Los apoyos gubernamentales no deben crear parásitos  

  Entrevista con Mariana Mazzucato, fundadora y directora del Instituto de Innovación y Propósito Público del University College de Londres  

  Por: Luciana Dyniewicz  

  Los apoyos gubernamentales no deben crear parásitos  
  Cuando en su afamado libro El Estado emprendedor, Mariana Mazzucato describe a Steve Jobs como un genio visionario, se suma a un reconocimiento ampliamente extendido; pero a más de uno sorprende cuando afirma a continuación: sin la gran cantidad de inversión pública detrás de la computadora y la revolución de la internet, varios de los emblemáticos productos del fundador Apple no hubiesen trascendido de nuevos juguetes. De esta reivindicación del papel del Estado, de la transcendencia de la inversión pública y de su participación en el grupo de expertos creado por el primer ministro Giuseppe Conte para conducir la reconstrucción de la economía italiana tras la crisis de la covid-19, habló Mariana Mazzucato en la entrevista realizada por Luciana Dyniewicz y publicada originalmente en el diario brasileño O Estado de São Paulo1.  

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En artículos recientes usted afirmó que la crisis está visibilizando problemas de gran relevancia social; el trabajo precario, entre ellos. ¿Cómo pueden resolverse?

La crisis ha sacado a la luz varias deficiencias del sistema capitalista contemporáneo y ahora que las empresas piden ayuda a los gobiernos, debemos aglutinar esfuerzos para subsanarlas. Es tiempo de crear asociaciones simbióticas público-privadas, de cooperación verdadera. Transitar del capitalismo de los accionistas (shareholder) —en el que el objetivo principal es la maximización de las ganancias—, al capitalismo de las partes interesadas (stakeholder), donde la empresa privada es el fideicomisario de la sociedad. La coyuntura es propicia para repensar el papel del gobierno y de cómo podemos trabajar juntos —sectores público y privado— para resolver los problemas más urgentes. Hoy tendemos a socializar el riesgo y privatizar la recompensa; pero tenemos la capacidad de incorporar políticas distributivas que reconozcan que valor y riqueza son creaciones colectivas.

 

 

En la crisis de 2008 las empresas también solicitaron ayuda y, posteriormente, no hubo cambios significativos en su relación con la sociedad. ¿Hay forma de cambiar esa situación?

No cambiará si no hacemos lo que estoy mencionando. En 2008, los gobiernos llenaron el sistema de liquidez. Goldman Sachs fue rescatado por el contribuyente estadounidense, pero sin condicionantes. La actual coyuntura nos brinda una nueva oportunidad para rediseñar los contratos. Es necesario financiar la capacidad productiva, las innovaciones sociales y la solución de problemas, ya sean energéticos o de desigualdad. Para eso debe usarse el dinero público. Se pueden rescatar las aerolíneas, pero condicionando el apoyo a la reducción de emisiones de carbono, por ejemplo.

 

 

¿Hay algún gobierno que ya esté instrumentado este tipo de estrategias para la canalización de las ayudas públicas?

En Dinamarca el gobierno decidió que las empresas con operaciones en paraísos fiscales no serían contempladas en los apoyos. Así es como deberían operar los gobiernos, recompensando a las empresas responsables y restringiendo los recursos a las que no lo son. Escribí un libro llamado El Estado emprendedor, ahí expuse que este Estado no solo gasta e invierte, sino que también sabe negociar. Cualquier capitalista o empresario negociará y establecerá esta relación de recompensa de riesgo. La pregunta es cómo reestructurar el sistema para que la ayuda pública canalizada a las empresas forme parte de un ecosistema simbiótico, mutualista y menos parasitario.

 

 

¿En las inversiones que realizan varios gobiernos para desarrollar la vacuna contra el SARS-CoV-2 hay esta relación simbiótica con el sector privado de la que usted habla?

No lo creo. No hay garantía de que, con la estructura de estas inversiones públicas, se asegure la disponibilidad amplia y gratuita de las vacunas.

 

 
MARIANA MAZZUCATO

 

¿Los estados seguirán teniendo una mayor participación en la economía después de esta crisis?

Tal vez dentro de un año dirán que debemos apretarnos el cinturón. Si es así, viviremos otros 10 años de austeridad. Ese sería el mayor error, porque los sistemas de salud hoy están de rodillas; en parte, por problemas de índole presupuestario. Otra cosa es que siempre dicen que no hay dinero, pero cuando vamos a la guerra, nadie dice: “no hay dinero”. Necesitamos ver las crisis climáticas y de desigualdad con la misma urgencia que vemos un escenario bélico. Se puede generar inflación si se crea dinero y no se expande la capacidad productiva necesaria para crecer. Pero debemos darnos cuenta de que, si invertimos los recursos de manera estratégica, podemos contribuir decididamente al progreso social.

 

 

¿Un país con el tamaño de la deuda de Brasil también debe imprimir dinero para invertir?

El problema nunca es la deuda, sino lo que sucede en el país. Antes de la covid-19, en Italia teníamos un déficit bajo, pero al medirlo como proporción del PIB la relación era muy elevada. La razón es que la productividad no crece y el PIB ha experimentado un crecimiento marginal en los últimos 20 años. Los sectores público y privado no invierten bien. El país no crecerá, a menos que la inversión pública se destine a aspectos fundamentales como la educación, la salud y la investigación. Así que, aun en presencia de un déficit moderado, la relación deuda/PIB seguirá deteriorándose. Brasil debe definir qué tipo de crecimiento requiere, si opta por uno que sea impulsado por la inversión, debe destinar los recursos a proyectos relevantes; la economía verde, por ejemplo. El papel del gobierno va más allá del de aumentar las ganancias de la industria mediante incentivos fiscales, debe ser capaz de diseñar y conducir políticas públicas que promuevan y multipliquen la inversión productiva.

 

 

¿Qué opina usted de Brasil hoy?

La situación de Brasil es trágica, como lo es la de Estados Unidos. El país tiene grandes desafíos sociales y económicos y, un presidente a quien quizás le interese más su círculo cercano. Si falta de liderazgo para velar por el bien común —como creo que es el caso de Brasil— y está [en la presidencia] alguien que rechaza la ciencia —cuando esta tiene un rol central en la atención de la crisis sanitaria— habrá un gran problema.

 

¿Qué está haciendo el Comité de reconstrucción de Italia y cuál es su labor específica dentro de este organismo?

Acabamos de terminar la primera fase de la encomienda y ya establecimos los criterios que deben seguirse para el desconfinamiento. Buena parte de estos se basan en las directrices de la oms, pero los adaptamos a temas específicos de Italia. Empecé a trabajar en el tema de los condicionantes: cómo poner en la mesa objetivos ambiciosos ahora que los sectores están recibiendo ayuda del gobierno y cómo usar estos incentivos para que Italia no regrese a su normalidad; es decir, a la de una economía estancada, con una elevada tasa de desempleo entre jóvenes y enormes diferencias de desarrollo entre regiones. La idea es aprovechar este momento para impulsar inversiones que nos permitan innovar y crecer.

 

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1 Agradecemos a O Estado de São Paulo la autorización para traducir y publicar esta entrevista y al equipo de Mariana Mazzucato para establecer el contacto.