El futuro digital de México  

Entrevista con Rossana Fuentes Berain  

César Guerrero

El futuro digital de México  
En el libro México 2020: Una guía para entender al país y darle click a tu futuro, Rossana Fuentes Berain —columnista especializada en temas de negocios y directora de México Media Lab— revisa el tema de la economía del siglo XXI, analiza el grado de inserción de México en ella y plantea qué podemos hacer, en lo individual y lo colectivo, para aprovecharla mejor. La mayor oportunidad, dice, radica en la “civilización digital”. A ello se refiere en esta entrevista.

La mayoría de los libros que se escriben en México hablan del pasado, pero el tuyo trata del futuro, ¿por qué?

Por la visión de largo plazo, pero también como alusión a la visión perfecta, que incluye el pasado y se proyecta al futuro. Aspiro a que este libro refleje lo que pasó en los noventa, cuando empecé a hacer teoría de escenarios, y llegue en el arco del tiempo hasta el 2020.

 

En ese arco vivimos una etapa decisiva que plantea cierta urgencia. ¿Tenemos en México el chip adecuado para dar el salto a lo digital?

Se demuestra que hay una gran reserva de talento en México. Confío y tengo un enorme compromiso con la inteligencia y la creatividad de los mexicanos, ya sea que estén en nuestro territorio o fuera de él. Tengamos o no el chip, creo que es evidente la falta de organizaciones y de instituciones públicas y privadas que saquen lo mejor de ese talento.

 

¿Qué es México Media Lab y por qué decidiste crearlo?

Para mí, ser empresaria era una asignatura pendiente. Decido crearlo porque pienso y quiero actuar en consecuencia con la reflexión de que, dado el talento que hay en todos los ámbitos, quiero acompañar a entidades y a individuos en México a ver de frente el cambio digital, que para mí es un cambio civilizatorio, como una aventura y una oportunidad, no como una tragedia más. Aspiro a participar en la creación de ciertas historias el resto de mi vida, ya no sólo a escribirlas.

 

Ya que defines a México como un país joven y de jóvenes, ¿cuáles son los riesgos de quedarnos rezagados en ese cambio civilizatorio?

La desesperanza o, peor, el cinismo: que los jóvenes decidan que no hay futuro. Por eso quiero que le des un click a tu futuro, y por eso México Media Lab está buscando comprometerse con empresas que quieran ser opciones de trabajo, de consumo, de creación para los jóvenes. Tenemos una responsabilidad con todos, pero sobre todo con los jóvenes.

 

¿Cuáles serían aquellas fortalezas que tiene México para encarar el reto de lo digital?

Es un país que respeta la diversidad, enormemente creativo y en el cual no hay derechos heredados. No sentimos que nos merezcamos cosas, hay que salir a ganarlas todos los días. En México Media Lab usamos el concepto de innovación frugal. Fuera de las élites, el resto de los mexicanos vivimos con grandes limitaciones o con limitados marcos de referencia. Precisamente porque no tenemos tantos recursos, hay que hacer lo mejor con ellos, frugalmente. Tenemos que ser muy creativos para salir adelante. Y lo somos.

 

¿Cómo demostrar que el caso de Jordi Muñoz, ejemplo de innovación frugal, no es azar, que en la civilización digital se pueden propiciar más éxitos como ese?

El azar no debe considerarse negativo por su connotación de juego. Muñoz es hijo de profesionistas formados en universidades públicas, inquieto como tantos, que se desescolariza y que, habiendo tenido, como todos, un momento de debilidad, deja la escuela y empieza a trabajar. Pero en la noche sigue creando ideas y se inscribe en un concurso. “¿Quién sueña a quién?”, diría Borges. ¿Él sueña que es un ingeniero o el ingeniero lo sueña a él? Kevin Kelly, el editor de Wired, es quien propició ese concurso, detectó la capacidad de Muñoz de innovar frugalmente. ¿A quién le importa si tiene título o no de ingeniero? Ahora lo tiene, pero entonces era un adolescente con una novia embarazada. Es una historia de Tijuana que podría haber ocurrido en Verona en el siglo XVI, que captura ese azar o esas “casualidades”. Muñoz es hoy uno de los socios de 3D Robotics, la fábrica de drones que creó junto con Kelly.

 

Si las casualidades no son una desventaja, hay ecosistemas que fomentan la innovación, como la ruta 128 alrededor de Boston. ¿Cómo puede reproducirse eso en México, por qué debe hacerse?

Porque México merece seguir creciendo, seguir soñando que no vamos a ser un país cada vez más pobre e inequitativo. Hablo de la ruta 128 por un asunto histórico y otro del presente: ahí llegaron los desposeídos de la tierra, los primeros colonos, que querían hacer cosas distintas. Hoy hay una política pública [de apoyo a la industria tecnológica] en el estado de Massachusetts, que no se quiere quedar atrás y aprovecha sus universidades. Y México tiene grandes centros de estudio y de conocimiento.

También está la ruta 57, en Querétaro. Ahí no había nada, era un estado agrícola, si acaso una inversión de John Deere para hacer tractores. Hay quien pensó que podíamos hacer aviones y puso las universidades, el estado hizo política pública y hoy los hombres y mujeres campesinos de las zonas vecinas pueden ir a trabajar a Samsung. Me vas a decir “es horrible que pienses así”, pero lo que es horrible es ser mujer sin otra opción que ir a buscar leña.

 

Expones que lo digital transforma la producción y el consumo, y que hace converger la manufactura con la mentefactura. ¿Por qué es importante eso?

Porque ahora estamos mucho en la manufactura y, sin abandonarla, creo que tenemos que desplazar creativos y empresarios mexicanos hacia las industrias y servicios del siglo XXI relacionados con la mentefactura. Las Zonas Económicas Especiales no solo tienen que resarcir los rezagos de Oaxaca, Guerrero o Chiapas, también deberían proyectarlos al siglo XXI. Cualquiera que haya visto lo que los oaxaqueños hacen con el color coincidirá conmigo en que podrían hacer videojuegos perfectamente. ¿Por qué pensar solo en productos agrícolas de valor agregado en Guerrero cuando pueden hacerse otras cosas? Hay que poner las cadenas de producción y la banda ancha para que eso se dé.

 

Si las tecnologías digitales rompen barreras e integran personas, ¿cómo podemos aprovechar la economía colaborativa y el consumo compartido en México?

Me parece que los mexicanos estamos muy hechos a la idea. La región norteamericana tiene en Estados Unidos un modelo muy individual, en México uno más colectivo-familiar y en Canadá uno colectivo-comunitario. En México, si un familiar tiene un problema casi siempre hay un crowdfunding para hacerle frente. Pero no tenemos las reglas para transparentar cómo pasar de eso a algo más. Que no haya Estado de derecho e instituciones que propicien el capitalismo deriva en que solo puedas trabajar con tu familia, porque ahí “difícilmente te puedes pelear”, aunque yo creo que sí. Los mexicanos en general trabajan con sus parientes y luego no pueden crecer porque se quedan enanos, del tamaño de la familia: solo uno o dos jalan la carreta.

 

¿Lo digital romperá eso y establecerá nuevos canales de creatividad mexicana?

Sin duda, hay que revisar las normas y las reglas para establecer ese tipo de empresas y proteger la propiedad intelectual. Quien no entienda que en lo digital es muy alto el valor de los intangibles, maltratará a su empleado y lo verá irse con sus conocimientos. Puedes ser el dueño de las veinte computadoras, pero no sirven para nada sin talento.

 

¿Podemos lograr rápidamente una mejor relación Gobierno-ciudadano en México usando las tecnologías digitales como se ha hecho en Corea del Sur? ¿O hace falta algo más?

Corea y México son ejemplos de países que viven al lado de vecinos muy poderosos, también de países con grandes poblaciones marginadas; en Corea en el pasado, en un lacerante presente en México. Lo digital puede significar adelantar algunos pasos, pero el progreso de Corea no obedece solo a lo digital. Me parece un caso paradigmático para estudiar porque tiene conglomerados a los que han acompañado como país. ¿Cuáles son las empresas que tienen que ser acompañadas por los Estados? Hay que decidir cuáles, pero tras pertenecer a la “pobreza asiática” de los sesenta (cuando su ingreso per cápita era semejante al nuestro) Corea está en un muy deseable lugar de bienestar 50 años después.

 

Al mismo tiempo, la presidenta de Corea se ha visto forzada a renunciar ante la desconfianza que se multiplica a través de las redes. ¿Cómo lidiar con esos demonios?

La primera que debe lidiar con ellos es la presidenta, quien según lo que leo no fue transparente en cuanto al acompañamiento y la influencia indebida de quienes no formaban parte de su gabinete o de su propio partido. Las debilidades personales o las intenciones de cada ser humano no van a cambiar con la tecnología, pero esta sí es capaz de evidenciarlas y difundirlas. ¿Qué hace que la gente sea desconfiada? ¿La acción o la divulgación de la acción? Para mí es la acción. Lo que sí es cierto es que hay tanta tontería en internet y los seres humanos somos tan dados a la teoría de la conspiración que habría que tomar clases de “no te creas lo que veas”.

 

De ahí la importancia de saber discernir.

Eso se llama educación.

 

Afirmas en tu libro que pasamos de una edad de relativa escasez de información a otra de abundancia.
T. S. Eliot se preguntaba: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento / dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?” ¿Puede la educación dar respuesta a este dilema?

Sin duda, se necesita procesar los datos. Para mí hay tres épocas: la de la agricultura, la de la Revolución Industrial y ahora la de la producción digital. En la primera había tierra, con eso hacías fortuna o deshacías imperios, ese era el valor. En la Revolución Industrial, quien poseía las máquinas era capaz de dar trabajo y de reproducir el capital. En la época de la abundancia de datos, ¿quién será capaz de crear más valor? Quien pueda transformarlos en sabiduría. En teoría, cualquiera podría tener acceso a la información, pero no cualquiera tiene acceso a la sabiduría.

 

Quienes no tienen acceso a la sabiduría ¿son los ludistas contemporáneos?

Vemos los populismos de extrema derecha y de extrema izquierda diciendo que quisieran detener el mundo. Aunque nos dé vértigo, si volvemos a esa época “dorada” regresamos a ser siervos. Quieren retornar al mundo industrial porque lo digital hace que las mujeres podamos competir de una manera distinta y porque la manufactura se está yendo por el planeta en busca de gente que esté dispuesta a trabajar, porque los salarios para ensamblar una televisión son altos para nosotros. No creo que todo tiempo pasado fuera mejor, por ejemplo cuando la esperanza de vida era de 40 años. Actualmente hay algunas personas mayores de 45 años que no son re-entrenables, pero la mayoría, si lo quisiera, podría encontrar una nueva forma de vincularse con el mundo.

 

¿Lo digital será fundamental para que México y sus jóvenes construyan el mundo mejor al que aspiramos?

Ojalá sea el mundo de la utopía y no de la distopía.