Políticas industriales para crecer, incluir y competir

Entrevista con Frédéric García

Por: César Guerrero y Miguel Ángel Ramírez/ Retrato: Sergio Bejarano

Políticas industriales para crecer, incluir y competir
 El Consejo Nacional para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico (Cofinece) es una iniciativa de la actual administración federal. Encabezado por el Jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, reúne a los sectores público, empresarial y social para impulsar, mediante diversas estrategias y proyectos productivos, un crecimiento económico más dinámico e incluyente. En esta entrevista Frédéric García, ex-CEO de Airbus México y expresidente del Consejo Ejecutivo de Empresas Globales (CEEG), aborda los desafíos económicos del país desde su experiencia previa y conforme a su actual función como asesor externo del Cofinece.

¿Cuál es el fin del Cofinece?, ¿qué motiva su creación?

En ninguna de las administraciones federales anteriores se contó con una dependencia para atender, específicamente, el tema del crecimiento económico. El Cofinece busca cubrir este vacío. Su creación se anunció el pasado 18 de febrero y el 17 de mayo se publicó el Decreto para su puesta en marcha. Ahora se prepara un plan de trabajo en varios sectores industriales para lograr mayor crecimiento económico y bienestar social. Un objetivo que implica un gran reto, pero que sí es factible. Mis aportaciones contribuirán a la definición de políticas industriales para la industria aeroespacial y la economía digital, así como reflexiones para dinamizar la innovación tecnológica en México.

La meta está muy clara: crecer al 4%, pero ¿cuál es el punto de partida?, ¿el diagnóstico de la coyuntura actual?

En 2018, Apple y Amazon alcanzaron un valor de capitalización de un trillón de dólares (billón en la escala numérica larga). Nunca se había visto en la historia económica que el valor de mercado de dos empresas, pudiera superar el PIB de una economía tan importante como la de México. Ambas pertenecen a la economía digital y seguirán creciendo. El gran reto mundial es incorporarse a la economía digital. Las empresas en todo el mundo están modificando sus modelos de negocio, de producción y de acceso al mercado para adecuarse a esta gran transformación.

Lo mismo tiene que hacer el país: cobrar conciencia de que la economía en la que todo sucede de forma exponencial no es la del futuro, es la de hoy. Tenemos el reto de fortalecer la competitividad de nuestro sector manufacturero mediante la incorporación de procesos basados en la digitalización y la manufactura aditiva. Estados Unidos y China son dos actores muy relevantes en estas actividades y México tiene una situación —geográfica, histórica y económica— privilegiada por su cercanía con el mercado estadounidense. Igual de transcendente es la necesidad de enfocar nuestros esfuerzos al desarrollo de talento. Debemos adaptar la tecnología digital para promover un desarrollo regional más equilibrado, impulsar por esta vía al sureste del país porque, de cierta forma, la economía digital es un atajo para el desarrollo y el bienestar social.

Crecer más, pero también mejorar la distribución de los beneficios. ¿Ese es el planteamiento?


Tenemos varios Méxicos: uno del centro al norte que, a lo largo de los últimos años, ha evolucionado con empresas que producen, exportan y están inmersas en la economía global, y uno rezagado en el sureste que exporta poco. Es una paradoja: ahí hay más recursos naturales y también más pobreza. Eso hay que atenderlo; podemos hacerlo con políticas industriales, con temas de energía. El Bajío aumentó mucho su capacidad productiva a partir de que sus capacidades energéticas tuvieron acceso al gas.

En este esfuerzo de inclusión, ¿cuál considera que es el lugar que ocupan la economía del conocimiento y la digitalización?


Lo que diferencia a los países es el talento. De hecho, en el marco de la economía digital hay escasez de talento a nivel mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que existe un déficit de dos millones y medio de personas en actividades ligadas al desarrollo de la inteligencia artificial. Y talento es lo que tiene México, pero no necesariamente preparado. Ese es el gran desafío.

El acceso a la inversión tecnológica es indispensable, sin embargo, no se sustenta si no ponemos al ser humano en el centro de la reflexión. Con la economía digital están cambiando los paradigmas del mundo laboral. Se estima que en 2025 la mitad de los empleos en Estados Unidos corresponderá a trabajo remoto, de subcontratación o de independientes. A partir de estas tendencias globales, debemos promover la incorporación de mujeres y jóvenes mediante programas de capacitación para que, desde su residencia, ofrezcan servicios vinculados a la economía digital. En México hay ejemplos. Tengo en mente una empresa u ONG que capacita a migrantes mexicanos bilingües a su regreso de Estados Unidos para que se dediquen a la programación. Les cambia la vida porque, tras un curso de seis o siete meses, multiplican su nivel de ingresos por 10.

¿Es factible que en México se repliquen experiencias como la alemana Industria 4.0?

La tendencia digital es sumamente fuerte, pero México debe responder a una problemática distinta a la de otros países. Hay que ser cuidadosos con las referencias. Alemania y Japón han avanzado muchísimo en automatización y robotización como respuesta a una menor dinámica poblacional. México no acaba aún su bono demográfico, y cuenta además con 53% de mujeres en edad de trabajar que no están en el mercado laboral, ¡40% de ellas con algún diploma!

El sector manufacturero debe adaptarse a las nuevas tendencias y el país valerse de la economía digital para incorporar a su región sureste a la dinámica de la economía global. Eso necesitará muchísima inversión en capacitación de personal. La clave de la economía digital es el talento y necesitamos capacitarlo para estas nuevas tendencias económicas. Esa es la perspectiva estratégica para tener en mente en México.

El año pasado, aún como presidente del CEEG, presentó la iniciativa “México 2030 ante la Cuarta Revolución Industrial, Versión 2.0”. Cuéntenos de sus objetivos.


El fin era debatir la perspectiva de las empresas globales frente a la cuarta revolución industrial. Es una tendencia mundial muy fuerte ante la que nos pareció importante proponer un plan estratégico para que México se mantenga a la vanguardia económica hacia 2030.

Esta revolución cambia nuestra forma de diseñar y concebir productos, de producirlos y de comercializarlos, pero también la del tejido social y la manera de hacer política. El Secretario General de la OCDE, mediante una carta, la respaldó diciendo que la visión de las empresas globales es una aportación fundamental al debate sobre el futuro de la economía de México. Eso le dio mucha credibilidad.

La iniciativa plantea tres metas: que México sea el quinto exportador mundial, duplicar la productividad laboral y, también, la inclusión social.

Esta tercera meta es muy importante porque, de hecho, es el gran tema del gobierno actual; para alcanzarla el Consejo propuso duplicar el PIB per cápita y hacerlo menos inequitativo entre el norte y el sur.

FRÉDÉRIC GARCÍA

 

¿Cuál considera la aportación más significativa de la inversión extranjera a la dinámica productiva del país?

No podemos explicar ni observar la economía mexicana contemporánea sin la presencia de las empresas extranjeras. Son parte del patrimonio económico de México. Algunas de ellas están aquí hace más de 100 años y su aportación más fuerte es la innovación tecnológica. El Consejo Ejecutivo de Empresas Globales hizo un estudio sobre la inversión en innovación tecnológica en México y, aunque no hemos alcanzado un nivel suficiente, 70% de la inversión que hace el sector privado corresponde a empresas de origen extranjero. Es frecuente, asimismo, que la integración de las PYMES mexicanas a las cadenas mundiales de valor se consiga con el apoyo de las empresas globales radicadas en el país. Se convierten en sus proveedores para crecer, internacionalizarse y adquirir mejores prácticas.

Por su experiencia en Airbus México, ¿cómo explica el exitoso desempeño de la industria aeroespacial en el país?

Los mercados de Estados Unidos y América Latina son muy importantes para la aeronáutica mundial, y México ha logrado atraer a esta industria valiéndose de sus capacidades de competencia y de competitividad. El primer impulso provino de la firma del TLCAN. Muchos proveedores de la industria aeronáutica de Estados Unidos —pero no solo de ese país—, se instalaron en las zonas fronterizas de México para realizar actividades altamente intensivas en mano de obra. Un nuevo impulso, el segundo, ocurrió en 2005 cuando la empresa canadiense Bombardier decidió establecerse en el país. Su planta en Querétaro atrajo varios proveedores. El tercero se dio en 2007, cuando Airbus se instaló en México, en la zona dólar, como parte de su estrategia para sortear los problemas cambiarios: en ese entonces, Airbus perdía mil millones de dólares de beneficio antes de intereses e impuestos (EBIT) cuando el dólar perdía 10 centavos contra el euro. Esta medida llevó a sus proveedores a instalarse en Estados Unidos, pero también en México. Estos tres impulsos resumen el crecimiento de una industria que en 2018 aportó 55 mil empleos, exportaciones de 8 mil 500 millones de dólares y 355 empresas, de las cuales más de 90%, son de origen extranjero.

Si bien el sector aeroespacial se ha consolidado en varias regiones del país, solo 30 de las casi 400 empresas que lo componen son mexicanas. ¿A qué lo atribuye?


Se necesita una visión industrial de largo plazo, una planificación estratégica del país. Eso es lo que ha faltado hasta ahora. Si queremos competir, tenemos que saber a quién nos enfrentamos y, además, cuáles son sus fortalezas y robustecer las nuestras.

En ningún país del mundo la industria aeronáutica crece sin política industrial. Los países fuertes han basado su desarrollo en tres pilares: primero, un sector de defensa muy involucrado en el área, porque es el que a nivel nacional puede invertir a muy largo plazo y en forma muy arriesgada en investigación y desarrollo aeroespaciales. El segundo es tener un campeón local, y son muy pocos: Airbus en Europa, Boeing en Estados Unidos, Embraer en Brasil y Bombardier en Canadá. El tercer pilar es un programa estructurante. En Europa ha sido el Airbus A380 durante los últimos 20 años. México no tiene nada de esto. La aeronáutica se ha desarrollado por factores exógenos más que por factores internos y, en consecuencia, muy pocos mexicanos han invertido en esta industria, que no cuenta todavía con política de estado, con visión de futuro. Por eso se está trabajando en establecer políticas industriales de largo plazo para la actividad aeroespacial y otras industrias y ramas productivas del país.

¿Cómo considera que puede replicarse el éxito de la industria aeroespacial en otras actividades productivas?

En los últimos 20 años México se ha forjado un prestigio como gran proveedor de la industria automotriz y, en un lapso menor, de la industria aeroespacial. En el futuro tiene muchas posibilidades de ser reconocido como gran proveedor de la industria digital estadounidense, siempre y cuando se adopten las políticas públicas pertinentes. El gobierno actual ha decidido emprender diversas políticas industriales en varios sectores, incluido el aeronáutico. Pero la economía digital y la inteligencia artificial pueden aportar mucho valor agregado al campo o a la movilidad urbana. Todas estas nuevas industrias pueden desarrollarse y crecer mucho en México si se cuenta con una verdadera política industrial.

¿Qué debería hacerse para desarrollar a los proveedores locales e integrarlos a las cadenas mundiales de valor?

Tenemos que incrementar la capacidad de ingeniería de diseño, bastante baja en lo general y en lo aeronáutico en particular. Pasar de la manufactura a la mentefactura. Hay espacio para que empresas mexicanas puedan invertir en laboratorios de ingeniería de diseño; también lo hay, para que aquellas empresas que han logrado insertarse en la cadena global del sector automotor a lo largo de los últimos 20 años, participen ahora en esta industria. Hay un alto costo de aprendizaje y de certificación de calidad, pero sí se puede.

¿Qué expectativas tiene para la inversión en el país?, ¿cómo espera que se comporte en los próximos años?

El patrimonio y el saber hacer industriales de México han demostrado su capacidad para adaptarse en forma sumamente eficiente. Sin embargo, no podemos fomentar más confianza para la inversión, ya sea nacional o extranjera, con los niveles de corrupción, inseguridad e impunidad que tiene el país. Enfrentar estos flagelos es el trabajo que se está proponiendo el gobierno actual. La corrupción es una seria distorsión a la libre competencia y, si lo hace afectando incluso a quien tiene lo mejor en tecnología, competitividad o producto, le resta competitividad al país. Resolver estos temas es la base para promover la confianza y certidumbre sobre el rumbo del país. Según varias organizaciones, el costo de la corrupción puede representar hasta 10% del PIB. Si lo quitamos, creceremos más.

A partir de estos esfuerzos y desde esta perspectiva, ¿cómo se imagina al país en cinco años?


México es el único país de América Latina que no tiene unicornios, estas empresas emergentes del mundo digital que superan mil millones de dólares. Cuando hablamos de perspectiva digital para México, hay varias preguntas que debemos contestar: ¿se pretende que la digitalización haga más eficiente la administración gubernamental y que permita reducir la corrupción y aumentar la eficiencia del gasto público? ¿Queremos aprovechar este déficit de talento en inteligencia artificial y economía digital para preparar jóvenes y darles oportunidades?, ¿o minimizar con herramientas digitales el uso de efectivo para acotar la corrupción? Creo que la respuesta obvia es “sí, claro”.

Con base en estos planteamientos tenemos que trabajar para construir una perspectiva de país, y estoy convencido de que no hay otra dirección: utilicemos las tecnologías digitales para crecer con equidad, para sacar al sureste de la pobreza y mantener a México en la vanguardia productiva. Es la aspiración colectiva que debemos tener.