La cadena para crear nuevo valor en la economía y la sociedad

Leopoldo Rodríguez

La cadena para crear nuevo valor en la economía y la sociedad
Se define como desarrollo tecnológico el resultado de la aplicación sistemática de conocimientos científicos, tecnológicos o de índole práctica que lleva a la generación de prototipos o a mejoras sustantivas en bienes ya existentes, con independencia de su implementación o comercialización inmediata. Esto incluye el trabajo técnico y de modelo empresarial, social, etcétera, que hace falta para usar la tecnología en forma tal que se pueda justificar financieramente un plan de negocio o de aplicación (un prospecto de inversión) que compense el alto riesgo y los efectos disruptivos de la innovación.

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En los países que han logrado crecer y transitar a una etapa superior de desarrollo, la innovación ha sido sin duda alguna un factor fundamental. Destacan los casos de China y la India, sobre todo en las últimas dos décadas, con crecimientos medios del PIB de 7% anual, que superan al promedio de entre 1.5 y 2.0 por ciento registrado en los países desarrollados.

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO Y LA INNOVACIÓN

En México, el crecimiento basado en innovación ha tenido que ver principalmente con el desarrollo de tecnologías, tal como ocurría antes, mientras que en los países de crecimiento más dinámico el impulso ha resultado cada vez más de la creación de valor mediante la generación de nuevos negocios rentables —fenómeno conocido como business development—, que pueden o no basarse en desarrollo tecnológico. Cabe señalar que la dinámica asociada a la creación de negocios acelera radicalmente el desarrollo tecnológico.

Históricamente, uno de los programas más significativos en nuestro país fue el Fondo de Emprendedores Nafin-Conacyt, que apoyaba el desarrollo de proyectos de raíz científico-tecnológica. Esta finalidad es ahora incierta dados los cambios de política económica respecto al Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), su principal respaldo. En general, México no da la importancia debida a la promoción de nuevos negocios ni el desarrollo tecnológico, tareas a las que se destinan recursos inferiores a 0.5% del PIB.

Como norma general, es correcto afirmar que la innovación, tecnológica o no, se materializa en el momento en que entra al mercado un bien, un servicio o un nuevo modelo de comercialización o de organización. El indicador por excelencia de una efectiva entrada al mercado es el impacto económico que tiene la innovación (o el impacto que corresponda en innovaciones de interés predominantemente social o ambiental). Esto es tan importante que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reserva el calificativo de innovaciones disruptivas solo a aquellas cuyo impacto económico (o de otra clase) tiene alcance global.

En su sentido anterior, la innovación tecnológica se veía únicamente como un resultado: el elemento o eslabón final de un sistema secuencial que tenía su origen en la investigación básica y pasaba por la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico. Se reconocía como innovación solo hasta el momento de entrada al mercado.

La razón principal por la que se ha cuestionado esta visión desde hace varios lustros, es que induce a los participantes en las distintas fases del sistema, a establecer contacto con el usuario o aplicador del desarrollo solo hasta que este alcanza suficiente robustez. Esta práctica ralentiza y reduce significativamente la efectividad y la eficiencia del esfuerzo en su conjunto y se traduce en un bajo porcentaje de innovaciones exitosas.

Se define como desarrollo tecnológico el resultado de la aplicación sistemática de conocimientos científicos, tecnológicos o de índole práctica que lleva a la generación de prototipos o a mejoras sustantivas en bienes ya existentes, con independencia de su implementación o comercialización inmediata. Esto incluye el trabajo técnico y de modelo empresarial, social, etcétera, que hace falta para usar la tecnología en forma tal que se pueda justificar financieramente un plan de negocio o de aplicación (un prospecto de inversión) que compense el alto riesgo y los efectos disruptivos de la innovación.


LA INNOVACIÓN SE MATERIALIZA EN EL MERCADO

El desarrollo tecnológico implica diversas tareas:

EN CUANTO AL OBJETIVO DE LA INVESTIGACIÓN

• Identificar los requerimientos del producto y sus especificaciones;

• Definir un proceso de producción;

• Delinear el proceso de creación de valor;

• Integrar la nueva tecnología con tecnologías existentes y tecnologías habilitadoras.

• Resultado: un prototipo integrado a un sistema (por ejemplo, una plataforma).

EN CUANTO A LA PROPUESTA DE VALOR ECONÓMICO (SOCIAL, AMBIENTAL, ETCÉTERA)

• Estimar la corriente de ingresos e identificar los costos posibles del producto;

• Demostrar la creación de valor específico;

• Definir mecanismos de operación precisos.

• Resultado: modelo de negocio (o de sistema).

EN CUANTO A LAS HABILIDADES REQUERIDAS

• Reclutar y/o nombrar personal (empresario, ingenieros).

EN CUANTO AL RIESGO DE NEGOCIOS

• Calcular el monto de la inversión y la incertidumbre de recuperación.

EN CUANTO AL RIESGO TÉCNICO

• Medir las dificultades que puede implicar la integración;

• Proteger el bien (y los componentes, en su caso) ante las instancias de propiedad industrial e intelectual.

A estas tareas se suman las requeridas para concretar el desarrollo del producto o proceso:

• Evaluar oportunidades de mercado;

• Determinar la logística y la infraestructura (instalaciones) requeridas;

• Definir las especificaciones finales con base en producciones piloto;

• Evaluar los resultados en función de los criterios y metas establecidos para decidir sobre el fondeo de I+D.

Sin menoscabo de lo anterior, en la Norma Mexicana NMX-GT001-IMNC-2007 se pueden encontrar otras definiciones terminológicas útiles. La definición de ingeniería como tal no aparece, pues no es exclusiva de la innovación sino común a otros campos de acción y profesiones.

El análisis sistémico indica que las capacidades o habilidades requeridas para el desarrollo tecnológico se acoplan con las habilidades empresariales para materializar la innovación. En muchos proyectos, desarrollo tecnológico e ingeniería constituyen una virtual unidad funcional. La ingeniería suele ser la especialidad que más participa en el desarrollo tecnológico. Su uso en investigación aplicada requiere por lo general de niveles académicos de posgrado, pero la demanda de ingenieros con experiencia operativa o relacionada con la operación es importante.

Hoy en día se considera que la innovación puede abarcar simultáneamente todos los elementos de un sistema; que no es necesariamente de naturaleza secuencial y puede resultar de cualquier elemento o conjunto de elementos o participantes en el proceso (por ejemplo, de la investigación básica tan solo o de la detección de necesidades insatisfechas del mercado); y que el proceso de innovación constituye en sí mismo el marco o entorno sistémico en el que tales elementos pueden combinarse para (1) enfrentar contradicciones, (2) producir un cambio o (3) inducir un equilibrio, entre otras acciones.

Y lo más importante: este enfoque exige que desde un principio y en lo tocante a todos y cada uno de los elementos del proceso, se mantenga una estrecha relación con el usuario o aplicador final. Esta relación permite identificar y considerar los factores que determinarán la funcionalidad y la robustez de la innovación. Asimismo, permite definir cómo deben interactuar los participantes institucionales o individuales en cada momento.

La detección de necesidades nuevas o insatisfechas en el mercado es la causa más frecuente y dinámica de los proyectos de innovación. Dada la atención que presta a dicha causa, este enfoque ha permitido que la innovación se origine ahí donde se descubre la necesidad, así sea en el nivel regional o local.

NECESIDADES NUEVAS O INSATISFECHAS COMO ORIGEN DE LA INNOVACIÓN

La pregunta para México es si finalmente, en los ámbitos público y privado se impulsará con fuerza la creación de nuevos negocios.

Bajo cualquier circunstancia, el conocimiento generado en las universidades y en los centros de ingeniería e investigación privados seguirá contribuyendo al desarrollo. Desde luego, esta actividad posee actualmente una dimensión global, lo que obliga a propiciar formas diferentes de interacción con instituciones de otros países, principalmente los más avanzados, empezando por la educación de nacionales en el exterior, sobre todo a nivel de posgrado, y su reincorporación en alguna modalidad —física o contractual— al esfuerzo nacional. Cada vez más, esta interacción exige alianzas de investigación y desarrollo tecnológico entre universidades y centros de ingeniería e investigación, nacionales y extranjeros. Debidamente enfocada, ayudará a satisfacer las necesidades de nuestros mercados.

El respaldo del sector empresarial a estos esfuerzos no es menos importante. Puede ir desde el apoyo económico para la creación de posgrados altamente especializados en centros extranjeros hasta la apreciación de aquellos graduados que se reincorporan al quehacer nacional sin aplicarles los miopes criterios de productividad de corto plazo que suelen servir para el adelgazamiento de las nóminas locales cuando aprietan un poco las circunstancias económicas. Desde luego, lo anterior requiere que las empresas reconozcan el valor de la propiedad industrial e intelectual y consideren la reincorporación de personas con formación de alto nivel, ya sea a empresas o universidades, como elementos estratégicos y esenciales para la creación de valor. Pero el rol de las empresas en el desarrollo de nuevos negocios va mucho más allá de ese reconocimiento. Su participación activa y directa en el proceso de innovación es vital y les corresponde un papel primario en la concepción de oportunidades de negocios. Universidades y empresas deben entender sus posibilidades de cooperación en innovación e impulsarlas. Esta vinculación y su eficacia son esenciales.

Las tareas típicas que hay que llevar a cabo para identificar necesidades de mercado nuevas o insatisfechas son las mismas que la empresa realiza a diario como parte de sus esfuerzos de comercialización:

• Usar la información, los materiales y las estrategias de las áreas comerciales;

• Investigar cómo comercializan los competidores e identificar posibles ventajas estratégicas respecto de ellos;

• Hacer investigación de mercados para delinear perfiles de clientes;

• Definir la base de clientes objetivo;

• Crear la “marca” (nombre, logotipo y otros elementos de identificación);

• Considerar si la publicidad impresa existente sirve para vender la innovación;

• Evaluar la imagen electrónica (sitio web, correo electrónico y redes sociales);

• Buscar formas de aprovechar el calendario de comercialización de la empresa;

• Estudiar las campañas comerciales anteriores de la propia empresa, y

• Crear las estrategias comerciales que requiere la innovación.

Todo esto debe ayudar a precisar las características del nuevo producto o servicio.


LA VINCULACIÓN EFICAZ NO ES RESULTADO DE UN CONTACTO CASUAL

VINCULACIÓN E INNOVACIÓN

La vinculación eficaz entre ambos tipos de instituciones —universidades y empresas— es fundamental. No es el resultado de un simple contacto casual. Hace falta establecer un esquema formal de interacción que comprometa y obligue a las partes a compartir información sobre oportunidades de innovación; a evaluar la información recibida; a definir y notificar si participarán, organizacional y económicamente, en el desarrollo de alguna oportunidad, y a negociar un instrumento contractual que establezca indicadores y expectativas de costos y tiempos y lineamientos para la asignación de los esfuerzos, gastos y beneficios resultantes, incluyendo destacadamente la titularidad de la propiedad industrial e intelectual generada y los activos usados para el desarrollo.

Diversas experiencias recientes, como la de la Unidad de Vinculación de la Facultad de Química de la UNAM, muestran que la vinculación efectiva no es posible sin un órgano especializado eficaz. Todo indica que lo más conveniente es que la propia universidad establezca esta “unidad de vinculación” y que sea parte de su organización, con independencia de la figura que se elija (desde un departamento de la propia institución hasta una sociedad anónima que dependa de ella).

El estrecho contacto al que obliga la vinculación da lugar a beneficios que no son contractuales, pero sí necesarios para concretar la innovación:

1. El serendipity; se basa en el principio de que “para encontrar algo es necesario estar buscando algo”, (Serendip es el nombre árabe de Sri Lanka) y es la actitud que permite hallar algo que no necesariamente se estaba persiguiendo;

2. La confianza y la convicción de los directivos empresariales y universitarios;

3. La aplicación de los conocimientos de gestión de proyectos en el terreno de la innovación, y

4. Una mayor autoestima en los participantes.

En un proceso integral de vinculación, el desarrollo tecnológico facilita la realización de proyectos congruentes con las líneas de investigación de excelencia de la universidad; refuerza sistemáticamente las habilidades estratégicas de la institución, gracias a los aportes de áreas medulares de la(s) empresa(s) involucradas, y flexibiliza el crecimiento de campos o industrias críticos para el país, pues permite conectar los requerimientos de los proyectos con las áreas de capacidad de las distintas regiones.

Lo anterior, es fundamental dada la evolución global de las tecnologías basadas en ventajas competitivas sostenibles como (1) las de actividades altamente especializadas, por ejemplo, la creación de aplicaciones de tecnología informática; (2) las que se asocian a la efectividad de los recursos humanos, y (3) las ligadas a disciplinas de carácter ambiental, seguridad e higiene.

Las tareas típicas de una unidad de vinculación son:

• Evaluar y diseñar las tecnologías;

• Comercializarlas;

• Fungir como oficina de transferencia tecnológica;

• Programar la comunicación y difusión;

• Reportar a la entidad académica de la que es parte;

• Definir proyectos de innovación a realizar, especificando tareas para la unidad académica y para la empresa participante;

• Negociar los acuerdos requeridos;

• Suscribir y administrar un convenio general y convenios específicos con la universidad, y

• Determinar cómo se fondearán los proyectos y llevar el control financiero y administrativo. Esta lista de tareas deja ver que la vinculación no puede ser un proceso informal.

EL MODELO DE LA TRIPLE HÉLICE DE LEYDESDORFF Y ETZKOWITZ

Las tres hélices son el gobierno, la estructura productiva (empresas) y la infraestructura científico-tecnológica (universidades).

Este modelo postula que una innovación ocurre cuando los diferentes elementos de la hélice interactúan de manera exitosa, es decir que establecen múltiples relaciones recíprocas. El modelo involucra diferentes componentes humanos, organizacionales y de gestión:

• Humanos: investigadores, empresarios y funcionarios;

• Organizacionales: agentes híbridos de innovación (spin-off) e interfases universidad-empresa (por ejemplo, los centros de desarrollo tecnológico, las coordinaciones de innovación y las unidades de vinculación, como la de la Facultad de Química de la UNAM), y

• De gestión: incentivos, registros de propiedad industrial e intelectual, autonomía universitaria.

El modelo de la triple hélice propone que la integración de la academia, el gobierno y las empresas favorezca el traspaso territorial de conocimientos, fomentando así el desarrollo económico local, regional y nacional mediante ventajas competitivas.

Las empresas tienen el cometido de proponer oportunidades de negocios, realizar la planeación estratégica, implementar las mejores prácticas y cooperar para competir. Corresponde a la academia hacer investigación, innovar en la esfera regional, capacitar, generar conocimiento y desarrollar capital humano. Al gobierno, gestionar políticas, crear marcos reguladores, generar entornos de crecimiento, proveer la infraestructura económica y aportar una parte significativa de los fondos, considerados aquí los necesarios para detectar, dimensionar y dar respuesta a las necesidades más relevantes.

En las interfases de las hélices, cada uno de los actores asume funciones de los otros. Así, crean nuevas empresas, desarrollan tecnologías y forman emprendedores, agentes de cambio administrativo y promotores de inversión, entre otros cuadros.

Como forma de promover la innovación, el modelo de la triple hélice no es distinto en esencia de la simple vinculación, aunque implica un involucramiento mayor de los actores, la creación de entornos para el crecimiento y la remoción de los obstáculos institucionales y sociales.

La participación de los gobiernos es vital para detonar la innovación en sectores con fuerte contenido social, como el farmacéutico, el de la salud en general y el del medioambiente. En México, iniciativas como la de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) han buscado aplicar el modelo de la triple hélice, pero no han alcanzado aún resultados visibles, a pesar incluso de acciones tan relevantes como la reunión sostenida en Japón a fines de 2017, en la que participó un grupo numeroso de rectores de universidades mexicanas y japonesas con el fin específico de encontrar formas de implementar la triple hélice en México.

CONCLUSIÓN

La estrategia fundamental para promover la innovación en México es la aplicación decidida y sustancial de modelos de vinculación que maximicen en el corto y medio plazos el surgimiento de iniciativas regionales y locales, independientemente de que se inscriban o no en sectores de alta tecnología. No hay que olvidar que seguramente hay muchas oportunidades de negocios con enfoque regional o nacional aun en áreas de tecnología media o baja.