La educación en la era del conocimiento  

Entrevista con Rafael Rangel Sostmann, exrector del Tec de Monterrey  

Ariel Ruiz Mondragón

La educación en la era del conocimiento  
Para México, el reto de integrarse a la era del conocimiento y desarrollarse en ella es, en gran medida, un reto educativo. De nuestra capacidad de utilizar herramientas esenciales como las tecnologías de la información y el inglés dependerá el futuro del país.

México se ha convertido en una potencia mundial en la producción de manufacturas, donde posee gran competitividad y capacidad exportadora. El mejor ejemplo es la industria automotriz, pero existen otros sectores como el aeroespacial, el de equipo médico, el de productos alimenticios y el farmacéutico. Ahora el área de oportunidad para el país está en los servicios y los productos intensivos en conocimiento, lo que algunas personas llaman “la industria de la mentefactura”. Son palabras de Rafael Rangel Sostmann, quien durante 26 años, de 1985 a 2011, se desempeñó como rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

No se trata, aclara el entrevistado, de la transición de un país altamente manufacturero a uno que concentra sus exportaciones en el conocimiento, eso sería un error. La industria del conocimiento genera empleos mejor remunerados, pero insuficientes para cubrir por sí solos la demanda laboral del país. ¿Qué papel debe desempeñar la educación en la era del conocimiento?, ¿cuáles son sus retos y desafíos?, ¿de qué manera se puede incrementar la colaboración entre universidades, industria y Gobierno? El doctor Rangel Sostmann nos comparte algunas reflexiones.

 

El mundo cambia, las transformaciones económicas y tecnológicas no esperan. ¿Cuáles son los principales desafíos de México en la coyuntura actual?

El desafío que tenemos en México es muy básico pero fundamental: nuestro sistema educativo, en todos sus niveles, debe proveer estudiantes de calidad y con las bases necesarias para dominar las tecnologías digitales.

Para alcanzar este propósito tenemos tres retos fundamentales. El primero se relaciona con la preparación de los maestros para usar adecuadamente, comprender y dominar las tecnologías digitales, además del dominio de técnicas didácticas que colocan al alumno en el centro del aprendizaje. Aprender Resolviendo Problemas (Problem Based Learning) es un buen ejemplo de este tipo de técnicas.

El segundo reto tiene que ver con el acceso a las carreteras de la información de alta velocidad. No es suficiente contar con internet, se requiere una carretera de información con la amplitud necesaria para acceder a los bancos de información y los sistemas de educación en línea. Banda ancha que facilite la comunicación y permita la integración de grupos colaborativos para resolver problemas y desarrollar proyectos con compañeros en cualquier parte del mundo.

El tercer reto tiene que ver con la enseñanza del idioma inglés como segunda lengua. Es interesante ver el esfuerzo que desarrolla el Gobierno mexicano para enviar estudiantes al extranjero a cursar algún posgrado. Sin embargo, muchos jóvenes brillantes, graduados de universidades públicas y privadas, no son aceptados porque nunca se les transmitió la importancia del dominio del inglés no solo para su formación académica, sino también para incorporarse a empresas con presencia internacional e, incluso, para poder emprender comercializando productos en el extranjero.

Aunque estas propuestas pueden parecer demasiado sencillas, no debemos perder de vista que el futuro se construye resolviendo los retos básicos. Estos son, según mi opinión, que desde la educación básica se proporcione la enseñanza sobre las tecnologías digitales y el conocimiento del inglés.

 

Inclusión o alto desempeño. ¿Hacia dónde debe orientarse la misión de la universidad en una sociedad basada en el conocimiento?

Tiene que haber inclusión con calidad en el sistema educativo de México. A los jóvenes se les debe ofrecer alternativas para educarse de acuerdo con sus competencias, potencial e intereses. Dejar a una persona sin educación ocasiona un problema social de marginación de gran magnitud y destina al país a un futuro poco prometedor.

Una escuela de élite basada en el prestigio que le dan sus alumnos, debido a su alto estándar de selección, es un concepto que limita el desarrollo de una sociedad y genera grandes diferencias entre los que tuvieron acceso a una institución de élite y los que no.

La Universidad de Oxford ha decidido enfrentar este problema. Recientemente publicó un artículo en que el que examina varias alternativas para superar las limitaciones de la educación que reciben los jóvenes de zonas marginadas. En varios países desarrollados como Alemania y Francia existen escuelas llamadas “vocacionales” o “colegios”; en Estados Unidos se les conoce como los “Community Colleges”. En México, por razones culturales, se valora poco este tipo de sistemas. Se piensa que no lograr ingresar a una universidad tradicional es sinónimo de fracaso. Todos quieren tener el título de ingeniero o licenciado. Esto es uno de los grandes retos que existe en nuestro sistema educativo. Tenemos que aceptar que hay sistemas intermedios de nivel superior que son de enorme relevancia para el desarrollo del país.

Siguiendo con la misión de las universidades en la era digital, ¿hay realmente una disyuntiva entre la docencia y la investigación, o estas labores se complementan?

Tiene que haber excelentes docentes y excelentes investigadores. Debe haber instituciones exitosas que estén dedicadas a la enseñanza, e instituciones cuya misión más importante sea la de hacer investigación y ofrecer programas de posgrado. Claro que hay universidades que tienen capacidad para desarrollar ambas labores, pero existe la prejuiciosa idea de que todo docente debe también estar haciendo investigación, dando como resultado investigadores y profesores mediocres.

Si una institución prepara con calidad a egresados de licenciatura o nivel técnico, está cumpliendo con responder a una gran demanda de la sociedad. Y viceversa: si una institución se concentra en hacer investigación relevante y de calidad, también está cumpliendo con una demanda del país, pero no es correcto hacer ambas actividades a medias.

 

¿Qué peso debe tener la demanda laboral en el diseño de los planes de estudio? ¿Qué otros elementos son deseables para el perfil de los egresados?

Es claro que la demanda laboral es un elemento a considerar cuando se diseñan los programas académicos. Conseguir el primer empleo es muy importante para los egresados. Pero tenemos que reconocer que igual de importante o más es darle a los alumnos las herramientas necesarias para adaptarse al mundo cambiante, aprender por sí mismos, construir un pensamiento crítico, solucionar problemas, comunicarse en español, inglés u otro idioma, colaborar con su compañeros para resolver problemas, relacionarse interpersonalmente, ser ciudadano del mundo y de México, poseer un espíritu emprendedor, ser solidario como un valor fundamental en la vida, actuar con ética y responsabilidad social.

 

En cuanto a los criterios para evaluar el desempeño de las universidades, ¿parámetros como la posición que ocupan en rankings nacionales o internacionales, o el número de citas en publicaciones especializadas, son adecuados?

Los rankings nacionales o internacionales ofrecen un marco de referencia muy importante de la labor de una universidad respecto a otras instituciones de México y el mundo. El peligro es que esta herramienta, ideada para mejorar a la institución, se convierta en un fin en sí misma.

El número de citas en publicaciones especializadas es bastante aceptable, pero si para cumplir con este cometido o mejorar su posición en el ranking, la institución descuida a sus alumnos —que requieren buenos profesores— o relega la investigación —que debe ser fundamental y estar alineada con las prioridades del país— está en serio peligro de perder el rumbo.

Otro riesgo es promover que los profesores escriban artículos para ser evaluados por pares, sin tomar en cuenta si el tema de investigación es relevante para el desarrollo del país. Antes de definir la pertinencia de un tema de investigación, se debe consultar al sector privado de México y a organizaciones mundiales para verificar si realmente tenemos en esa área una ventaja diferencial competitiva en relación a otros países.

 

¿Cómo aumentar la inversión en investigación y desarrollo? ¿Qué debe hacerse para atraer y crear más empresas de base tecnológica?

Las inversiones no llegan por arte de magia, son el resultado de toda una estrategia gubernamental, tanto del ámbito federal como local. En México, se ha realizado un gran esfuerzo por atraer empresas manufactureras a las diferentes entidades federativas con excelentes resultados.

Pero ahora es necesario atraer y crear empresas que generen productos y servicios basados en la creación de conocimiento. Se debe promover en el país la construcción de parques tecnológicos. Seguir una estrategia de soft landing que permita a las empresas generadoras de conocimiento instalarse de manera sencilla y sin grandes obstáculos en el país para contribuir al diseño de nuevos productos y servicios para las industrias automotriz, aeroespacial, alimenticia, farmacéutica, electrónica, médica y otras.

Los parques tecnológicos y científicos son un mecanismo muy apropiado. Para que tengan éxito es necesario garantizar el acceso al recurso humano especializado, ese es para mí el gran reto.

En México tenemos que definir en qué actividades nos queremos distinguir y, a partir de ello, darle prioridad al desarrollo de conocimiento en esas áreas específicas, identificar a las industrias de clase mundial y otorgar los incentivos adecuados para que inviertan y se instalen en el país.

 

¿Cuáles son las responsabilidades de los sectores privado y público en la actual coyuntura?

El sector privado debe invertir parte de sus remanentes en investigación y desarrollo. La investigación permite el desarrollo de nuevos productos y nuevos sistemas, y fortalece la competitividad de las empresas que, de otra manera, corren más riesgo de desaparecer.

El Gobierno tiene que crear incentivos, mediante la reducción de impuestos y la distribución de subsidios, para motivar a las empresas a invertir en investigación. Si el Gobierno se vuelve el actor principal, en el creador de la investigación y el conocimiento, y no involucra al sector privado, existe la gran posibilidad de que los resultados del esfuerzo no sean relevantes para el país.

 

El modelo de universidad 2.0 que usted propone no solo procura el crecimiento económico sino también la equidad social. ¿Cómo se conjugan ambos aspectos?

Diez años después de que se firmara el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Banco Mundial hizo un estudio para ver sus resultados. Concluyó que el número de empleos y el ingreso promedio de los mexicanos habían aumentado, pero que la desigualdad también lo había hecho. La pregunta obligada era ¿por qué?

Hace más de 10 años, cuando recorría las avenidas de Ciudad Juárez, me llamó la atención que en la mayoría de las empresas maquiladoras solicitaban trabajadores, pero en las esquinas con semáforos veía a muchas personas pidiendo limosna. Con el tiempo comprendí que la falta de educación, de habilidades básicas como leer y hacer operaciones aritméticas, impide el acceso de las personas a las fuentes de trabajo existentes.

Habrá quienes piensen que este fenómeno no es tan importante, que si hay más ingresos el país va por la ruta correcta. No obstante, un crecimiento económico que no toma en cuenta el avance hacia la equidad es el preludio de lo que yo llamo un país “no sostenible”. Una estrategia para cuidar este aspecto es asegurar la impartición de la educación de calidad.