnológicas en el contexto social donde se aplican y concilian decisiones colectivas e individuales a n de abrir la puerta a una movilidad sustentable y pacífica. Otra cuestión importante es la elección correcta de la fuente de energía, por ejemplo para las baterías (que pueden ser de litio o no) y para los vehículos eléctricos (electricidad o hidrógeno), así como el nivel futuro de consumo de energía y la reducción de emisiones.

La era dorada automotriz de la tríada Norteamérica- Europa-Japón concluyó. ¿Podría decirnos algo más?
La industria automotriz tiene los medios para encabezar la transición a una nueva movilidad, pero esto requerirá cambios profundos y expeditos en sus modelos de negocios. La producción automotriz vive una competencia global con el surgimiento de China y otros países asiáticos. BYD, ensamblador chino, dijo que será “[...] el primer productor de autos eléctricos del mundo en 2020”.

Pero yo pienso que los jugadores tradicionales de la industria y los disruptores se necesitan recíprocamente. En este nuevo ecosistema de movilidad, las formas “tradicionales” de competencia se están replanteando, la industria automotriz se reinventa a sí misma, los modelos económicos experimentan un cambio radical, las nuevas alianzas estratégicas son ahora la piedra angular del desarrollo del sector. Los fabricantes de automóviles están obligados a mantenerse ágiles, deben imaginar estrategias para un nuevo siglo cuyo motor es la innovación, y encaminarse a una movilidad sostenible y responsable.